Chapter 04
Ecos del Pasado
Justo después de la muerte de Kikyo, hace 48 años, un extraño espectro tomo forma con las cenizas que producía su incineración junto a la perla de shikon, pronunció pocas palabras para los ahí presentes. En el invierno de ese año, un dragón atacó la aldea donde habitó aquella sacerdotisa de nombre Kikyo, los pocos que quedaron vivos, escucharon al dragón, más que una profecía aquello parecía una amenaza, en 50 inviernos, todo verá su fin, el enorme dragón gris de aquel entonces, con el paso del tiempo oscurecía más su piel, cada vez era más oscuro, como ahora, que no puede ser advertido en las noches de luna nueva, ni en la noches sin luna. Desde entonces la almas no tienen derecho a alcanzar el cielo, sin la perla de shikon el equilibrio está roto, y las almas de todos los caídos iban directamente al Yomi, donde eran absorbidas por el dragón, que canalizaba su energía para usarla, así comienza el fin del mundo, todos luchas por su vida ahora.
La sacerdotisa del viejo santuario que habían encontrado ayer, les enseño dos pergaminos, les contó sobre la profecía, y admitió ignorar todo lo relacionado con los artefactos que Hikari había mencionado antes. La joven sacerdotisa se llamaba Yumiko, y llevaba 4 años cuidando del santuario sola, cuando el último de los monjes salió en busca del dragón sin nombre, nunca volvió. Ella tenía ahora 21 años, era una arquera implacable, mejor que cualquiera que se haya visto jamás, su fuerza espiritual, era grande aunque no tanto como la de Kikyo, o la misma Midoriko. En cuanto termino de contarles sobre el fin se levantó de nuevo, llevo los utensilios para el té al otro lado del salón y colocó los pergaminos cuidadosamente en su lugar correspondiente. El grupo estaba un poco decepcionado, pues no encontró las respuestas que buscaba, Mioga preguntó entonces sobre la posibilidad de crear otra perla de shikon, Yumiko se quedó cayada por unos segundos después contestó.
-Es algo casi imposible, deberíamos encontrar a alguien con una fuerza espiritual única, y concentrar una gran cantidad de energía negativa. Midoriko utilizó una gran cantidad de demonios en aquel entonces, no podemos encontrar cantidad igual, los demonios se mantienen alejados desde la aparición de aquel dragón y sólo atacan humanos, creyendo que así obtendrán más fuerzas para sobrevivir, y lo más importante, necesitamos alguien que tenga un poder espiritual superior, algo que no se ha visto desde la muerte de la sacerdotisa Kikyo.
-¿Pero tú eres una sacerdotisa no es así? – increpó Sango
- Sí. Pero no poseo las mismas cualidades ni capacidades que aquellas grandes sacerdotisas, debido a todo lo que pasé, no logré terminar mis enseñanzas, no pude pulir mis habilidades, los monjes y sacerdotisas desaparecieron, hasta ahora que sólo quedo yo.
- Entonces debemos seguir buscando. – Dijo Inuyasha con un aire reflexivo.- Hikari nos lleva al sur, sabe de otro artefacto, parecido a ese báculo que trae consigo. Quizás deberías acompañarnos. – Yumiko coge el báculo, y lo observa.
- El báculo de la luna creciente, es un arma poderosa. No puedo acompañarlos mientras este santuario siga en pie. ¿Díganme que hacen con esta arma tan poderosa?
- Es uno de los artefactos que debería detener al dragón, yo sólo sabía que necesitábamos un conjunto de artefactos, pero no que mi arma perteneciera a los mismos. Sango me dijo esto. – Hikari miró a Sango esperando que continuase.
- Así es. Alrededor de diferentes aldeas se ha extendido el rumor de un grupo de artefactos que detendrían la sed de ese dragón. El Báculo de la luna creciente, la katana "tessaiga", el arco de Amaterasu y la daga de la furia. Aquí tenemos uno, y decían que Inuyasha portaba a la tal tessaiga, pero no sabe nada al respecto. – Yumiko miró con extrañeza el relato, pero entonces Mioga interrumpió. – Amo Inuyasha, ellas hablan del arma que le ha dejado de herencia su padre, se encuentra en su tumba. Debemos encontrar el manantial donde la creó, está al norte, deberíamos desviarnos demasiado, pero es seguro que la encontraremos.- Inuyasha comenzó a apretar a Mioga. - ¿Por qué no me habías dicho esto antes? Me hubieras ahorrado muchos problemas.
- Esta decidido, tenemos que ir hacia el norte. – Dijo Hikari mientras se paraba y se separaba del grupo, salió del salón y se quedó parada observando el cielo, aún faltaba tiempo para el tardecer. Sango se paró enseguida, pero miró a Yumiko e Inuyasha que se tardaban más en levantarse y pregunto. - ¿Estás segura Yumiko, no quieres acompañarnos?. – Yumiko se levantó y acomodo su arco a sus espaldas. – Lo lamentó Sango una tarea me retiene aquí, pero les desearé lo mejor.
Inuyasha se levantó y todos salieron del Santuario, justo cuando estaban a punto de despedirse, un aura maligna comenzó a merodear por el lugar, Inuyasha la olfateó y avisó a los demás. Sango se deshizo de su yukata, e Hikari se preparaba para el combate, Yumiko miraba el horizonte con un claro enojo, "no otra vez" pensaba dentro de sí. Un ave de enormes dimensiones se aproximaba al lugar, lanzando una ráfaga invernal por su boca, Yumiko tuvo que arrojarse a un costado, mientras el ave volvía a tomar altura para atacar de nuevo, congeló una gran parte del techo del santuario y del porche. El ave regresó mientras destruía con sus garras lo poco que quedaba del santuario, se abalanzó sobre Sango e Hikari dejándolas fuera de combate, Inuyasha golpeaba al ave pero no lograba mucho. Yumiko preparaba una flecho que salió potenciada con un aura púrpura hacia el ave, golpeándola e hiriéndole gravemente. El ave café se levantó por los cielos hasta donde ya no se lograba ver, de pronto descendió estrepitosamente, cortando el viento y dejando un silbido que cruzaba el lugar tras de sí. Yumiko se quedó petrificada, Inuyasha reaccionó a tiempo y quitó a Yumiko del camino del ave, el ave quedo dolida con el impacto sobre la tierra, Inuyasha aprovechó el momento y atacó al ave indefensa, haciéndole una fuerte herida en el vientre, el ave grazno terriblemente de dolor, el ave se sacudió arrojando a Inuyasha lejos del lugar, el ave esta vez voló poco, y justo cuando estaba por alcanzar a Inuyasha, una flecha de Yumiko le atravesó el cráneo, el cuerpo del ave siguió el curso del ataque, parecía que había embestido a Inuyasha, Yumiko se acercó gritando. Se acercaban lentamente Sango e Hikari que se dolían del embate que habían recibido, todas buscaban a Inuyasha. Yumiko comenzó a sentirse culpable pensado en el peor de los finales para Inuyasha, pero de pronto este apareció a un costado del cadáver de aquel demonio.
-Debes tener más cuidado, yo te salvó la vida y tú haces esto. – Toda sonrieron ante su presencia, Mioga se encontraba ausente.
- Me alegra saber que estás bien Inuyasha, lamento lo sucedido. – Yumiko miró atrás donde se encontraba el santuario, una lágrima todo por sus mejillas pues veía su pasado justo enfrente de ella, los tiempos felices, y lo terrible que vivió defendiendo aquel lugar de la destrucción, cuando al parecer, fue siempre inevitable, Yumiko dejo el arco que tenía en sus manos nuevamente en su espalda. Regreso para mirar al grupo que la miraba con un aire de comprensión mutua, y una sonrisa leve dibujada en cada uno de ellos, incluso en Hikari.
-Bien, al parecer será ahora inevitable que los acompañe, ya no hay nada que proteger aquí.- Yumiko camino hasta ellos. – Bien vayamos por esa arma, tenemos un mundo que rescatar, no quiero que sufra el mismo destino que este santuario al que dedique mi vida.
Sango sonreía a Yumiko. – Bien andando. – Sango se giró junto a los demás y comenzaron a andar, ahora el rumbo era hacía el norte, el sol comenzó a descender. Sango miraba a su lado izquierdo, el semblante calmó de Yumiko a pesar de las lágrimas que había emanado, ahora miraba a su lado derecho, vio el rojizo del cielo, acompañado a lo bajo del verde fuerte de aquella naturaleza baldía, y justo bajo ese paisaje, el plateado ondulante de aquellos cabellos que se mecían de una manera casi hipnotizante, ella sonrió, algo la liberaba del peligro al ver aquella escena, el miedo desaparecía, y una increíble sensación de alivio recorría su interior, Inuyasha volteó entonces, y la miró, ella soporto la mirada, esta vez no fue presa del pánico, sólo miró, y él, de manera extraña correspondió esa sonrisa con una mirada liviana, una sonrisa fresca, y un camino continuo que los estaba transformando por completo. Caminaron por varias horas.
-Va a oscurecer. – Dijo Yumiko
-Será mejor quedarnos. – Contestó tranquila Hikari. El grupo comenzó a relajarse, se quedaría frente a un gran lago, al día siguiente la travesía continuará.
