Chapter 09
Luna Nueva
Buscaron durante varias horas algún lugar para refugiarse, Sango, Inuyasha, Yumiko e Hikari llegaron hasta una pequeña aldea, vivía tan poca gente ahí que todos se conocían y solían cenar juntos, el grupo había decidido que sería mejor pasar la noche en aquel lugar, aunque Inuyasha no se encontraba satisfecho del todo. El lugar era pequeño, había apenas una decena de casas y un santuario, aunque el sacerdote del lugar se había marchado hace mucho, aun así el lugar se veía limpio, el santuario seguía siendo visitado por los habitantes, la tarde estaba muriendo, y los aldeanos no tenía problemas con la estadía de los forasteros, no les importo que se quedaran en aquel lugar, ellos permanecerían en la aldea, dormirían en el santuario, fueron invitados a la cena pero Inuyasha se negó a asistir a la misma. La noche cayó, Inuyasha comenzó a sufrir una transformación antes de que sus compañeras salieran a la cena, todas se habían quedado boquiabiertas, Inuyasha les explicó lo que pasaba cada noche de luna nueva, y en general sobre la transformación que sufren los híbridos durante esas noches, haciéndose completamente humanos, sus orejas habían desaparecido para dar forma a unas orejas humanas, sus cabellos plateados ahora eran negros, y sus ojos ámbar ahora eran de un café oscuro. Yumiko e Hikari trataron de persuadirlo para que asistiese a la cena, pero se negó varias veces, dijo que permanecería en el santuario.
La cena se llevó en la casa más grande de la aldea, no habitaba nadie ahí, sólo era usada por los integrantes para reuniones sobre sus siembras, las cenas comunitarias y celebraciones internas, Yumiko era quien hablaba de maneras más fluida con los aldeanos, dándoles consejos sobre hierbas, y maneras de repeler a los espíritus malignos, Hikari les causaba una extraña sensación, no mala pero si de demasiada curiosidad, su armadura estilo samurái era algo extravagante para ellos, y sus largos cabellos negros también, Sango pasaba desapercibida, habla poco, y los aldeanos al no saber su rango disminuían la cantidad de comentarios hacía ella, no existía ningún problema, para Sango era mejor así, gustaba de esa ambiente familiar, pero no quería entrar en los detalles más minuciosos de su vida, no por el hecho del dolor que le acusaban algunos, la verdadera razón era porque ignoraba su infancia, la pérdida de su familia, y de su aldea en manos de un demonio que tampoco recordaba.
La aldea tenía un ambiente bastante alegre, todos gozaban de aquellos, la noche estaba en su punto más alto, el más oscuro de todas las noches de luna nueva, Yumiko e Hikari regresaban al santuario para dormir, Sango se detuvo unos segundos, pensativo, se dirigiría a otro lado.
-¿Qué pasa Sango no vienes?- pregunto Hikari mientras Yumiko continuaba su camino al santuario.
-Iré más tarde. Hay un manantial no muy lejos de aquí. Lo he oído de los aldeanos, necesito un baño, quiero relajarme un poco, me llevare mi hirakotsu, duerman tranquilas.
- Está bien, sólo ten cuidado, Naraku podría estar cerca.
- No creo que se así, es noche de luna nueva, él también se debilita como Inuyasha esta noche.
- Tienes razón,
- Regreso enseguida.
Sango caminó en dirección a una gran hilera de árboles, que separaba los sembradíos del pequeño manantial termal, se paró unos segundos frente al agua, en esta época del año era común ver el vapor ascender durante las noches frías, no era como en invierno pero era lo suficiente para crear una bruma débil y blanca sobre el agua. Sango se quedó ahí, miraba su reflejo al otro lado de aquel espejo, por un momento se sintió extraviada, perdida de ese momento que transcurría, incapaz de darse respuestas a sí misma sobre su pasado, no era algo que la inquietara como ahora, pero estaba revolviendo algo dentro de ella. Miraba más allá de su reflejo, las estrellas que no brillaban otros días eran visibles, gracias a la oscuridad lunar podía ver esas estrellas que custodian a la luna, que el brillo de la luna suele esconder, una ligera brisa de aire movió su cabello, ella dejo a Hirakotsu en el suelo, y se deshizo de sus yukata, sus ropas caían, su piel blanca, su piel lunar quedaba desnuda, reflejada frente al agua. Ella comenzó a sumergirse, hasta dejar solamente su rostro fuera, miraba el cielo, era aún más bello que el reflejo, estrellas fugaces se presentaban, pequeñas luciérnagas atravesaban el lago, y en el negro nocturno ahora veía el cabello de Inuyasha, veía el oscuro penetrante de la noche en sus ojos, en su ser, en su semblante enojado como humano, era extraño, esa atracción que había sentido días antes crecía con la nueva imagen que hoy había visto de él, sus pensamientos se fueron diluyendo conforme su baño continuaba, salió de éste con la cabeza fresca, no podía dejar de mirar el cielo, pensaba en aquellas estrellas que sólo tienen la oportunidad de brillar hoy, la tristeza de su soledad, y la manera en que viven escondidas para el mundo, sólo ella las observaba, las pensaba. Se vistió de nuevo, colocándose sus ropas sobre su piel ligeramente húmeda, y termino con su yukata, se acercó a un árbol dónde apoyo su espalda y se sentó, dejó a hiraikotsu a un costado mientras abrazaba sus rodillas, un ruido la mantuvo alerta, alguien pisaba las hojas secas y rompía la hierba, por alguna extraña razón no intento coger su arma y retroceder, sentía un aura pacifica, alguien que conocía, era Inuyasha que caminaba por la zona con la cabeza gacha y tessaiga en sus manos, miró a Sango tendida sobre aquel árbol y se aproximó a ella.
-¿Puedo acompañarte?- preguntó Inuyasha con una voz débil, su cabello era mecido por el viento.
-Claro.- Sango le contestó con una sonrisa, Inuyasha se sentó junto a ella, dejando sus hombros rozarse por la proximidad.
-¿Qué haces por aquí Inuyasha?
-No logró conciliar el sueño. Es muy difícil estos días.
- Te entiendo. Pero debes permanecer tranquila, no es tan malo.
- Bah.. ¿Cómo puedes decir eso? Soy un estorbo así, sin mis poderes soy una presa fácil, pongo en peligro a todo el grupo por mi condición.
- No es así Inuyasha.
- No trates de darme ánimos, sé que es así.
- No deberías ser tan testarudo, no hay problema, estamos los cuatro juntos.
- ¿Qué pasa si un demonio nos ataca? O si Naraku aparece.
- Nosotras te protegeríamos.
- Mm…. – Inuyasha hizo una expresión de sorpresa, con la mirada esperaba que Sango continuase hablando.
- Ya no estás solo Inuyasha, ninguno de nosotros lo está. Ya no más. No he hablado con nadie sobre esto, pero creo que el destino nos puso aquí por una razón. No me importa lo que pueda pasar, si todo acaba en dos inviernos o no podré estar satisfecha, porque gracias a Hikari, a Yumiko y a ti, tengo una familia, por fin tengo algo que puedo palpar, algo que defender. Sin ustedes continuaría perdida, mirando este cielo hermoso sin un sentido, pero ahora veo todo, las luciérnagas brillando junto al agua, nuestra misión, el cielo, y esta luna nueva, y así lo entiendo Inuyasha, ya no estamos solos, ya no más, tenemos esto que invisible nos ata, asiéndonos de las manos. Por eso a pesar de que pierdas tus poderes, estaremos aquí contigo, estaré aquí contigo. – Sango se interrumpe y toma la mano de Inuyasha. – Estos momentos vale la pena, y creo que cada uno de nosotros moriría porque no faltase ninguno.
Inuyasha la miró sorprendido, es como si aquel pequeño discurso hubiese tocado algo dentro de él, mantuvo la mano de Sango en la suya, y la estrecho, veía en sus ojos algo infinito, el reflejo de la luna nueva, el reflejo de sus propios ojos, nunca había visto a esa mujer tan bella, tan fresca que lo hacía olvidar incluso la razón que lo tenía deambulando sin poder dormir, una frágil sonrisa se dibujaba en el rostro de Sango, era aún más bella, sus ojos café claro brillando, dispuestos a estar ahí, y defender su debilidad, la finitud que Inuyasha sentía más hoy que cualquier otro día, el sabía que no podía decir mucho, no podía arruinar aquel momento, apretó la mano de Sango y la acercó a su pecho.
-Gracias. – Dijo Inuyasha mientras Sango recargaba su cabeza en su hombro derecho, él se sonrojo, pero entre lazo su mano con la de Sango, ambos suspiraron, miraban el lago enfrente, miraban a las luciérnagas, miraban sus propias vidas, sin verse se sabían ahí, apretaban sus manos, el suave aroma de Sango penetraba en el olfato de Inuyasha, que a pesar de ser humano lo sentía en todo su cuerpo, las estrellas brillaban tenues, intermitentes, Inuyasha estiró su brazo, cubriendo los hombros de Sango, ella recargó ahora su cabeza en su pecho, y se quedaron ahí, así, siendo uno, respirando del mismo aroma dulce de la noche, bajando la guardia y dejando entrar ese momento a sus corazones.
