Hola hola, aqui esta el segundo cap que espero sea de vuestro agrado :D Todo el mundo maravilloso de harry potter y sus personajes son de la unica J.K. Rowling :D recuerden dejar su comentario si os ha gustado, o si no tambien :D toda critica es buena :D


Draco sintió el suelo formarse bajo sus pies y la sensación de vértigo desaparecer. Miro a su alrededor y el paisaje lo cautivo por completo: las cristalinas aguas turquesa, el cielo azul en el que ni una sola nube se atrevía a aparecer, el imponente edificio que gritaba lujo por doquier y el sofocante calor que lo estaba haciendo empaparse en sudor. Recorrió a sus compañeros con la mirada, centrándose en la castaña un par de pasos más allá, acompañada de la comadreja menor y lunática. No se veía cerca ni a Potter ni a Weasley, lo que le llamo, de forma poco razonable, la atención. El trio de amigas, exceptuando a lunática, se veían mucho mejor que en sus años de Hogwarts, y sonrió al pensar en cómo se había imaginado a Granger… completamente distinta a la que tenía a unos pasos. Una mano sobre su antebrazo lo desvió de su análisis, viendo a Pansy con una ¿Dulce? Sonrisa. No habían cruzado palabra desde el día en que ella se apareció en su casa y le dijo que rompería el compromiso. Suponía que no lo había hecho, no le había llegado ni una sola carta de parte del padre de Pansy sobre aquello. Se sintió incómodo y molesto, le habría gustado más ir en estado soltero sin compromiso a aquel viaje, que con una prometida colgada del brazo. Se deshizo de su agarre y se acercó a Zabini que sonreía socarronamente mientras veía a un par de mujeres pasear en bikini justo en sus narices. El moreno les guiño el ojo mientras las devoraba con la mirada, mientras ellas soltaban pequeñas risillas coquetas y hablaban en murmullos alejándose del gran grupo de jóvenes. La voz de una mujer los saco de sus cavilaciones, volteándose hacia el origen de esta.

-… ¡Quiero darles la bienvenida al Resort Verde Esmeralda, esperamos que su estancia sea absolutamente placentera…! – la risa ronca de Blaise hizo al rubio girarse, y cuando sus miradas se encontraron, supieron que esas dos semanas serian de absoluto placer, mientras una sonrisa de medio lado surcaba sus apuestos rostros - ¡Por favor, los invito a dejar sus equipajes en recepción, en donde les indicaremos cuáles son sus habitaciones! – ambos Slytherin se quedaron en el mismo lugar, recorriendo una vez más su entorno, mientras en su cabeza se pasaban un millón de actividades para hacer, no todas aptas para todo público.

Caminaron con elegancia, derrochando clase en cada paso, entrando por las grandes puertas de cristal, mientras un hombre bajito y rechoncho les daba la bienvenida. Lanzaron su equipaje junto con el resto y se acercaron a la recepcionista. En cada piso había 8 habitaciones suite equipadas y preparadas para los exalumnos. Les entregaron sus tarjetas: piso 10, habitaciones 102 y 103.

Hermione, Ginny y Luna sonreían de manera casi infantil mientras subían al ascensor. No les podría haber tocado mejor vista, y sobre todo, haber quedado las 3 en el mismo piso era mucho más que casualidad. Ginny no paraba de hablar de lo guapos que estaban todos los chicos que había logrado ver en el corto tiempo que estuvieron en el vestíbulo, mientras Luna buscaba alguna invisible y única criatura. Hermione solo sonreía, escuchando a su amiga, disfrutando de la calma que le entregaba el lugar. En definitiva había sido una buena idea, tal y como le dijo Ginny, el lugar era precioso, se sentía feliz de haberse encontrado con sus antiguos compañeros y sobre todo, la felicidad de tomarse dos semanas de descanso. Suspiro profundamente cuando el ascensor se detuvo, tenía que disfrutar cada segundo, cada recodo del hotel, cada actividad, cada comida, cada fiesta, cada segundo en el mar… se obligaría a si misma a disfrutar incansablemente, sin considerar que Ginny se encargaría personalmente de aquello. Salieron como flotando del ascensor acercándose a las puertas de sus respectivas habitaciones. Desviaron la mirada cuando el otro ascensor se abrió de golpe, dejando ver a dos jóvenes altos y extremadamente guapos, uno rubio platinado, al que el cabello ligeramente largo le caía desordenado sobre los ojos, que llevaba una camisa blanca con los primeros botones abiertos dejando a la vista parte de su terso y pálido pecho, y unos jeans azules levemente ajustados, mientras a su lado un moreno sonriente con una mirada traviesa las miraba de arriba abajo, con el cabello más corto que su colega, una polera de pique celeste que contrastaba perfectamente con su morena piel, y unos shorts color caqui que dejaban a la vista sus trabajadas y musculosas piernas. Hermione y Ginny se ruborizaron al encontrarse mirándolos tan descaradamente, y desviaron instintivamente la mirada para encontrarse, con una leve mueca de horror al saber quiénes serían sus compañeros de piso.

-Granger – esa voz que arrastraba las palabras como de costumbre le provoco un estremecimiento. No estaba empezando nada bien el viaje, eso era seguro.

-Malfoy… - siseo sin despegar su mirada del pomo de la puerta. El rubio se había acercado hasta ella, mirándola con una torcida sonrisa. Hermione se sentía, de pronto, nerviosa y ansiosa de entrar en la habitación. Respiro profundo, y se castigó mentalmente por ponerse así, él no era nadie, y no había motivo para no querer enfrentarlo. Levanto la mirada y se encontró de golpe con la gélida y arrogante del rubio. Se quedó prendada, sin saber siquiera que decir, parecía que un gato le hubiese comido la lengua.

-Que maravilloso saludo el de ustedes, yo por mi parte… Granger buen día… Pelirroja… - se acercó hasta la puerta en la que Ginny estaba afirmada, y sin previo aviso le tomo la mano y beso el dorso de esta. Ginny sonrió coquetamente, sorprendida por el gesto del moreno. – Blaise Zabini para lo que necesites – le guiño un ojo y paso por su lado, mientras con un movimiento de cabeza saludaba a Luna que parecía perdida en algún lugar lejano del pasillo.

Draco sonrió para sus adentros al ver que la sabelotodo insufrible no había tenido más que decir a su presencia. Aquello definitivamente sería bueno. No le podría haber tocado una mejor compañera de piso para fastidiar en algún momento del día.

-Siempre un gusto verlas señoritas – dijo irónicamente mientras se alejaba de Hermione hasta el final del pasillo.

La castaña volvió su mirada a su amiga y esta le sonrió como si nada hubiese pasado. Y es que así parecía ser, los dos ex Slytherin parecían ser otras personas, excepto un poco por Malfoy que seguía siendo tan arrogante y frívolo como siempre. Al menos les daba crédito por no insultarla por ser hija de muggles, aunque esa clase de insultos habían quedado muy atrás después de la guerra. Suspiro y sin decir nada más, entro en la habitación. Su boca se abrió de golpe por la sorpresa. Era una estancia maravillosa, una cama más grande que su departamento apostada en la mitad de la habitación, con unos muebles de color marrón pulcros y brillantes, mientras todo a su alrededor era excepcionalmente blanco, excepto por algunos cuadros colgados que eran estilo abstracto de diversos colores. Sobre una mesita junto a la ventana descansaba una botella de champagne y dos copas, junto a una pequeña nota de bienvenida y par de aperitivos dulces. Su sonrisa se amplió más si podía ser, siguió recorriendo el lugar con la mirada, hasta que esta se posó sobre una puerta blanca. Debía ser el baño, camino emocionada y cuando entro sintió que su boca se volvía a abrir a límites insospechados. Todo completamente blanco, con un aroma a frutas que le acaricio el olfato de manera deliciosa, y al final una bañera jacuzzi plagada de pétalos de rosa y el agua caliente lista para un baño. Por lo visto tenia algún tipo de hechizo, probablemente llevaba hora sin enfriarse. Salió del baño completamente extasiada por el lugar, y en un costado pudo identificar su equipaje. Dumbledore se había esmerado de sobremanera en intentar premiarlos por sus hazañas en el mundo mágico, era la única explicación lógica que encontraba. Unos golpes en la puerta la devolvieron al mundo real, se acercó a abrir y se encontró a una pelirroja igual de sonriente que ella, con una botella de champagne en la mano y dos copas, seguida de Luna que traía lo mismo en sus manos.

-¡Esto está de puta madre! – grito la pelirroja entrando rápidamente, empezando a arrancar el sello de la botella. Luna siguió el camino de su amiga y se tiro sobre la cama.

-Dumbledore realmente quiere que sea inolvidable… aunque con esos compañeros de piso – no pudo evitar el comentario acido que salió sin pensarlo. Ginny, quien tenía un par de problemas para descorchar la botella, la miro con el ceño fruncido, mezcla de la frustración que tenía por no poder abrir el champagne y por el comentario de su amiga.

-Venga Herms, ya no son los mocosos malcriados de antes, y sobre todo no son los flacuchos desabridos – soltó una risa poco femenina cuando por fin logro quitar el corcho, que salió volando a la distancia chocando con las paredes. Sirvió en las copas que Hermione le acerco y las 3 sonrieron mientras levantaban sus copas. –Por qué este viaje sea completamente inolvidable – sentencio la pequeña Weasley, chocando el cristal con las otras dos. Bebieron de un solo trago, haciendo una mueca de disgusto al sentir el frio y ardiente líquido pasar por su garganta.

-A mí me agradan nuestros compañeros de piso – susurro Luna con sus voz dulce y su mirada soñadora – Pero no sé si os gusten los otros compañeros – las otras dos la miraron con un signo de interrogación en el rostro

-¿A qué te refieres Luna? – pregunto Ginny sirviendo otra ronda de licor.

-Harry y Ron – la cara de sus dos amigas se deformaron en una mueca de disgusto absoluto. Podían aceptar a Malfoy y Zabini, pero vivir junto a sus ex novios por dos semanas, era demasiado para ellas. Sobre todo para Ginny, quien sintió un profundo vacío en su estómago cuando escucho el nombre de Potter.

-Bueno… dijimos que no nos afectarían, y no lo harán ¿Entendido? – sentencio Hermione decidida. Ellos seguían siendo sus amigos, sobre todo Harry, pero Ron era un chiquillo malcriado que no era capaz de vivir sabiendo que ella lo había rechazado. Y aunque quería mucho a Harry, como un hermano, lo que le había hecho a Ginny la alejaba innatamente de él. Nada que hacer, tendrían que convivir con sus ex novios, y con dos serpientes que les tenían menos aprecio que a una planta muerta.

Sonrieron y chocaron las copas de nuevo, bebiendo al seco el contenido. En ese instante, el llamado a la puerta las saco de su ya no tan notorio disgusto por la bebida. Hermione abrió la puerta y una joven no mucho mayor que ellas les sonrió.

-Hola, buenas tardes – las tres amigas respondieron sonrientes – Les vengo a informar sobre la hora del almuerzo, idealmente el profesor Dumbledore pidió que fueran todos juntos a la hora del desayuno, almuerzo y cena, pero hemos decidido poner horarios para que no se vean obligados a ir a una hora especifica – Ginny boto el aire agradecida. No quería tener que estar obligada a levantarse temprano para no quedarse sin desayuno. – Tendrán hasta las 11 de la mañana para desayunar, mientras el almuerzo se servirá entre la 1 y las 4 y la cena a las 10 de la noche. Espero que disfruten su estadía en Verde Esmeralda – sonrió y con un movimiento de cabeza se dio la vuelta acercándose a la siguiente puerta.

-¡Hey! – Hermione le chillo más fuerte de lo que quería, sobresaltando a la muchacha - ¡La de esa habitación y la siguiente están acá, puedes pasarlas! – grito sonriendo. No espero respuesta de la chica mientras cerraba la puerta sonriente. – Esto me gusta mucho – murmuro tomando la botella de champagne de las manos de la pelirroja, sirviendo otra ronda.

Eran las 12 del día, tenían una hora para prepararse e ir a comer. Pero primero querían disfrutar de aquel agradable licor que las hacia flotar con sus agradables burbujas.

Ginny sonrió, aunque por dentro se sentía estúpidamente nerviosa. Había visto a Harry cuando llego a Hogwarts, y el vacío y el dolor en su pecho se instaló para no abandonarla hasta que llego a su habitación. Cuando vio todo lo que la rodeaba, incluido Blaise, sonrió obligándose a olvidar al azabache que tanto daño le había hecho. Pero ahora tendría que verlo cada vez que se cruzaran en el pasillo, y aunque no quería admitirlo, odiaba que tendría que verlo más seguido durante esas dos semanas. Después de que lo había descubierto con aquella Sofía en la cama, cuando le había hecho una visita sorpresa a su departamento, no lo había vuelto a ver, más que alguna que otra vez por el centro del Londres mágico. Creía, en lo más profundo de su ser, que lo había logrado superar, pero al parecer no había sido tan sencillo como había querido creer. Una lagrima recorrió su corazón, tantos años de amor se habían ido a la basura, pero no sería ella quien sufriría en ese viaje. No señor, el sabría quién era Ginevra Weasley a como dé lugar, lo haría sufrir, lo haría desearla, extrañarla y arrodillarse a sus pies, y luego lo dejaría ahí, tirado inservible y roto, tanto como lo estaba ella. Bebió de golpe el espumante y volvió a sonreír… no lo dejaría amargarla por el resto del viaje.

-Pero que mierda… - Draco se volteo furioso a la puerta que se abrió de golpe. Una Pansy Parkinson ofuscada lo miraba afirmada contra el marco.

-No puedo creer que no me dejaran en el mismo piso tuyo – menciono cerrando la puerta tras ella. Se tomó su negro cabello en una media coleta que dejaba un par de mechones libres. Draco bufo, mientras metía las manos en los bolsillos y su mirada de hielo se posaba sobre su prometida – De hecho, deberían habernos dejado en la misma habitación. ¡Somos prometidos por Merlín! – chillo pasando por su lado y sentándose en la cama.

-Creía que habíais roto el compromiso – siseo la serpiente, dejando ver una mueca parecida a una sonrisa al ver la furia apoderarse del femenino rostro.

-Cambie de opinión – se recostó mirando al techo. Como lo odiaba a veces, no entendía, ni aunque lo intentara una vida entera, porque resultaba ser un malnacido con ella. Habían sido amigos desde que tenían memoria, ella le había empezado a querer desde mucho antes que estuvieran juntos, y él se encargaba de protegerla de todo en sus primeros años en Hogwarts. Pero cuando se dio su primer beso todo cambio rotundamente. Draco la trataba como una amiga más frente a todos, pero cuando estaban solos se la devoraba salvajemente. Cuando hicieron el amor por primera vez… "Corrección Pansy, cuando follaron por primera vez", ella había terminado de enamorarse de él, mientras para el rubio había sido una más que se abría dispuesta. Siempre había sido un mujeriego, entregado al placer que distintas féminas podían darle, una sola jamás sería suficiente, seria aburrida, monótona, y sin sorpresa alguna. Lo había aceptado, se había rebajado y humillado al rubio, y cada día se sentía más decepcionada de él y de sí misma. Era una belleza única, y más de uno estaría loco por casarse con ella, por vivir a su lado un par de vidas enteras, pero brutamente siempre lo elegía. No podía cambiar sus sentimientos, aunque ya estuviera harta de que barriera el piso con su dignidad.

Lo sintió moverse por el cuarto, desvió su mirada y lo encontró sentado mirando por la ventana hacia el mar. Era hermoso, de eso no cabía duda, su piel perfecta, su cabello largo y despeinado, sus ojos grises metálicos, sus labios finos y apenas visibles, pero tan expertos, y su cuerpo completamente desarrollado y fornido. Lo amaba, amaba cada detalle de él, incluso esa marca que aun danzaba pálida en su antebrazo. No podía dejarlo ir, algún día se enamoraría de ella, y si no, siempre volvería a su cama al final de la noche, al menos esa era su única satisfacción.

-No quiero casarme Pansy – la voz fría, arrogante y el arrastre de cada letra, se clavó en su corazón como mil dagas. –Quiero disfrutar este viaje, y tú no me dejaras… creo que lo mejor es dejarlo hasta aquí – ni siquiera se preocupó de mirarla.

-Seguro disfrutabas conmigo o sin mí – chisto enojada – Pues bien, es lo que quieres, es lo que tendrás. Se acabó Draco Malfoy, pero no intentes siquiera buscarme cuando todo esto acabe, me has perdido y para siempre – digna y elegante se puso de pie y camino a la puerta, tomo el pomo con extrema lentitud y empezó a abrir del mismo modo. Aún quedaba esperanza en su corazón. Nada. Simplemente nada. Salió dando un potente portazo, mientras las lágrimas corrían anegadas por su aristocrático rostro.

Draco soltó el aire contenido en sus pulmones. Sentía como un gran peso se quitaba de sus hombros. Quería a Pansy, era una mujer maravillosa, y merecía mucho más de lo que él podía ofrecer, se merecía el mundo a sus pies. Pero él no era capaz de verla como esa mujer con la cual querría pasar el resto de sus días. No tenía siquiera certeza de que una mujer así existiera ahí fuera. Pero si sabía que no era la morena, aunque jamás lo había intentado siquiera, prefería que llegara la calma y pudieran volver a ser los amigos de siempre. Miro la botella de champagne en la cubeta de hielo y la tomo, abriéndola en un abrir y cerrar de ojos. Dio un largo sorbo, sin siquiera usar la copa. Necesitaba dejarla ir, necesitaba ser libre. Suspiro y vio la hora en el reloj de la mesita: 14:06 de la tarde. Sería una buena hora para bajar a comer. Bebió el último gran sorbo y se encamino a la puerta.

Parecía que todos los del piso se habían puesto de acuerdo en salir a comer a la misma hora, porque cuando abrió la puerta vio salir a Blaise con una amplia sonrisa, un poco más allá Potter y Weasley con cara de pocos amigos, y de la última puerta salían 3 muchachas demasiado felices, gritando y riendo a bocajarro. La pequeña de los Weasley llevaba en su mano una botella de champagne, mientras la sabelotodo llevaba otra. Más atrás la rubia del grupo sonreía con una copa en su mano. Jamás en su vida habría creído, ni en un millón de años, que vería a Granger a un paso de estar borracha.

-Vaya, vaya, vaya – se acercaron a las 3 casi borrachas que los miraron sorprendidas pero sin dejar de sonreír. Draco se quedó prendado de la castaña que sonreía solo para él. Sus ojos centelleaban, tenía las mejillas sonrosadas, y cada 3 por 2 se pasaba la lengua por los labios humedeciéndolos, tenía el cabello recogido en una coleta, con un centenar de cabellos locos a su alrededor, y un vestido de flores con entalle en el pecho y caída libre hasta mucho más arriba de las rodillas, y un par de sandalias de taco que le tonificaban aún más las piernas. ¿Siempre había tenido las piernas tan doradas, torneadas y apetecibles? Se preguntó, y sintió como el estómago le daba un vuelco y un calor inhumano se acumulaba en la parte baja de su abdomen. Subió la vista y no pudo evitar fijarla en aquellos pechos que subían y bajaban rápidamente con cada respiración. Tomo aire profundamente y trago espeso, desviando la mirada. Si seguía mirándola así, no respondería de sus actos.

-¡Malfoy! – Chillo la castaña de pronto lanzándose a sus brazos. Lo rodeo con los suyos mientras reía bajito.

-Venga Hermsssssss, dejadlo ya – la pequeña pelirroja no podía parar de reír ante el espectáculo de su amiga. En una hora se habían bebido 1 botella de champagne cada una, y habían mandado a pedir más. Ahora solo quedaba la mitad de la segunda ración. Por merlín aquella bebida era como un paraíso dulce de burbujas, pero demasiado, demasiado embriagador.

-¿Están todas muy borrachas? – pregunto Blaise acercándose a Ginny sonriendo pícaramente. La joven le sonrió de la misma forma mientras se tomaba un mechón de cabello entre los dedos.

Más atrás de toda la escena un Ron y un Harry parecían explotar de ira en cualquier momento. ¿Quién demonios se creían esas estúpidas serpientes para acercarse a sus novias? Bueno, ex novias, pero suyas al fin y al cabo. La puerta frente a ellos se abrió, dejando ver a un somnoliento Theodore Nott, que les hizo una mueca de sonrisa y camino hacia donde estaban sus amigos. La escena lo dejo perplejo por un segundo: Granger abrazada a Malfoy, quien tenía una expresión de disgusto única, Ginny coqueteando con Blaise y Lunática mirando al techo mientras se bebía una copa de champagne.

-Hola a todos – su voz ronca saco a todos de sus cavilaciones. Hermione se separó de Draco y este al fin pudo respirar. Se había tenido que contener las ganas de tocar al ratón de biblioteca, se había derretido por llevársela a su habitación y arrancarle el vestido. Jamás en su vida había estado tan contento de ver a Theo de nuevo. Ginny y Blaise no dejaron su coqueteo por mucho tiempo.

-Hola Theodore Nott – susurro Luna, quien parecía tener los ojos más abiertos que de costumbre y la mirada más cristalina y soñadora. Theo le sonrió y se acercó a ella.

-¡Venga, vamos todos a comer! – grito Hermione tomando a Ginny de la mano.

-Creo que ustedes deberían quedarse aquí, así de ebrias las echaran a patadas – siseo Malfoy cambiando su expresión clásica de disgusto a una divertida.

-Naaa, solo necesitamos comer – respondió la pelirroja, tocando los botones del ascensor. Zabini se acercó a ella y poso su mano sobre su cintura.

-Yo te acompaño hasta el fin del mundo, pelirroja – susurro cerca de su oído, mientras Draco se acercaba a Hermione por la espalda. Más atrás Theo acompañaba a Luna, quien se había colgado de su brazo.

Toda esa escena fue la gota que colmó el vaso. Ron y Harry se apresuraron antes de que el ascensor llegara, con los rostros rojos de furia, varita en mano, destellando ira por cada poro.

-¡Quitad tus asquerosas manos de ella maldita serpiente! – grito Harry cegado por la rabia, apuntando a Blaise. El aludido volteo el rostro sin dejar de sonreír. Sintió como el cuerpo que sostenía se tensaba, y al mirar a la pelirroja la vio con los ojos cerrados fuertemente. Le apretó la cintura haciéndole saber que estaba ahí con ella. Los dos amigos apuntaban al trio de serpientes que los miraban como si les hubiera salido un cuerno en medio de la frente.

-¿Por qué no te vais a la mierda Potter? – Draco fue el responsable de sacar la voz por los 3. Tenía una mano en el bolsillo y la otra en un hombro de Hermione, la cual se había volteado al escuchar la voz de su amigo.

-ALEJENSE DE ELLAS MALDITOS MORTIFAGOS ASESINOS –el grito de Ron retumbo por todo el pasillo. Y al igual que Blaise, Draco sintió a la castaña temblar y tensarse. Pero a diferencia de Ginny, no era por miedo o por dolor, sino por toda la rabia que comenzaba a acumularse bajo su piel. Como no llegara el ascensor rápido, ni lo borracha que estaba salvaría a Ronald de su despotrique.

-Sí, si lo que digas pobretón – la risilla baja de Blaise, hizo enfurecer más a Ron, quien en un abrir y cerrar de ojos se había abalanzado contra el dueño de aquellas palabras. Draco solo lo vio correr hacia él, atinando a tirar a Granger a un lado, y estirar los brazos para detener los golpes que el pelirrojo intentaba darle sin mucho atine.

Blaise agarro a Ron de la sudadera y lo lanzo al piso de un certero golpe, mientras Harry corría a defender a su amigo, golpeando a Blaise en el rostro haciéndole caer de bruces al piso. La paz que había reinado en aquel hotel se vio destruida por un tumulto de jóvenes peleando, golpes iban, golpes venían, mientras Theo reía observando la escena, hasta que decidió interceder. Tomo a Potter del cuello y a Weasley lo inmovilizo con un certero Petrificus totalus. Draco y Blaise se pusieron al fin en pie ordenándose las ropas.

-¡Suéltame idiota! – gritaba Harry, mientras se removía en el agarre de Theo.

Las chicas estaban en estado de shock. Se sentían profundamente avergonzadas de lo que había ocurrido. Ginny estaba pegada a la puerta del ascensor con una mirada de horror y furia clavada en Harry, mientras Hermione desde el piso pasaba la vista desde Harry a Ron y viceversa, y se preguntaba a cuál quería matar primero. Luna… bueno Luna era Luna, y a pesar de no tener su misma expresión alegre y pacífica, no llegaba al horror como sus amigas.

-Ni se te ocurra volver a ponernos un dedo encima, ni tu ni tu asqueroso amigo - siseo Draco acercando a Harry, apuntándolo con el índice, clavándolo en el pecho del niño-que-vivió-por-pura-casualidad.

-Ni se te ocurra a ti acercarte a ellas – respondió Harry soltándose al fin del agarre de Theo.

-Harry… - la voz de Hermione lo hizo desviarse de Draco. No sonaba para nada contenta – La próxima vez que hagáis semejante estupidez… - se fue acercando a paso lento, mientras la cara de Harry se iba transformando, asustado – No serán golpes, no será un Petrificus… te las veras conmigo… y ni que decir de Ronald – desvió la mirada a su ex novio. Harry sintió el miedo correr por sus venas, sabía que las amenazas de Hermione eran certeras, como una daga. –Ahora… espero que ambos desaparezcáis de mi vista ahora – se dio la media vuelta acercándose a Ginny que temblaba. Draco, Blaise y Theo la miraban sorprendida. Esa mujer tenía más agallas que todos ellos juntos, no era una princesa que necesitara rescate, y para Draco, jamás le había parecido tan increíblemente sexy. - ¿Vienen? – pregunto a los 3 jóvenes que la miraban anonadados, mientras la puerta del ascensor se abría. Blaise sonrió y echo carrera hasta el ascensor donde ya estaban Ginny, Hermione y Luna, ya todas más calmadas. Se posiciono junto a la pequeña Weasley y volvió a pasarle la mano por la cintura.

-¿Estas bien? – pregunto en un susurro. Ella clavo sus marrones ojos en los castaños suyos, y el mundo dio un vuelvo de pronto, mareándolo, aturdiéndolo. Le sonrió asintiendo lentamente, sin despegarse de su mirada.

-Venga vamos ya, muero de hambre – el rubio entro en el ascensor seguido de Theo quien por sobre su hombro lanzo un finite incantatem al pelirrojo que quedo tirado en el piso echando chispas cuando la puerta del ascensor se cerró. –Que comienzo de las vacaciones, y todo por vuestra culpa – su voz de desprecio creo que un tenso ambiente en el pequeño espacio. Hermione abrió la boca para reclamarle furiosa, cuando la risa socarrona del rubio la dejo estupefacta – Estoy bromeando, que liberación de adrenalina – sonrió sinceramente a las 3 amigas que estaban completamente perplejas.

-Definitivamente serán una vacaciones especiales – murmuro Luna con su toque celestial que calmo a todos y cada uno de los presentes. A todos, sin querer, les retumbaron las palabras de la rubia en la cabeza.

Muy especiales, pensó Draco clavando su mirada en Hermione que se la devolvió sonriente, mientras Blaise apretaba a la pelirroja en un abrazo y le entregaba su apoyo por lo que fuese que estuviese pasando con Potter, y un Theo que no dejaba de mirar a la cara divertida de Luna… Muy especiales, pensaron todos al mismo tiempo.