Capitulo 5: El ansiado cuarto de baño...

Karen se desperezó, mientras caminaba por el pasillo, de madrugada. En el instituto nunca se dormía mucho más de las siete y media de la mañana. Helen siempre se encargaba de llamarles y despertarles.

Según ella, debían estar acostumbrados a combatir el sueño, que en muchas misiones tendrían que mantenerse en plenas facultades durante noche y día sin dormir ni un ápice, y que los demonios podrían atacar de madrugada. Nunca había pasado, especialmente porque no soportaban la luz solar, pero nadie se había atrevido a contradecirla.

Llevaba un pequeño pijama, que conservaba desde hace bastante ya. Una camiseta verdosa, con un dinosaurio en ella, un T-rex, y unos pantalones cortos que seguían el diseño verdoso. Le iba un poco pequeño, pero se apañaba con él. En su brazo derecho llevaba, además, ropa para cambiarse. Una camiseta, unos vaqueros…Lo que fuese para salir al salón sin que se riesen de ella.

La cosa era que su habitación, no tenía baño. Por tanto, todo el mundo usaba uno común. Normalmente, no le importaba tener que esperar si se cruzaba con alguien que se le adelantantase, Carter era su hermano, y ya estaba acostumbrado a Melisa.

Pero ahora que había nuevas personas, no sabía que podría pasar. Por eso, se había despertado media hora antes para ser la primera y no tener más problemas…

Sin embargo, cuando recorría el pasillo, vió a una figura doblar la esquina. Una figura femenina, pequeña…

"¡No!"

Karen echo a correr todo lo rápido que le permitieron sus zapatillas abiertas y la ropa que llevaba. Dobló la esquina, corrió hacia la puerta del baño…

… Y se cerró en sus narices. El único ruido que escuchó mientras la puerta se cerraba era un "Lo siento".

– Maldita Melisa… - dio un pequeño golpe a la pared. Tenía que haber imaginado que no iba a ser la única…

Se acercó al suelo y se sentó, como tantas otras veces, a esperar a que su compañera terminase. No le molestaba sus actos en sí, sino más bien, que hubiese sido más lista que ella….

Se quedó ahí sentada, durante un rato. ¿Minutos, horas? No lo sabía. Sus ojos trataban de cerrarse en cuanto bajaba la guardia, pegados con las legañas que muy probablemente tendría. Debía de estar horrible. Unos pasos hicieron que se pusiera en tensión. ¿Quién sería? A Helen nunca la había visto hacer cola, siempre estaba despierta cuando la encontraba, y siempre estaba impecable. Era otra razón por la que le daba escalofríos.

Alen lo había visto en contadas ocasiones, solía esperar a que todos estuvieran listos. Podría ser Carter, pero eso querría decir que llevaría como una hora esperando. Dudaba que su hermano se fuese a levantar por nada.

Sin embargo, la figura que llegó no era ninguno de ellos. No era Ken, ni Chad. Era una mujer que no había visto nunca.

"Qué diablos…"

La chica en cuestión parecía de una edad similar a la suya. Era un poco más bajita que ella. Tenía unos rasgos de los más extraños, ojos marrones con un toque de color verdoso, y un pelo totalmente azulado. Karen estuvo segura de que era una peluca, o al menos, un tinte muy realista. También tenía dos rayas negras en cada mejilla, como si fuesen una especie de bigotes.

Karen se fijó en que llevaba ropa de calle, unos vaqueros y una camiseta más o menos normal. Sin embargo, estaban cubiertos por manchas rojizas. Era un particular sentido de la moda. No llevaba ropa de cambio, pero portaba una mochila en su espalda.

La misteriosa chica se acercó, le dedicó una sonrisa, mientras se sentaba a su lado. Karen contuvo las ganas de soltar alguna grosería, simplemente, esperó.

– ¡Hola! – le saludó.

– Hola… - Karen le devolvió el saludo, extrañada.

La extraña chica debió de notar el ceño fruncido de Karen, pues trató de tranquilizarla en el acto.

– Lo siento, Lo siento, Lo siento – empezó a decir, con sus ojos irradiando culpa – Soy Yuni, vengo a ayudar.

Karen tardó unos segundos en darse cuenta de a que se refería realmente. Es decir, quizá era lo más obvio. Pero viéndola ahí, con su peinado extraño, y sus bigotes, costaba trabajo creer que era una cazadora de sombras.

– Oh, claro – dijo, tratando de aparentar normalidad – Soy Karen, bienvenida. ¿Cuánto llevas aquí?

Vine hace poco, una hora quizá – articuló, llevándose una mano al mentón - ¿O quizá dos? No estoy segura. El tiempo pasaba tan rápido… Ya lo dice la gente, la vida es corta y hay que aprovecharla. Pero aquí estamos, jugándonosla por salvar a los de más. ¿Crees que es ético, Karen?

La chica le agarró del brazo, mirándola a los ojos con seriedad. Ese comportamiento le extrañó.

– Bueno… No lo sé – respondió, abrumada por la repentina atención.

– Así que eres de las que actúa y luego piensa – sentenció Yuni.

– Supongo…

– Bueno, la señora de la casa me dijo que podía venir a cambiarme. Esta ropa está sucia.

En ese momento, Karen se dio cuenta de que las manchas rojizas no eran de la camiseta, ni del pantalón. Eran pocas, pero grandes… Junto con el color, parecían adquirir un tono negruzco, incluso.

– ¿Os ha pasado algo, por el camino?

– Quisimos acortar viajando por la noche, y nos sorprendieron varios demonios Raum. Son demonios muy extraños, con ese color blanco de huesos. ¿Crees que están hechos de huesos? Eso no tendría sentido, claro, si no serían duros, y eran viscosos. Pero aun así, podría ser…

– Ya veo… - Karen ignoró el desvario de la chica. Esperaba que fuese una broma - ¿Y tu compañero?

Yuni pareció sorprenderse, como si no se hubiese sorprendido por la pregunta. Luego, sonrió.

– La última vez que lo vi fue al entrar. Estará por ahí.

A Karen le sorprendió el pasotismo con el que la chica actuaba. Ella ni muerta dejaría en un lugar completamente desconocido a Carter o a Melisa.

Quiso decir algo, pero no tuvo tiempo. En ese momento, Melisa salió del baño. Se llevó una ligera sorpresa al ver a Yuni. Esta, en cuanto la vio, se dio la vuelta hacia el pasillo y exclamó.

– Mira Karen, ¡Esta ahí!

Karen cometió el error de dudar. En cuanto se dio cuenta, la puerta se había cerrado y ella estaba fuera.

– ¡Yuni! – exclamó, dándole un golpe más fuerte a la pared, rabiosa.

Se pasó una hora más esperando. Yuni era sigilosa y rápida, pero muy lenta duchándose. Se escapó en cuanto salió por la puerta. Karen ya estaba tranquila, casi no tenía ganas de darle un hachazo.

Una vez duchada, se reunió en las sala del comedor. Todos estaban ahí. Helen, Alen y Chad conversaban seriamente sobre algo. Yuni , ya cambiada, estaba junto con Melisa. Por sus gestos, Melisa parecía confundida, pero no asustada. Algo era algo.

Por otra parte, Carter y Ken estaban en el lado contrario de la mesa, hablando de algo. No pudo evitar fijarse en que Ken llevaba la misma ropa que el otro día, ni se había pasado por la ducha... También había otro chico, de pelo marronaceo. Era bajito, quizá más que ella, pero parecía adulto. Tenía varios piercigs en la oreja y uno en la nariz. Era asqueroso…

– ¡Karen! – antes de articular palabra, alguien le agarró del brazo. Era Yuni. Para su desgracia, la arrastró hasta el lado de los chicos – Ed, esta es Karen. Karen, este es Ed.

– Encantado… - el chico le estrechó la mano. No parecía sorprendido, más bien, indiferente.

– Bienvenido… - dijo Karen, tratando de no mirar a aquellos objetos metálicos. Se preguntó qué efectos tendría una runa iratze sobre eso.

En general, las presentaciones acabaron ahí. No parecía que fuese ha llegar más gente de momento, cuatro personas más para la protección del instituto.

"No creo que la clave mande a mucha gente, el demonio lleva unos días desaparecido" – reflexionó Karen, pensativa.

Supuso que con cuatro más sería bastante para defenderse, del presunto ataque. Un demonio mayor era poderoso, pero si las defensas del instituto se mantenían….

– Me alegra de que ya os conozcáis todos – Karen se dio la vuelta. Era Alen el que hablaba. Eso le hizo sentir mejor, de los tres, parecía mucho más amable – Puesto que vais a tener que convivir durante un tiempo, hasta que el peligro desaparece.

– No desaparecerá si no buscamos al demonio – repuso Karen. Se moría de ganas de pelear.

– Una búsqueda a ciegas sería demasiado peligroso – para su sorpresa, fue Ken el que habló, con expresión seria – Debemos localizarlo, sin que lo sepa.

– Eso sería difícil – contestó Carter, pensativo.

– Ken tiene razón – Chad habló, con voz sepulcral – Los sensores detectaran su señal si se acerca. No nos han enviado para ocupar las habitaciones, señores. Estamos especializados en el sigilo. Lo encontraremos.

Karen quisó creer lo que Chad decía. Se preguntó si era la primera vez que hacían esto. Mirando a todos, solo veía una chica demasiado extravagante para no llamar la atención, un chico bastante presuntuoso, y un chico con un gusto relativo a abrirse agujeros. Chad era el único que parecía cumplir lo que él mismo decía.

– ¿Saldremos hoy? – preguntó Ken, con la misma seriedad.

– Si, id preparándoos. Partiremos por la tarde.

– ¡Sí, señor! – exclamó Yuni, con el típico saludo de capitán.

– De acuerdo – contestó también Edd.

Los tres dejaron cualquier tipo de conversación y se marcharon, a saber dónde. Dejando a los seis en la sala. Carter y Melisa parecían tan pasmados como ella. Carter se acercó a los tres adultos.

– Espera… ¿Vais a iros a su búsqueda ya? – preguntó Carter.

– Lo que mi hermano quiere decir – cortó Karen, salvándole el pellejo – es que nosotros también vamos. Es nuestro deber.

– ¿Creéis que es un juego? – les preguntó Chat, con el mismo tono monótono – No podréis seguir nuestro ritmo.

– Es nuestro deber – repitió Karen, remarcando cada palabra – Si no lo conseguimos, dejadnos atrás.

Se cruzó de brazos, y vió una pizca de duda en los ojos de los presentes. Supo que lo había conseguido. Chad no podía venir a un instituto ajeno a decir que eran mejores que sus cazadores de sombras. No podían.

– Muy bien, pues preparaos. Partiremos a la tarde – contestó, clavando su mirada en Karen, una mirada fría que le estremeció.

Dicho esto, él también abandonó la sala, dejándole una sensación amarga a Karen. Quizá se había pasado de la raya. Helen le reprendió en cuanto pudo.

– Karen…No deberías haberlo hecho

– Arreglaremos nuestros fallos.

Dicho esto, Karen abandonó la sala, seguida de sus dos compañeros.