41. La graduación

Eran los últimos días en el Colegio Hogwarts, una generación estaba por salir, excepto Hermione, pocos la recordaban con agrado. A la mayoría no le importaba que no estuviera ya allí, a punto de graduarse. Pero había quienes la recordaban con ese aire de nostalgia, como si creyeran que pronto atravesaría el Gran Comedor y se sentaría a su lado, con sus libros bajo el brazo con algún consejo para dar o con su rostro ceñudo para recordarles alguna tarea pendiente.

Pero de todos ellos, quien la recordaba incluso con tristeza era Draco Malfoy, el rubio que había regresado a Hogwarts, el siempre Slytherin que había creído que ya no sentía nada por la Gryffindor, se había convencido de ello hasta que Dumbledore intentará interceder entre ellos cometiendo un grave error. Incluso se había resignado a permitir su romance con Viktor, fallando porque ahora estaban comprometidos, así lo anunciaba un pequeño espacio en la revista "Corazón de Bruja", era una foto de algunos años atrás, se les veía abrazados, a Krum con una impecable sonrisa, a Granger con algo más que una mueca de alivio. Era posterior a su salida del colegio, después del Torneo. Y sería uno de los eventos más esperados, aunque hasta el momento toda información al respecto era confidencial.

Desde el día en que Hermione Granger le anunciará que se casaría con Krum, al igual que abandonaría Hogwarts, algo en él era diferente, sólo él lo sabía, no podía permitirse ser débil, por ese motivo buscó romances con algunas chicas, para tranquilizar a sus padres con el asunto del matrimonio, pero al final ninguna resultaba ser digna para sus altos estándares, ninguna podía llegar a ser su esposa.

En ese momento se encontraba mirando hacia la mesa de Gryffindor, era un hábito constante desde su regreso, había tomado su lugar, de líder, de galán, de amo y señor de las serpientes. Su palabra era ley, se permitió ser malvado esos últimos años en el colegio, haciendo la vida imposible a Harry con el asunto de sus padres y a Ron con la pobreza de su familia. Nadie estaba para impedírselo. En algunos instantes sentía que sus años en Durmstrang no habían rendido los frutos necesarios, ahora se volvía a comportar como el niño caprichoso que debe obtener todo aquello que desee a cualquier costo. A excepción de Hermione que se había largado frente a sus narices.

Estaba consciente de que en ese momento sus compañeros se estarían graduando, extrañaba a Harry y Ron, las tonterías de Neville, los accidentes de Seamus, la complicidad de Ginny, las bromas de los gemelos. Aunque con algunos continuaba la comunicación a través de cartas, había visitado a los Weasley en las vacaciones, pero no era suficiente.

Al decidirse a dejar Hogwarts, estaba consciente de tener que darles una explicación a sus padres, y esa fue que estaba comprometida con un guapo y famoso hombre que ya no necesitaba estudiar en ese lugar, necesitaba algo más tranquilo para prepararse para una vida agitada cuando estuviera casada.

Pero era mentira, sabía bien que tanto ella como Viktor tendrían una sencilla, cómoda y tranquila vida. Por las noches antes de regresar al colegio muggle que había elegido, se ponía a estudiar todo lo referente a la magia. Pedía a Ron y Harry los temarios de las asignaturas, así no se sentía tan aislada e inútil al no poder contar con todos los materiales necesarios.

Viktor la visitaba frecuentemente, llevándole como obsequio los libros de magia que el ya no utilizaba, era el mejor regalo que podía darle, había mencionado en una ocasión. Él no entendía el por qué abandonar sus estudios, siendo que era talentosa e inteligente, por eso mismo no la cuestionaba.

Apenas unos meses después de regresar a Bulgaria, tras concluir sus estudios, llevó a Hermione a su casa, para presentarla formalmente a sus padres, la chica fue en todo momento encantadora, pero a la señora Ivanka, no le parecía tan sincera, había algo en sus miradas evasivas, en sus repuestas inseguras que no le aseguraban estar enamorada de Viktor, su único hijo, y tiempo después tuvieron una discusión al respecto.

-Me preocupa que esa Herr-mione, no sea lo que parece, te trata bien, es discreta, pero al mismo tiempo no la veo convencida de dar ese paso a tu lado.

-Madre, ese es tu punto de vista porque no la conoces, tiene que asimilar muchas cosas, pero vamos a estar bien.

-¿Estas diciéndome que tú si la conoces?, ¿Qué no es un capricho?, sabes que aquí tienes un montón de mujeres que desde hace años han intentado conquistarte y no les has dado la oportunidad, a pesar de que sabes que son lindas, de buena familia, de repente te cruzas con una inglesa y decides dar el gran paso.

-Si, si madre- estaba un tanto exhasperado de que nadie comprendiera su amor por Hermione Granger- la amo y espero que no me estés diciendo que por ser inglesa no me merece, y precisamente porque ella no intento nada conmigo es que me atrae. No tengo dudas de que me ame tanto como yo a ella.

El Gran Comedor rebosaba de lujo, como nunca antes para despedir a una de sus generaciones más prominentes por el hecho de contar con Harry Potter y los hijos de quienes protagonizaran la primera batalla en ambos bandos.

Empezaron a llegar los alumnos con sus túnicas de gala, las sonrisas en el rostro y una tristeza en el rostro por abandonar el que fuera su hogar por siete años. Desde el momento en que dieran un paso fuera del castillo se las tendrían que arreglar con los conocimientos y habilidades adquiridas, y no era diferente al mundo muggle. La competencia, la falta de trabajo, la experiencia, los contactos, todo eso definiría su futuro profesional.

Personas como Draco Malfoy no tenían de que preocuparse, contaba con todos los recursos para hacer de su vida y nombre algo prominente, sólo le faltaba aquella mujer que sería su compañera, que le daría herederos, que se comportaría conforme dictaba la sociedad, ni tan brillante, ni tan estúpida; recatada, pero que sabe apreciar el buen humor; caritativa, pero no absolutamente compasiva; que debe hablar siempre por el bien de su marido y por sobre todas las cosas ser fiel a la familia.

Lo sabía, esa mujer ideal no compartía características con Hermione, nunca lo había hecho y era momento de olvidarla. Olvidarse de todo rastro de su niñez, porque era un hombre; olvidar que estaba comprometida con otro, porque ella lo había decidido. Porque era un Malfoy y no estaba dispuesto a permitir unos recuerdos le arruinaran su perfecta vida.

De pronto escuchó su nombre, subió al estrado para recibir su diploma, y reconocimiento como el mejor alumno de Slytherin. Se sintió orgulloso de ser una serpiente, lo iba a demostrar de ahora en adelante- Adiós a esa "sangre sucia"- se dijo a sí mismo.

Obtuvo las notas más altas, era algo que pocos lograban. Inglés, Aritmética, Literatura, no era nada comparado con la exactitud de las Pociones, la emoción de Defensa Contra las Artes Oscuras o la concentración en Adivinación, pero era lo que había elegido y ahora se aguantaba.

Hubo una breve recepción, sabía que varías Universidades estaban interesados en poseer a una joven tan ilustrada, la asediaban con preguntas sobre si aceptaría alguna, sobre si sería tan osada de rechazarlas.

-Quizá me vuelva dentista, como mis padres- comentó, ante la decepción de todos-. O me busqué un marido.

Eso ya estaba arreglado, pensó mientras pensó en todos en el castillo y la magnifica celebración que en ese momento se estaría realizando.

Al llegar a casa de sus padres subió a su pequeña habitación, miró por la ventana, sintiendo la nostalgia de perder algo que tenía que estar superado ya, se puso a llorar por condenarse y saber que al día siguiente su horrible vida muggle seguiría allí.