Capítulo 13
El Abrazo de la Luz
Sango estaba gravemente herida, más de lo que pudieron imaginar sus amigos. Después de que el dragón desapareciera, Yumiko ayudo a Inuyasha a quitarse la flecha que lo tenía clavado a uno de los árboles, corrieron a socorrer a Sango, mientras lloraban la pérdida de Hikari. Inuyasha la sostuvo en brazos, tuvo que cargarla y Sango se aferró a él, rodeándolo con sus brazos, mientras ella plañía terriblemente por Hikari. Habían transcurrido varias horas, el sol había desaparecido casi en su totalidad, Yumiko caminaba atrás de Inuyasha con ambos arcos a la espalda, él llevaba a Sango en brazos, había recuperado a tessaiga, pero ella, permanecía dormida, como en un estado de reposo en el que la mantenían las heridas. Estaban a unos cuantos pasos de llegar al mar, había pequeñas chozas cerca de una costa. Yumiko e Inuyasha inspeccionaron, no había nadie en aquel lugar, parecía que hubiese sido atacado hace muchos años, había huesos humanos en el suelo y en algunas cabañas, pero todo permanecía cubierto por hierba, arena, la naturaleza estaba haciendo su trabajo y aquel lugar no tenía la pinta de las aldeas sanguinolentas que habían visto. Nadie había estado por ahí en mucho tiempo. Inuyasha utilizo la cabaña más grande de aquel pueblo fantasma, dejo a Sango sobre su hitoe de ratas del fuego para darle un poco de comodidad, Yumiko preparaba algunas hierbas medicinales para Sango. Inuyasha había estado pensativo durante todo el camino, le dolía todo lo que paso, tenía miedo, por Sango, por perderla, justo el miedo que le impidió besarla por no perderla, pero había un miedo aún más grande, vio morir a una gran amiga, y a un demonio que consideraba realmente fuerte, y todo eso de un solo soplido, el dragón no se había esforzado en lo más mínimo para eliminar a ambos, y huir de los heridos que dejo atrás. Yumiko lloraba en intervalos, sus lágrimas arribaban intermitentes, ahora mientras molía algunas hojas volvía a suceder mientras miraba a Inuyasha.
-Lo siento Inuyasha…..
- ¿De qué hablas Yumiko?
- De todo. Si no te hubiera sellado nada de esto habría pasado.
- No fue culpa tuya….. Fue ese bastardo de Naraku…. Ahora tiene lo que se merecer…. De no haber sido por su trampa todos habríamos muerto por la manera en que fingió el dragón.
-Pero….- Se le corta la voz a Yumiko y vuelven a caer lágrimas. – Yo debí ser más fuerte…. No debí dejarme controlar…. Por mi culpa Hikari….- Se tapa la boca mientras llora, Inuyasha le abraza, ella se desahoga. Después de unos minutos continua con sus preparación y coloca las hierbas en la espalda y pecho de Sango que seguía con su traje de exterminadora.
- Debemos descansar Yumiko, y dejar descansar a Sango. Ahora tenemos que averiguar nuevamente como acabar con ese dragón. – Yumiko asintió
La mañana llego fue una noche intranquila para Inuyasha, tenía modorras donde perdía lo poco que le quedaba, donde Sango terminaba cediendo a las heridas. Inuyasha miró a Sango, ésta se encontraba despierta mirando los rayos de sol penetrar la madera vieja de la choza, formando pequeños puntos luminosos en el suelo de la choza.
-Sango…¿Te sientes mejor? – Inuyasha se acercó a ella y cogió su mano, Yumiko no estaba.
-Mi espalda…. Siento dolor en todo el cuerpo. – Unas lágrimas transitaron por su rostro.
- Te pondrás bien… Sólo necesitas un poco de reposo. – Sango apretó la mano que Inuyasha mantenía en la suya, y aunque dolía tenía la necesidad de ese contacto, que el calor de él, se quedara en sus ahora débiles manos. – Ahora yo te protegeré Sango.
Ella sonrío para él, aún le costaba trabajo moverse con libertad. Yumiko regreso con algunas verduras, comerían un poco y se quedarían ahí hasta que Sango se sintiera mejor. La costa parecía infinita, el mar golpeteaba la arena, era invierno pero ahí el clima no afectaba, la ensenada se llenaba de crustáceos, todos miraban el solo ascender, y esa luz les impedía olvidar a Hikari, porque siempre llevo la luz en su nombre, esta vez en lugar de lágrimas reflexionaban, no sabían que hacer, como competir ahora contra ese dragón que se dijo dios, a pesar de todo, de la terrible derrota, Hikari seguía presente y les mostró que aquel dragón podía ser eliminado.
El silencio se apodero del lugar durante la comida, Yumiko ayudaba a Sango, no podía quedarse enderezada por mucho tiempo. Inuyasha sentía que algo picaba su cuello, cuando los aplasto y miró descubrió que se trataba del anciano Myoga.
-Amo Inuyasha…. Lamento todo lo ocurrido. Mi corazón llora la muerte de Hikari, pero le traigo noticias que podrían ser buenas.
- Habla Myoga.
- Bien… se puede regenerar la perla de shikon para detener a aquel dragón.
-¿Y cómo se supone que lo haremos?
- Con la perdida de las armas es difícil mas no imposible. Tendrán que enfrentar al dragón en su última aparición, en un año, falta demasiado, pero es la única oportunidad que tendremos.
- ¡Explícate Myoga!
- Necesitamos que Yumiko perfecciones sus poderes para que pueda encerrar el aura del dragón con su energía espiritual purificadora.
- Pero mis poderes no son lo suficientemente fuertes para eso….- dijo Yumiko con una voz que sonaba a decepción.
- Te equivocas Yumiko, cuando Naraku se apoderó de ti usó tu fuerza en su máximo potencial. Sólo tienes que aprender a controlarlo. – dijo Sango en voz baja.
- Tienes razón Sango, además tendrán que acompañarme con un viejo amigo. Se llama Totosai, es quién forjo a tessaiga, y el mismísimo arco de Amaterasu, deben llevarlos para que los repare, estoy seguro que podrán modificar algo en sus armas, y por supuesto, reparar el hiraikotsu de Sango, veo que está bastante cuarteado. – dijo Myoga.
- Iremos anciano, pero antes debemos esperar a que Sango cure para que pueda caminar por su propia cuenta.
- Está bien amo, esperare con ustedes.
Comenzaba a descender la temperatura, los nubarrones aparecieron de la nada, y cubrieron el solo que estaba por alcanzar su punto más alto. Comenzó a descender la nieve, caía sobre la arena, en el porche destruido de la cabaña que ocupaban, todos permanecía inexpresivos. Inuyasha volvió a coger la mano de Sango mientras miraba el horizonte, ese cielo gris pero luminoso por el sol, Sango también estrechaba con cariño su mano y con la otra tocaba sus cabellos plateados, compartía la misma vista con Inuyasha. Estaban otra vez como al inicio, no sabían que les esperaba, ni que harían, su finitud era punzo cortante en esos momentos, pero ya había ganado algo, ese momento, esas manos entrelazadas, eso se habían ganado, un amor inocente, sincero, una luz que trataba de difuminar la niebla de un futuro sombrío.
