Capitulo 3: El pecado de la avaricia

Poco a poco, la puerta se abrió a su paso. Los tres entraron, con una marcha indecisa. Nada más hacerlo, vieron una especie de recibidor, que terminaba en un largo pasillo. El suelo parecía ser de madera, mientras que las paredes estaban decoradas de un tono azulado.

Pudieron ver que algo andaba mal. Ante ellos se alzaba un pasillo, con cuadros y muebles tirados de forma violenta. Además, había dos puertas, una hacia lo que parecía un salón, y otra hacía una cocina. En ambos lugares las condiciones eran parecidas.

– Vale, me parece que el dueño no se ha dejado la puerta abierta – comentó Karen, viendo lo sucedido.

– Tienen que haber sido esos demonios, estarán anidados en algún lugar de por aquí – repuso Carter, seriamente.

– Quizá fueron los de abajo, no sabemos cuándo sucedió el destrozo… - repuso Melisa, tímidamente.

Pero los tres sabían que no era cierto. Sus sensores seguían girando locamente, y seguían sin determinar muy bien la frecuencia demoniaca. O se habían roto los tres a la vez, o aquí pasaba algo.

– Muy bien, por muy tópico que sea, será mejor separarnos – ordeno Karen. Su voz se había vuelto un susurro – Solo tenéis que ser silenciosos y no ir a lo burro, no creo que haya peligro.

Carter balbuceó una protesta, pero Karen le fulminó con la mirada. Puede que ella fuese atolondrada, pero en momentos así, era mejor ponerse de acuerdo. No sabía a lo que se enfrentaban, y aunque ir juntos sería lo más ideal, en una casa tan pequeña, iba a ser difícil luchar así.

Sonrió cuando Melisa asintió, y Carter se resignó. Ambos se dividieron, uno fue a la cocina y la otra fue hacia el salón. Ella también tenía que ponerse en marcha.

Karen avanzó por el interminable pasillo, tratando de no perder el agarre de su hacha. Muchas veces se cansaba de llevarla, incluso con runas. Pero tenía que ser parte de su cuerpo, o al menos eso le había dicho Alen.

Al terminar el pasillo, volvió a encontrar dos puertas. Encogiéndose de hombros, fue a la puerta de la derecha Se abrió sin oponer resistencia, y encontró un cuarto de baño. Era curioso, pero estaba todo en su sitio.

"Bueno, ahora estoy segura, los demonios no van al baño"

Cerró la puerta, sin demasiado interés en el tema y pasó al lado izquierdo, esperando encontrar algo más interesante que lo visto.

La puerta estaba cerrada. No cedió cuando presionó la manivela. Pensó en echarla abajo, pero no lo hizo. Después de todo, si alguien la había cerrado, era por algo.

A pesar de que Carter se lo restregaría, decidió hacerlo por su estilo. Trazó una runa en el ancho de la puerta, de apertura. La puerta se abrió, mientras Karen sonreía. Puede que no tuviese un dominio tan bueno como su hermano, pero no era ninguna inútil.

La puerta cedió, con un chirrido metálico, que hizo maldecir a la chica.

Al entrar, para su sorpresa, pudo ver que no había nada fuera de lo común. Un cuarto con paredes y suelo idénticos al del pasillo, una pantalla de ordenador, una mesa blanquecina, una cama…Parecía simplemente eso, un cuarto más.

Pero de ser así… ¿Por qué cerrarlo así? Tenía que haber alguien ahí.

Al entrar, no tardó en darse cuenta de que ciertamente, había algo más. Una puerta semiculta, tapada por las cortinas blanquecinas.

No tardó en verla, quizás por sus sospechas, quizás por su runa de visión.

Sin pensar en avisar a sus compañeros, fue directamente a abrir la puerta. Una decisión demasiado arriesgada, que le saldría caro.

Al presionar la puerta, pudo ver que se abría. Esto la animó. Pero en cuanto estuvo a punto de pasar, sucedió algo. La puerta dio un giro brusco, provocando que se diese de bruces contra ella. El impacto la hizo retroceder y caer sobre el suelo de madera, mientras se quejaba.

Durante unos momentos, vio todo borroso. Poco a poco, la visión fue cogiendo más nitidez, hasta algo que le horrorizó.

El cuarto estaba lleno de sangre, y podía ver perfectamente tres cuerpos colgados en la pared, mediante algún tipo de enganche. Y pasos. Escuchó unos grandes pasos, provenientes de la habitación.

Gritó, asustada. Se levantó, recuperando el equilibrio, y trato de huir por la misma puerta por la que había entrado.

Desgraciadamente, al igual que la vez anterior, dio un fuerte portazo y se cerró en sus narices, aunque no la golpeó.

Pronto, los pasos fueron acercándose, lentamente. Por fin pudo ver el ser del que provenía, si es que se le podía llamar así. Tenía la apariencia de un hombre totalmente obeso, con un gran estómago. Sin embargo, estaba desnudo y su piel tenía un color que le recordó al óxido. Su cabeza le recordó al aspecto de los demonios, tenía cuernos y un rostro malvado.

Lo que más le aterró, es que en su estómago había una gran boca, con una lengua que sobresalía grotescamente de ella. El demonio estaba adornado con multitud de joyas.

Karen se quedó sin respiración cuando sus ojos se posaron en ella, sin saber que hacer.

– Vaya, Vaya…- su voz era como un chirrido, totalmente molesta. Lo era aún más su lento habla – Una nefilim por aquí.

– Si, ves bien…- miró agitada a los lados. Nada más que una ventana. La oscuridad reinaba en la habitación. Si pudiese llegar…

– ¿Has venido a morir, pequeña? – A Karen le dio la impresión de que no esperaba respuesta. El demonio dio un paso más, y taponó la única posible vía. No tenía tiempo de sacar un arma.

"Mierda, Mierda"

– ¿Quién eres? – preguntó, tratando de ganar tiempo. Estaba segura de que Carter y Melisa la habrían escuchado.

– ¿Qué quién soy? – rugió la criatura, visiblemente enfadado - ¿Acaso no sabes nada acerca de los demonios, nefilim estúpida?

– Sé cómo matarlos – soltó, sin pensarlo mucho. Rápidamente añadió – Pero dime, oh, gran demonio, tu nombre.

Si el demonio se molestó por la sutil burla a su superioridad, no lo mostró en absoluto. En vez de eso, siguió con su actitud.

– Soy Mammon, demonio de la avaricia – exclamó, dejando a Karen atónita.

Por unos momentos, no supo cómo reaccionar. Sabiendo su nombre, podrían buscarlo, invocarle, darle caza…Pero no, era un demonio muy importante. Ya lo había dicho, representaba un pecado capital. El sudor provocó que los pelos se pegaran en sus sienes, lo tenía difícil. Era un demonio mayor, bastante importante.

"El convoco a los Kuri…"

Pensó seriamente en empuñar el hacha contra él, pero supuso que no funcionaría. Tampoco podía lanzarla a por la ventana, era una mala idea. Quizá con un movimiento rápido, pudiese sacar una daga…

Pero no hizo ninguna falta. En ese momento, la puerta se abrió y por ella entraron Carter y Melisa. Karen supuso que Carter había colocado alguna runa para abrirla, o para anular la influencia demoníaca o algo así. No era buena con los nombres.

Melisa dejó escapar un gritito, mientras que Carter aspiró aire abruptamente al ver lo que pasaba.

El demonio empezó a reír, siniestramente, mientras por su boca escupía alguna clase de líquido arrojadizo, veneno seguramente. Karen lo evitó, aterrada. Sabía lo que podía hacer un veneno mayor. Se metía en tu cuerpo y anulaba el poder de las runas.

Aprovechando el impulso, avanzó con el hacha, ignorando lo que Carter le gritaba. La blandió, lanzando la hoja en un tajo vertical en su estómago. Cuál sería su sorpresa al ver que justamente cuando iba a impactar, la boca se movió y atrapó el hacha, mordiéndola. Karen forcejeó débilmente, mientras el demonio la agarraba por el cuello.

– Ya te lo dije, nefilim – le susurró, aún con esa perturbadora sonrisa.

Pero en ese momento, la ventana se rompió. Y esta produjo una serie de efectos que pasaran demasiado rápido como para verlos plenamente.

Melisa, queriendo ayudar a Karen, disparó una flecha directamente hacia el ventanal, rompiéndolo y provocando que la luz entrara en la sala. El demonio, escupiría el hacha y la lanzaría a gran velocidad hacia ella, mientras gritaba por el contacto con el sol.

Carter la empujaría algún lado, llevándose un corte en la espalda, pero salvándolos a ambos, mientras Karen caía al suelo, aspirando aire abruptamente,

Tardó unos segundos en recuperarse, en los que echó un vistazo a sus compañeros, para asegurarse de que estaban bien. Afortunadamente, ninguno había sufrido ningún daño. Carter se estaba aplicando una iratze y Melisa recogiendo su arco.

La calma duró poco en ella, hasta ver lo que pasaba.

– ¿Y el demonio? ¿Y Mammont? – preguntó, histérica.

Corrió hasta entrar en la habitación, sin hacer caso de las indicaciones de Carter de que parara. Habría sido lo más sensato.

Cuando entró, pudo ver que era una habitación inquietante. Había dibujado un pentagrama de color rojizo en el suelo, manchado con la sangre de los cadáveres que estaban colgando sobre él. En una mesa había dejado una especie de libro antiguo. Al acercarse, vió que era un libro de brujos, más bien, de invocación demoníaca.

Mirando mejor los cadáveres, pudo ver que ciertamente, eran brujos. Tenían la marca del demonio, Uno, en vez de piernas tenía pezuñas, otro tenía la piel verde, y otro, las manos convertidas en garras.

– Así que esto es lo que paso… - mencionó, consternada.

Cuando salió de la habitación, casi chocó con Melisa y Carter, quienes avanzaban a buscarla. Karen negó con la cabeza al verlos.

-Hay un par de brujos muertos, un pentagrama y un libro de invocación – por las miradas de ambos, Karen supo que habían llegado a la misma conclusión que ella.

- Una invocación fallida… - mencionó Melisa, diciendo lo que esperaban.

- Era un demonio mayor, Mammon. No sé quién pudo ser el estúpido que creyó poder doblegarlo - Karen se sentía muy mal.

- Ya da igual Karen, está muerto… - susurró Carter, con voz deprimida.

- No, no da igual. Ese demonio esta suelto – exclamó ella, repentinamente enfadada, aunque no con ellos, en realidad.

Carter, sabiendo su estado, le puso una mano en su hombro. Melisa le dedicó una sonrisa tranquilizadora. Le reconfortó un poco.

– Informaremos a la clave – explicó Carter, con un tono cansado.

Los tres terminaron por abandonar la casa, agotados y heridos. Y lo peor de todo, con malas noticias que llevar a su instituto. Un peligro andaba suelto por la ciudad, muy a su pesar.