A pesar de la tardanza, aqui esta el primer capitulo!
Es que cuando uno quiere hacer las cosas bien se atraviesa todo. Consultas, cumpleaños de la mamá, examenes, trabajos, cumplaños de la hermana, cocinar la comida de la bebe, etc, etc...
Sin mas preámbulos...
(Ademas de la aclaración de que todo el universo de Harry Potter le pertenece a JK)
Capitulo 1
Había una vez en que había llevado las riendas de mi vida. Había logrado con éxito distanciarme de mi querida, pero entrometida, madre y mi sobreprotector hermano. Veía con regularidad a mi padre y a mi otro hermano, pero yo tomaba mis propias decisiones.
Había una vez en que controlaba mi vida romántica de manera que disfrutaba de citas de vez en cuando, aunque ninguna que pudiera estropear mi plan de permanecer soltera y libre de responsabilidades domésticas. Yo no era como mi madre o mi abuela, que felizmente se dedicaban a las tareas del hogar.
Había una vez, aunque normalmente tenía mi apartamento limpio y ordenado, cuando solo tenía que ocuparme de mi ropa sucia, de comprar la comida que necesitaba y que consumía a mi propio deseo.
Había una vez en que había estado a punto de conseguir mi segundo ascenso en el departamento de publicidad en el hospital San Mungo, cuando había sido una persona en la que mis jefes sabían que podían confiar.
Todo eso había cambiado como resultado de mi repentino ataque de locura temporal de hacia quince meses atrás. Mientras entraba en mi despacho quitándome partículas de comida y residuos de hollín de la ropa, rogué porque no me esperara ninguna sorpresa.
Como en el hospital el departamento de publicidad estaba conformado por sanadores que laboraban en el mismo, cada uno contaba con su despacho personal y no había un sector dedicado especialmente a las oficinas del departamento. Ocasionalmente contrataban los servicios de agencias, asesores o consultores para realizar las campañas, pero se ubicaban provisionalmente en las oficinas libres del quinto piso. Donde también estaban la sala de reuniones, el cafetín donde todo el personal y visitantes comían y la tienda de regalos.
- Buenos días, Lisa- le dije a la asistente del equipo de relaciones públicas-. ¿Cómo estás? ¿Tienes algún mensaje urgente?
Lisa, que estaba segura que quería tomar mi puesto, dio un sorbo a su taza de té.
- Si, tienes reunión con el equipo para planear los suministros de pociones del próximo semestre. Pero empezó hace cinco minutos.
Empecé a sudar. Mire fijamente a Lisa.
- No la tenía apuntada en mi agenda. ¿Por qué empezaron sin mí?
Lisa me miro con falsa compasión.
- Porque Augustus Pye convoco la reunión. Parece que una de las fábricas de pociones quedó en bancarrota y debemos acudir a otra.
- Maldición. ¿Está aquí o es por red flu?
- Esta aquí- dijo Lisa, escogiéndose de hombros-. Me ofrecí a tomar notas para ti durante la reunión.
"Estoy segura de ello". Sentí como el estómago se me encogía de la presión. Era el inicio de un ataque de pánico. Jamás había tenido ataques de pánico hasta hace quince meses atrás.
- ¿Dónde es la reunión?- pregunté.
- Hummm… déjame ver- dijo Lisa, examinando unos papeles que tenía sobre su escritorio. Me contuve para no darle un buen tirón de pelo. Estoy convencida de que, debajo de los brillantes rizos negros de Lisa, hay un par de cuernos.
- Supongo que puedo llamar a la ayudante de John Bell. Ella tiene que saberlo.
Inmediatamente, Lisa levanto un trozo de pergamino y me lo ofreció.
- No hay necesidad. Aquí está el mensaje que Miriam dejo para ti.
"Sala de juntas", decía. Lo leí y me dirigí al despacho para preparar mi computadora portátil (Merlín salve a mi tía Hermione por sus brillantes ideas basadas en objetos muggles), miré en el escritorio para buscar cualquier otro mensaje que Lisa hubiera decidido tardar en darme. No había nada.
Me aseguré que no tenía demasiada importancia que llegara un poco tarde, tomé el ascensor y me dirigí a la sala de juntas. Una vez allí, gire el pomo tan silenciosamente como pude y entre en la sala de conferencias que, a primera vista, contenía al menos una decena de los ejecutivos y sanadores más importantes del hospital. Todos se giraron para mirarme.
Esbocé una sonrisa de falsa seguridad en mi misma y murmuré:
- Buenos días.
Odio llegar tarde, especialmente en las reuniones de trabajo. Aquello era algo que, inmediatamente, me colocaba en desventaja y siempre trato de controlarlo todo perfectamente.
En su organización, San Mungo estaba regido predominantemente por hombres con muchas ideas machistas. Desde el principio, sabía que me costaría mucho trabajo llegar hasta donde esperaba. Sin embargo, el hecho de que Augustus Pye haya sido elegido director del hospital unos años atrás, le confirió un clima de aceptación hacia las medidas innovadoras para aumentar las donaciones, mejorar las condiciones de los pacientes o del hospital en general, y el hecho de que me encantaba sanar a las personas y sacar provecho de mi apellido en favor de la causa, había hecho que el desafío fuera irresistible.
Tome asiento al lado del jefe de relaciones públicas del hospital, abrí mi portátil y lo arranque. En aquel momento, una rubia muy coqueta terminó de dar su discurso, en el que había estado hablando de pruebas de laboratorio, estudios e ingredientes novedosos. A continuación, la rubia empezó a mostrar una presentación de pociones creadas recientemente con grandes perspectiva de futuro.
Después de concentrarme en las imágenes, me fijé en el logo de la compañía de pociones que había en una esquina de la pantalla. Ohhh.
No lo podía creer. Un escudo de armas. Con una espada y una serpiente.
Inmediatamente, sentí que se me hacía un nudo en el estómago. Como tenía tantas ganas de que los presentes en la sala se olvidaran del hecho de que había llegado tarde, solo me había fijado muy por encima de los presentes. Decidí mirar más fijamente, concentrándome en cada persona.
Me incline hasta adelante y mire más allá de mi jefe. Allí estaba.
Sentí como se me cortaba la respiración. "Merlín, por favor. Ayúdame". Siempre había sabido que tarde o temprano volvería a verlo. Me había preparado mentalmente para cien situaciones diferentes, incluso para esta, pero sentía como mi cerebro se había bloqueado justo en el momento en que reconocí el escudo de la familia Malfoy.
Scorpius Malfoy se puso de pie y se dirigió al lado de la rubia con una sonrisa que denotaba su seguridad en sí mismo. Un traje muggle negro que le sentaba a su esbelto y musculoso cuerpo como un guante le ceñía los anchos hombros. Con cierta amargura, noté como evidentemente seguía ejercitándose. Iba tan bien arreglado que casi podría haber pasado por modelo, pero sabía que lo más sensual que Scorpius tenía no era precisamente su cuerpo, sino el modo en que su mente funcionaba. Resultaba una fascinante mezcla de hombre conservador e innovador. Además, no se apoyaba en su encanto ni en su apellido para conseguir un contrato.
- Estamos muy emocionados con la perspectiva de ampliar las pociones que suministramos a San Mungo- dijo Scorpius-. Gracias por darnos la oportunidad de hacerlo. Nos encantaría saber que les pareció la propuesta.
Realizó una respetuosa inclinación de cabeza a Augustus Pye y miró al resto de los presentes. Su mirada se detuvo por un instante más de lo debido sobre mí y, de repente, me sentí muy avergonzada. Sabía perfectamente lo que él estaba viendo. Mi cabello, que me llegaba casi a la cintura, necesitaba desesperadamente un corte. A pesar de los madrugones y el ajetreo diario, que me obligaba a meterme a la cama a las diez de lo noche, aún no había conseguido librarme de los siete kilos que había engordado durante el embarazo. Al notar el modo en que el me miraba, no pude evitar preguntarme si se me notaban las ojeras que tanto me esforzaba por ocultar. Por cierto, ¿me había hecho el encantamiento antiojeras esta mañana? No recordaba nada.
- No estás teniendo problemas con los suministros de ingredientes, ¿cierto?- pregunto uno de los sanadores-. Porque hay una huelga general con los cultivadores que le está dando verdaderos dolores de cabeza a otros pocionistas.
- No tenemos ningún problema- respondió Scorpius sin vacilar-. Nuestra empresa cuenta con sus propios invernaderos.
Me sentía algo mareada. ¿Cuánto tiempo podría pasar un ser humano sin respirar? Tenía que estar cerca del límite. Rápidamente, y a pesar de la privación de oxigeno por la que estaba pasando mi cerebro, encontré una salida. Apreté un botón de mi teléfono móvil (gracias a Dennis Creevey, por luchar tan incansablemente con mi tía para incorporar la tecnología muggle a la vida de los magos), y lo dejé casualmente sobre la mesa. Segundos más tarde, el aparato empezó a vibrar.
Lo tomé enseguida.
- Parece alguien del departamento de Finanzas- le susurré a mi jefe-. Es mejor que conteste. Perdón- añadí antes de salir disparada de la sala.
Me dirigí directamente al cuarto de baño y, tras cerrar la puerta, me cubrí el rostro con manos temblorosas.
- Maldita sea. ¿Qué voy a hacer?
Cuando Scorpius se marchó a Paris y no regresó al cabo de un año, me hice creer el cuento de que jamás volvería a tener que hablar con él. El recuerdo de lo que había pasado entre nosotros la noche de la fallida boda no dejaba de asaltarme.
Mientras me miraba en el espejo del baño de damas, decidí que dejaría atrás los recuerdos y regresaría a la reunión. Saqué una toallita de papel del dispensador y la mojé con agua fría de la llave. Me la apreté contra el cuello y la frente.
"Puedo superarlo", pensé. "Puedo regresar a esa reunión y fingir que nada ocurría". Sería capaz de fingir, de hecho, las relaciones publicas de basaban mucho en el fingimiento.
Sin embargo, no estaba fingiendo el hecho de que no quería que San Mungo renovara ni ampliara su contrato con la empresa de Malfoy. Decidí que lo único que podía hacer era regresar a la sala de juntas. Así lo hice. Abrí la puerta y volví a tomar asiento al lado de mi supervisor.
- Nuestra empresa les ofrece las mejores pociones- estaba diciendo Scorpius-. Nuestros ingredientes son de excelente calidad y poseen una duración mayor que las que comercializan otras empresas.
- ¿Ha preguntado alguien lo de las nuevas pociones contra la rubeola de doxy?- le susurre a Philius, mi jefe.
- No. Tienes razón- dijo antes de volverse a Scorpius-. Uno de los objetivos que quisiéramos alcanzar es contar con las mejores pociones contra las enfermedades que han brotado en los últimos años. Por ejemplo, la rubeola de doxy, que se descubrió hace tres años y no muchos hospitales cuentan con la cura. Oímos decir que su empresa ya ha desarrollado una muy buena, como te mencioné por carta.
Scorpius le lanzó una mirada a la rubia. Ella se aclaró la garganta.
- Cuando recibimos esa carta, ya habíamos realizado esta presentación. Pero creo que podríamos tener una muestra para la próxima semana.
Noté como la mandíbula de Scorpius se contraía por la tensión.
- Así es. Lo tendremos todo preparado para la próxima semana- agrego, con voz muy seria-. Me ocuparé de ello personalmente.
- ¿Y quién se va a ocupar de todo cuando Malfoy haya regresado a Paris?- le pregunté a mi jefe.
El asintió y carraspeó.
- También queremos saber quién va a ser el contacto de San Mungo. Si tú te ocupas de los negocios internacionales desde Paris, necesitamos saber quién será nuestro contacto.
La sala se quedó sumida en un profundo silencio. Observé a los sanadores y ejecutivos y me di cuenta de que Philius acababa de hacer la pregunta que todo el mundo estaba pensando. La pregunta que podía hacer que el hospital trabajara con otra empresa de pociones.
La respuesta de Scorpius y la posterior desaparición de este de mi vida me darían una tranquilidad que ni siquiera todos los galeones del mundo podrían comprar.
Me giré para mirar a Scorpius. Él había apretado la mandíbula y tenía una expresión en el rostro que me recordaba a la de un gladiador a punto de iniciar un combate. Esa expresión me intranquilizo profundamente.
- Yo seré el contacto- dijo-. No voy a regresar a Paris.
Y ahi quedó...
Espero que les haya gustado y me den su sincera opinión.
Isa-Lovegood.
