Chapter 07

El Pasado de Yumiko

Todos se encontraban preocupados por Yumiko, habían decidido que Sango e Hikari saldrían a buscar hierbas medicinales para que Yumiko lograra recuperarse, Inuyasha se quedaría con ella. Habían llegado a un santuario abandonado, aún en peor estado de aquel donde encontraron a Yumiko, pero tenía un cuarto al menos intacto, con techo y suficiente espacio para el grupo, parecía ser un cuarto exclusivo para los alimentos, había verduras cubiertas de moho, y pedazos de lo que parecía un pan, Inuyasha se mantenía vigilante a la entrada del santuario, Yumiko permanecía dormida, en un sueño profundo, la gema amorfa permanecía cerca de ella.

Fue hace 4 años, cuando ella permanecía en aquel santuario de los dioses perdidos, dedicado a todos los dioses menores que eran ignorados por los demás, Yumiko recibía adiestramiento de un monje y una sacerdotisa, otro monje, permanecía como el jefe de aquel santuario, su nombre era Miroku. Aquel monje era inteligente, pero una maldición en su mano derecha, un rosario siempre permanecía en él, tenía apenas unos meses en el lugar, pero su poder lo llevo pronto al liderato del santuario. Hablaba constantemente con Yumiko a pesar de no ser uno de sus maestros, le confesó alguna vez que antes de la muerte de su maestro Mushin, él era un hombre diferente, pero ahora entendía el peligro por el que estaban pasando todos, Yumiko no solía responder las anécdotas y pláticas de Miroku, lo consideraba una falta de respeto. Sus dos maestro salieron una noche en busca de alimentos, que escaseaban en aquel entonces, era el primer día de invierno. Miroku y Yumiko supieron gracias a un viajero (el último que estaría en aquel lugar) de la muerte de ambos miembros del santuario, un dragón había atacado la aldea donde compraban el alimento, Miroku estuvo dubitativo los siguientes días, se alejó de Yumiko y hablaban poco, sólo intercambiaban frases en la comida, Yumiko había vivido toda su vida ahí, abandonada por unos padres que jamás conocería, y vio la muerte de su hermano mayor en manos de un demonio cuando apenas podía correr, tenía 17 años entonces, y lo poco y mucho que guardaba era dolor, pero su fuerza vital era extraordinaria, capaz de regular, de purificar aquel dolor, era fuerte, Miroku lo sabía. Pasaron varios días hasta que Miroku habló con ella, él se iría a buscar a aquel demonio que mato a los demás, y que había ocasionado tanto terror en la región, pidió que Yumiko cuidase del santuario en su ausencia, Yumiko escuchaba atenta, pero no dijo nada, MIroku le habló del significado de su nombre, y el sentido que tomaría en ella en el futuro, antes de marcharse, Miroku le obsequio un arco y le dijo estas últimas palabras, "apunta a tus sueños y no fallarás ninguna flecha". Miroku se alejaba, a lo lejos a las puertas del santuario Yumiko miraba su partida, siempre se había sentido sola, pero aquella vez el golpeteo en su cabeza era ensordecedor, quería llorar, pero su fuerza se lo impidió, regreso adentro, tomo aquel arco, y desde entonces no lo soltó, Miroku había sido inteligente, sabía bien que quizás nunca regresaría, pero aquella idea que había sembrado en Yumiko la ayudaría, combatiría esa soledad con fuerza, y además sus poderes espirituales se seguirían desarrollando sin ningún problema. Yumiko paso desde entonces 4 largos años cuidando de aquel lugar, haciendo sus propias flechas, y cuidando del santuario. Ella salía cada noche a esperar en el porche, podía pasar horas ahí, esperando el retorno de Miroku, a veces juraba que escuchaba su voz, fue un alivió cuando una mañana vio a tres viajeros acercarse, su soledad había quedado atrás, por primera vez en su vida gozaba de un confort, algo que íntimamente y sólo para ella podía llamar, suyo.

Sango e Hikari había regresado, ayudaron a Inuyasha e hicieron un ungüento, Hikari lo colocó cerca del rostro de Yumiko, para que el olor de aquella planta entrara en sus sentidos y despertase, pero sólo se movía de un lado a otro, meciendo sus largos cabellos azules de un lado a otro, parecía tener pesadillas, Hikari se detuvo y todos contemplaron, no podía hacer más por el momento, la noche era fresca, pero triste. Ninguno de los tres podía dormir, la temperatura descendía, Sango permanecía recargada en un hombre de Inuyasha mientras Hikari no apartaba la vista de Yumiko, de pronto regresaron aquellos movimientos de Yumiko, comunes entre los que tienen malos sueños, una modorra imborrable que sólo nos deja por las mañanas, Yumiko dejó caer una lágrima.

-Miroku…- Más lágrimas siguieron a la primera, hasta parar de golpe, Sango se separó de Inuyasha y se acercó a Yumiko para secar sus lágrimas, miró a los demás, sabían que el dolor era sufrido por todos, se preocupaban por Yumiko, sin darse cuenta, ya eran todos y a la vez uno, habían quedado más unidos que antes, pero esta vez, gracias al dolor que esto les provocaba, Sango limpió las lágrimas del rostro de Yumiko y retrocedió de nuevo a su lugar, tenía que dormir aunque no pudiesen, mañana sería un día largo para ellos. Yumiko seguía en aquel trance, sólo pasaban extrañas imágenes en su cabeza, veía a su pequeña grupo caminar a su lado, y a lo lejos veía a Miroku caminar en dirección contraria, Yumiko miraba su silueta alejarse hasta desaparecer, Miroku había dejado sus sueños, le debía mucho y lo sabía, pero tenía que apartarlo ahora, también será una mañana larga para ella.

Naraku se mantenía lejos, para evitar ser detectado por Inuyasha y su olfato, maldiciéndose a sí mismo, estaba frustrado, su plan estaba fallando, no podía creer que el aura y el poder espiritual de Yumiko fueran tan fuertes, su gema de control mental estaba fracasando, necesitaba un momento de debilidad del grupo, tenía poco tiempo, después tendría que ocultarse de nuevo, el invierno estaba cada vez más cerca, ya sentía su olor en el viento, en sus ropas, y corría peligro, se alejó con la noche. Yumiko despertó de golpe, tenía la imagen de Naraku alejándose, trato de incorporarse, pero se quedó sentada, miró al grupo dormir, y sonrió, la imagen la causaba ternura, pero aún tenía jaqueca, se volvió a acostar en aquella cama que había improvisado para ella, se escuchaba golpecitos en el techo, había comenzado a llover.