27. La expulsión
Los Malfoy temían al escándalo, a manchar el apellido y todo por el estúpido "romance" de su hijo, impulsado por una apuesta; al final había confesado, eso le había costado un regaño más aceptable que el de decir que se estaba enamorado de una "sangre sucia", porque a pesar del daño causado, no sentía que la odiaba. Aceptaba que la chica estaba dolida y merecía su castigo, no le importó saber qué pasaría con él, sólo imaginó a Granger y en qué estaría pensando la chica.
Había regresado al castillo, su ropa hecha jirones, se esforzó en no llorar, en ser fuerte, pero al final, sus emociones sucumbieron y terminó sobre el césped. Estaba agotada, tanto que se desconectó del mundo real, no percibió los pasos sobre el césped acercarse con premura, dejó que una manta cayera sobre ella. No protestó, poco a poco la voz de Harry llegó a sus oídos.
-¿Estás bien?, estaba preocupado, ¿dónde has estado?- preguntó, mientras la ayudaba a incorporarse y escuchaba a una Hermione desconsolada.
-Ya no importa, necesito empacar, debo regresar a mi casa- comentó resignada.
-¿A casa?- cuestionó Harry como si no entendiera-. ¿Qué pasó?
-Harry- dijo exasperada-. No es algo que tú puedas resolver, quizá ni McGonagall, además ya lo decidí, voy a volver a casa.
El chico prefirió ser prudente y no mencionar más del suceso mientras acompañaba a la chica a la sala común de Gryffindor. Le preparó un té, sin poder ignorar el collar que ella lucía, si bien, él ignoraba sobre joyería, se dio cuenta de que era algo valioso, ¿sería esa la razón para que Hermione quisiera irse con tanta premura?, ¿lo había robado?, ¿Por qué vestía ese elegante aunque ya roto vestido?
Harry tenía la esperanza de que su amiga reaccionará y le diera explicaciones convincentes sobre su comportamiento tan extraño, pero no lo hizo, lucía enferma y deprimida. Sin embargo, y aunque fue inútil trato animarla.
-¿Quieres algo de desayunar?, el gran comedor huele muy bien.
-No, ya es tarde. Debo marcharme- parecía decidida, aunque también confundida.
-¿No debería Dumbledore estar enterado?
-Puedo enviarle una carta. Bueno Harry, me voy, fue bueno conocerlos, dile a Ron que aunque no nos llevamos muy bien, extrañare su forma de ser- sin más le dio un beso en la mejilla y un abrazo, tomó un pequeño baúl que hizo levitar y lo condujo a su lado.
Iba concentrada por las escaleras, como el castillo estaba vacío por las vacaciones nadie se daría cuenta de su ausencia, quizá hasta varios días después o cuando Harry contará la historia.
Cuando ya veía cerca la salida, se detuvo al comprobar que un carruaje se detenía en la puerta principal un carruaje, del que descendían los tres Malfoy, demacrados, después de una noche en vela y disuadiendo a los medios mágicos de sacar a la luz el "asunto".
Ella iba a pasar de largo, pero vio una maquiavélica sonrisa en Malfoy padre.
-Veo que ya la han expulsado, Granger. Es la decisión más acertada desde que Dumbledore es director.
A la luz del día se sentía vulnerable e indefensa, Draco apenas la miró, ambos tenían problemas, y ya no deseaban fomentarlos con odio o palabras.
-Camina Lucius, antes de que saqué su varita y quiera atacarnos, no se sabe que pueda hacer una sangre sucia.
-Lucius, Narcisa, bienvenidos, no los esperábamos- comentó la dulce voz del director de Hogwarts. Luego se dirigió a la estudiante que parecía huir- Señorita Granger, acompáñenos con unos bocadillos, después si desea retirarse, podemos proporciónale un transporte más cómodo.
Los encaminó al Gran Comedor, un elfo los aguardaba con lo que parecía una humeante tetera, cuando tomaron asiento, Hermione intentó que fuera lo más apartado de los Malfoy y cercano a Dumbledore que podía darle una última protección.
-¿Un poco de té?- preguntó el elfo nervioso ante la mirada de Lucius, pues conocía esas historias sobre el maltrato al elfo familiar. El director se hizo cargo.
-Déjame hacerlo, hace mucho que no teníamos invitados, puedes tomar un descanso.
-Gracias señor- se retiró con prisa.
Era una escena incómoda, que Dumbledore parecía disfrutar.
-¿Té…Narcisa?- ella negó, pero el anciano insistió- Vienen de lejos, la mansión Malfoy no se encuentra precisamente cerca. Toma un poco- le extendió una taza, que tuvo que aceptar. Y continúo-: ¿Qué los trae por aquí?
-Nada, ahora que ya expulsó a Granger- Lucius fue puntual-. Parece que todo se ha resuelto satisfactoriamente. Y que conozca todos los detalles de lo sucedido anoche.
-Perdóname, Lucius, ignoro qué intentas decirme. No puedo darme el lujo de perder a una estudiante tan inteligente como lo es Hermione Granger.
Narcisa casi escupe su té, Draco comenzó a sudar, Hermione abrió bien los ojos y casi esbozó una sonrisa que Lucius se esforzó en borrarle.
-¿Qué?, ¿está bien, Dumbledore?, lo que "esa"- señaló a Hermione exaltado-, es imperdonable, atacarnos en nuestra propia casa, engañar a Draco, hacerse pasar por Rosen Sonne; la expulsión es lo mínimo que puede hacer para reparar el daño, si fuera mayor iría directamente a Azkaban.
El director se mostró muy tranquilo, miro a la acusada y preguntó:
-¿En verdad hizo todo eso, señorita Granger?- su voz era cálida, no había enojo como hubiera esperado, sólo curiosidad. Ella contestó sinceramente.
-Sí.
-No hay más de qué hablar, debe haber una expulsión en definitiva- su tono era firme, de la tranquilidad pasaba a ejercer su autoridad-. Draco tienes una hora para recoger tus cosas.
-¡Qué!- gritó Lucius descontrolado.
-Fui muy claro Lucius, acabo de expulsar a tu hijo.
