45. La nueva asistente de Draco

Entró a su habitación en el Caldero Chorreante, todo le parecía tan irreal, pero había sucedido, no tenía duda de aquello, esos ojos grises eran inconfundibles, no tenía ni una hora que los había mirado y aún tenía esa sensación de emoción y confusión, ¿la defendió? ¿Ante Astoria? ¿De Astoria?

Estaba decidido, no iría más a ese trabajo, la paga no era mala, pero el simple hecho de pensar a quién pertenecía la ponía en desventaja, ni pensar en toparse ocasionalmente con Draco o sus padres.

Se cepilló el cabello, se pasó un ligero camisón a pesar del frío, estaba deseando enfermarse y parecía que sugestionándose lo lograría, pero tras un par de horas acostada sin conciliar el sueño, se resignó cubriéndose con mantas. Tenía insomnio decidió escribir a Viktor.

Prendió una lámpara que después acercó al pequeño escritorio del cual sacó pergamino y tinta. Desperdició un poco, no podía contarle la historia de nuevamente haberse topado con Draco Malfoy, pues eso lo preocuparía e inmediatamente volvería a su lado. Lo cual sería conveniente, pero no quería convertirse en una réplica de Astoria.

Quedó contenta con el resultado, al día siguiente, en vista de que estaría desempleada y con mucho tiempo disponible, se la enviaría.

Espero a que sus padres se despidieran agradeciendo a Draco su presencia, el éxito de la empresa iba en aumento. Cerrada la puerta e inaudibles los pasos en las escaleras soltó su furia contra su novio que se dejó caer en un sillón como si previera lo que le esperaba.

-¿Qué fue eso Draco?, ¿acaso me pareció que defendías a esa empleaducha?

Quiso hacerse el occiso, pero fue imposible, ella lo escudriñaba con la mirada, esperando respuesta, tenía que ser claro, conciso, no irritarla, no quería discutir; realmente no quería hablar de Granger, aunque pudiera disimularlo muy bien, no había dejado de pensar en ella, desde el momento en que la hubo visto.

-Astoria, pero si es tan obvio- espero un momento la expresión de la mujer cambió, pero ella pareció no entender y el amplió la explicación-. Era una fiesta en la que debías mantener la postura, vivimos de nuestra imagen, saldrán reseñas en los diarios, no querrías meterte en una pelea callejera ¿o sí?

-No- admitió avergonzada-. Pero era mi vestido, como sea la haré ver su suerte en el trabajo, esa área es mi especialidad.

-Ya lo creo-. Comentó, con cierto aire de preocupación que ella ignoró, porque ya estaba maquinando un plan para humillar a Granger, su nuevo "proyecto".

Se despidió para irse a dormir con una mirada maligna, que lo inquietó, pero no pudo expresarlo, porque en ese momento ella salió de la habitación.

Despertó al mediodía, pero se quedo recostada, ya no tenía que ir a trabajar, se iba a dar el gusto de consentirse, era la primera vez que incumplía con algo, realmente no le importaba, tras averiguar que la familia de Astoria y seguramente próxima señora de Malfoy, estaba dispuesta a mantenerse al margen. Eso iba a empezar desde esa mañana en que decidió faltar, sin ningún tipo de aviso.

Escribió unas notas en su diario, regalo de Viktor. Una carta para sus padres informando que todo iba bien, todo mientras disfrutaba un ligero desayuno. Después se duchó lentamente, necesitaba realmente sentirse purificada, quizá un nuevo corte de cabello o ropa le harían un favor respecto a eso, si, iría de compras.

No sabía si sentirse contenta o enojada, no sabía si era buena señal que Hermione Granger no se hubiera ido a presentar ese día al trabajo. Era bueno, porque el mensaje era claro: allí mandaba ella, Astoria Greengrass. Era malo, porque le quitaba el placer de poder torturarla lentamente.

Aún tenía un as bajo la manga, eso lo sabía muy bien Draco, que miraba a Astoria ir de un lado a otro de su elegante oficina, sin decir nada, pero podía transmitirle su mal genio.

-No me dejas trabajar- finalmente dijo Draco-, no entiendo ¿qué te pasa?, ¿Por qué tienes que comportarte como una niña?

-¿Acaso la estás defendiendo?, ¿Por qué?- él no hizo el intento de contestar, pero no importaba, ella iba a averiguar quién era la tal Granger. Salió como si nada, dirigiéndose al área de administración de empleados-. Buenas tardes- saludó como pocas veces hacia, ya sus padres le habían recordado la importancia de ser "amable" con los trabajadores para evitar futuras revueltas.

-Buenas, buenas tardes- saludó un hombre anciano que prestó atención a lo que la señorita Greengrass deseaba-. No se preocupe, no vengo a despedirlo, ni nada, por el contrario le recompensaré por su desempeño, pero antes debe proporcionarme los datos de una persona: Hermione Granger.

-La chica nueva, si, debo tener algo, permítame.

Después de rebuscar por unos instantes, le dio el expediente completo de Hermione que incluía su dirección, datos personales, estudios. Dio las gracias, ya lo revisaría con calma y se le ocurriría algo. Sonrió con una renovada satisfacción.

Pasó otro día sin que Hermione se presentara y eso parecía poner de muy buen humos a Astoria que había dejado de insistir en el tema, incluso le había propuesto dar un paseo tranquilo esa tarde, ese era el motivo de que estuviera allí, en la residencia Greengrass, esperándola, pero como mujer vanidosa que era tardaba en arreglarse, pues harían una nueva aparición en público.

Subió a su recámara con sigilo, se recostó sobre un sillón, a lado en la mesita de noche encontró unos papeles que se puso a hojear y entendió el plan de Astoria contra Hermione. Los dejó en su lugar, salió de la habitación, dejó una nota con el elfo familiar y se largó en busca de la castaña.

Tuvo que hacer una escala en el trabajo, su asistente se encontraba allí, ella siempre había sido amable, se esforzaba al máximo y como si no fuera suficiente ahora le pediría su puesto. Harían un buen trato, al principio de la conversación ella lucía desconcertada, pero si el joven Draco se lo pedía no podía negarse, además ganaría lo mismo, su trabajo se volvería tranquilo.

Regresó a su habitación ya entrada la noche, deseaba llegar, ponerse la pijama y levantarse tarde a la mañana siguiente, pero nada más contrario a eso iba a suceder. Saludó al portero como todas las noches, en esa ocasión, fue más evasivo que de costumbre, no se atrevió a mirarla a los ojos, se sentía culpable por lo que había hecho, pero ella comprendería.

Revisó el buzón, sin novedad, subió las escaleras, sin ninguna prisa, llegó a la puerta y abrió, notó una luz en la habitación, dejó sus cosas sigilosamente cerca de la entrada, alzó la varita dispuesta a lanzar un hechizo en caso de ser necesario.

Entró un tanto sobresaltada por lo que hubiera cometido de no haber tirado la varita al ver a Draco Malfoy tendido sin preocupación sobre su cama, en ese momento prefería que un ladrón ocupará su lugar, pero no era así. Se alarmó más cuando vio a su lado su diario, el mismo que Viktor le regalara.

-No lo leí, si es lo que temes- lo dijo después de ver la expresión tensa de la chica-. Aunque ganas no me faltaban, quizá aquí pudiera encontrar tantas respuestas que quedaron pendientes.

-¿A qué has venido?- cambio el tema- ¿cómo entraste?

-Soborné al portero, una buena cantidad, no fue tan difícil.

-Claro, tan clásico entre los ricos, comprar a todos, ¿no?

-Estoy aquí porque no me dejaste otra opción, y agradece que sea yo y no Astoria. Llevas dos días sin ir a trabajar, ¿sabes lo qué significa?

-Sí, que renuncié al enterarme para quién trabajaba, es bastante sencillo de entender.

-No, Hermione, ¿leíste el contrato?, no puedes renunciar hasta después de un año, Astoria no te lo va a permitir, quiere que regreses para hacerte la vida imposible, lo sé, porque ahora sabe todo de ti, existe la posibilidad de que hablé con tus padres o tu prometido -le costó pronunciar las palabras.

Por inercia se sentó en el borde de la cama, como pensando en qué hacer, Draco no se tomaría tantas molestias en advertirle si no se tratará de algo serio.

-Yo te voy a proteger- fue tan natural que él mismo tuvo miedo de lo que salía de su boca-. Ya tomé algunas medidas, que deberás aceptar.

-¿Ah, sí?, ¿cómo cuáles?, sin trampas Malfoy.

-Serás mi nueva asistente, así podré estar al pendiente y Astoria no podrá hacerte nada.

Se levantó con un sobresalto, era lo peor que podría haberle hecho, su asistente, quién demonios se creía ese rubio engreído, no había cambiado en nada.

-Claro- dijo con ironía- te serviré un vino de elfo, te llevaré galletitas y las cartas de tu madre para que las leas ¿no?

-Es parte del trabajo de una asistente- dijo ya de pie, encaminándose a la puerta.

-¡Lárgate!, Malfoy- estaba furiosa.

-A las ocho, Granger, sé puntual.