29. Durmstrang
Tenía los uniformes listos, color rojo sangre, pieles para abrigarse, pues el colegio Durmstrang se encontraba muy al norte de Europa. Se había dedicado esos últimos días de "libertad" a estudiar la historia de su nueva escuela, lo único realmente provechoso era el alto grado de importancia que se ofrecía a las artes oscuras, fuera de eso, detestaba que sólo hubiera hombres, tener que aprender otro idioma y no conocer a nadie.
-Vas a estar bien- aseguró Narcisa, entrando al dormitorio de su hijo y sentándose en la cama mientras lo miraba empacar.
-No es lo que quiero- comentó el joven resignado-. Y lo sabes.
La mujer asintió, tratando de buscar las palabras ideales para consolar o al menos mejorar el estado de ánimo de Draco.
-No es necesario que hagas un drama por esto, en parte sabes que te lo mereces, pero de momento es la única opción para todos, sé que no nos vas a decepcionar. Draco, mírame- dijo cariñosa tomando la mano de su hijo entre las suyas-, si haces esto por mí, yo prometo ayudarte en lo que quieras.
-¿Cualquier cosa?
-Lo que sea, ahora o después- su voz sonaba decidida, por su hijo haría cualquier sacrificio.
-Bien madre, lo tendré en cuenta, ahora ¿puedes ayudarme a empacar?
El aire era gélido, sus mejillas y nariz se enrojecieron de frio, la nieve caía lentamente, pero amenazaba con volverse tempestad. Su padre le había dado precisas instrucciones al llegar al castillo de tan sólo cuatro pisos debería dirigirse a la oficina de Igor Karkarov el director.
Antes de avanzar se detuvo un momento a contemplar los alrededores, una zona boscosa, lago y montañas, no estaba nada mal, podría pasar su tiempo recorriendo el lugar, ya que seguramente sus compañeros lo rechazarían, no le importaba realmente, era un Malfoy.
Cruzó las altas rejas que tenían rodeado al colegio, los jardines no estaban impolutos como en Hogwarts, el castillo era viejo, oscuro, le agradó, el ambiente era el que reinaba en Slytherin, podía imaginar a todos los profesores con el prototipo de Snape, si era de esa manera pronto se convertiría en un gran mago. En su camino hacia la dirección no encontró a ningún chico, se preguntó si estarían ya en clase, pero siguió avanzando, contempló los resistentes muros de color grisáceo, era una fortaleza. Finalmente se detuvo ante una puerta de madera, apenas iba a tocar cuando una voz lo sorprendió por la espalda, no logró disimular su sobresalto.
-Entra- era cortante, y provenía de un hombre alto, robusto, que vestía una piel roída.
El chico no vaciló, aunque quería saber de quién se trataba. Ante sus ojos se encontraba el director, que fue más amigable.
-Dejanos Yuri- el susodicho salió y Karkarov dio más información al rubio-. Se trata de nuestro conserje, él te indicará dónde queda tu habitación, dónde lavarás tu ropa, dónde puedes cocinar y algunas otras labores indispensables para tus necesidades.
Draco lucía ya lo bastante contrariado, así que se atrevió a hacer una cuestión bastante ridícula.
-¿No tienen elfos que se encarguen de ello?
-No, tu padre ya lo sabía y aceptó- Karkarov continuó hablando antes de que el chico interviniera-. Te vas a acostumbrar, todos lo hacen, no creas que eres el primer niño mimado que estudia con nosotros. Durmstrang es duro para los débiles, pero quien lo sabe aprovechar encontrará ventajas sobre los otros, por ejemplo, sobre tus ex compañeros de Hogwarts, no tendrían oportunidad contigo.
-Algo bueno- dijo irónico.
-Continuaremos después, ahora ten- le extendió una lista con horarios- sé puntual, somos muy estrictos. Tus compañeros te pondrán al tanto. Conócelos.
-¿Nadie me va a presentar?
-No, esas tonterías sólo las hace Dumbledore; demuestra tus habilidades y capacidades, daté a conocer.
Sin más, salió de la oficina, escuchó voces extrañas, identificó algunas palabras sueltas. Comenzaron a acercarse chicos en su típico traje rojo, pieles, lucían elegantes, pero intimidantes, ninguno brindaba sonrisas o se mostraba lo suficientemente abierto para orientarlo, sin darle importancia, los siguió unos pasos detrás para encontrar su salón.
Entró al salón iluminado por la chimenea, y antorchas. Su horario le indicaba que esa clase era la de Draconología, estudio de dragones, interesante, sin prestar atención a los demás, tomó asiento y hojeó su libro, empastado en piel. Sus compañeros parecían modestos, pero era una máscara engañosa.
-Estás en mi lugar- dijo un joven castaño, lo bastante intimidante para que el rubio se parará de inmediato, y buscará otro lugar.
No podía imaginar más humillación, en Slytherin él mandaba, conseguía lo que se le antojaba, y ahora estaba reducido a nada, ni siquiera podía entender lo que decían, veía la burla en sus ojos, sus discretas risas afirmando su superioridad. Allí, él era carne fresca y se desharían de él tan pronto como tuvieran oportunidad.
Maldijo a Granger, por su culpa él estaba allí, y esperaba que ella misma pagará de alguna manera.
El profesor Sokolov llegó al salón, vio a un chico rubio desorientado, buscando un asiento o evitando sentarse en los lugares vacios.
-Ah, si el inglés, ¿Malfoy?, siéntate junto a Dimitri.
El chico apartó sus pertenencias e hizo un espacio en el pupitre, nadie prestó atención al chico nuevo.
-La clase de hoy será en inglés, por obvias razones en lo que Malfoy se acostumbra a nuestra lengua, de la cual espero saqué el mayor provecho.
Sokolov habló sobre la historia de los dragones y los mitos que rodeaban a éstos, antes de pasarles algunas muestras de piel, colmillos y sangre almacenada en un frasco. Una clase agradable, productiva, no como las tonterías de Hogwarts.
Después de la mitad de clases en las que todos tuvieron consideración por las clases en otro idioma, salieron, la nieve seguía cayendo, un día propicio para jugar quidditch, así se entrenaban, allí se encontraba su legendaria figura Viktor Krum. No tenían un estadio como en Hogwarts, pero si los elementos necesarios para un buen partido.
-¿Juegas?- le preguntaron a Malfoy.
-Si, pero no tengo equipo- comentó preocupado.
Un chico de segundo grado le aventó una Cometa 260, la misma que tenía en casa, y añadió.
-Aquí no necesitas más equipo.
Draco sonrió y supo que tenía sus ventajas estar en una escuela de puros varones, donde se combinaba la pasión por el estudio y el deporte más famoso.
