37. Elixir del amor posible
-Usted es un demente, ¿lo sabía Dumbledore?, sino, ya sabe lo que pienso, no conforme con arruinar el estatus del Colegio, también se atreve a cuestionar mi método de enseñanza y a ponerme a un alumno como ayudante- eso era lo que pensaba Snape, y por mucho que respetara al anciano, no se iba a quedar callado.
-Es una lección, Severus- se defendió, mientras servía un poco de vino de Elfo cosecha 78, que a regañadientes aceptó-. Draco es un joven impetuoso, no lo culpó por lo del beso, ni mucho menos por pasarse de copas. Durmstrang es un lugar hostil, es natural que se sienta con ciertas "libertades" aquí; además la señorita Granger no ha presentado ninguna queja.
-No debería hacerlo, pero a usted debería bastarle con los antecedentes de ese par, o ¿acaso se le ha olvidado de quién hijo Draco?, si sus padres se enteran, deberá correr a Granger y lo sabe, es más me parece que es consciente de ello.
-Me agrada que te preocupes por Draco, ese afecto no es algo que sueles demostrar por todos- Dumbledore le ofreció una sonrisa amigable.
-Si me preocupa, no es porque él no sepa cómo cuidarse, es verdad que los Malfoy son mis amigos, así como sé de lo que es capaz Lucius, pero aquello que sin duda me angustia más es no saber en qué juego lo ha metido. Me da la impresión de que lo quiere cerca de Granger.
-Así es- admitió-, o terminan juntos o simplemente se darán cuenta de que pueden convivir sin ser algo más que jóvenes.
Snape lanzó una mirada combinada con una mueca de desaprobación.- En verdad es todo un misterio Dumbledore, no sé qué pensar. Sólo espero que esto no termine como la última vez.
Quien también esperaba lo mismo era Draco, que resignado se encontraba repasando algunas pociones, tenía sus manuales, y ahora acceso ilimitado al armario de ingredientes de Snape, quien le había pedido ser cuidadoso con lo que tomará. Tenía la clase preparada, el profesor se encargaría de la parte teórica y él de la práctica, lidiar con gente como Longbottom, Finnigan y compañía no era muy grato, pero había interpretado bastante bien la intención del director, le estaba confirmando que quería que se hiciera cargo de la situación con Hermione, no iba a decepcionarlo.
A casos desesperados, medidas desesperadas. Lo tenía presente en su mente, lo había planificado, no era difícil, sólo un añadir unos ingredientes adicionales y la tendría a sus pies, pero él ¿se atrevería?, ¿no sería caer muy bajo?, ¿lo expulsarían ahora también de Durmstrang?
Se detuvo a pensar que eso no era lo que deseaba, ni era compatible con las enseñanzas adquiridas en el colegio de varones; así que se limitó a apegarse a las cantidades exactas y preparar su material antes de dirigirse a las mazmorras.
Tenía un rato libre, así que lo dedicó a pasear con Viktor del brazo, platicaban sobre la siguiente prueba, de la que el guapo chico ya tenía la respuesta, pero ella no se atrevió a preguntársela para no evidenciar la falta de interés o fortuna de su amigo Potter.
A veces tenía que agachar la mirada para no sentirse culpable por la manera en la que se había convertido en su novia, pero con los momentos que pasaban juntos comprobaba que podía quererlo, él la cuidaba, la consentía, era todo un caballero; a él no le importaban sus orígenes. A lo lejos divisó a Draco, seguro se dirigía a las mazmorras. No mencionó nada sobre el hecho de que Malfoy fuera a estar en clase con ella, porque no quería arruinar el momento, porque él podría molestarse, porque Dumbledore lo había impuesto.
Se separó un poco de Krum, miró hacia el cielo, el Sol casi se ponía, por un momento volvió a ser una pequeña niña de once años ilusionada de un aristócrata, sangre pura que la lleno de mentiras que ella creía bajo esos ojos grises, con sus palabras y silencios, pronto se había desengañado y casi cometía la tontería de largarse de Hogwarts. Regresó a su presente, donde a pesar de ser afortunada al tener a un chico que la valoraba se sentía confundida. Quería salir de allí, asi que se apresuró a hacerlo diplomáticamente.
-Tengo que ir a la clase de Pociones.
-Te acompañó- comentó Viktor como todos los novios que desean estar al pendiente de sus mujeres y la seguridad de las mismas, pero al mismo tiempo no era un hombre que se caracterizara por ser acosador, y aceptaba cuando ella negaba, como en tal ocasión.
-No es necesario, debo ir por unos útiles aún, además luces cansado, deberías recostarte- comentó ella, evidentemente preocupada.
-Es la competencia, aún me preparo para la prueba. Como sea. Te veo mañana en el desayuno, y espero que brilles en tu clase- le dedicó una amplia sonrisa y le dio un beso en la mejilla.
-Snape nunca me lo permitirá, pero ya estoy acostumbrada-. Se alejó apresuradamente, pero no deseaba ser puntual, por primera vez en su vida estudiantil deseaba que algo sucediera que aplazará su asignatura. Pero eso no iba a suceder.
Llegó unos minutos tarde, interrumpiendo la clase y ganándose una amonestación para la casa Gryffindor.
-Lo siento- murmuró mientras camina a su lugar ante las miradas de molestia de su compañeros. Se sentó y preguntó a Ron-: ¿Qué estamos viendo?
-Pociones letales y sus efectos- respondió el pelirrojo.
Draco observaba a los estudiantes desde el escritorio de Snape que hablaba sobre las pociones más poderosas y las consecuencias al no ser utilizadas correctamente.
-Desesperación, locura, alucinaciones son algunas de las consecuencias, van a rogar por su muerte, pero los efectos no cederán, aumentaran hasta hacerlos pagar por cada pecado, ¿preguntas?- Hermione alzó la mano pero Snape la ignoró olímpicamente-. No, bueno, es tu turno Draco-. Tranquilamente tomó asiento, un libro y empezó a hojearlo descaradamente, mientras el rubio se ponía frente a la clase para dar una muestra de lo mucho que había aprendido en Durmstrang, no por nada Dumbledore depositaba su confianza en él para que demostrará sus talento aún más desarrollados que en algunos de los chicos de la clase que tenían su misma edad.
-Bien vamos a elaborar una sencilla poción "Invicible Imperiatum" que nos permitirá manipular a cualquier persona sin que se dé cuenta- los estudiantes se escandalizaron e inmediatamente Hermione alzó la voz en busca del apoyo de Snape.
-¿Profesor?, profesor, usted sabe que está prohibido lo que Malfoy pretende hacer, impídalo.
Él alzó la mirada sólo para pronunciar unas palabras-: Lo que Malfoy haga durante su tiempo de clase no es de mi incumbencia, pero si le parece tan "ofensivo"- hizo énfasis especial en la última palabra-, puede abandonar el salón, aunque consideré que sus notas serán bajas.
A regañadientes Hermione permaneció en su lugar, por sus compañeros, por Gryffindor y por no parecer débil ante Draco que continuó la explicación con las diferencias entre la poción y la maldición Imperio; aunque ambas poderosas e imperceptibles la segunda necesitaba de una varita y era fácilmente reversible.
-Agradezcan que no lo voy a probar con ustedes, sino con este globo rojo- se trataba de una criatura pequeña y desagradable muy parecido a un duende, afecto a esconderse en sitios donde previamente se derramaba sangre.
-Agradezcamos que no lo hace con un elfo doméstico- murmuró la chica a Harry y Ron, quien particularmente aprobó el comentario. Draco pudo escucharla claramente, cuando estuvo a unos centímetros de ella, le respondió:
-Esto es tan incómodo para mí como para ti, pero vas a tener que soportarlo o ya escuchaste a Snape, tienes la opción de abandonar la clase.
-Ella no cede- se quejaba Dumbledore caminando por su despacho, cuestionando en voz alta qué hacer tras los detalles de la primer clase de Draco. Los cuadros de antiguos directores miraban absortos al anciano, jamás le habían visto preocupado por solucionar el drama amoroso de un alumno. Les comunicaba cada avance o retroceso de la situación en busca de alternativas.
¿Por qué se preocupa tanto? Son sólo adolescentes. Ya ocurrirá algo que los haga ver la realidad. Eran frases recurrentes que surgían en tales conversaciones. Cierto día alguien habló del elixir del amor posible "Elixir of amor fieri possit".
No era una idea descabellada, pero era algo que no podía dejar en manos de Draco, él mismo se encargaría de ello, elaborarla en la dosis apropiada, y encontraría el momento ideal para que Hermione la bebiera. Se los debía, a ambos.
