24. La llegada
El día había llegado, desde temprano el movimiento en la mansión Malfoy era notable, una fiesta lo ameritaba, sus fiestas siempre eran suntuosas. Narcisa Malfoy se preocupaba desde el menú, hasta la vajilla, todo debía ser impecable, más ahora que su único hijo llegaría con compañía, pero no cualquiera, sino aquella chica que quería presentarles como una candidata a ser su esposa; aunque era muy joven, a sus once años ya tenía que preocuparse de aquellos asuntos. Era la tradición.
Lucius y Narcisa Malfoy deseaban que el legado familiar continuara como hasta el momento: con un buen apellido y una mezcla de sangre pura, sabían que su hijo no los decepcionaría, él conocía por la experiencia de Sirius Black cómo se trataba a un traidor en la familia.
-¿Estás nervioso?- preguntó Narcisa a su esposo.- Sé que nunca lo demuestras, pero debes sentir al menos curiosidad o algo.
-No, pienso en que Draco no tiene demasiada experiencia con las mujeres, que es posible que se deje llevar por ciertas características.
-¿Qué vamos a hacer si se equivoca?- la mujer miró angustiada a su esposo, lo conocía, era capaz de desheredar a su hijo, de dejarlo a la deriva, por más que ella le rogará.
-Esperemos- le dijo, mientras le daba un tierno beso en la frente, un raro gesto que solía confortarla-. La casa se ve esplendida. Si de algo estoy seguro es que quizá nuestro hijo no va a encontrar a una mujer como tú.
Hermione aún no daba crédito a aquello que le había ocurrido, Draco la había besado nuevamente, y aunque le había gustado no iba a ceder, no iba a arruinar su plan. Así que se puso un vestido de noche color ciruela, era discreto, porque era una cena formal, aunque sabía que la verdadera Rosen no admitiría un atuendo similar, ella quería dar una buena primera impresión, en su memoria practicaba los modales, tenía todo un discurso en su mente.
El momento que más temía no era el convivir con los padres de Draco, sino cómo iba a salir de ese lugar, después de lo que tenía planeado, llevaría su varita, pero sin duda, se encontraría en desventaja, pero por alguna extraña razón sabía que lo tenía que hacer, sabía que las consecuencias le afectarían más a ella que a cualquier otro involucrado, pero que más daba lo iba a hacer.
Con mucho cuidado salió de las habitaciones, transformada en Sonne, había tomado suficiente poción para un par de horas, aunque quizá no tardará tanto; la noche comenzaba a caer, se escondió entre los arbustos cuando vio que Draco intercambiaba unas palabras con la profesora Minerva, probablemente sobre la hora de regreso o algún mensaje en particular para sus padres.
Espero un momento hasta que ella desapareció, y entonces se hizo presente, al acercarse se dio cuenta de lo atractivo que lucia Draco, con su levita de gala, su cabello rubio perfectamente peinado, se cuestionó, sino sería un pena arruinarle la velada, se le veía tan emocionado, con un brillo inusual en los ojos.
-Hola…otra vez- dijo la chica.
-Luces hermosa, mis padres te van a adorar- Draco tenía muy claro que con las mujeres los halagos siempre eran efectivos, pero supo que Sonne era diferente al escuchar su contestación.
-Y si no lo hacen, será su problema, ellos son los que necesitan a una chica para ser tu esposa, ¿no?, incluso creo que estarían dispuestos a hace un buen negocio.
-No hables así de mis padres, ni siquiera los conoces- se estaba molestando bastante, nadie se había atrevido a insultar de tal manera a los Malfoy, comenzó a preguntarse qué tan buena idea era llevar a la chica a la mansión. Si no la llevaba se burlarían de él, si lo hacia se arriesgaba a que fuera grosera con familia, intento negociar-. Estás siendo maleducada, ¿sabes?, no quisiera imaginar que me has estado engañando, tu actitud es algo que me cuesta comprender.
Hermione intentó moderar su tono, sabía que si no lo hacia Draco la descubriría, se puso de buen humor, le dedicó una gran sonrisa, y lo tomó de la mano.
-No te preocupes, estoy segura de que tus padres me van a adorar. Ya estoy ansiosa por llegar- esbozó otra sonrisa agradable, le apretó la mano para que le tuviera confianza.
-Gracias por acompañarme, es muy importante. Siento que ya te quiero.
Regresaron al castillo, buscaron una chimenea y utilizaron polvos flu para trasladarse a la mansión Malfoy.
