48. La invitación

Tenía mucho en que pensar, pero no podía, quería estar sola para ponerse a llorar pero no podía, se sentía miserable, pero bien le decía su madre que el que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe, desgraciadamente, ella no recordaba mucho más que los besos del rubio, si tuviera más vividos esos momentos posteriores, se sentiría quizá satisfecha, algo feliz, pero no, sólo la acompañaba el vacio y la presión por escoger una fecha de boda.

-¿Puedes esperar hasta mañana?- le dijo a Viktor que volvía a la lectura del Profeta, la miro de reojo y asintió-. Mañana no iré al trabajo, podríamos hacer algo, hace mucho que no hacemos nada juntos, debes contarme todo del torneo- ¿qué estaba haciendo? Se preguntaba, se sentía tan culpable, sin un confidente al alcance de su mano, que la única manera que encontró para no sentirse tan miserable fue hacer todo lo que Viktor deseara, complacerle.

-Sí- quería presumirla, que todos se dieran cuenta que había vuelto para casarse con la mujer que amaba, entonces le habló de otro tema que le parecía importante también-. Aunque tú sabes que podríamos hacer mucho, sin tener que salir de la habitación- la mirada que le lanzó, logró sonrojarla, ella se dio vuelta para intentar disimularlo, pero él ya estaba detrás de ella insistiendo-. Vamos, pronto será habitual, ¿Por qué no iniciar ahora?- la abrazó, intento darle un beso en el cuello, pero ella se escabulló con maestría.

-Yo prefiero esperar- dijo no me presiones, todo a su tiempo.

-Eres tan clásica, ya que lo deseas para la noche de bodas; me parece excelente dar un paseo.

Narcisa estaba tan encantada con la noticia de que por fin su hijo se comprometería con Astoria, eran una hermosa pareja, le darían nietos preciosos, ya ansiaba cuidarlos y tenerlos en sus brazos, podía recrear la vida futura familia, a pesar de que la afamada fiesta se realizara aún.

Se encargaba de todo, los arreglos, el vestuario, los bocadillos, la bebida…nadie tenía derecho a opacarle la celebración. Se peleaba en ese momento con los decoradores, por qué no podían hacer las cosas bien, los sermoneaba, cuando vio a Astoria entrar, se alejó de ellos; corrió a darle un abrazo a la chica.

-Querida, ¿cómo estás?, ¿nerviosa?- le hablaba con un tono maternal, pues ya la consideraba casi su hija por ley.

-No, abrumada, porque lo lograste, dijiste que no me preocupará y ahora estamos aquí a punto de ser la señora de Draco Malfoy, tan sólo decirlo me emociona, son tantos sentimientos.

-Te entiendo, y también te lo dije, conozco a mi hijo, por cierto ¿Dónde está?

-Salió a dar un paseo, estaba algo cansado del trabajo del fin de semana, creyó que descansaría, pero parece que no.

-Ya veo, ¿quieres ayudarme en algo aquí?, o ¿tienes planes?

-Debo dar algunas entrevistas, la más importante para la señora Skeeter de El Profeta, prometió darme las páginas centrales, es una mujer tan buena y ansia de buena manera que sea un gran evento.

-Como todos, Astoria, como todos.

Necesitaba estar solo, por eso decidió salir a caminar, pero en cuanto cruzó la puerta de su casa se vio rodeado de paparazzis, lo acosaban, querían captar cualquier gesto, cualquier movimiento, pero él que por si fuera poco se encontraba de malas, los ignoró, se refugió primero en la librería Flourish & Blotts, sabía que allí nadie perturbaría sus pensamientos, excepto Hermione. No dejaba de sentirse culpable por lo sucedido, al verla mientras ella le pedía un día de descanso vio su tristeza y decepción ¿por qué seguir con ello?, ¿se habría enterado de lo de su compromiso?, podía imaginarla como tantas otras veces desolada, porque él le había roto el corazón, ¡qué gran mentira!, cuando era ella quien le había causado más dolor.

Aunque la expectación que había generado el anunciado compromiso Malfoy-Greengrass estaba en boca de todos, el ver a Hermione Granger con Viktor Krum de la mano caminando por Hogsmeade había mitigado el impacto de la noticia. De repente se vieron rodeados de cámaras y personas, pero un intimidante Viktor logró alejarlos, no sin antes lanzarle preguntas sobre su relación, los rumores de separación, la fecha de la boda, la pareja se miró, Viktor quería que ella contestara esa pregunta y entonces dijo:

-Pronto, muy pronto- y entraron a la librería.

Aún iban tomados de la mano, lo cual era extraño, empezaron a revisar algunos libros, pero a las afueras del local el ruido y flashes de cámaras no dejaban tranquilidad al interior.

-Disculpen, creo que están aquí por mí- dijo el rubio Malfoy a los empleados-. Será mejor que me cobren esto y me vaya.

-Quédate- dijo una voz masculina que le pareció bastante familiar.

-Krum- hizo una breve reverencia, y lo vio con Granger que permanecía tras el búlgaro, con razón quería su día libre, no parecía nada consternada, se veía tan bien, que se sintió un estúpido por sentirse mal por ella.- ¿Qué tal el torneo?

-Lo de siempre, lesiones, entrenamientos, entrevistas; por cierto como te decía puedes quedarte, las personas de afuera están aquí por nosotros- Felicidades por lo de tu compromiso, lo vimos en el periódico, ¿verdad, cariño?- se inclino para darle un beso a Hermione en la cabeza.

-Claro, felicidades, parece que al fin encontraste a alguien digna de ti, ¿nos vamos?- pidió a su novio, el cual asintió y no vio motivo para permanecer allí.

Malfoy sintió una puñalada, esas palabras estaban escogidas para hacerle miserable, pero no lo iba a permitir, entonces lanzó un comentario, que Granger entendería a la perfección.

-Es curioso, todos se encuentran en sus trabajos, mientras ustedes pasean como la pareja enamorada que son, ¿no trabajan?

-Pedí un día libre- comentó la chica.

-Ya veo, ¿dónde trabajas?

-Cerca- fue cortante.

-Deberías llevar a Krum a conocer, a tus jefes, por ejemplo.

-Es irrelevante, ahora discúlpanos tenemos una boda que planear.

La había puesto en un apuro del cual sólo pudo zafarse retomando el tema de la boda, Viktor parecía encantado, ella lo superaría, si él la quería, podían ser felices, quizá ella lo lograría después de cierto tiempo, cuando llegaran los hijos. Si en algún punto de su vida pudo alejarse de Malfoy, después de que ambos contrajeran nupcias con sus parejas, ella podría ir a vivir a otro lugar, conseguir trabajo y olvidarlo, ese era el plan, lo llevaría a cabo cuanto antes.

-Ya lo he pensado, me pediste una fecha y ya la tengo- anunció a Viktor-. Quiero casarme en una semana. Es el tiempo necesario para organizarnos.

-¿Segura?, parece una decisión precipitada.

-No, es ideal, puedo hacerlo.

-Como quieras, dejo todos mis recursos a tu disposición.

Estaba decidido, se casaría, se adelantaría a la fastuosa ceremonia de Draco y Astoria.

Llegó temprano como cualquier otro día, preparó la infusión de Draco como solía hacer, dejo el diario, y comenzó a realizar sus actividades, escuchó pasos, el jefe, estaba allí, pero no se sentó, fue directamente a la oficinita de Granger.

-¿Qué fue eso de ayer?

Ella lo miro con tranquilidad, como si no supiera de qué se le hablaba, pero finalmente optó por responder.

-Sólo me defendía, me aseguraba de no quedar más como una idiota, no puedo creer que después de lo que me hiciste, anuncies tu compromiso.

-¿Lo qué te hice?, ¿no era tú la que decía que era lo que necesitabas?

-Estaba ebria, tú me emborrachaste- reclamó con ojos llorosos.

-No, yo nunca te he obligado a nada que no quieras. Pero si te sirve de consuelo Santa Granger, no pasó nada, y no pasó, porque soy un caballero, y porque no sería capaz de hacerte daño. No a estas alturas, pero parece que aún no comprendes que el niño malcriado que era ya no existe. Ahora escúchame bien, los besos que te di y que de buena manera respondiste fueron sinceros, desafortunadamente parece que ya no importan, pero debes saber que serán mi soporte cada noche que tenga que pasar con Astoria.

No se atrevió a hablar, quizá se trataba de la prueba más sincera que Draco hubiera tenido con ella, pero eso no cambiaba la situación. Su destino no era estar juntos. Siguió escuchándolo con dolor.

-Ahora lárgate, te libero de cualquier responsabilidad con la compañía, ya me encargaré de todo, te haré llegar lo que te debemos. Que seas feliz.

Sin más se marchó, no tenía porque quedarse, estaba en shock, no sabía si alegrarse o sentirse mal. Tenía que estar sola, alejada de todos. Tomar decisiones.

Estaba sentado en su gran escritorio, aún no podía comprender bien la noticia, tuvo que llamar a Minerva para que le leyera palaba a palabra el pergamino que había recibido hacia unos instantes.

Nos complace comunicarles nuestro próximo enlace y deseamos que compartan ese día con nosotros.

V.K. & H.G.

La ceremonia tendrá lugar en el jardín Wildrose a las 12:00 horas.

Posteriormente ofreceremos un banquete.

Viktor Krum y Hermione J. Granger