31. Cuarto año

El cuarto año inició con un anuncio de Dumbledore, director de Hogwarts en el Gran Comedor, todo después de una suculenta cena. Filch lo interrumpió:

-Están listos- dijo con una tonta sonrisa.

-Excelente-. Fue cuando pidió silencio para ser escuchado, aclarándose la garganta, se levantó frente a estudiantes y profesores-. Como bien notaron tenemos invitados que nos acompañaran durante todo el ciclo escolar, esto se debe a un evento especial, el Torneo de los Tres Magos, la competición mágica que reúne a los tres colegios más importantes de Europa: las hermosas señoritas de Beauxbatons, a cargo de Madame Maxime.

Las jovencitas hicieron su aparición, elegantes, altivas con sus trajes azulados, pasearon por la estancia causando suspiros y envidia de algunas chicas locales, lanzando mariposas que se desvanecían en el aire en un sutil estallido de chispas azules, miradas coquetas y una magnifica coreografía lograron su entrada triunfal seguidas de su altísima directora que sorprendió y causó comentarios de más de uno. Los silbidos y aplausos no se hicieron esperar, las Beauxbatons agradecieron con una delicada reverencia y tomaron su lugar.

Dumbledore encantado de ver a su colega, dio un beso en la gran mano y corrió a su estrado para introducir a los siguientes visitantes.

-Bien, bien- comentó entusiasmado el anciano- es un momento emotivo, pero más importante es anunciar al Colegio Durmstrang a cargo de Igor Karkarov.

Todos guardaron silencio. Voltearon a la puerta que se abrió con un estrepitoso sonido metálico. Los jóvenes altos, musculosos y un tanto mal encarados marcharon por el centro de la sala haciendo una rutina de movimientos enérgicos con la ayuda de un bastón que al chocar contra el piso sacaba chispas rojas, todo se realizaba con perfecta sincronía, rapidez y disciplina. Unos chicos corrieron para realizar unos básicos ejercicios de acrobacia para concluir con unos dragones de fuego que desaparecieron en el aire.

Sin excepción todos voltearon a ver al director Karkarov enfundado en su levita color marfil. Mantenía un semblante oscuro, al igual que los estudiantes que le acompañaban. Hubo dos en particular que levantaron polémica, el primero Viktor Krum, reconocido jugador de Quidditch por la selección de Bulgaria, soltero, atlético. Reunía todas las características que fascinaban a mujeres y los hombres admiraban y el primero en hacerlo notar fue Ron Weasley.

-Es él, Viktor Krum, aquí.

-Límpiate la baba- dijeron sus hermanos desde el otro lado de la mesa-. Tú también, Granger, hasta pálida te pusiste. La verdad era que Hermione estaba a punto de un shock y el motivo estaba pasando a su lado: Draco Malfoy.

Viktor pasó a un segundo plano cuando apareció el rubio, el ex Slytherin, el cambio físico era sorprendente, más alto, inmutable, unos rasgos afilados, pero no por ello menos atractivos, su conjunto de piel marrón, resaltaba la blancura de su piel, sus ojos fríos de color gris no miraron a nadie, se detuvo junto a sus compañeros esperando instrucciones.

-Dumbledore- saludo entusiasta Karkarov-. Cuánto tiempo, henos aquí, listos para disputar otro título. Espero que no te decepcione el saber que mis chicos han sido debidamente entrenados para tal momento de gloria. Los tuyos en cambio parecen muy, muy ¿cuál es la palabra? ¿enclenques?

-Ah, nada de eso, son buenos jóvenes, ya lo verás, ¡Hogwarts!- gritó entusiasmado a su escuela, de pie, entretengamos a nuestros invitados lo mejor que podamos. Maestro por favor, como si fuera director de una orquesta empezó a mover las manos, en lo alto del Gran comedor apareció la letra de una melodía que los chicos comenzaron a cantar improvisadamente, sin coordinación, sin entonación, algunos incluso se sentían avergonzados de que los otros colegios tuvieran que presenciar tal momento.

Tanto profesores como los directores de ambas escuelas, lucían desconcertados, hubo quien murmuró con sorna, o como las chicas Beauxbatons que lanzaron sonrisitas.

-¿En verdad estudiaban aquí?- preguntó un corpulento y apuesto estudiante a Draco, en su lengua.

-Si, afortunadamente mi padre rectificó- dijo sin dar mayor explicación.

Al terminar la bochornosa actuación, recibieron un aplauso por cortesía. No deseaban comenzar a enemistarse tan pronto, ya habría tiempo para ello en las pruebas.

-He aquí el Cáliz de Fuego- anunció el director mostrando una gran copa brillante se develó ante la audiencia sorprendida-. El Cáliz seleccionará a un candidato de cada colegio como representante para el torneo, quien triunfé se llenará de gloria y fama, pero tengan en cuenta antes de anotar su nombre que implica un reto, inteligencia, habilidades. Mucha suerte.

Los Slytherin asediaron a Draco con preguntas, importantes e inútiles, en su formación había aprendido a dar respuestas concretas, sin ser irrespetuoso, ir directo al grano. También le enseñaron a tener paciencia, pero era difícil cuando sus ex compañeros querían escuchar los morbosos detalles de su salida del Colegio.

-Anda Draquito, ¿no me vas a contar?- insistió Pansy Parkinson, coqueteándole-. Debe ser terrible estar en Durmstrang, pero sin embargo se notan los resultados.

-Así es- estaba decidido a cortar la conversación de inmediato de manera amarga, sin embargo vio a Krum pasar y lo llamó-. ¡Krum!, ¿estás ocupado?

-Quiero en…entrenar- se esforzó en hablar como el resto de los chicos allí.

-Pensaba hacer lo mismo, vamos. Adiós Pansy.

Draco pudo escabullirse sin salir mal parado de la situación.

Hermione pasaba días complicados, se le notaba molesta, más celosa de su tiempo que de lo común, se encerraba en su cuarto, ni siquiera deseaba estar en la biblioteca para evitar toparse con el rubio. Harry podía comprenderla, pero no la excusaba y se lo hizo saber.

-Tienes que hacerle frente a esto, no puedes esconderte durante todo el año.

-Sí, sí puedo- comentó con orgullo.

-Seguro él ya lo olvido- Harry trataba al mismo tiempo de animarla-. Anda, ¿cómo voy a explicar tu ausencia a los demás?

-Por lo que sé nunca he sido muy popular no creo que lo noten. Y por si quieres un pretexto, estoy pasando por cambios, al igual que tú, ese es suficiente motivo- su tono era defensivo.

Tu conducta deja mucho más que desear que la de él- salió de la habitación, decepcionado, y esperando que sus palabras sirvieran de reflexión a su amiga.