Chapter 02
La Profecía
Hikari miraba sentada el río, pensando en todo y a la vez en nada, observando su ropa gastada, su traje de combate azul, muy parecido al de un samurái, pero destruido en gran parte por las batallas, era escotado, demostrando que era hecho para una mujer, y justo a su medida, con su nombre grabado en único hombre que conservaba su defensa completa, tenía un pequeño guante negro, que dejaba sus dedos descubiertos, lo veía cada que reflexionaba, una extraña nostalgia invadía su cuerpo, sus ojos grises se perdían en el reflejo del río por la intensidad del sol. Inuyasha estaba en una aldea de guerreros que se encontraba a la espalda de aquel río, platicaba con los habitantes del lugar, para que dejasen a Hikari quedar allí. Los aldeanos lo pusieron al corriente sobre los males acontecidos, que ha sucedido desde la muerte de aquella sacerdotisa, le hablaron de los inviernos a los que se refería aquel anciano, sobre un dragón que ataco al este y anuncio el fin de los tiempos, exactamente en 50 inviernos más, de eso hace ya 48 inviernos, pero no sabía a grandes rasgos más sobre aquella profecía, pues según uno de los guerreros más longevos, todo estaba escrito en un viejo pergamino. Sólo le pidieron una condición para que Hikari pudiese quedarse en aquella aldea, era que Inuyasha exterminara a un demonio, una mantis religiosa que atacaba constantemente la aldea y hacía flaquear sus defensas contra otros demonios, Inuyasha de mala gana acepto, no lo quedaba otra opción. Camino a paso acelerado, pero de una manera muy natural hacia Hikari, para comentarle lo sucedido.
-Será mejor que te quedes aquí, tengo que ir a buscar a un demonio, éste será tu nuevo hogar.
Hikari se levantó y sin mirar a Inuyasha, y con su clásico semblante inexpresivo le contesto. – No me quedare aquí, voy contigo, aunque sé que no te gusta la idea, pero no pienso quedarme aquí y ser protegida por esos aldeanos, corren más peligro conmigo aquí. – Mira a Inuyasha. – Sólo te seguiré. – Inuyasha mira al suelo un poco molesto, quizás con más arrogancia que molestia, y contesta. - ¡Bah! Como desees. Pero no pienses que voy a estar protegiendo, más vale que no te quedes atrás.
Inuyasha empezó a caminar y Hikari seguía tras él, pronto dejaron la aldea atrás, Hikari logró seguirle el paso, apenas iba atrás de él por unos cuantos pasos, pronto dejaron también el gran bosque que rodeaba la aldea, la intensidad de la luz solar disminuía, el ocaso se aproximaba. Llegaron a una pradera enorme, que seguramente en su tiempo fue hermosa, pero que ahora permanecía inerme, llena de naturaleza muerta, huesos de bestias y hombres, sangre seca, e insectos que habían comenzado a vivir ahí con los años, el blanco de aquellos huesos era penetrante, y la débil luz solar los hacía brillar a lo largo y ancho del lugar, hasta donde la vista permitía ver, el silencio era apenas cortado por el zumbido de aquellos insectos, el suelo comenzaba a temblar, Inuyasha se preparó para pelear, Hikari tomo su báculo y esperó. La mantis hizo acto de presencia, saliendo de la tierra que ellos pisaban, dejándolos en lados opuestos, la mantis ignoro a Hikari y su báculo, y atacó a Inuyasha de inmediato, Inuyasha atacó con sus garras, pero la mantis recibió un daño casi nulo, Inuyasha se sorprendió y sólo advirtió al enemigo. – Veo que eres fuerte. Esto será divertido. – Inuyasha atacó de nuevo pero la mantis sacaba la mejor parte del duelo, haciéndole una herida en su brazo izquierdo. Hikari no espero más, cerró sus ojos y cerro sus manos con el báculo en su pecho, su cuerpo comenzó a brillar, y disparo una gran energía contra la mantis, que quedó tendida por algunos segundos antes de incorporarse, la mantis ahora intentaba atacarla, pero Inuyasha intervino, cogiendo la sangre de su brazo herido. – Garras de Fuego!- La mantis recibió heridas en muchas partes de su cuerpo, fue entonces que comenzó a arrojar un veneno contra Hikari e Inuyasha. Inuyasha comenzó a perder el conocimiento, Hikari extendió sus brazos y logró arrastrarlo fuera del humo que el veneno había generado, no podía ver, y comenzaba a sentirse mal, cuando alzó la vista para cerciorarse que todo estaba bien, la mantis atacó de nuevo. Hikari apunto su báculo hacía la mantis, que cuando toco el báculo recibió una fuerte carga eléctrica haciéndola retroceder, Inuyasha se ponía de pie. – ¡Lárgate! Este enemigo es poderoso y sólo me estorbaras.- Hikari, contestó inexpresiva. – A mí me parece los contrarío. – Inuyasha se lanzó al ataque, pero un grito detuvo su ataque, junto con un arma que se acercaba a gran velocidad. – ¡Hiraikotsu! – La mantis fue destrozada en varios pedazos por aquella arma voladora que regresaba a su dueño. Una mujer con un extraño raje negro y una coleta alta detenía aquella arma a lo lejos. Inuyasha se quedó extrañado, mientras Hikari veía sin cambiar su semblante. - ¿Quiénes son ustedes? – Preguntó la joven del traje negro. – Un demonio y una extraña, creo que debó exterminarlos. – La mujer se disponía a atacar, e Inuyasha ya esperaba en modo de defensa el embate de la mujer, pero Hikaro mostró aquel báculo café con detalles negros que llevaba y señalo a la mujer, una energía la golpeo sin hacerle daño, pero no lograba moverse, el efecto pasó rápido y la mujer cayó de rodillas, levantando tierra y trozos de hueso del lugar. - ¿Quién eres tú? Veo que usas un traje de exterminador. – dijo Hikari. – Deberíamos matarla por atacarnos.- dijo Inuyasha furioso. – Yo los he salvado Hanyou. – contestó la joven. – Patrañas. – dijo Inuyasha pero Hikari detuvo su enojo mirándolo, su mirada era fuerte y siempre intimidaba a cualquiera. – Dime exterminadora. ¿Qué haces aquí? Sabía que tu aldea fue destruida hace años. – preguntaba Hikari poniendo un rodilla en el suelo, tratando de acercarse más a aquella mujer. – Tienes razón, de eso han pasado 8 años, pero no todos sufrimos el mismo destino. Sigo viva y trato de vengar la muerte de mi familia. – Sango cambia su gesticulación, un aire melancólico llena su rostro. – Me llamo Sango, esa mantis estaba en mi camino, buscó el báculo de luna creciente. – Hikari observa su báculo. – Aquí está… ¿qué quieres de él?... levántate.- le extiende la mano. – Yo soy Hikari, dueña del báculo de la luna creciente, buscó el resto de artefactos. Quizás deberías acompañarnos. – Sango se levanta de la tierra y coge su arma de nuevo, Inuyasha la mira con enfado. – Bien. Considérame tu aliada, esperó que esto no moleste a tu amigo.- Inuyasha interrumpe la plática. – Yo no soy amigo de nadie, y ahora que esa mantis está muerte, debo irme. Deberías volver con esos guerreros Hikari, tú también exterminadora. Adiós. – Inuyasha estaba a punto de marcharse hasta que Hikari lo detiene gritándole. - ¡Inuyasha! Sé porque estabas en ese árbol sellado, tienes un pasado con aquella sacerdotisa que inicio estos acontecimientos, que llegará hasta a ti con el anciano no era casualidad, se suponía que tú tendrías uno de los artefactos, deberías acompañarnos, no te queda nada más, el fin del mundo está cerca, sólo te queda combatir junto a nosotras. – Inuyasha con visual enfado las miró. – No sabes nada de mí. – Inuyasha iba a continuar, pero Sango interrumpió. – Tú eres el híbrido que protege a tessaiga, ahora lo entiendo. ¡Ten! – Sango arrojo una pequeña gema a Inuyasha que miró con incredulidad. – El dragón quitó esto a un demonio muy poderoso, ni siquiera él, logro hacerle daño a aquel dragón, y era bastante poderoso, lo vi con mis propios ojos, se llama Sesshomaru, eso es todo lo que quedo de él…. Dijo que tú tenías más respuestas sobre esto. – Inuyasha miró con incredulidad aquella gema, pero por el olor que conservaba sabía que era de Sesshomaru, su hermano mayor al que no había logrado vencer nunca, sin embargo, ahora estaba muerto, un miedo lo recorrió por completo, no ha terminado por entender la situación y ahora sabía que corría peligro, sus deseos, el recuerdo de Kikyo, todo era amenazado con ser borrado, Inuyasha las miró con un coraje impresionante, mientras apretaba la gema con su mano izquierda, y la guardaba dentro de sus ropas. – Bien iré con ustedes… ¿A dónde nos dirigimos?- se aproximó a ellas, mientras Sango le ofrecía una sonrisa sincera, mientras miraba sus grandes ojos amarillos, luminosos como un par de estrellas nocturnas. – ¡Al sur! – contestó Hikari. El solo moría en el horizonte, el verano casi llegaba a su fin, y estos jóvenes desconocidos uno del otro, caminaba paso a paso, unidos por el desconcierto, por el miedo, y por enfrentarse a algo que ignoraban, apenas era el principio de una travesía de la que no sabrían si verían fin. La noche cayó estrellada, hermosa como ninguna, Inuyasha veía su gema, Sango con un kimono blanco y rosa prendía una fogata, e Hikari mirando a las estrellas, decía en un sonido tan débil que apenas salía de sus labios. – Esto es hermoso…
