38. La cómplice
Llegado el día de la segunda prueba los ánimos estaban por lo alto, para al menos dos de los participantes: Cedric quien seguía siendo favorito por parte de Hogwarts y Fleur que se sentía muy contenta con su desempeño hasta el momento. Para Harry la el asunto era complicado tenía apenas unos minutos para resolver el problema de cómo mantenerse bajo el agua del lago negro sin ahogarse, por si fuera poco sus amigos no se encontraban presentes, sólo tenía la ayuda de Neville que hablaba de plantas y sus propiedades.
Por su parte Viktor se encontraba fuera de sí, no encontraba a Hermione por ninguna parte y ella había prometido estar allí para desearle suerte, se sentía defraudado, molesto, quizá era la clase de chica que se daba a desear. Pues no iba a esperar más, tenía que concentrarse, tenía una legión de admiradores a quienes no deseaba defraudar.
Desde que sabía que los estudiantes de Durmstrang eran invitados al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería para el Torneo de los Tres Magos quiso asistir, en realidad la competición no era de su incumbencia, su deseo iba más allá, era el deseo maternal, el de volver a ver a su hijo. Era una petición considerada, no se lo iban a impedir, ni su esposo con quien había mantenido una enérgica discusión al plantearle la situación, aún lo recordaba.
-Draco está en Hogwarts, sería lindo visitarlo- así había iniciado la conversación durante la cena.
-"Lindo"- repitió Lucius burlándose desde el otro lado de la mesa-. Narcisa, querida, te equivocas, no sería "lindo", la palabra ideal sería "ridículo", avergonzarías a Draco. Lo mejor es que esperes a que salga de Durmstrang, si vas a visitarlo sólo vas a distraerlo.
-Soy su madre, y no me ha visto en mucho tiempo, iré a verlo- dijo convencida y notó que su marido prácticamente iba a hablar y ella no podía hacer nada para impedirlo, así que le dejó abrir la boca, pero no iba a cambiar de opinión.
-Te prohíbo Narcisa Malfoy ir a Hogwarts y arruinar la reputación de nuestro hijo- un sirviente se acercó a servir más vino a la copa del señor- no puedes ir y pararte en ese lugar y hacer un drama, ya me imagino abrazarlo, decirle cuanto lo amas y después vas a soltar unas lágrimas, conmovedor, pero no. Que bochornoso, no estoy dispuesto a sufrir otro escándalo como aquél que no nos gusta mencionar, sabes a qué me refiero. Tener que acallar habladurías, pagar a aquellos que vieron, pedir que a otros tantos les borren la memoria. Tú eres una dama, no voy a exponerte. Punto final.
-Ya veremos- aseguró Narcisa, segura de que como toda una dama sabía jugar y aplicarle una lección a su esposo en aquellos puntos débiles que había llegado a conocer a la perfección.
No tardó mucho en lograr que rubio patriarca cediera. Fue durante las Navidades, sabían que Draco no quería abandonar el castillo, así que se aferró más a la idea de visitarlo durante las siguientes pruebas.
Prácticamente solos en su gran mansión, Lucius necesitaba relajarse y una manera de conseguirlo era llevando a su mujer a la cama, claro que era muy puntual en cuanto a cómo se hacían las cosas, una romántica cena navideña, seguida de intercambio de regalos, él de él por supuesto alguna espectacular pieza de joyería y listo, tras unos besos la tendría dispuesta.
En esa ocasión para su desfortuna Narcisa iba a negociar. La cena concluyó con éxito. Era de las pocas ocasiones en las que el "amo", como prefería que lo llamaran sus sirvientes se mostraba benevolente con ellos, pidiéndoles que se prepararan algo de comer y descansaran temprano, él sabía que la habitación estaba preparada de acuerdo a sus indicaciones, sin duda, seguía siendo un romántico, el mejor champagne servido en unas hermosas copas con bordes de plata y la insignia familiar, flores, algunas frutillas exóticas y una tenue luz. A la antigua, pero infalible.
-Tengo algo para ti- murmuró Lucius poniéndose detrás de Narcisa para colocarle un magnifico collar-. Diamantes y esmeraldas, tus preferidos- ella lo tocó con indiferencia, sabía que era una pieza exquisita y se moría por decirlo, pero sino resistía su plan no funcionaría.
-Es bonito- fue lo único que dijo- ahora si me disculpas voy a dormir- se movió para que Lucius la dejará pasar, entonces subió rumbo a su habitación.
Atónito. Esa era la imagen que ofrecía el rubio. Acababa de gastarse una fortuna en el regalo que a ella sólo le había parecido "bonito" y por si fuera poco ahora lo evitaba apelando a que iba a dormir.
-¿Qué te pasa?- gritó mientras subía por las escaleras, estaba sumamente indignado, pero la deseaba, así que debía mostrarse sereno y delicado-. Puedes dormir, después de "nuestra noche", ya sabes.
-Es imposible, cielo, me siento muy deprimida- su actuación era convincente y alarmó al hombre.
-¿Por qué? ¿Estás enferma?
-Me deprime saber que mi hijo está cerca y no puedo verlo. Bueno podría, pero tú me lo prohibiste, y entonces yo puedo prohibirte tocarme- y allí supo Lucius que su mujer podía ser una chantajista profesional.
-No puedes hacer eso, soy tu esposo. Además hablamos de eso no debes ir a verlo.
-Entonces no tendrás tú noche- enfatizó, mientras continuaba caminando hacia su cuarto, entró y le maravilló lo tierno que llegaba a ser-. Mira te esforzaste, es una pena que no podamos aprovechar todo esto, por tu egoísmo. Bueno amor, descansa.
Se disponía a castigar lentamente a Lucius, se sentó frente al tocador y soltó su cabello, que inundó la habitación con su fragancia, comenzó a cepillarlo, comenzó a desabrocharse el vestido que se detuvo sobre sus hombros.
-Eres mala Cissy- dijo Malfoy, admirándola de pie desde uno de los postes de la cama, su imagen se reflejaba en el espejo para que ella lo mirará bien.
-En ocasiones me gusta recordar que puedo ser muy Black- su vestido cayó un poco más- le encantaba la forma en que el hombre la veía, sufriendo, mordiéndose un labio, la siguiente sería su trampa mortal, su victoria- ¿Me ayudas?- él se acercó para terminar lo que su orgullosa mujer había empezado, por un momento sintió que ella iba a ceder, pues se apretó contra él, para inmediatamente alejarse-. Gracias. Hace calor, creo que usaré algo ligero- se dirigió hasta su closet y eligió un camisón dorado, que descaradamente se atrevió a mostrar a su esposo-. Es hermoso, ¿no te parece?
-Me parece que es mejor que no te lo pongas- ella lo miró sorprendida-. Porque de cualquier forma te lo voy a quitar. Puedes ver a Draco, pero más te vale que sea una noche inolvidable.
-Lo será- aseguró emocionada arrojándose a los brazos de su esposo.
Así fue como en ese día nublado la señora Malfoy abandonó la mansión a tempranas horas para visitar a su amado hijo. Pero antes de llegar a las gradas tenía que presentarse ante Dumbledore, que estaba de acuerdo con su presencia, es más le comentaba en una carta que le parecía bastante oportuna, puesto que había iniciado una especie de campaña a favor del intercambio estudiantil, del que Draco formaba parte. La mujer no entendió muy bien a que se refería, lo único que tenía en mente era ver y abrazar a su hijo.
-Narcisa- se acercó Dumbledore besándole la mano, ella emitió una sonrisita un tanto encantadora, otro tanto falsa, pero a él no le importó- Pasa toma asiento, en un momento viene Draco, para ponerse al corriente, antes quería explicarte lo que brevemente te mencione por escrito. He notado que en los torneos hay una tendencia a sólo poner atención a los campeones de las casas, pero tú por ejemplo, estás interesada por tu hijo y es bueno- se apresuró a decir cuando la vio sonrojarse-. Pero me gustaría una participación más activa de tu parte, eso hablaría muy bien de tu familia.
-Bien, es justo ¿qué debo hacer?- realmente la actividad no le interesaba, pero no haría ningún mal el ser útil, o eso pensaba hasta ese momento.
-Te explicare rápidamente, al concluir la prueba tú serás la encargada de darles estás bebidas a los participantes y sus amigos para que entren en calor, después de todo es una prueba en el Lago Negro y hace mucho frío, ah, recuerdo cuando tu hermana hizo caer a un chico en él, sólo por diversión…- la señora Malfoy lo interrumpió.
-Si, si, si, Bella siempre tan espontánea.
Sin más Dumbledore se retiró dejándole a Narcisa las pociones en una canasta, cada una tenía un nombre en específico que no se molestó en leer, ya que su hijo entró y sólo tuvo ojos para él.
-Madre- fue un momento efusivo para ambos, él la abrazó, ahora era más alto que ella, no recordaba cuánto la había extrañado, pero sin duda, el tiempo en Durmstrang y la distancia, había fortalecido ese lazo.
-Te hemos extrañado, te esperábamos en Navidad, pero bueno cosas de chicos seguramente te lo impidieron- Draco se sintió abochornado al recordar la "fiestecita" que había montado-. Me ha contado Dumbledore algo de que haces algo por mejorar la convivencia o algo así.
-Sí, me han dejado dar algunas explicaciones de Pociones, es genial porque he demostrado mi potencial, todos me respetan, me hacen preguntas después de clase, es como ser parte nuevamente de Hogwarts.
-¿Eso te gustaría?, ¿volver?- lo veía con ese cariño maternal, si su respuesta era afirmativa haría todo lo que fuera posible porque su "pequeño" regresara al colegio, incluso rogar a Dumbledore, discutir con Lucius, todo por el bienestar de su rubio hijo, y en parte de su persona.
-No depende de mí, tú lo sabes- era una confesión, algo un tanto triste y complicado.
Continuaron platicando, sin importar que la prueba estaba por comenzar.
Viktor estaba enfadado, quería mandar todo al demonio, dejar la prueba, gritar, golpear a Rita Skeeter que no dejaba de hacer molestas preguntas sobre su relación con Hermione, de hacer comparaciones entre ella y las otras muchachas que lo admiraban a lo lejos, quizá si Hermione lo viera besando a alguna, tendría la misma sensación de molestia que él en ese preciso momento. Pero quizá era inútil, ella siempre tendría la opción de volver con Draco. Lo vio acercarse con su madre., se sintió un tanto tranquilo de saber que no se encontraba con su novia.
Al sonar el cañón, hizo lo que todo buen Durmstrang hace en cualquier situación, seguir adelante, saltó al agua mostrando unas piernas torneadas y fuertes que dejaron suspirando a más de una y utilizando un viejo hechizo para transformarse en un poderoso tiburón, el reto le parecía sencillo, rescatar algo que les había sido arrebatado. Entonces lo comprendió, se trataba de Hermione.
Sin complicaciones llegó al fondo del lago. Entonces la vio, ella flotaba amarrada por unas cuantas algas sobre un arco que parecía un antiguo portal de una ciudad hundida, cortó con una navaja y subió a la superficie.
Allí los esperaban con vítores, después de ese chapuzón y todos los pensamientos negativos sobre la chica a la que había rescatado le dolía la cabeza, necesitaba recostarse, ya se disculparía a su debido momento. Antes de retirarse quería asegurarse de que ella se pusiera a salvo para evitar enfermarse, le dio una toalla. Un beso en la nuca y se alejó con algunos de sus compañeros que no dejaban de aplaudir el esfuerzo.
Hermione sonrió, mientras Narcisa la veía a lo lejos, con un toqué de odio, por su culpa su hijo estaba lejos.
-Madre, creo que Dumbledore quería que les dieras las pociones. Cada una tiene nombre.
-Sí, pero no a ella- su postura era firme. Dijo tomando el frasquito con tanta fuerza que casi lo rompe.
-Vamos, te acompañó- prácticamente la tuvo que arrastrar para acercarse a la Gryffindor que se secaba el pelo.
-Ten- dijo secamente Narcisa- bébelo, parece que evitará que te enfermes, aunque personalmente desearía lo contrario.
-Gracias- Hermione se sentía débil, no deseaba ser descortés, entonces bebió de inmediato. Se sintió recuperada, entusiasmada, confundida y de pronto enamorada del rubio de ojos grises que tenía delante de sí. Lo besó, fue instantáneo, sorpresivo y alarmante para los testigos.
Narcisa tuvo que separarlos, mientras lanzaba improperios contra la chica. Dumbledore se acercó.
-¿Qué sucede?, preguntó angustiado.
-Esa ha besado a mi hijo, así de la nada.
-Yo, yo sólo bebí esto- la chica permitió que el director, y posteriormente Snape que había llegado a la escena examinaran la poción.
-"Elixir of amor fieri possit", elíxir del amor posible- Sentenció Snape mirando con descontento a Narcisa-. ¿Tú se lo diste?- ella asintió-. Es grave, sus efectos a veces permanentes sino se prepara el remedio.
-Yo, yo…-estaba nerviosa- Dumbledore me pidió que les diera eso.
-¿Dumbledore?, ya veo. Draco ven - llamó al joven que se encontraba aún más turbado que su madre-. Lleva a tu madre a mi despacho, tranquilízala, yo me encargo.
El joven asintió, Snape se aseguró de qué estuvieran lo bastante lejos para poder hablar con el director.
-Ya estará contento- su tono era calculador, frio, pero no tenía intención de ser suave, quería que pareciera una advertencia-. Draco confundido, Granger enamorada, Krum cuando se enteré, furioso, ya no hablemos de Lucius; y Narcisa, con miedo y por si fuera poco, usted la acaba de convertir en su cómplice.
