Chapter 06
Las Hojas de Otoño
Habían pasado varios días de trayecto, andando por grandes bosques y llanuras tristes, la destrucción era masiva. Mioga iba y venía, a veces permanecía con el grupo, otras desaparecía por varios días sin ser visto por ellos. La relación entre los miembros del grupo se había vuelto muy íntima, la más distante solía ser Yumiko, pero cada que había problemas o enfrentamientos con algún demonio procuraba la protección de sus "amigos" ya podía llamarlos así. Pero la relación entre Sango, Hikari e Inuyasha tenía otro nivel, se confesaban cosas sobre su pasado, y se miraban con ternura, Sango e Hikari sentían cierta atracción por Inuyasha, mientras que él trataba de no pensar en nada de eso, sobre todo desde aquella noche que miró a todas por su belleza natural.
Llegaron a un largo sendero marcado quizás por las carretas que pasaban, era completamente de tierra, los llevo hasta un bosque, por primera vez uno que podían llamar, increíble, único, hermoso. Se notaban los estragos del otoño en aquel bosque mientras caminaban el crujir de las hojas en sus pies los acompañaba, Hikari y Sango iban atrás, adelante Yumiko e Inuyasha conversaban sobre la perla de shikon. El sol caía anunciando un nuevo atardecer, una sonrisa se dibuja en el rostro de aquellos viajeros, en unos días llegaría el invierno, se preparaban para pasar la noche, enfrente de un manantial de aguas termales. Sango se sentó en un pedazo de tronco que permanecía enfrente del lago, miraba el reflejo del cielo, los últimos destellos de esa gama de colores que ofrecía el atardecer, el azul profundo, el rosa claro que se expandía con la luz, y la gran variedad de rojos y anaranjados protegiendo al sol de los demás colores, suspiraba y sentía el viento en su rostro, se mecía su cabello provocando una atracción inigualable, pero nadie la veía mirar el horizonte. Pensaba en Inuyasha, en su familia, en todo lo que ya no era ella ahora, tomo su cabello y se hizo una coleta, se deshizo de su yukata, y se hizo con su armadura de exterminadora, tomo una de sus dos katanas y comenzó a practicar, tenía que alejar aquellos pensamientos de su mente, no quería concebirlos, pero era inútil, cada vez más difícil conforme pasaba el tiempo, estaba perdida y lo sabía, se estaba enamorando sin desearlo. Miró el suelo, cayó sobre sus rodillas y el sudor mojaba las hojas bajo ella, el cielo comenzaba a regalar las primeras estrellas de la noche, tenía que volver con el grupo, por fin sintió paz, pero era sólo una paz efímera.
Yumiko practicaba con su arco mientras Inuyasha improvisaba una fogata, Hikari por su parte, y con su conocido semblante se preparaba para entrar a las aguas termales, se deshizo de su báculo, e intentó deshacerse de sus armaduras, pero reacciono inmediatamente, algo rondaba la zona, Yumiko lo había percibido también y lanzó una flecha contra uno de los árboles cercanos, una silueta con piel de mandril se movía a gran velocidad, hasta que logro posarse por encima de un árbol y habló.
-Hola Inuyasha ¿Cómo está Kikyo?
- ¡Bastardo!
Inuyasha saltó al ataque pero Naraku arrojó miasma que debilitó a Inuyasha haciéndolo caer, quiso atacar nuevamente, pero Sango apareció entre las sombras arrojando a hiraikotsu contra el agresor, Yumiko lo alcanzo con una flecha haciendo caer la capucha que lo cubría, Naraku se sintió en peligro real y arrojo más veneno, Sango y Yumiko tuvieron que cubrirse el rostro y retroceder, Hikari ya estaba ayudando a Inuyasha a reincorporarse, Naraku había escapado.
Se sentaron todos alrededor de la fogata, Inuyasha les platicó lo poco que sabía de Naraku, y les admitió que era la primera vez que lo veía, pues todo lo que les había contado a ellas sobre el mitad demonio Naraku, lo sabía por lo que los aldeanos contaban sobre Kikyo, era algo que había tratado de ocultar, pues él hubiese preferido saber que Kikyo era quien lo había sellado, por una traición, y no saber ahora que los sentimientos de ella hacía él eran reales, y que la felicidad con la que soñó había estado a su alcance, pero que este demonio había interferido le causaba una gran rabia. Quizás era por eso que intentó atacarlo sin antes pensar, y no midió las consecuencias de su torpeza, contrario a su carácter, agradeció a sus amigas el haber estado ahí, y ayudarlo. Sango era quien más sentía las palabras de Inuyasha, no por celos, o el dolor de saberlo de alguien más, era algo maternal, un dolor nacido de la comprensión de perderlo todo, todos ellos sabían lo que significaba aquel dolor, sólo Hikari permanecía mirando la nada nocturna del bosque que los rodeaba, a veces su semblante inexpresivo se confundía con indiferencia, cuando no era el caso.
Algo miró Inuyasha en Hikari, algo que comenzaba a torturarlo de una manera que a él le gustaba, no sabía si ella era capaz, pero borraba ese tormentoso pasado con el soplido de sus labios, ese suspiro que Hikari cada vez que veía al horizonte regalaba, como una resignación, como admitir las condiciones de destrucción que los rodeaban. Hikari sin mirarlo lo pensaba, quizás era esa noche, por las luciérnagas, por las estrellas, o algo más, pero esa noche ofrecía algo, un empujón al amor, sin embargo ninguno se atrevía a hablar de ellos, era mejor esperar y fundirse en esa noche de otoño, la última noche de otoño con luna llena.
Se despertaron antes del amanecer, Inuyasha fue el primero, se alistaban para continuar su caminata. Retomaron su recorrido, una sonrisa de dibuja en cada uno de ellos, pero minutos adelante se desvanecería poco a poco. Se trataba de una pequeña aldea, la escena era cruda, había demonios descuartizados, algunos peleaban por rapiñar las sobras de los otros, y las casas que los rodeaban, gente, niños, un monje decapitado, algunos cuerpo mutilados, otros sufrieron deformidades nefastas, no sabían cómo podían aguantar aquel olor, aquel dolor que la zona estampaba en aquella escena. Un hombre con cuerpo espectral se levantó entre los desechos de carne y sangre que quedaban por el lugar, a lo lejos un niño corría intentado escapar, siendo asesinado por aquel ente, todos se quedaron paralizados.
-¿Cómo te atreves?- Gritó Yumiko mientras arrojaba una flecha que comenzaba a purificar el aura que había dejado aquel ente, el ente desapareció, no por ser derrotado, parecía que se había vuelto etéreo, sentían su presencia, pero no estaba más ahí. Yumiko avanzó un poco y grito. "Miren" era una pequeña joya, brillaba pera era de color negro, Yumiko la cogió. – Aléjense. – Les pidió distancia, y tomó la joya, pretendía purificarla, pero sintió como un golpe en el pecho la debilitaba, sólo hizo una mueca de dolor, la gema se había purificado, pero ella sentía un dolor extraño en su cuerpo, enseguida se desmayó.
Al otro lado del lugar y atrás de un campo de protección, Naraku miraba a aquellos viajeros ayudar a la joven sacerdotisa a levantarse, a intentar despertarla de aquel desmayó, Naraku reía mientras pensaba, "ya eres mía Yumiko".
