39. Confesiones
Draco miraba a su madre sentada en el asiento desde el cual Snape vigilaba a la clase cuando él -por designio de Dumbledore- reforzaba las enseñanzas de Pociones, era una labor a la que particularmente se estaba encariñando, era un intento de reconciliación con Hogwarts, se daba cuenta de que era el lugar al que pertenecía, por tradición, por su familia, por cada uno de los estudiantes que si bien no eran tan brillantes y fuertes como en Durmstrang; o refinadas y perfectamente esculpidas en el caso de las señoritas de Beauxbatons por quienes no se sentía lo mínimamente atraído; los estudiantes locales eran eso chicos a los que se les permitía estudiar la magia no como obligación, sino como formación de vida.
En Hogwarts se permitían los errores, las preguntas, la experimentación… y pensando en experimentar, aún tenía la sensación de los labios de Hermione sobre los suyos, fugaz, pero intenso, hasta ese momento se dio cuenta de que no había contestado al beso, quizá por lo inesperado, quizá porque su madre estaba observándolo, como en ese momento, en el que dejo de pensar en él, para consolarla.
-Soy una estúpida- se lamentaba Narcisa pensando en los reclamos que le haría Lucius al enterarse de que su visita al colegio los exponía al escándalo.
-Ya madre, se hallará una solución, seguramente fue un error, o alguien la cambio. No creo que Dumbledore fuera capaz- ciertamente es sus pensamientos culpaba al director, su comportamiento de las últimas semanas y su insistencia por "reconciliarlo" con Granger, le hacía dudar de su posible inocencia. Pero tenía que darle ánimos a su madre, y lamentablemente, no sabía cómo hacerlo, por eso cuando se abrió la puerta y el profesor Snape apareció su alivió comenzó.
Emitió una breve mueca a modo de sonrisa, Severus Snape sentía aprecio por los Malfoy desde su juventud, aunque eran unos cuantos años mayores, daba la impresión de no tener importancia, se identificaba con ellos en más de una manera. En ocasiones podía comprender su complicada situación: observados, juzgados por su apellido, sus acciones, su herencia. Lo mismo le deparaba a Draco, por tal motivo no le sorprendía que Narcisa se encontrara angustiada y un tanto asustada, mirando a sus ojos negros en busca de aquellas palabras que él sabía no podía decirle en esa ocasión. Él era un buen hombre, Narcisa siempre lo repetía, a veces ignoraba el por qué no estaba casado, era un desperdicio, ocasionalmente hablaba de ello con Lucius.
Afortunadamente allí estaba Severus y no Lucius, a esas alturas su marido estaría maldiciendo, vociferando y quién sabe qué otras locuras; en cambio el hombre frente a ella era racional, su sola presencia le infundía tranquilidad. La misma que se desvaneció tras escuchar lo que el profesor tenía que decirles.
-Acabo de confirmar que Dumbledore ha perdido la poca cordura que le quedaba. Quiere que Draco "ayude" a Granger a curarse, lo cual será desagradable, pero es la única manera de evitar que…-la rubia lo interrumpió indignada-.
-¡No!, me niego a que mi hijo participe de los experimentos de ese anciano, no me importa lo que le pase a "esa"- comentó despectivamente.
-Lo sé, no es de mi agrado tampoco, pero no hay otra manera. Déjame explicarte, el elíxir del amor posible es tan poderoso en sus efectos que te puede llevar al suicidio sino consigues que la persona de la que te has enamorado sea "considerada" de cierta manera.
-¿Considerada?, ¿Qué debo entender con ello?, ¿Qué mi hijo tiene que besuquearla, pasar tiempo con ella? -era más de lo que podía soportar, prefería el regaño de Lucius, su "te lo advertí" que sacrificar a su hijo con una sangre sucia. La tensión se instaló en su rostro, de pronto pareció haber envejecido unos años, pero no le importó, era su único hijo, ¿qué nadie podía entender que deseaba lo mejor para él?
-Siéntate, vamos Cissy- era una de las pocas personas con las que se permitía tanta familiaridad-. Voy a serte franco, quisiera ser más optimista al respecto, pero no hay otra alternativa. La chica se puede suicidar, y tú podrías ser considerada la asesina por darle la poción, Dumbledore testificaría en tu contra, sin contar las habladurías de que la odias, ya sabes. Todo parecerá tan convincente.
-Si acepto, ¿obtendremos algo a cambio?, ¿algo más que nuestra tranquilidad?
-Puedes negociarlo con Dumbledore, tienes todo el derecho- dijo en voz alta, pero Severus ya sabía lo que la rubia anhelaba.
Parecía que lo habían olvidado, hablaban de él como si no tuviera decisión, no era que estuviera en desacuerdo en arreglar lo de Hermione, es más lo veía necesario, pero antes quería dar su opinión.
-Yo…- empezó un poco nervioso, pero captó la atención de los adultos que lo miraron recordando su presencia-. Yo puedo hacerlo madre, por ti, por acabar esto. Y después…- el director entró inesperadamente en la oficina, e interrumpió ante una furiosa Narcisa que tuvo que ser detenida por Snape para evitar una confrontación.
-Después, si lo deseas, puedes volver a Hogwarts, Draco. Ahora descansa, te llamaré cuando sea el momento de ayudar a la señorita Granger.
-Anda hijo-, lo animó Cissy con una sonrisa al saber que pronto, su amado primogénito estaría cerca de casa. Se acercó para darle un beso en la mejilla, fue amorosa-. Todo va a estar bien.
Un nuevo día- pensaba optimista Viktor Krum, sin saber que ese en específico no sería de su agrado. Aún se mantenía recostado sobre su amplía cama, reflexionando sobre su comportamiento con Granger. Era celoso, lo sabía y se arrepentía de sus inesperados ataques de ira, finalmente Hermione siempre había demostrado ser una persona seria, incluso un tanto arriesgada al decidirse a tomar la iniciativa en el noviazgo, sus sospechas sobre ella resultaban infundadas.
Estaba claro que su estancia en Hogwarts estaba por llegar al final, pero tenía claro que quería estar con ella, sería la madre de sus hijos, eran muy jóvenes aún, pero cuando acabarán los estudios podrían casarse, tener su hogar, lo sabía, era un soñador, pero estaba dispuesto a correr el riesgo. Era momento de levantarse para el nuevo día, su nueva oportunidad, el día en que forjaría su futuro.
Unas quince horas habían transcurrido desde que ingirió la poción, se sentía atontada, adolorida y con un extraño vacio, entonces lo recordó con horror al principio ¡había besado a Draco Malfoy!, posó sus manos sobre su cabeza repitiendo los hechos mentalmente, la señora Malfoy le había dado algo y luego impulsivamente al verlo sintió ganas de besarlo y por lo visto eso era lo que había hecho antes de que Dumbledore le pidiera a Ginny Weasley la acompañará a su habitación asegurándose de que guardará reposo.
Ahora que estaba despierta pensaba en Draco con ilusión, quería verlo en la clase de Pociones, pero faltaban un par de días para ello. Hallaría la manera de verlo.
Las instrucciones eran claras, pasar el mayor tiempo posible con Hermione alejándola de Viktor, era un reto, que estaba dispuesto a tomar por varios motivos: para evitar el que Lucius se enterará y salvar a su madre de posibles acusaciones; por regresar a Hogwarts; por su hombría; porque la quería sólo para él (aunque todos, incluida ella lo ignoraran).
La buscaría, se acercaría, hablaría, la besaría. Era un plan perfecto, y tenía la aprobación de todos, ahora ¿debería esperar hasta la clase de Pociones?- no, no era necesario, ahora que era una especie de adjunto podía hablar con los estudiantes sin temor.
Él se acercó, le tapó los ojos, le susurró cuánto la quería, lentamente la besó descubriéndole los ojos, ella lo miro con extrañeza, era como si le causará asco, él lo podía percibir, pero Granger sólo emitió una risita confundida que le desagradó.
-Eres tú, disculpa sino soy muy efusiva, me siento cansada, tengo algunos pendientes con la clase de Snape.
-¿Te puedo ayudar?, sabes que en Durmstrang tenemos un buen nivel.
-No, sólo puede…-se quedó callada, daba la impresión de querer desmayarse, pero al mismo tiempo se veía distraía, fijando su mirada en el horizonte, a la lejanía donde se encontraba Draco Malfoy-. Me tengo que ir- sin más desapareció.
Aún desconcertado, pensando en el extraño comportamiento de Hermione, permaneció en el lugar. Y si no se equivocaba Draco caminaba hacia donde se encontraba.
-Krum- saludo tan secamente como en los últimos días-. Busco a Granger y en vista de que es tu novia, pensé que podrías decirme dónde encontrarla.
-Quizá con Snape, con permiso- se notaba molesto, casi dispuesto a golpear a Draco, pero no tenía razones para ello. Antes de retirarse por completo añadió- Si la encuentras dile que hay algo que es urgente que le diga.
-Claro, ¿algún adelanto?
-Tiene que ver con nuestro futuro, juntos. Del tipo compromiso, boda, hijos-. Se alejó sintiendo esa pequeña victoria en su sonrisa.
Acudió rápidamente al despacho de Snape, pidiéndole ayuda, explicando sus síntomas, él sin duda, sabía "algo" que ella no y se negaba a discutir el tema. Intento despacharla como siempre, tratándola como una tonta Gryffindor, por la cual no sentía el mínimo interés.
-A menos que haya sido envenenada, lo cual dudo porque no estaría aquí soportándola, no estoy en condición de atenderla, vaya a enfermería. Allí incluso le dedicarán una sonrisa.
-Usted es el profesor de Pociones, me siento mal desde que la señora Malfoy me dio algo a beber. Es claramente un veneno.
-Ya lo ha dicho soy el profesor, soy el experto y le digo que vaya a la enfermería, no me haga quitarle puntos. Además acusa a la señora Malfoy sin fundamentos, no hay ningún vestido.
-Estaba Draco.
El rubio entraba en ese preciso momento, un tanto aturdido por las declaraciones de Viktor, peor se puso al encontrar a la chica allí, claro no le daría ningún mensaje.
-¡Ah Draco!, hablábamos de ti, Granger afirma que eres capaz de culpar a tu madre- la mirada que cruzaron el Snape y Draco era de complicidad, la de Snape se acercaba también a la lástima por el muchacho y la repugnancia por lo que sucedería en su despacho.
-¡No es verdad!- se defendió Granger-. Yo no haría eso, porque te quiero- las palabras salieron de su boca sin intención era lo que sentía. La poción eran tan efectiva como el Veritaserum y peligrosa como el Filtro del Amor.
Sin más se miraron por un momento, para después encontrarse en brazos del otro besándose. Ignorando el mundo a su alrededor, ni siquiera importaba que estuvieran en un lugar tan poco romántico, exponiéndose a un castigo ejemplar -del que Draco estaba consiente no existiría, porque Snape era parte del juego de Dumbledore-.
-¡Por Merlín!, no voy a ser testigo de esto- Snape se retiro muy a su pesar, pero alegrándose de no tener hijos de los cuales preocuparse.
