The Master of Death
Harry y Hermione estaban solos en la sala de profesores, sentados en viejos sillones que más que suaves eran blandos y faltos de un par de resortes. Era casi medio día, faltando una semana antes del receso de pascuas, momento en que planeaban llevar a cabo la ceremonia, y los dos tenían un periodo libre al mismo tiempo. La dorada luz del sol pasaba por las ventanas húmedas de rocío, y Harry había estado mirando la página 482 de Derrotando Dragones y Destrozando Troles por los pasados veinte minutos sin verla realmente. Su familia estaba despierta pero callada en su cabeza, y Hermione, extrañamente, parecía igual de distraída; cada cierto tiempo dejaba de escribir para mirar pensativamente por la ventana.
-Entonces, -habló Hermione repentinamente, como si hubieran estado a media conversación desde el principio.- Me preguntaba si volverán desnudos.
Harry la miró.- Perdón, ¿qué?
-Tu familia. Supongo que sí, porque técnicamente les haremos cuerpos nuevos, incluso si son la viva imagen de los viejos. Al menos eso creo que pasará. Es sólo que me siento un poco mal dejándolos ahí vulnerables y desnudos.
-¿Dejarlos? ¿Dejarlos dónde?
-En Reliquias de la Torre. Donde haremos la ceremonia. Quiero decir, habrá que dejarlos, ¿no?
-¿Qué? ¿Por qué los dejaríamos? ¡No vamos a traerlos devuelta solo para abandonarlos!
-Especialmente desnudos, -concordó Lily.- Nadie mencionó desnudos antes.
Hermione apretó los labios.- ¿Recuerdas que Reliquias de la Torre es un lugar de efervescencia colectiva? ¿Donde un alto nivel de energía mágica se ha acumulado en el mismo lugar?
-Sí, -respondió inciertamente.- Por eso tenemos que estar ahí para la ceremonia.
-Bueno, ¿qué crees que pase cuando chupemos toda la energía mágica? ¿Crees que nadie lo notará?
-Tiene razón, sabes, -dijo Sirius.- Hasta hay sectas religiosas completas que son devotas de ese lugar. Es una de las Siete Maravillas Mágicas de Gran Bretaña. ¿De verdad quieres estar parado en lo que queda de una de esas Maravillas con los restos quemados de las Reliquias de la Muerte originales, dos alumnos secuestrados y un grupo de temblorosos, resucitados y desnudos parientes cuando alguien venga a ver qué pasa?
Todo lo que habían hecho durante el año había sido para llegar a volverse Amo de la Muerte, se dio cuenta. ¿Cómo demonios había pasado tanto tiempo sin pensar en lo que pasaría después?
-¿Qué haremos? –Preguntó distraídamente.
-Vamos a dejarlos sacar sus propias conclusiones, -le respondió Hermione.- George, Malfoy y yo lo estuvimos hablando esta semana…
Harry dejó salir un pequeño ruido de incredulidad al pensar en esas tres personas pudiendo soportarse lo suficiente como para hechizarse entre sí, mucho menos teniendo una conversación como la gente.
-No me mires así, Harry. Somos lo suficientemente maduros como para comportarnos durante una conversación. Algunos, al menos. Otros tuvimos que ser callados con magia y contribuir a la conversación entre lenguaje de señas y charadas. Como sea, ya encontramos una solución.
-A ver.
-Bueno. No es genial. Quiero decir, es la única solución posible, pero no es genial.
-Hermione.
-Está bien. –Suspiró y ordenó los pergaminos que tenía en frente.- Pensamos, ¿Qué podría hacer que el Ministerio aceptara el regreso de un montón de tus parientes y la pérdida de un lugar vital de efervescencia colectiva? Y después, a todos les preocupa Barty Crouch y su ejército de muertos vivos, ¿no?
Harry se quejó.- No me gusta adonde va esto.
-A mí tampoco, -concordó Remus.
-Entonces pensamos, ¿y si creen que los Poderes Que Son han enviado algunos de nuestros héroes de guerra para ayudar? Y si eligieron tu familia en particular como una especie de recompensa por salvar el mundo, ya sabes, casi una vez por año desde que tenías once.
-¿Y por qué, exactamente, creerían eso?
-Porque útilmente lo escribiremos, marcaremos las palabras en la pared de la iglesia. Es una versión nueva del hechizo para calar piedra que Snape creó pero nunca usó, así que no reconocerán el hechizo. Junto con el milagroso regreso de tus padres, esperamos que sigan con la idea de los "Poderes Que Son".
-Hay demasiados "si" y "esperamos" en este plan, -le dijo.- ¿Y quiénes son esos "Poderes Que Son", de todas formas? ¿Qué es lo que son?
-No son nada. Sólo son, -explicó Lily.
-Deja de ser tan detallista, Harry. ¿No puedes ser serio por una vez? –Hermione tenía cara de cansancio y Harry podría jurar que en la esquina de uno de sus ojos estaba por aparecerle un tic nervioso.
-Es yo bastante seguido*, -interrumpió Sirius, tomando el control del cuerpo de Harry por un momento, porque estaba genéticamente creado para ser lo más molesto que fuera posible en los peores momentos.- Deberías pedirle que fuera Remus alguna vez. Es el único que tiene algo de sentido por aquí.
A Harry le empezó a sangrar la nariz y Hermione suspiró, transfiguró un pedazo de pergamino en un pañuelo y se lo pasó para que se limpiara la nariz.- Odio estar de acuerdo con Malfoy en algo, -dijo mientras él se secaba.- Pero espero que dejen de sangrarte la nariz y las orejas de una buena vez.
-Me lo dices a mí, -respondió nasalmente.- ¿Sabes cuabta cabne roja tebgo que cober bara recuberar el hierro? Evito a badabe pobfrey eb los basillos pobque bo deja de darbe cabne y gruñirbe hasta que be la coba.
Hermione se tomó un momento para traducir esto a idioma normal.- ¿Madame Pomfrey lleva carne a todos lados?
-¡Sí!
-Me alegra que tengas una profesional de la salud cuidándote.
-Una semana, -dijo, mirando por la ventana al sol que se movía lentamente y quitando lo que quedaba de la sangre.- Entonces esto, al menos, se termina.
Podía sentir la luna creciente tirar de sus huesos mientras él y Draco salían por una puerta del castillo para ir a la enfermería. La noche era clara pero cálida por la primavera, y el débil brillo de la varita de Harry no era realmente necesario para la travesía desde el patio hacia la tumba de Dumbledore.
-No sé por qué tuve que venir yo, -siseó Draco mientras pasaban por detrás del invernadero número tres.- Definitivamente es trabajo para tus seguidores.
El aire estaba cargado con el aroma de las flores del árbol que crecía a un lado del invernadero, y la atmósfera hubiera sido pensativa y suave de no ser por la charla indignada de Draco.
-Hermione y Ron merecen una noche juntos antes de que todo empiece, -le dijo.- Han estado yendo y viniendo como locos todo el mes.
-¡Yo también! Y no me ves participando de la acostada pre Amo de la Muerte.
-Eso porque no tienes con quien, a menos que quieras aparecer en Grimmauld Place para ver a Parkinson.
Draco puso cara de asco.- ¡Parkinson!
-Es tu ex, ¿no?
-Ah, de cierta forma. ¿Puedes imaginarlo? Me dijo que parecía un conde Muggle cuando la llevé al baile de Navidad. Se la pasó criticando mi técnica. No me malentiendas, es buena como amiga, pero más que eso… no tienes idea de cómo es.
-Intentó convencer a todos de que me entregaran a Voldemort. Me hago una idea.
-Oh, eso fue sólo auto preservación. Es bueno para cualquier Slytherin.
-Tú no la tenías. Cuando nos atraparon en la mansión Malfoy.
-Ya te dije un millón de veces, no estaba seguro de que fueras tú.
Harry lo miró, y Draco cuidadosamente evitó verlo a los ojos.- Oh, lo sabías.
Atravesaron las sombras enredadas de los yuyos y comenzaron a acercarse al enorme monumento de la tumba de Dumbledore. Harry se detuvo, perturbado por la forma en que el pulido y brillante mármol blanco parecía brillar a la luz de la luna. El piso alrededor de la tumba estaba lleno de flores, plantas y cosas al azar, regalos de los muchos admiradores de Dumbledore.
-¿Y bien? –Habló Draco, aunque la impaciencia en su voz era claramente fingida.- No tenemos toda la noche.
Evitando cuidadosamente los regalos, Harry levantó su varita y dijo las palabras que el retrato de Snape le había enseñado de mala gana. Se escuchó un fuerte ruido al moverse la tapa de la tumba para mostrar al cuerpo de Dumbledore acostado pacíficamente dentro. Sobre la tumba interna se habían colocado hechizos de estasis, lo que causó que no sufriera nada de descomposición. Con los ojos cerrados, la barba peinada y los lentes de media luna sobre la nariz, parecía que Dumbledore dormía.
-Oh… -susurró Lily, y a Harry lo sobrepasó la conflictiva emoción que Dumbledore creaba en las mentes y corazones de todos ellos. Se quedó sin aliento y se congeló. No estaba seguro de qué era peor, ver al hombre como un mayormente podrido esqueleto con el espíritu hacía tiempo ido del mundo, o verlo así: igual al día en que había muerto, el hombre que era su abuelo, tutor, salvador, maestro. El hombre que lo había educado para ser un sacrificio viviente para salvar al mundo mágico, y había hecho su trabajo tan bien, que Harry había ido voluntariamente hacia su muerte esa noche, con un pedazo de Voldemort atado a su alma y los espíritus de su familia con él.
-Este hombre… -murmuró Remus, sonando bastante quebrado.- Lo que hizo. Lo que ha hecho. –Y era imposible saber por su tono si hablaba de lo bueno o de lo malo.
-Vamos, vamos, -lo apuró Draco, un par de pasos atrás.- Toma la maldita varita y ciérrala.
La pálida mano de dedos largos de Dumbledore descansaba pacíficamente sobre la ennegrecida por la maldición, la varita estaba en su pecho bajo ellas. Harry no podía moverse.
-Rápido, Potter. Ya te dije la última vez que saqueamos tumbas, robar cosas de cadáveres no está en mi contrato de rehén.
-No tienes un contrato de rehén, -murmuró. Sus labios se sentían extrañamente torpes y dormidos.- Y si lo tuvieras, ayudar a saquear tumbas estaría definitivamente incluido.
Se quedaron en silencio por largo rato. Eventualmente Draco resopló y dio un par de pasos temblorosos hasta el borde de la tumba.- Ya hice que lo mataran, -le dijo por encima del hombro con voz amarga.- Supongo que no me quejaré de tener que robarle la varita. –Tembló visiblemente mientras sus dedos buscaban la varita bajo las manos de Dumbledore, y retrocedió en cuanto la sostuvo, chocando con Harry en el proceso.
Harry sostuvo los hombros huesudos de Draco para ayudarlo a mantenerse en pie, y se pararon por unos segundos, con los ojos fijos en la rara curva de las manos de Dumbledore.
-Ya no era su varita, -dijo repentinamente, sorprendiendo a Draco y a sí mismo.
Él quitó sus hombros del agarre de Harry y se dio vuelta para mirarlo con la poca luz disponible.- ¿Qué cosa?
-Es mía. Y antes de eso fue tuya.
Draco siguió mirándolo, sin entender, y la noche tranquila y el cuarto de luna además del lazo forjado por el segundo saqueo de tumbas sacó las palabras de su boca a pesar de que no quisiera.
-Lo cubres con sarcasmo y… ya sabes… Slytherinidad, pero sé que te torturas pensando en lo que hiciste durante los últimos años de la guerra. –Levantó la mano para callarlo antes de que comenzara a protestar.- La verdad es, Draco, que sin ti no hubiera podido derrotar a Voldermort. De no ser por ti me hubiera matado ese día en el comedor, frente a todos. Sólo sobreviví porque te desarmé.
Los huesudos hombros de Draco se agacharon bajo su túnica, con una expresión distante en la cara.- No sabes cómo me siento. Ni siquiera sabes la verdad de lo que hice durante la guerra en su nombre. No puedes juzgar lo que debo hacer para disculparme.
Harry suspiró.- Quizás, pero sostengo lo que dije. Y ya no eres esa persona.
-¿Entonces quién soy?
No podía responder eso.
La varita se veía oscura e indefensa en las manos de Draco. No parecía algo de lo que todo el destino del mundo hubiera dependido antes.- Sabes, -le dijo después de unos segundos.- Eres amo de la Varita de Sauco, tienes la capa de invisibilidad de la Muerte. Tienes la Piedra de la Resurrección… -Draco levantó la mirada para verlo a los ojos.- ¿Te das cuenta de que en este momento eres la persona más poderosa del mundo? Podrías hacer lo que quisieras.
-No quiero mandar en el mundo mágico. Solo quiero a mi familia de vuelta.
Estirando la mano, Draco colocó la varita de Sauco en las de Harry.- Y por eso eres el elegido. Que Merlín nos ayude.
La poción de Amo de la Muerte se veía, como prometido, ligeramente como puré de sandía, pero más como si una persona muy torpe se hubiera acercado demasiado a una mezcladora industrial.
-¿De verdad debe beber eso, profesor? –Preguntó Alex, cuya mente aparentemente iba por el mismo camino.
-Eh… cuatro copas de plata, aparentemente. Para crear un lazo viviente entre mi familia y yo para que encuentren sus cuerpos.
-Wacala.
Lo que, Harry estaba de acuerdo, resumía lo que pensaba de ello.
-Esto es lo que falta, -anunció Hermione. Tocó con su varita el borde del caldero y murmuró algo en voz baja.
Harry, Ron, Hermione, Draco, Alex y Daniel estaban metidos en la pequeña habitación escondida en las mazmorras donde la poción había sido preparada. La figura oscura de Snape los veía desde el retrato en la pared, observando las preparaciones finales para la ceremonia. Habían decidido que usar un traslador sería la forma más fácil de llegar a Londres, más que nada porque Aparecerse era imposible en la escuela y además llevarían equipo, herramientas y un enorme caldero burbujeante con ellos. Hermione había trabajado por horas para colocar encantamientos trasladores con límite de tiempo en todo lo que llevarían para la ceremonia. Afortunadamente, como profesora de Hogwarts, sabía la clave para atravesar los encantamientos que evitaban el paso a trasladores no autorizados.
-Escuchen, no pueden quedarse atrás, -les dijo, con igual seriedad a niños y adultos.- Cuando sea el momento tomen algo que sepan que nos acompañará, sino todo saldrá mal.
-Tres minutos, -anunció Ron, después de un rápido encantamiento tempus.
-¿Todos listos? –Chequeó Harry.- Recuerden, tenemos un límite de tiempo. –Se sentía mareado y le dolía la cabeza, y sabía que le sangraba la nariz, por lo que se limpió distraídamente con el pañuelo que Draco le pasó antes de que pudiera usar su manga.
-Sabemos lo que hacemos, profesor, -aseguró Alex.- Ven aquí, Daniel.
Los dos sostuvieron el enorme y adornado mango de la cuchara runcible, y los adultos alrededor hicieron lo mismo. Harry sostuvo sus dedos en el borde del caldero y respiró profundo.
-Cinco, -contó Ron- cuatro, tres, dos, uno…
Sintió un fuerte tirón en el estómago y la mazmorra desapareció. El mundo se llenó con el ruido de tráfico Muggle, y la mirada de Harry se aclaró para revelar que estaban parados en un patio de piedra y concreto que rodeaba una iglesia de piedra. Las antiguas paredes eran iluminadas con luces Muggle bajo el cielo nocturno, y podía ver la punta de la iglesia que levantarse hacia lo alto.
La pared que rodeaba la iglesia era muy baja, y el camino y los edificios que la rodeaban quedaban a escasos metros de distancia. Harry se hubiera preocupado de no ser porque podía escuchar a Hermione y Draco, con la varita prestada de Harry, murmurando encantamientos para esconder al grupo.
-La entrada a la parte mágica debería estar por aquí, -dijo Ron, pasando los dedos por la pared más cercana.- Debería… ¡Ah, aquí está! –Apuntó con su varita a una pequeña, casi invisible y tallada figura encapuchada que llevaba una hoz en uno de los ladrillos.- Dos a la izquierda, cinco abajo, uno a la derecha y tres arriba… -murmuró mientras tocaba los ladrillos alrededor de ella.
Como el callejón Diagon, las piedras se comenzaron a mover, los ladrillos en el centro creando un pequeño agujero que se agrandó más y más, hasta que tenían una entrada de piedra frente a ellos, las palabras "Quiten el velo y entren los que lo merezcan" gravadas en la parte de arriba.-
-¿Creen que eso se dirigía a nosotros? –Preguntó Sirius divertido. Harry intentó sonreír, pero cuando pasó por la entrada el dolor en su cabeza llegó a un nuevo nivel y un ruido agudo tomó residencia en sus oídos. Ron lo sostuvo al verlo tambalearse, pasándole un fuerte hombro por debajo del brazo y medio cargándolo hacia adentro.
Hermione, Draco y los dos chicos los siguieron, flotando o cargando las varias cosas que se necesitaban para la ceremonia.
-Lo siento, Harry, -se disculpó Hermione mientras se movían.- No estaba completamente segura de cuan exactos serían mis trasladores en un lugar de efervescencia mágica, así que creí que sería más seguro que apareciéramos en la parte Muggle. Lo bueno es que como chuparemos la energía mágica durante la ceremonia, deberíamos poder salir directamente desde aquí.
Si no se hubiera estado sintiendo tan adolorido y mareado se hubiera quedado sin aliento al mirar alrededor. La versión mágica de Reliquias de la Torre, a diferencia de la versión Muggle, seguía llamándose Reliquias Ladrando. Estaba rodeada por extenso y bien cuidado pasto que era rodeado, a la distancia, por una alta pared de piedra. A diferencia de la concurrida, bien iluminada y no mágica parte, esta iglesia era silenciosa, sombría y escalofriante. Había esqueletos de piedra en las paredes, y era posible notar sombrías y encapuchadas figuras sosteniendo hoces en el vidrio de colores de las oscuras ventanas. Sólo un candelabro parecía estar prendido dentro la iglesia, y si uno fuera a observar por uno de los vidrios más claros, sería posible ver la amarillenta cera gotear sobre los huesos humanos reales de los que estaba hecho.
-Entiendo que cuando construyeron este lugar tenían el tema de la muerte, -murmuró Ron- ¿pero no podían al menos intentar hacerlo ver más alegre?
-Nadie debería estar aquí a esta hora, -le dijo Hermione en voz baja.- Me aseguré de ello. Como la magia aquí es tan antigua y volátil, los que están a cargo de la iglesia prefieren dejar que se calme por la noche antes del siguiente día lleno de gente. Obviamente activaremos algunas alarmas cuando quitemos la magia, pero hasta entonces no debería venir nadie.
-Son casi la una de la mañana, -habló Draco.- Deja de darnos clases, Granger. Tenemos que acomodar las cosas. ¿Dónde está el maldito mapa?
Hermione frunció pero buscó en su túnica el pedazo de pergamino en el que habían planeado la localización exacta en la que la ceremonia debía ocurrir y cómo cada persona y cosa debía ser acomodada. Draco lo tomó y fue hacia la base de la torre, usando un hechizo para localizarse y mirando hacia arriba.
-Vamos, -dijo Ron.- Es un idiota, pero tiene razón.
Harry se tambaleó mientras los demás acomodaban las cosas. Su familia estaba tan quieta y callada en su mente como fuera posible, pero en las últimas veinticuatro horas su presencia parecía crecer más y más, hasta hacerle creer que explotaría como un globo demasiado lleno de agua. Estar en ese lugar tan cerca del momento de la ceremonia era casi insoportable. No había más que seguir adelante.
-¿No vas a morir? –Preguntó Daniel en voz baja a su lado. Sus ojos se veían enormes por la poca luz y el ángulo en que tenía que poner su cara para verlo a los ojos.
Harry forzó su boca a formar una sonrisa.- Claro que no. ¿Por qué creerías eso?
Los ojos de Daniel se movieron para recorrer la estructura de la antigua iglesia.- Este lugar canta muerte.
-Bueno, -respondió- ese es el punto, ¿no? Volverse Amo de la Muerte.
-Quizás, -le dijo. Suspiró suavemente.- No es malo. Es… pacífico. Muerte pacífica con una chispa.
-La chispa de la vida.
-Sí, puede ser. Vida. Como prender una vela nueva con el fuego de otra.
Harry se preguntó cómo Alex aguantaba esas conversaciones tan a menudo. El pequeño Gryffindor parecía aceptarlas sin dudarlo, pero a Harry siempre lo dejaban con la sensación de desnudez y vulnerabilidad.
Una fuerte puñalada de agonía lo arrancó de sus pensamientos, y él miró hacia arriba.
-Bien, estamos listos, -anunció Hermione, y Harry miró alrededor notando que todo estaba acomodado para la ceremonia. Su capa de invisibilidad estaba puesta en el suelo en forma de triangulo, la parte de abajo dirigida hacia el oeste y el cuello, más chico, hacia la pared para crear una punta. Daniel y Alex estaban parados uno en cada punta formada por las partes de abajo. Alex sostenía la varita de Sauco y Daniel con el anillo de los Gaunt que contenía la Piedra de la Resurrección, con cuidado de no dejar que su piel tocara la piedra en sí.
En el medio del triangulo estaba el caldero, que burbujeaba y humeaba como un barato efecto especial de una película de Macbeth. La única luz venía del fuego azul debajo de éste y la plateada luna de arriba, que estaba cortada justo a la mitad, perfectamente entre la luz y la oscuridad, la vida y la muerte.
Su dolor de cabeza ya era severo y veía puntos de colores frente a sus ojos mientras se forzaba a colocarse en la punta restante del triangulo.
-Dos minutos, -susurró Ron.
Harry no necesitaba la advertencia. Algo profundo y oscuro y rojo salía del fondo de su pecho. Subió, más y más, hasta que le llenó la mente y salió por sus ojos y nariz y orejas como sangre.
Ni siquiera escuchó a Ron murmurar,- Ahora.
Sobre ellos, la campana de la iglesia sonó una sola vez, retumbando.
-El reloj da la una, -habló Harry, y aunque había practicado las palabras mil veces con Hermione sentía que las hubiera sabido de todas formas por como aparecían, como si un pergamino se desenrollara en su mente.- El tiempo se acaba. La línea se rompe por la promesa hecha por Él que es Muerte.
-Tres hermanos ciegos, -dijo Alex, su voz joven cargada con la antigua magia que salía de las profundidades de la piedra y el suelo- que pidieron regalos cuyo legado no pudieron ver.
-Velos escapar, -agregó Daniel- de la Muerte, creen, pero la Muerte los alcanza a todos.
-A todos menos uno, -continuó Harry- hasta que estuvo listo para tomar su mano e ir voluntariamente. Y la Muerte lo deja dominar, solo una vez, dar vuelta el reloj para hacer la muerte vida, para mover el velo a las orillas del más allá.
-Ahí se encuentran, -susurraron Alex y Daniel- mano a mano al borde de la arena bajo la luz de la media luna.
-La luna, -dijo Harry.
-La luna, -repitieron.
-Bajo la luz de la luna, abro el cierre e invito a aquellos cuyas vidas les fueron quitadas antes de que sus relojes se quedaran sin arena.
Los dos niños levantaron sus Reliquias en una mano y sus varitas en la otra y realizaron los movimientos que habían practicado noche tras noche por los últimos dos meses. Varitas dentro, varitas fuera, dentro-fuera dentro-fuera, corta e intrincada sacudida y vuelta. Harry no estaba muy seguro de haber podido hacer lo mismo con tanta solemnidad como los niños magos que no habían participado nunca de juegos de fiesta Muggle.
Una luz verde salió de la punta de sus varitas, enredándose antes de dirigirse al caldero burbujeante que se tiñó de una sombra ligeramente más oscura de rojo.
Harry inhaló profundo y dio un paso a la izquierda al mismo tiempo que los chicos. Dos pasos y estaba en el lugar de Daniel en la punta derecha inferior de la capa. Daniel estaba en el lugar de Alex, y Alex ahora estaba en la punta. Levantó la varita de Sauco con su tembloroso y flaco brazo y la colocó frente a él, apuntando hacia el caldero, imitando la forma en que se la representaba en el símbolo de las Reliquias de la Muerte.
-Te presento la Varita de Sauco a ti, Muerte. Este es el regalo que devuelvo como representante de la línea de Antioch Peverell.
Otro paso a la izquierda, Harry ocupando el lugar de Daniel, Alex en el de Harry y Daniel en la punta de arriba.
-Te presento la Piedra de la Resurrección a ti, Muerte, -habló Daniel, tan bajo que casi ni se oía.- Este es el regalo que devuelvo como representante de la línea de Cadmus Peverell. –Colocó la piedra en la capa, posicionada para tocar apenas la punta de la varita de Sauco.
Volvieron a moverse a la izquierda, regresando a sus posiciones originales con Harry en la punta de arriba.- Te presento la capa de Invisibilidad a ti, Muerte. –Las palabras hervían en su boca como lava caliente.- Este es el regalo que devuelvo como representante de la línea de Ignotus Peverell.
Se arrodilló y puso sus manos sobre la capa, una a cada lado de la varita de Sauco y la Piedra de la Resurrección.- Te llamo para dártelas a cambio de las vidas debidas a quienes fueron destruidos demasiado jóvenes como sacrificio por el bien mayor.
Se paró y dio un paso adelante para pararse en la capa, sus pies tomando la posición de sus manos a cada lado de la varita y la piedra. Estiró el brazo para tomar la copa de plata, que colgaba del borde del caldero, y la hundió en el contenido rojo brillante.
-James Edward Potter. –Bebió de la copa, el líquido le quemaba la garganta, mezclándose en su boca con la sangre que le salía de los ojos y nariz. Volvió a hundir la copa.- Lily Margaret Jane Potter. –Ya no veía mientras bebía, la sangre habiendo creado una capa roja frente a sus ojos. Otra copa temblorosa.- Sirius Orion Black. –Otro trago, sostenía la brillante copa con manos temblorosas.- Remus John Lupin. –Apenas pudo tragar esta vez, pero se forzó a hacerlo, la copa colgó de su mano libremente antes de caer al suelo.
El fuego bajo el caldero subió en alas de llama escarlata, tragando el caldero, las Reliquias y a Harry. Daniel y Alex fueron tirados a unos metros de distancia y cayeron sobre el pasto con dos sonidos idénticos.
En medio del fuego, Harry gritó al ser su mente abierta y dividida en cinco pedazos iguales. El fuego mágico le subió por el cuerpo y quemó el borde de los pedazos como si cauterizara una herida. Bajo sus pies la capa, varita y piedra se prendieron fuego y el caldero se dobló y retorció por el calor, dejando caer líquido burbujeante sobre sus pies y tobillos. El líquido se movió y creó una ola invisible, burbujeando en el medio, formando grumos y montañas como las de una ballena justo bajo la superficie del mar.
Los grumos se movieron y crecieron, ahora creando formas más definidas, un codo, una mano, los principios de una cara, dos caras…
Las Reliquias siguieron quemándose, venas de luz índigo subiendo por la varita y pasando por las grietas en la piedra. La capa brilló, iluminándose antes de volverse cenizas, que fueron rodeadas por un líquido rojo que creció hasta formar un nudo de extremidades desnudas y sin terminar. La piedra se volvió polvo y la varita dejó cenizas blancas. Eso se mezcló, formando rasgos individuales, orejas, uñas, pelo rojo y negro y marrón.
Con una última llamarada el fuego se apagó, y Harry colapsó en la repentina oscuridad sobre una pila de cuerpos resbalosos. Su piel estaba hipersensible, y no podía ver nada. La cabeza le dolía de forma continua y débil, resonando por todo su cuerpo. Alguien de la pila se quejó, y no fue él.
-¡Búsquenlo, búsquenlo! –alguien decía de lejos.
-¡No sé quién es quién! ¡No se ve nada!
-Busca el que esté vestido, idiota.
Nuevas, secas manos comenzaron a tocar y eventualmente tomaron su brazo, quitándolo de la pila.
-¿Lily? –Murmuró una voz masculina, una voz que Harry sólo había oído antes en su mente.- ¿Harry?
-¡Sostén esto! –Dijo la persona que lo sostenía. Ron, pensó vagamente. Apenas pudo ver sus dedos alrededor de lo que reconocía como los doblados restos de la copa plateada, antes de sentir un tirón en el estómago y desaparecer en la oscuridad.
*Se refiere al tema de que "Sirius" suena igual que "serious" en inglés, lo que significa en serio. Hermione estaría pidiéndole que sea serio/Sirius. Por eso le dice que le tiene que pedir que sea Remus.
Bueno, tomó tiempo pero al fin les traigo la nueva actualización. Este es el último capítulo hasta ahora así que, como ya saben, hay que esperar a que la autora original actualice. Muchas gracias por leer, dejar reviews, y especialmente por tener tanta paciencia. Nos vemos!
