46. La mentira de Hermione

Temía cada encuentro con Astoria, la antipatía era mutua, cada mirada, cada gesto era de desprecio, pero al menos la heredera ya no cruzaba palabra o insultos con ella. Constantemente Granger se preguntaba si era por orden de Draco, tenía curiosidad de saber la razón de su defensa, se su repentina simpatía; finalmente ella se había ido, pero no se hablaba del tema, parecía que a él no le importaba el pasado.

Todo se reducía a lo laboral, se acoplaban bien, en pocas semanas la chica había demostrado ser una asistente eficaz, organizada, dedicada. Pronto Draco la involucró en tareas más especializadas, lo que suponía pasar más tiempo con ella del que le daba a su novia, quien se mostraba paciente confiando en las palabras de la que deseaba fuera su futura suegra.

Cada madre busca lo mejor para sus hijos y Narcisa no era la excepción, siendo Draco su único hijo, y llegado a un punto en que era difícil de controlar le preocupaban dos cosas: evitar que se volviera a enamorar de Granger y casarlo lo antes posible con Astoria.

Fue así que decidió visitarlo en su recién adquirida residencia en los límites de Hogsmeade, no era tan elegante como la mansión Malfoy, pero tampoco era modesta como el Caldero Chorreante. Era realmente práctico, no necesitaba demasiadas cosas, sólo un lugar para dormir, tomar una ducha, un poco de comida y estar solo.

No estaba acostumbrado a recibir visitas, era su espacio, ni siquiera permitía a Astoria irrumpir en su territorio, por eso mismo, cuando tocaron a la puerta, se sorprendió ¿quién se atrevería?, pero cuando vio a su madre, se alarmó, ella no estaría allí para darle las buenas noches, eso de entrada lo sabía, la hizo pasar y se disculpó por no tener un espacio más acogedor para recibirla.

Le pidió que tomara asiento en el único sillón de la estancia, le ofreció un té de ajenjo que ella rechazó, era de noche, no tenía mucho tiempo y no deseaba importunarlo…demasiado.

-¿Ha pasado algo, madre?, no me vendrías a visitar a menos que algo grave pasará.

-No sé si debo tratarlo como un "asunto grave" como mencionas, es más una inquietud personal, no debería intervenir, pero me preocupa que tu noviazgo no marche bien - él estaba por interrumpirla, cuando ella prosiguió:- por culpa de Granger.

Lo comprendió de inmediato y de cierta forma era predecible. Astoria había recurrido a su madre para recibir apoyo. Después de todo no era tan tonta, pero hasta qué punto de la historia habría compartido Narcisa-. Retomó la palabra adivinando la inquietud de su hijo.

-Obviamente ignora la parte del romance con la "sangre sucia"- no tenía reparo en utilizar ese calificativo-. Pero espero no des pie a ese a que eso suceda. Me ha decepcionado saber que la defendiste después de cómo te trato y cómo sufriste por ella. Ahora preferiste no darle su lugar s tu novia.

-Cuestiones laborales y legales, madre- se protegió sin dejarse inmutar por las palabras de su progenitora, quien seguía cuestionando la que le parecía una decisión equivocada. Se sinceró-. ¿Piensas abandonar a Astoria, por "esa"?

-No- fue firme-. Hablas como si afirmaras que la engaño y no puedes estar más equivocada madre, lo único que si voy a admitir es que Asty -así solía llamarla de cariño- necesitaba esa "lección" para que aprenda a comportarse como una dama y no como la niña caprichosa a la que todos (incluyéndote) la han acostumbrado, y se lo dije claramente, suele ser muy sofocante, pero no temas, no la voy a dejar, sé que tenemos un compromiso.

Un par de lágrimas cayeron por su níveo rostro, sintiendo alivio, de cierta manera supo que no había por qué preocuparse. Incluso Draco aprovechó para hacer una confesión.

-Espera un momento- fue hacia su habitación, para aparecer unos instantes después con algo entre sus manos que su madre reconoció con entusiasmo: una argolla de matrimonio. Tuvo que levantarse para abrazarlo, irradiando felicidad.- Te pido que no le menciones nada aún.

Narcisa así lo prometió, esbozó una sonrisa renovada, mientras contemplaba fascinada la joya que uniría a las familias Malfoy y Greengrass.

Estaba ansioso por regresar, por recibir su calidez, sus abrazos, sus besos, por finalmente establecer una fecha para su boda. Parecía que ese tiempo alejados había bastado para que su inglesa despejará sus dudas; en cuanto hubo recibido su carta, la mostró a su escéptica madre.

-Me ama- le aseguró- y me espera.

-Bien, si es lo que quieres Viktor, sabes que estamos de acuerdo.

-Gracias, pienso ir en unos días para arreglarlo todo.

Al llegar el fin de semana se sentía desesperada, deseando que las horas pasaran con rapidez para regresar al trabajo. Era aburrido no tener a nadie con quien pasar esos momentos. En ocasiones escribía a Ginny, Harry e incluso Ron, pero sólo a los dos primeros había informado de su situación actual, ambos se mostraban preocupados por la cercanía con Draco.

Se decía así misma que los temores que tenían sus amigos eran infundados, su relación con el rubio era meramente laboral. No había insinuaciones, pero de repente se obsesionó con la idea de que él se había convertido en la razón de querer regresar cada día al trabajo. Incluso dejo de usar el anillo que Viktor le había dado, cuando notó que a Draco le incomodaba.

Finalmente llegó el lunes, incluso llegaba más temprano de lo normal, se esforzaba de más, lo cual Draco notó de inmediato, ella ya no se molestaba en llevarle su infusión, incluso sabía que sabor y a que temperatura prepararlo, agendaba sus reuniones, le pedía sus comidas, incluso para él el trabajo se había vuelto algo eficaz, ya no era tan malo trabajar en una compañía exigente en cuanto a mantener su prestigio y tantas cosas pomposas.

-Hermione- le habló él desde su escritorio, ella acudió rápidamente-. Tengo que decirte que estoy muy complacido con el trabajo que has realizado, sé que te has quedado después de tu horario y quiero compensarlo, así que pensé en darte unas vacaciones.

Ella se alarmó, precisamente eso era lo que deseaba evitar, no quería ausentarse, ¿qué iba a hacer?, él le dio más detalles, porque en realidad, aunque ella se quisiera negar la iba a obligar a ir.

-No te emociones demasiado, en realidad serían unas vacaciones con un tinte de trabajo, pero en ocasiones cambiar de ambiente puede ser relajante, sería un fin de semana, en una villa cerca del lago, con todos los gastos pagados, en reconocimiento por tu gran desempeño. El fin de semana Granger, ten listas tus cosas, yo haré que alguien pase por ti.

Entonces continuó con su trabajo, ella regresó a su oficinita, pensando en la extraña petición, le alegraba hacer algo diferente en su fin de semana, pero no dejaba al mismo tiempo de sentir cierta inquietud, parecía que era la única empleada con ese tipo de privilegios. Decidió ocuparse de sus pendientes, ya pensaría en una forma inteligente de zafarse del asunto.

Viernes

Reviso la dirección, estaba correcta, pero antes se aseguró de llevar un presente, y ese lo encontró por el callejón Diagon, unas bellas y clásicas flores. Se preguntaba cuál sería la reacción de su prometida al verlo allí, antes de que ella misma lo pudiera imaginar. Teniendo todo listo se dirigió al cuarto alquilado por la chica, como era temprano, seguramente estaría trabajando, pero pretendía darle una sorpresa, sin embargo el sorprendido fue él.

No tuvo problemas para accesar a la habitación, el portero ni siquiera le preguntó su nombre, sabía quién era, Viktor Krum, sabía que su prometida vivía allí, sabía que si todo salía bien conseguiría un autógrafo de uno de los mejores deportistas. Así le dio una copia de la llave, le confirmó que la señorita Granger estaba ausente, que regresaría por la tarde, le indicó el número de habitación y así marchó feliz.

Entró, colocó las flores en el primer recipiente que le pareció útil, un caldero. Les puso agua. Recorrió la habitación, cuando entró al dormitorio encontró una maleta abierta, unas prendas, parecía hecha a prisa, como si fuera a regresar y huir ¿se trataría de eso?, ahora estaba obligado a saber la verdad no podía irse y volver, quizá no la encontraría, ¿habría alguien más? ¿Un rival con el que no contaba?

Regresó e interrogó al portero, le exigió darle detalles con su rudo acento, en conjunto con su corpulenta figura no se opondría, pero podía sacar un poco de provecho.

-Claro, claro- dijo el hombrecillo-. Yo te puedo decir lo que sé, pero no puedo hacerlo porque no estoy cómodo sabiendo que estoy ante una celebridad y no tener su autógrafo, tú sabes.

-Bien, dame aquello que quieras que te firme, pero habla.

-Son unas cuantas pertenencias- le entregó revistas, un par de camisetas deportivas y otros souvenirs con los que obtendría grandes ganancias.

Con una sonrisa y verificando que firmará cada uno de los productos narró la únca vez que la chica recibió una visita de un rubio muy conocido, que estuvo mucho tiempo, pero se fue casi inmediatamente al volver ella. Era todo lo que podía decir.

Malfoy, no había otro, lo comprendió de inmediato, prometió no decir nada del aunto y el medio por el que se había enterado de la misteriosa visita. La esperaría, vería su reacción, así comprobaría que tan en serio iba lo suyo.

Al volver al dormitorio, tuvo ganas de revisar las pertenencias de Hermione, pero como el caballero que era no lo hizo, sabía que podría encontrar su diario, cartas y vaya a saber Merlín qué, pero resistió esperaría su llegada.

Caminando, a unos cuantos pasos de su lugar de residencia miró hacia donde vivía, la luz estaba encendida, ¿se habría atrevido Draco nuevamente a entrar cuando el mismo le había asegurado que en la mañana pasarían por ella?, no se detuvo a pensarlo, corrió sin saludar al portero, hizo girar el picaporte y entró.

Allí lo vio, sentado en la penumbra, entre la habitación y el espacio que servía de sala-comedor, no se veía contento, sin contar que ella no mostraba un aspecto sonriente, ni siquiera de sorpresa, sino espanto, como si su presencia fuera non grata.

-Hola- trato de ser natural, pero él no se la creyó, fue directo al grano.

-¿Te vas de viaje?, no pude evitar ver una maleta. Incluso parece en este momento que tienes prisa.

-Es por trabajo, no te preocupes- se acercó y le acarició la mejilla, inclinándose un poco-. Sólo es el fin de semana, yo no quería ir, pero es como un premio a mi buen trabajo.

Abruptamente cambió el tema. Estudiando cualquier movimiento, expresión que la delatará.

-¿Has visto a alguien conocido?, ¿alguien del colegio?

-No, nadie, sólo he escrito a Ginny y Harry.

-Ah, perfecto- hizo una pausa y prosiguió-. Entonces te vas de viaje mañana, ¿no te molesta que duerma aquí?

-No, aunque no es un lugar digno de ti.

-Cualquier lugar en donde te encuentres es todo lo que necesito.

Se le hizo un nudo en la garganta, le estaba mintiendo, así que se prometió que después del viaje se casarían rápidamente, no habría por qué esperar, así quizá tuviera un pretexto para dejar en definitiva el trabajo con Malfoy y los Greengrass.