44. La fiesta

Sabía de la importancia de dar una buena apariencia, más que necesario en su ahora actual empleo, lo intuía y veía en el fino papel de la invitación en color beige con hermosas letras doradas. Podía llevar a alguien, pero ¿a quién?, pensó en Harry, pero seguro estaría ocupado con su nuevo empleo en el Ministerio, Ron tampoco era lo mejor para impactar, iría sola, así no llamaría la atención.

Decidió que tenía que ir de compras por un vestido, algo sencillo, pero que al mismo tiempo resaltará sus facciones y su delgada figura. Decidió ir a Madame Malkins, tenía buena reputación por los uniformes escolares y en menor proporción se dedicaba a vestir a las damas con diseños exclusivos de su propia creación.

Conforme se acercaba el día de la fiesta de la compañía G&G más se convencía de que no tenía que ir, era una especie de presentimiento, pero a esas alturas era innoble de su parte cancelar lo prometido a Astoria, no quería causarle un "berrinche" que terminaría en un regaño por parte de sus padres.

Podría enfermarse accidentalmente, aunque parecería demasiado conveniente, Astoria se molestaría y reparar el daño sería un reto. No podía eludir los eventos adquiridos desde su noviazgo, parecía que nadie podía comprender que en ocasiones hasta él necesitaba su tiempo, su espacio. Como en ese momento en que llegaba su chica para hablarle de nimiedades que él estaba dispuesto a ignorar; así que la invito a ir de compras, conocía su fascinación cuasi obsesión por las adquisiciones.

-Creo que debes ir en busca de algo para la fiesta, ¿no quieres ser la más hermosa de la noche?

-Lo seré- comentó un tanto molesta de que su novio creyera que alguien pudiera superarla- ya lo verás, voy de compras, Madame Malkins es una buena opción, sus diseños son exquisitos.

-Escoge uno que ambos podamos disfrutar- le lanzó una mirada picara y ella se dirigió al callejón Diagon.

Desde que se había conseguido una considerable fortuna diseñando los uniformes para estudiantes, decidió dedicarse a su verdadera pasión: la alta costura; así mientras los jóvenes escogían sus atuendos, aprovechaba para enseñarles a las madres algunos de sus exquisitos modelos, con finas telar, acabados perfectos e incluso toques de piedras preciosas para quien pudiera pagarlos.

Se sorprendió al ver entrar a una joven peli castaña, de aspecto sencillo, ni bonita, ni fea, pero bien arreglada se podría saca provecho. Con personas así no se debía ser rosera, pero tampoco animarlas demasiado ya que podrían arruinar sus vestidos con sus manos torpes.

-Hola, ¿puedo ayudarle, querida?- sonrió con poco entusiasmo.

-Sí, de hecho busco un vestido, es para una fiesta, nada tan elegante, pero tampoco sencillo.

-Me temo que debes abrir una cuenta antes de acceder a nuestros servicios- de esa manera se libraría fácilmente de la chica.

-No hay ningún problema, más que tendrá que revisar en sus archivos, aquí compré mis uniformes.

-¡Ah!- expresó Madame con suma sorpresa y un dejo de resignación- ¿cuál es tu apellido?

-Granger, soy Hermione Granger- le lanzó una sonrisa. La mujer regordeta, se acomodó los lentes de media luna, y entonces pudo reconocer a la joven, de la cual había leído recientemente en "Corazón de Bruja".

-¡Pero claro!- como la mayoría de mujeres asiduas a la revista, era también una curiosa, deseosa de ávidos detalles románticos y no pudo dejar de hacerle preguntas- ¿la acompaña su prometido?

-No, se encuentra en un mundial.

-Ya veo, ya veo ¿y cuándo es la boda? ¿Quiere un vestido para boda?

-No, sólo un vestido para una fiesta, ¿puede enseñarme algunos?

-Pero por supuesto, querida- la tomó de la mano y le hizo señas a una de sus empleadas para no ser molestadas-. Tengo algo que te quedará perfecto.

Después de un rato de evadir la mayor parte de las preguntas relacionadas a su compromiso y a las virtudes de Viktor encontró el vestido deseado era de color amarillo pálido, lo cual resaltaba perfectamente con su cabello castaño, accesorios sencillos, se vio ante el espejo y le pareció la imagen perfecta, como si se tratara del baile de Navidad.

Odiaba mezclarse con toda esa clase de gente, pero se dijo que era necesario por conseguir uno de los diseños de Madame Malkin, tenía en mente un vestido sencillo, para no opacar su belleza natural, el cual podría llevar con joyas ostentosas que impresionarían a las empleadas que nunca podrían acceder a su estatus, sin embargo, su valor más preciado en tal noche sería Draco.

Entró con aire arrogante a la tienda, sin dirigir una palabra a la empleada que acomodaba los maniquíes en el aparador. Busco a la dueña, estaba a punto de "rebajarse" para hablar con la joven, pero afortunadamente en ese instante la vio aparecer con un hermoso vestido amarillo y pudo imaginarse en él. Era adecuado, simple y elegante al mismo tiempo, sin pensar más dijo:

-Lo quiero Madame- la mujer se quedo extrañada como si no entendiera, Astoria tuvo que ser más especifica- ese vestido, se lo compró.

-Me temó querida que alguien ya lo ha comprado.

Su cara se descompuso, cuando quería algo debía obtenerlo, no iba a aceptar una negativa.

-Eso tiene fácil arreglo, le pagaré el doble. Sólo es cuestión de que diga que sufrió un accidente o algo.

Por un instante estuvo tentada a aceptar, pero eso sería perder a Granger como clienta, no podía permitírselo, por mucho que la señorita Greengrass se molestará, tenía que mantener s reputación en lo más alto.

-Si hubiera llegado antes, el vestido sería suyo, estoy segura de que encontraremos algo encantador para usted.

Sumamente enfadada, pero sin ánimo de causar escándalo, asintió, con él único propósito de averiguar qué clase de mujer se llevaba "su" vestido. Y tuvo el placer de hacerlo, cuando Hermione salió del vestidor, aún recogiéndose unos cabellos, le pareció sumamente descuidada, se alegró de saber que no luciría el vestido como ella misma.

-Has elegido un hermoso vestido ¿sabes?- dijo mientras echaba un vistazo por el lugar.

-Lo sé, gracias- respondió Hermione, mientras contaba sus galeones para pagar. Sin hacer demasiado caso a la mujer que le hablaba.

-Me preguntaba si aceptarías el doble de su costo, pues es realmente abrumador.

-Me halaga en verdad, pero no se encuentra en mis planes venderlo. Ya que nos llevó un buen rato encontrarlo, ¿no es así Madame?

-Así es, pero como te repito algo encontraremos para ti, Astoria querida.

Cuando escuchó el nombre tuvo que sostenerse en el aparador, se le bajó la presión y seguramente se puso pálida, sólo era cuestión de darse la vuelta para apreciar a la novia de Draco Malfoy, y tuvo miedo por saberla hermosa, si es que las revistas no mentían. Se puso nerviosa, apresuró a la mujer para envolver el vestido.

-Guarde el cambio, por tan finas atenciones.

-¡Oh!- la mujer agradeció y vio como la chica castaña se alejaba por su puerta, como si de pronto algo la tuviera muy alterada. Cosas de la juventud seguramente. Ya sola con Astoria se lamentó. -No tuve la oportunidad de enviarle saludos a su prometido Viktor.

-¿Viktor?, debe haber millones de hombres con ese nombre- lo menospreció.

-Ninguno como él, puedo apostártelo, su prometido es Viktor Krum- hasta ella tenía que conocer el nombre de un jugador de fama internacional.

-Ya veo, debe ser excepcional en casi todo- en un susurró habló para sí misma- menos para escoger mujeres.

-¿Dijiste algo, querida?- preguntó la Madame Malkin.

-Que, que me llevo el lila.

-Una elección perfecta. Te lo empacaré.

Al final tendría que ir, se miró ante el espejo, se acomodó el rubio cabello, se aliso la camisa, se puso la capa de gala, era un traje ridículo para una fiesta en la que se pretendía demostrar quiénes eran los dueños y quienes los empleados.

-Apúrate- entró Astoria a su habitación, interrumpiendo sus pensamientos, le sonrió un tanto fingido.

-Estoy listo, realmente me gusta ese vestido- quería animar el mal humor de Astoria, sabía (por la cantidad de veces que lo había mencionado) que una tipa tenía el vestido que ella deseaba, y eso lo podía reflejar en sus palabras, sus gestos. Pero él confiaba en que se calmará al ver que era la mujer más hermosa de la fiesta. Todo estaba planeado para ello.

Todos parecían tensos, sólo un poco más arreglados de lo común, al llegar con su vestido amarillo se sintió fuera de lugar, se sintió exagerada, apenas y los invitados se atrevían a tomas las copas de vino que se encontraban en las mesas o que ocasionalmente los elfos llevaban por el lugar ofreciéndolas, acompañadas de bizcochos, aunque eran ellos los que ofrecían el mayor espectáculo con corbatines y una especie de bolsa negra en vez del tradicional signo de esclavitud.

Eso le parecía denigrante, qué clase de personas eran los dueños de ese lugar, y por qué ella estaba allí, como si nada ocurriera. Se sentó para tranquilizarse, y alguien le empezó a hablar.

-Eres la chica nueva, ¿cierto?

-Si- ella asintió, era la primera vez que alguien se atrevía a conversar sin preocupaciones, aunque quizá se debiera a que el hombre a su lado ya llevaba unas copas encima.

-Deberías beber y comer un poco, lo que sea de cada quien, en estas fiestas los patrones dan de lo mejor.

-Es fácil comprar el maltrato con un día de lujo, ¿no le parece?

-Así son los ricos, aparte de ser los dueños del mundo, se sienten los dueños de uno, si supiera la cantidad de situaciones en las que nos hemos visto envueltos.

Ella quería averiguar más cuando se escucharon aplausos y todos se reunieron alrededor de la puerta para darles la bienvenida a los propietarios de G&G, entonces deseo haber bebido, pues lo que veía no podía ser posible. Astoria entraba del brazo de Draco Malfoy y detrás de ellos la familia Greengrass quiso ser discreta y escabullirse, pero la ansiosa multitud la llevó hasta detenerse debajo de unos escalones donde los dueños dieron un discurso sobre la importancia de mantener la compañía como hasta el momento y superar las metas establecidas, finalizaron con un "disfruten la velada", pero no demasiado porque al día siguiente serían los mismos empleados, sin consideraciones especiales.

Aplausos, y la música comenzó. Draco se veía obligado a bailar, apenas habían pasado unos instantes. Era momento de irse- pensó Hermione-. Pero no se dio cuenta de que Astoria la veía desde que sus padres daban el discurso. Ya segura de que la chica de amarillo era la tal Hermione Granger, la usurpadora de vestidos debía encararla.

-Discúlpenme amor, debo arreglar un asunto- lo dejó en medio de la pista. Tomó a Granger por el brazo y la enfrentó:

-¡Tú!, ese era el vestido que quería; no o luces como lo haría yo, mírate bajita, sin chiste, ¿cómo has conseguido hacerte de un novio como Viktor Krum?,

Se quedó callada, sabiendo que al día siguiente no regresaría a trabajar, era demasiado humillante. Se iría sin causar escándalo, empalideció, y luego se ruborizó cuando Draco se acercó, en un primer instante sin reconocerla, tuvo que mantenerse sereno en el momento en que se dio cuenta de que se trataba de Hermione Granger, la sangre sucia que lo había puesto en su lugar en dos ocasiones. Sin embargo, se comportó como un caballero, y no reveló nada al respecto. Se dirigió a Astoria.

-Vamos a bailar Astoria.

-¿No te das cuenta?, ese es mi vestido.

Ahora él también podía comprenderlo, pero le parecía ridículo pelear por un vestido, por un vestido que al verlo puesto en Hermione lograba opacar el de su chica. trato de componer la situación.

-Ya te compraré los que quieras, después. Ahora vámonos- la rica heredera se adelantó, mientras Draco aprovechó, haciendo una reverencia y disculpándose- perdónala, no sabe lo qué hace.