Capitulo 4: Fría soledad

La vuelta fue amarga. Los tres chicos sintieron el sabor de la derrota, en especial, Karen.

"No debería haber dejado que me cogiera así..." — pensó, con rabia hacia el demonio, y hacia sí misma por ser tan débil.

— Tendremos que informar cuanto antes de esto a Helen y a Alen, para que den parte a la Clave— dijo Carter.

Y tenía razón. Un demonio mayor anda suelto por la ciudad, después de haber matado a sus invocadores. Era una situación de alto riesgo.

Los tres se encontraban volviendo por las calles, mezclados otra vez con la masa de gente, aun con el glamour activo. No tenían a penas heridas por las runas curativas, gracias a dios. Si aquel chorro de veneno les hubiese dado...

Pero eso no le importaba a Karen. Ella pensó en los cadáveres de los brujos, en la crueldad de aquel demonio, en el momento en que atrapó su hacha sin problemas... Esperó que nadie más muriese por su error, pero imagino que su deseo era en vano. Un demonio se dedica a sembrar el caos y la destrucción. Mammon no era una excepción.

Ahora imaginaba el porqué del problema del sensor. Tenía una gran frecuencia demoniaca, como todo demonio mayor. Karen apretó aun el sensor contra su pecho, ya sin frecuencia. Era lo único que tenían para localizarle.

— Deberíamos investigar sobre el Mammon — dijo Melisa, en voz baja. Karen les había explicado lo que el demonio le había dicho hace un rato.

— Tienes razón — respondió Karen. Por primera vez, le pareció una buena idea.

Supuso que podría echar un vistazo más tarde a los libros de demonología que guardaban en la sala de armas. Alen había insistido en que el conocimiento era también una buena arma. Esperaba que tuviese razón.

— Atrapó mi arma tan fácilmente...—protesto, recordando el momento.

— Debiste usar un cuchillo Serafín — le regaño Carter — son mejores que el electrum.

— Claro Carter, lo saco y lo llamo mientras el demonio se queda quietecito — repuso, con tono irónico.

— Discutir no sirve de nada...—murmuró Melisa, con tono cansado.

Karen suspiró. Sabía que tenía razón, pero le costaba admitirlo.

— Mira, hoy estamos todos de los nervios, calmémonos — dijo Carter finalmente, en tono tranquilizador.

—Si... — Karen no tenía ganas de discutir.

Los tres caminaron en silencio, hasta llegar al Instituto, donde Alan y Helen estaban esperando, además de cumplir sus funciones como gerentes del Instituto. Allí, en la misma puerta, les explicaron lo sucedido. Como vencieron a los demonios Kuri, como subieron y se encontraron con el demonio...

— Mammon está libre, y no sabemos dónde ha ido — termino de relatar Karen, apenada.

— Estas diciendo que os habéis encontrado con un demonio mayor...— dijo Alen, como si estuviese en shock.

Helen camino hacia ellos, igual de conmocionada. Se acercó a Carter, y empezó a revisar su estado.

— ¿No os habrá tocado no? — Dijo, algo asustada — ¡Decidme que no!

— Estamos bien — dijo Carter, retrocediendo un paso.

Al verlo, Helen suspiró, aliviada. A Karen no le sorprendió, ya sabía de lo de sus hijos. Quizá fueron asesinados por un demonio mayor también. Nunca les había preguntado, y en realidad, no es que tuviese muchas ganas de hacerlo...

— Ser mejor que descanséis, habéis hecho bien — dijo Alen, en un tono que no admitía peros — Va a ser una noche muy larga...

Karen accedió, aun sabiendo lo que tocaba. Aun teniendo diecisiete años, era considerado una menor para La Clave. Sus compañeros estaban prácticamente igual. Se marcharon a la sala de armas, donde depositaron su equipo. Después, comieron algo en el comedor, sin decir mucho. Todos tenían prisa. Karen en especial, por alejarse de todos.

Alen y Helen también terminaron rápido de cenar. Al parecer, aunque ya habían hecho la llamada, tenían que rellenar bastante papeleo por el mero hecho del problema. Un informe, o algo así. Karen no prestó demasiada atención.

Tras terminar, se marchó a su habitación. Melisa y Carter hicieron lo mismo, aunque a su lado solo iba Carter. Melisa parecía haberse quedado atrás, por alguna razón.

— Karen.

En ese momento, le dieron ganas de que Carter no estuviese ahí. Solo quería está un rato sola. ¿Por qué no le entendía?

— ¿Qué? — contesto, en un tono más hosco de lo que pretendía. Después rectifico — ¿Que pasa Carter? No estoy de humor para tus bromas.

Carter no pareció achantarse ante su comportamiento, aunque sí que pareció sorprenderle su actitud.

— Cálmate de una vez — le dijo — El demonio está libre, quizá en parte por nuestra culpa. ¿Y qué? No es la primera vez que pasa. Gente más adulta ha cometido problemas peores. Nuestro deber es darle caza y enmendarlo.

Karen le miró, sin saber cómo sentirse. Tenía razón, y aunque su mente tratase de revelarse contra la razón, no podía. Le gustaba como sonaba la idea.

— La próxima vez — le prometió Carter.

— La próxima vez — repitió Karen, como una promesa muda.

Después, ambos volvieron a sus habitaciones, y Karen logro conciliar el sueño, aun pensando en diferentes maneras de matar al demonio Mammon.

Al día siguiente, se levantaría temprano y se cambiaría de ropa, se pondría un abrigo rojizo para soportar el frío y saldría a hurtadillas del instituto, sin desayunar si quiera. Tenía muchas ganas de dar un paseo por la ciudad. No se marcó, ni quiso armarse en exceso. Solo cogió un cuchillo que guardo en su bolsillo, por si las moscas.

Sintió el frío invernal sobre su rostro sin cubrir. Se alejó del instituto, y empezó a caminar por la avenida. No pretendía alejarse mucho, sabía que luego tendría que arreglárselas para llegar y explicó su salida, pero ahora mismo le daba igual.

A veces era agradable caminar y que la gente te viese. Incluso tuvo ganas de chocarse con alguien, solo para recordar. Pero se contuvo.

Dio una vuelta a la manzana, sin demonios, sin compañía... Solo era chica paseando por San Francisco, como la mayoría de la gente.

"Algún día tengo que pasear por el Golden Gate"

Karen sabía que era uno de los puentes más importantes del lugar. No lo había visitado mucho. En realidad, casi no tenía tiempo. Siempre que salían era para cazar demonios, o entrenar o buscar sobre algo. Y siempre era en lugares oscuros, o edificios abandonados. Nunca en lugares turísticos.

Dio una vuelta a la manzana, no tenía tiempo para más. Se dispuso a volver al instituto, sin ningún incidente. Hasta que faltaba una sola calle para llegar al instituto...

— Hola guapa — dijo una voz desconocida, masculina, detrás de él — ¿Crees en las coincidencias?

Karen suspiró, esperando que no se dirigiese a ella. Alrededor había gente, pero nadie se había detenido. Giro la cabeza, para ver al autor. Un joven pelirrojo, que aparentaba un poco más de su edad, un poco más alto que ella. Tenía una sonrisa en su rostro.

"Debería haberme puesto el glamour" — pensó, enfadada.

Trató de contar hasta tres. Ella solo quería pasar un rato, pero siempre tenían que molestarla. Siempre igual...

— No — respondió, secamente — ¿Y tú? ¿Crees en las decapitaciones?

Quizá se había pasado. Sin embargo, el chico empezó a reír. Karen contuvo las ganas de darle un golpe. Hasta su risa era irritante.

— Tienes carácter — dijo más tarde — Me gusta...

Karen estuvo a punto de contestarle, pero no tuvo tiempo. Un hombre apareció entre ambos. Era incluso más alto que ambos, y parecía más adulto. Tenía un tupe de pelo negro, y una barba espesa. A pesar del frio, ninguno llevaba abrigo.

— Deja de acosar chicas, Ken — dijo este, con un tono irónico y frío.

— Solo estaba hablando con ella — protestó el pelirrojo — ¿Verdad?

Pero Karen ya no estaba ahí. Se había largado en cuanto le habían dado la espalda. Avanzó hasta el instituto y abrió la puerta, segura de que no le pasara nada ahí. Alen la recibió en la puerta. Parecía esperar a alguien.

— ¿Dónde estabas? — preguntó, con tono autoritario.

— Solo quería dar un paseo— dijo, encogiéndose de hombres.

— Cuando esto acabe, hablaremos — replico, sin quitarle el ojo.

— ¿Cuándo acabe el qué? —

— Si no te hubieras ido, lo sabrías...

En ese momento apareció Helen. No parecía enfadada, quizá incluso hubiese oído la conversación. Karen se fijó en que ambos estaban más arreglados de lo habitual. Alen parecía incluso nervioso, aunque Helen estaba como siempre.

— La Clave ha considerado que corremos peligro, por desafiar a un demonio mayor — le dijo esta, en su tono frío de siempre — así que ha enviado refuerzos, para su eliminación y asegurar la protección.

Karen asimilo la información. No había imaginado que correrían tanto peligro, el instituto tenía protecciones. Pero por otra parte, eran buenas noticias, tenían refuerzos para el combate.

No pudo preguntar mucho más, la puerta se abrió. Y solo podía ser abierta por Nefilims, claro. La puerta revelo a dos figuras, que Karen conocía ya. El chico pelirrojo y el del tupé.

"Genial"

Se reprendió así misma por no haberse dado cuenta antes de su raza. Si hubiera estado más atenta cuando los vio...

Alen se adelantó para saludar a los recién llegados.

— Bienvenidos al instituto — dijo, en tono formal.

— Gracias — dijo el del tupe negro — Los demás vendrán más tarde, decidimos viajar en pequeños grupos, para no llamar la atención.

— Es comprensible — dijo Helen, poniéndose a su lado — por favor, alójense en las habitaciones mientras estéis aquí. Os agradecemos vuestra ayuda.

Los tres siguieron hablando de algunas otras cosas sin importancia. Karen se preguntó dónde estarían Carter y Melisa. Seguramente durmiendo, o quizás preparándose.

Mientras, el chico pelirrojo escapo de la bienvenida, y se puso a su lado, aun con su sonrisa.

— Nos volvemos a ver —dijo este — lo haré bien esta vez. Puedes llamarme Ken.

Karen trato de controlarse. Eran compañeros, no debía ser borde, no debía insultarle. Iban a pelear juntos, si la situación lo requería, y a compartir techo.

—Yo soy Karen — dijo finalmente — Bienvenido al instituto.

El chico frunció el ceño, como si no se lo esperase. Quizá solo quería provocarla. No tuvo tiempo de verlo. El del tupe lo llamo, y ambos fueron directos a las habitaciones.

El resto del día no fue muy interesante. Los refuerzos debieron retrasarse, porque no vino nadie. Melisa y Carter bajaron, y todos terminaron por presentarse. Ken no pareció interesarse demasiado en Melisa, aunque pareció llevarse bien con Carter. El hombre del tupe negro no trabó mucha amistad con nadie, le recordaba mucho a Helen.

Más tarde, acabó enterándose de que el hombre se llamaba Chad.

El sensor no detecto ninguna actividad demoniaca. Al menos, hasta llegar el día siguiente…


¡Hola!

Antes de nada, muchas gracias TheWishThief por sus comentarios, apoyos así ayudan a continuarlo ^^

Este capitulo quizas me haya quedado un poco más aburrido, solo quería representar lo que siente Karen después de lo que considera como su fallo. En los siguientes intentare que se ponga más interesante xD.