Acá está el tercer capítulo :D espero que os guste :D por supuesto todo el mundo, incluidos los personajes, pertenecen a nuestra fantastica J.K. Rowling! espero que podais decirme que os parece, si os gusta el rumbo o si hay algo que cambiar o mejorar :) disfrutad!


Draco mantuvo su mirada fija en la castaña mientras salían del ascensor, la vio trastabillar un par de veces, mientras caminaba torpemente. Desvío su mirada a las piernas doradas y respiro pesado, sus caderas se contoneaban sensualmente y su coleta se movía al ritmo de su caminar. El calor que sentía en su cuerpo era suficiente para hacerlo sentir que se quemaba por dentro. Botó el aire contenido en los pulmones y aceleró el paso hasta quedar junto a ella, necesitaba alejar su vista de cualquier parte del cuerpo de Hermione que lo revolucionará como si fuese un adolescente.

-Cuidado Granger no creó que quieras quedar pegada al piso el primer día- la alcanzó a tomar del brazo cuando la vio doblarse un pie y casi caer de bruces al piso, obligándola a colgarse de su brazo, bajo la atónita mirada de esta.

Detrás de la peculiar pareja formada por Granger y Malfoy, una aún nerviosa Ginny intentaba sonreír y parecer de lo más jovial junto a Blaise, que le acariciaba con el pulgar la cintura. La joven de pronto se tensó e intento alejarse del abrazo del moreno Slytherin. -¿Que ocurre pelirroja? - cuestiono sin dejar de esbozar aquella sonrisa de comercial de dentífrico que dejaba a la vista sus blancos y perfectos dientes.

La pequeña de los Weasley no respondió solo le dedico una cálida sonrisa y dando una corta disculpa se acercó a Hermione, que se mantenía en absoluto silencio colgada del brazo de Malfoy.

-Hermione, ¿puedo hablar contigo? - la castaña se volteo instantáneamente al escuchar el tono de su amiga. Le dio una corta mirada a Malfoy, quien comprendió y se alejó hasta donde estaba Blaise.

-¿Qué ocurre?- le tomó la mano entregando todo su apoyo y su cariño. A la distancia Luna las vio y decidió unirse a ellas, dejando a Theo, no sin antes excusarse, dejándole una maravillosa e iluminada sonrisa para que la recordara. Ginny vio llegar a la rubia a su lado y sonrió. Tenía dos maravillosas amigas que siempre la habían apoyado, acompañado y le habían entregado su hombro para que llorara cuanto necesitará.

-¿Creéis que sea una buena idea andar con esos 3?-

-No veo que te lo estéis pasando tan mal- le susurro la castaña con una sonrisa cómplice.

-No es eso, digo, son mucho más agradable de lo que imagine, y Zabini está para chuparse los dedos- Un trio de risas explosivas resonó en el vestíbulo por donde iban pasando. - Pero odio como me siento cuando Harry aparece, intento seguir siendo yo, pero es como que me anula, quedo en un estado de ausencia... - su voz se fue apagando poco a poco mientras sus ojos marrones se nublaban.

-Cariño, se cómo te sientes, pero no se lo merece, sé que no terminaste la relación porque dejaras de amarlo, pero no se merece ni una pizca de tu atención, ni menos que te perturbe, aunque te cueste la vida, inténtalo, haz de cuenta que no existe... - se acercó a su oído e hizo un gesto a Luna que se acercó también. - Y por un demonio, jamás creí que diría esto pero... Disfruta hasta el último segundo que puedas con esa serpiente, disfrútalo, gózalo, y olvídate del idiota de mi mejor amigo - sentencio con una risilla bajo la mirada estupefacta de Ginny y Luna quienes no dejaban de sonreír.

-Estoy de acuerdo con Herms, como sabes y es el hombre de tu vida – susurro Luna con aquella característica voz suya, tan soñadora y amigable que entregaba calor a quien lo necesitara. Ginny sonrío incrédula de lo que Lovegood decía, pero opto por dejarlo pasar y se detuvo de pronto. Se acercó a las dos muchachas y las abrazo con todas sus fuerzas.

-No sé qué haría sin ustedes, sois las mejores- murmuro en el abrazo.

Los 3 jóvenes que las seguían de cerca no pudieron evitar una sonrisa frente a la escena de las 3 muchachas abrazándose como si no hubiese un mañana. Blaise no pudo despegar sus castaños ojos de la pequeña pelirroja que abrazaba a sus amigas. Por algún motivo, sentía una increíble y punzante necesidad de protegerla. Luego de ver la reacción de su cuerpo al estar cerca de Potter, se dio cuenta que algo nada bueno ocurría entre ellos, y por la forma en que sus amigas la abrazaban y la acariciaban, era muy probable que necesitara alguien que la cuidara. Estaba seguro que esa persona para protegerla no era el, pero mientras estuvieran en ese viaje podría sacar ventaja de su "protección" y disfrutar un buen rato juntos.

Finalmente llegaron al restaurante del hotel, uno de los tantos, que daba a la playa. Las 3 muchachas se acercaron a una mesa y miraron intrigadas a los 3 ex Slytherin que las seguían. Blaise fue el primero en llegar a ellas y con una sonrisa tomo una de las sillas para que Ginny tomara asiento.

-¿Os sentareis con nosotras?- pregunto Hermione un poco más sobria y consiente de con quien había estado abrazada y colgada durante parte del camino. Malfoy le sonrió e imitó a su amigo. Sin poder decir nada, la castaña tomó asiento. Theo por obviedad hizo lo mismo con Luna quien soltó una risilla y le agradeció de inmediato.

-Creí que nos habíais invitado, y nosotros nos tomamos las invitaciones muy en serio- respondió Draco tomando asiento junto a Hermione, quien de pronto sintió que sus mejillas se arrebolaban bajo la intensa mirada grisácea de su compañero.

-Creó que necesitó un trago- Ginny hizo una seña al camarero que se acercó velozmente. - Quiero... Mmm... - hojeó un par de veces la carta que les ofrecían buscando la mejor opción, mientras los demás la imitaban- Un tequila margarita creó que suena muy bien -

- Yo quiero lo mismo - secundó Hermione con una amplia sonrisa.

- Que sean 3- la voz soñadora de Luna resonó como aire cálido en los oídos de Theo.

- Nosotros 3 queremos whisky... Y ya que ustedes no se acuerdan que deben comer, queremos 6 menús sugerencia del chef- habló Draco con su característica voz arrogante, arrastrando las palabras.

- En unos minutos su orden estará justo frente a ustedes - el joven camarero, de unos 20 años, fijo sus azules ojos en la castaña que se arreglaba la coleta en ese momento. No disimulo cuando la recorrió lascivamente con la mirada y esbozo una sonrisa. - ¿Algo más que deseen? - preguntó con voz ronca, dirigiéndose directamente a Hermione. La castaña de pronto se dio cuenta de la intensidad de aquellos ojos color cielo y se ruborizo hasta las orejas. Era un joven, demasiado joven según ella, muy apuesto, de cabellos oscuros, piel morena y dorada, los ojos azules destellaban con la luz del sol y algo más, y bajo las ropas tropicales que traía podía divisar que era acreedor de un trabajado y escultural cuerpo. No pudo evitar una sonrisa y negando con la cabeza clavo su mirada en la del muchacho. Este volvió a sonreír y con un movimiento de cabeza se retiró, no sin antes guiñarle un ojo.

-No pierdes el tiempo – murmuro Ginny frente a ella. Ambas se sonrieron cómplices, repitiendo en sus cabezas una y otra vez que esas dos semanas eran únicas y debían aprovecharlas hasta el último instante. Cada aventura era válida, hasta la vivida con un camarero de hotel. Hermione volvió a ruborizarse de solo imaginar en tener una aventura de una noche con aquel joven, quizás a hurtadillas en algún viejo almacén o trastero, de la forma más loca y salvaje. Sintió el calor acumularse en su parte baja y un sudor frio corriendo por su espalda.

Draco a su lado la miraba estupefacto, con la boca ligeramente entreabierta. "¿Estaba coqueteando con el mesero?", se preguntaba incrédulo, sin poder dejar de observarla. Definitivamente esa no era la misma Granger-sangre-sucia-sabelotodo-insufrible-señorita-perfecta que había estado con él en Hogwarts, tendría que ser otra persona. Había escuchado toda clase de comentarios en el colegio sobre lo mojigata que podía llegar a ser, como se espantaba de los comentarios o bromas doble sentido que hacían sus compañeros, o los rumores de que apenas había dejado que Krum la besara en 4º año. ¿Era posible que fuera la misma que estaba ahí, coqueteando abiertamente con un mesero de pacotilla que apenas conocía? No, era imposible. Hermione lo sorprendió cuando le tomo un brazo, hablándole de algo que él no tenía idea. Se había quedado sumido en aquellos pensamientos y no se había dado cuenta que lo que habían ordenado estaba justo frente a sus narices.

-Esto es vida – hablo Theo bebiendo de su vaso de whisky de un sorbo, haciendo una mueca de desagrado cuando la bebida pasaba por su garganta. Todos, excepto Draco, sonrieron frente al comentario y bebieron de sus respectivas copas.

-Joder, esto esta delicioso – la sonrisa de Ginny había vuelto a ser la misma sincera y espontanea de horas atrás cuando habían llegado. Acerco su copa al centro para hacer un brindis. -¡Salud por estas maravillosas vacaciones auspiciadas por Dumbledore, y porque todos los días se aprende algo nuevo… hoy aprendí que las serpientes no son tan peligrosas como las pintan, y que incluso podrían agradarme! – esta vez sí fue unánime la sonrisa del grupo, y sin dudarlo chocaron las copas con absoluta efusividad.

-¡Y porque, bendito Salazar perdóname, las leonas son tremendamente sexys!- Blaise sonrió haciendo chocar nuevamente las copas. Bebieron un buen sorbo de sus respectivos licores, y apenas se acabaron las copas, apareció frente a ellos un menú suculento de comidas variadas.

-Que delicia me muero de hambre – Luna tomo su plato y ataco la fuente de patatas sin esperar confirmación. Tomo una buena porción y un buen trozo de filete, más un poco de ensaladas variadas. Sus amigas las imitaron, mientras las 3 serpientes optaban por los pescados que ofrecían y ensaladas.

-¿Estáis a dieta o qué? – pregunto Hermione engullendo un trozo de filete demasiado grande para el tamaño de su boca.

-Cuidamos nuestra alimentación Granger, como la gran sabelotodo deberías saber que tu combinación es una bomba para tu metabolismo – respondió Draco acido. Por algún motivo no quería volver a ver a aquel mesero atendiéndolos, y por otro aún más estúpido odiaba que Granger coqueteara con medio mundo cuando había empezado el viaje coqueteándole a él. Si había empezado algo, debía terminarlo antes de irse a buscar otro para divertirse.

-Sois unas nenas – susurro Hermione bajito esperando que nadie la escuchara. Para su poca fortuna, Draco la escucho perfectamente.

-Si, nenas como dices, pero este cuerpo no se mantiene a base de comer como si se acabara el mundo, claro está que no puedes decir lo mismo respecto del tuyo – sabía que estaba lejos de ser cierto lo que estaba diciendo, la Gryffindor tenía un cuerpo que lo descolocaba. Vio cómo se ponía roja de furia, y apretaba tanto los puños alrededor de los cubiertos que sus nudillos se ponían blancos.

-Venga, da lo mismo que comamos, lo importante es disfrutarlo – sentencio Theo cortando el hilo que estaba tomando la conversación. - ¿Y qué haréis después chicas? – pregunto abiertamente, pero dirigiendo su mirada a la rubia que comía lentamente a su lado.

-Pues la verdad yo necesito un buen masaje –

-Yo podría darte uno pelirroja, tome un curso muggle de masaje tántrico – la mirada atónita de Ginny, al no saber de qué hablaba, lo hizo sonreír seductoramente – No te lo puedo explicar con palabras, pero creedme que te encantaría – Ginny enarco una perfecta ceja pelirroja y miro a Hermione.

-Yo que tu no aceptaría la oferta, claro está a no ser que queráis un masaje de lo más erótico – respondió sonriente la castaña bebiendo una copa de vino. Draco la volvió a mirar atónito ¿acaso habría probado algo de esos masajes alguna vez? El, a regañadientes, también había tomado el curso, y luego de eso su maestría en complacer a sus compañeras de cama había aumentado totalmente.

-Suena interesante – sumado a un guiño de ojo fue lo único que Zabini obtuvo como respuesta a su propuesta. Era suficiente, al menos había quedado intrigada, solo tendría que insistir y la tendría enredada en sus sabanas antes de lo que dices Quidditch.

-Si me disculpáis – hablo Draco antes de ponerse rápidamente de pie.

Hermione lo siguió con la mirada, tan esbelto, como un ángel caído del cielo. Su caminar elegante y arrogante que robaba suspiros al pasar, la molestaba y al mismo tiempo la acaloraba. No sabía que le pasaba a su cuerpo cuando estaba cerca de él, pero sentía que no respondía a sus órdenes de mantenerse en calma. Se ruborizaba, se tensaba, se acaloraba y sudaba cada vez que él le tocaba un mínimo trozo de piel. Se sentía como una adolescente con las hormonas revolucionadas cuando la miraba con aquellos ojos grises profundos. Y lo que lejos más le molestaba, era el hecho de saber que jamás se había sentido así con nadie, ni siquiera con Ron que había sido su novio por casi 4 años. Habían tenido una buena vida sexual, pero no había sido increíble. No es que hoy pudiera mirarlo a la cara y avergonzarse por todas las sucias cosas que podrían haber hecho. Siempre había sido de lo más normal, y tenía contadas con los dedos de las manos las veces que había tenido un orgasmo. Si lo pensaba fríamente, su vida sexual con Ron había sido verdaderamente patética. Y de pronto se imaginó como podría ser con Malfoy, tan experto, tan varonil. Se imaginaba sus manos que ya conocían los puntos de cada mujer de memoria, como serían sus labios hábiles en su función de besar cada recodo de piel a la vista y la que no también, como sería sentirlo dentro de ella y alcanzar la cima del placer gracias a él. Se ruborizo nuevamente y se castigó mentalmente por sus pensamientos. "Basta Hermione no eres una estúpida adolescente". Toda su imaginación se estrelló de pronto haciéndose añicos, cuando lo vio llegar a la barra y plantarse junto a una esbelta rubia que tenía unas piernas como de dos metros, y una estrecha cintura de avispa, coronada con un par de exuberantes pechos. Era preciosa y parecía modelo. Sintió una rabia profunda acariciarle el estómago en forma de pequeñas agujas punzantes. "Que chulo" pensó Hermione mientras se bebía la tercera copa de vino al seco. "Creo que tengo que dejar de beber" se dijo a si misma dejando la copa, que se acababa de llenar, sobre la mesa.

-Todos esos idiotas no dejan de serlo de un día para otro, por eso no soy de prometer nada… ¿para qué comprometerte sino puedes mantener una promesa?- hablaba Zabini bajo la atenta mirada de Ginny que asentía de vez en cuando, bebiendo de su copa. – Ese idiota de Potter no sabe valorar lo que tiene, tal parece que los lentes ya no le sirven – esbozo otra vez su sonrisa perfecta y le giño un ojo. Hermione sonrió ante los comentarios del moreno y se acomodó en la silla.

-No podría estar más de acuerdo contigo Zabini… Creo que necesito una siesta, demasiado alcohol para mí – susurro poniéndose apenas de pie. Se tambaleo un poco, y volvió su mirada a Malfoy. El muy descarado estaba sentado en la barra y sin miramientos le acariciaba una tonificada pierna a la mujer que sonreía bobamente. "Idiota". Comenzó a caminar, notando como detrás de ella Ginny se ponía rápidamente de pie.

-Te acompaño Herms – le dijo una vez estuvo a su lado.

-No, tranquila, ve con Zabini, de seguro quiere mostrarte ese masaje tántrico que aprendió – le susurro confidencialmente.

-No pretendo que me masajee… todavía – rio Ginny caminando junto a ella.

-En serio, estoy bien, necesito descansar un poco, y un baño. ¡Mierda! Este calor me está matando – se limpió el sudor que le corría por el cuello. Sintió una penetrante mirada sobre su nuca. Desvió la mirada y vio a Malfoy prendado de ella, con los ojos entrecerrados y las mejillas ligeramente arreboladas. La mujer junto a él seguía hablando, pero al parecer el rubio lo menos que hacía era ponerle atención. – Vamos, ve, no dejes a Luna sola – sentencio sin despegar su mirada del rubio, mientras se abanicaba con la mano. Vio el gesto que Draco le hacía a la mujer para despacharla y sintió la imperiosa necesidad de deshacerse de Ginny.

-No te veo muy bien, vamos te acompaño y luego vuelvo con Luna –

-Estoy bien, no soy una niña por dios –

-No digo que seas una niña, pero estas borracha a las 4 de la tarde, no estas acostumbrada a beber, así es que te dejo en tu habitación y vuelvo con Luna, y no me discutas Granger – sentencio ligeramente ofuscada.

-Si quieres yo puedo acompañarla – Hermione había seguido todo el recorrido de Draco hasta ella. La pequeña Weasley se volteo con el ceño fruncido. Le devolvió la mirada a Hermione que parecía no notar su presencia, solo estaba enfrascada en una lucha de miradas con Malfoy, con los ojos destellantes, las mejillas arreboladas y la respiración ligeramente agitada.

-Herms, ¿Estáis segura? – sabía que su preguntaba no apuntaba a que Malfoy la acompañara, sino a lo que podría seguir de aquello.

-Estaré bien Ginny – fue toda la respuesta de Hermione antes de voltear y seguir su camino, seguida de Draco. La pelirroja se quedó en el mismo lugar un instante y sonrió confundida. "Herms definitivamente se tomó muy en serio eso de disfrutar cada momento y cada aventura", se dijo mientras volvía a la mesa.

-¿Y esos dos qué? – pregunto Zabini con una amplia sonrisa brillando.

-¿Qué crees tú? – murmuro Ginny con una sonrisa entre cómplice y preocupada.

-Deberíamos ir a pasear a la playa – Luna se puso de pie y estiro sus brazos para que la brisa le recorriera completamente. Theo la miro sonriente. Era una muchacha en extremo agradable y le había gustado haber pasado toda la velada hablando con ella de variadas cosas, a veces alguna sin siquiera entenderlas. -¿Me acompañarías Theodore Nott? – su voz, acompañada de aquella mirada soñadora, le acaricio el centro de pecho, y no pudo negarse.

-Por supuesto Luna, pero solo si me llamas Theo – le ofreció el brazo, el cual Luna tomo feliz y contenta.

-Theo… pero eso significaría que somos algo así como amigos… ¿o no? – un dejo de tristeza adornaba la voz de la rubia. Sus amigos eran contados con los dedos de una mano. De hecho se reducía a Hermione y Ginny. Qué triste resultaba ser su vida a veces, sino fuera porque esas únicas dos amigas eran todo en su vida. No necesitaba mil amigos inservibles si tenía dos que darían la vida por ella.

-Si tú así lo quieres, por supuesto – caminaron, bueno Theo camino mientras Luna a su lado daba saltitos alegre de tener un nuevo amigo.

Se soltó del agarre de Theo y comenzó a correr al agua, saltando alegremente. El joven la observo sonriente. En menos de 24 había sonreído más de lo que había sonreído en toda su vida, y se sentía increíblemente bien. Sentía que Luna era como una luz cegadora que le entregaba calidez, paz y tranquilidad, un pozo del cual jamás querría salir. Se perturbo frente a aquel pensamiento tan profundo y decidió desviar su vista a cualquier otro punto. Vio a una muchacha morena, lo suficientemente atractiva para llamar su atención, con un delicado trikini blanco que contrastaba con su dorada piel. La muchacha le sonrió coquetamente y comenzó a acercarse a él. Theo siempre fue solitario, pero no tímido, y aunque no se jactaba de sus conquistas, no le iba mal en cuanto a las mujeres. Esbozo una torcida sonrisa, y metió las manos en los bolsillos, su cabello rebelde bailaba al son del viento, mientras sus ojos verdes se posaban en la castaña de la muchacha.

-Hola, soy Liane – mascullo la joven a su lado estirando su mano.

-Theodore, mucho gusto – tomo la mano de la muchacha y la llevo hasta sus labios besando el dorso de esta.

-No te había visto, ¿acabas de llegar? – Theo no podía negarlo, la muchacha era bellísima, y extremadamente coqueta.

-Acabo de llegar hoy, veo que llevas muchos días acá – una sonrisa se esbozó en los labios de ella.

-Sí, una semana, pero aún me queda una, aunque daría lo que fuera porque no se acabaran, menos ahora – se tomó el largo cabello castaño en una coleta alta que dejaba a la vista todos sus rasgos, sus pómulos prominentes, sus labios rojos y carnosos, su mandíbula filosa y delicada.

-Y dime Liane… ¿Te gustaría tomar un trago conmigo esta noche? – entrecerró los ojos seductoramente y se revolvió el cabello, desordenándolo aún más. La joven soltó una risilla y asintió.

-Me encantaría… a las 9:00, ¿te parece? –

-Perfecto –

-Me tengo que ir. Nos vemos más tarde Theodore…- se acercó y le beso la mejilla muy cerca de la comisura de los pálidos y delgados labios de Theo. Sonrió viendo a la mujer alejarse de el en dirección a la entrada del hotel. Primer día y ya tenía una cita. Definitivamente serian unas buenas vacaciones.

A la distancia, plantada sobre la arena, mientras las olas acariciaban sus blancas piernas, Luna observaba la escena con un ligero dejo de tristeza. Theo le había agradado, mucho más de lo que habría imaginado. La había escuchado atentamente, le había conversado, había sido atento, y durante 3 horas no había despegado su mirada de ella. Había sentido una maravillosa conexión con el ojiverde, pero ahora lo veía coquetear tan abiertamente con aquella muchacha que sintió, como jamás en su vida, una rabia bullir por dentro, para luego dar paso a la tristeza. ¿Qué había pensado? ¿Qué Theo se fijaría en ella? ¿Qué tendrían un idílico romance en vacaciones? No podría ser más ridícula. Desvió la mirada cuando la de él la busco de nuevo. Se volteo y enfoco su vista en un punto vacío en el mar, tan infinito, tan profundo, tan calmado… era la paz que su alma necesitaba en ese momento, para sosegarse. Una sonrisa asomo en su rostro cuando cerró los ojos y se dejó envolver por el agua del mar. Su vestido quedo pegado a su piel, trasluciendo cada centímetro de piel que no estaba cubierta por otra tela.

Se dio la vuelta y empezó a caminar de vuelta hacia Theo, el cual de pronto sintió que le faltaba el aire, respiraba pesado, tragaba espeso y sentía que su boca de pronto era como el desierto más seco del mundo. La visión de Luna, con aquel traslucido vestido pegado a su piel, dejando entrever sus pechos, y sus curvas a la perfección le estaba robando segundos valiosos de respiración. Boto el aire y aspiro de nuevo, mientras sentía que un no muy pequeño bulto asomaba por sus pantalones, y su cuerpo entero se acaloraba. Se sentía un pervertido, ¿Qué pensaría Luna de él si lo viera en ese estado de adolescente cachondo? Sin pensarlo dos veces se dio media vuelta y casi corrió hacia el hotel. Necesitaba una ducha de agua muy pero muy fría.

Luna se quedó en el mismo lugar, con más tristeza que antes. Theo había salido espantado huyendo de ella, de seguro buscando a la chica con la que había estado antes. Sus ojos cristalinos y soñadores se oscurecieron levemente, para luego volver a la normalidad. No podía dejarse ofuscar por semejante comportamiento. Theo estaba en todo su derecho de estar con quien quisiera, que hubiesen tenido una buena y sincera conexión no significaba amor eterno y fidelidad absoluta, solo serían amigos. "¿Qué te pasa Luna? Deja ya de pensar boberías, pareces adolecente enamorada" se reprendió mentalmente mientras volvía a la mesa donde Ginny y Blaise mantenían una acarolada conversación.

-Hola – murmuro cabizbaja la rubia y tomo asiento junto a Ginny.

-Joder Lovegood ¿Qué te paso? – pregunto Blaise sin despegar la mirada de los pechos traslucidos de Luna – Ah sí verdad, estabas en el agua –

-Luna, se te trasluce el vestido cariño – le murmuro Ginny sonriendo. Luna siempre era tan inocente y despistada, que ni se daba cuenta que andaba causando estragos con su vestido. La aludida se colocó del color de un tomate y se puso de pie rápidamente. No estaba siendo un muy buen día, por lo que opto por ir a su habitación a calmarse un poco con un agradable baño de espumas. Definitivamente lo necesitaba.


Hermione caminaba lentamente, cuidando de no caer brutalmente al piso. Sentía el mundo dar vueltas a su alrededor, cada que un pie se elevaba, lo bajaba con tal lentitud que se aseguraba que llegaba sano y salvo al piso. Se sentía estúpida actuando así, pero era eso o caer sin una pizca de delicadeza, matando todo el momento que estaba teniendo con Malfoy… Malfoy, quien caminaba a su lado con toda la calma del mundo, con las manos en los bolsillos y el cabello revuelto. "Que sexy se ve", pensó Hermione relamiéndose los labios, gesto que no pasó desapercibido por Draco, quien sentía que su entrepierna se endurecía con ese simple gesto.

Llegaron al ascensor y una vez dentro, parecía que el tiempo se había detenido. Draco se acercó a ella rápido y sigiloso como una pantera, acorralándola contra la pared. Aspiro su aroma y coloco ambas manos sobre las caderas de ella, apretando con fuerza y pegándola a él, mientras con su nariz acariciaba el cuello de ella, hasta llegar a su oído. Mordió el lóbulo y escucho el quedo gemido que escapo de los labios de Hermione. Ella poco a poco había ido subiendo sus manos hasta el cuello, enredando sus dedos en el platinado y sedoso cabello. Sintió el aliento con olor a menta y whisky muy cerca de su rostro, rozando sus labios, y sin pudor los acaricio con la lengua lentamente haciéndolo desfallecer en ese preciso instante. Con su lengua, Hermione comenzó a entrar en la boca de él, el cual estaba anonadado ante la actitud osada de ella. Antes de que reaccionara, sus labios estaban en una cruenta lucha por el poder con Granger. Por Salazar que bien sabía su boca, sus labios cremosos, hinchados y rojos resultaron ser habilidosos y certeros en sus movimientos, dejándolo sin aliento por momentos. Sus manos se movieron rápidamente, una se deslizo por el muslo haciendo elevarse la pierna hasta su cadera, mientras la otra subió hábilmente hasta uno de los pechos, acariciándolo por sobre la tela. "Por Morgana que bien se siente", era todo lo que la mente de Hermione lograba articular frente a las caricias que el rubio le propinaba. Las manos de ella, imposibles de quedarse quietas, comenzaron a recorrer el pecho trabajado, deteniéndose en sus abdominales, acariciando el vientre de él, comenzado a desabrochar cada botón de la camisa con extrema urgencia. Cuando por fin lo logro, poso sus manos sobre el borde del pantalón, bajando lentamente las manos para acariciar sobre la tela el miembro ya duro de él. Draco soltó un gruñido de lo más erótico y afirmo una de sus manos sobre la pared del ascensor. Alguna vocecilla muy lejos en su cabeza le decía que se detuviera, que algo estaba mal, era Granger, la sangre sucia que tanto odio en Hogwarts, su enemiga natural junto a sus amigos de pacotilla. Pero en ese momento no existía nada más que esos labios devorando su boca, sus manos acariciando su hombría, el calor que su cuerpo emanaba, todo era borroso y estaba a punto de perder la cordura si ese ascensor no llegaba pronto a su destino.

Como si le hubiesen leído el pensamiento, el ascensor se detuvo a los pocos segundo. Lo que ninguno de los dos logro ver fue el piso en el que se habían detenido. Tan ensimismados estaban tocándose y besándose, que no vieron a las dos personas que esperaban poder subir al ascensor, con cara de espanto. Al sentir que las puertas se abrieron, ambos comenzaron a caminar hacia la salida sin separarse, y cuando estaban saliendo sintieron un carraspeo que los saco de todo su trance. Se separaron como si una fuerza mayor los hubiese empujado y vieron con horror a Lavender y Parvati con la felicidad expresada en el rostro. Hermione sintió el color carmesí apoderarse de todo su rostro, espantada miraba desde Draco a las muchachas y viceversa.

-Ho… hola – murmuro arreglándose el vestido.

-Hermione, querida – respondió Lavender sin poder quitar la sonrisa de su rostro. Haber visto a Hermione y al gran Draco Malfoy besándose tan apasionadamente, simulaba un chisme del que podría alimentarse por una buena cantidad de meses.

-¿De dónde vienen? – pregunto Parvati con una sonrisa maliciosa. Desvió su mirada a Draco que se mantenía impávido junto a la puerta del ascensor para evitar que este se cerrara. Se veía increíblemente sexy con la camisa abierta dejando ver sus músculos definidos, su piel pálida con un leve dejo de sudor surcándola. Siguió bajando y se encontró con que el pantalón del rubio parecía quedarle en extremo apretado en la entrepierna. Instintivamente volvió su mirada a Hermione y entrecerró los ojos. "¿Quién lo diría? Primer día y ya se está intentando revolcar con semejante bombón".

-De en… del restaurante – respondió la castaña incomoda. Aun le daba todo vueltas alrededor por el alcohol, y de pronto sentía tanta vergüenza que apenas podía respirar. Ahora era más que seguro que todos los que estaban en el hotel se enterarían que Draco Malfoy y Hermione Granger fueron encontrados ligando descaradamente en un ascensor. Su reputación se iría por el piso. Tendría que vivir con una bolsa de papel en la cabeza. ¿Qué dirían Harry y Ron? Si bien no tenía nada con Ron, aun sentía respeto por él y sabía que esto lo destrozaría en lo más profundo.

-Nosotras vamos a la playa, deberíais venir con nosotras Herms – la voz empalagosa de Lavender hizo que Hermione de pronto quisiera vomitar todo su almuerzo y todo lo que había bebido durante la mañana.

-No, necesito ir a mi cuarto, no me sentó muy bien el calor –

-Sí, creo que no estamos acostumbradas a este clima - ¿Calor? ¿De verdad creía que era idiota? Se le veía a leguas lo borracha que estaba. "Hipócrita" pensó Lavender pasando junto a la castaña para subir al ascensor.

-¿Bajan?-

-Este va subiendo, espera el otro – la voz arrogante y de hastió de Draco ruborizo a la rubia hasta las orejas. Pocas veces había cruzado palabra con Malfoy, y siempre era tan arrogante, desagradable, tan altanero, creyéndose el rey del mundo, que daban ganas de golpearlo. Pero luego veía lo sexy que siempre se veía y se le olvidaba todo.

-Ah cierto, ibais subiendo a vuestras habitaciones ¿no? – la ironía de sus palabras era palpable. Hermione se quería morir y enterrar en ese mismo momento. No se podían encontrar a nadie más que a ese par de chismosas.

Hizo acopio de todas sus fuerzas y volvió a subir al ascensor. Le siguió Draco, quien de inmediato apretó el botón para cerrar las puertas, sin siquiera despedirse. Se mantuvieron en sus mismas posiciones los dos pisos restantes, y apenas la puerta se abrió, Hermione salió rauda y veloz. Apenas le dirigió una mirada de disculpas a Malfoy y se encerró en su cuarto.

"Genial" pensó Draco, sintiendo aun la erección atrapada por su bóxer. Necesitaría una ducha de agua fría urgente. Jamás creyó que algo así podría pasar con Granger, no estaba en sus planes cuando se fueron a esas idílicas vacaciones, de hecho su plan era volver a burlarse de ella como en Hogwarts, pero es que estaba tan distinta, tan mujer, tan sensual. Con pequeños detalles lo estaba volviendo loco y lo único que anhelaba en ese momento era volverse salvaje entre sus piernas. No había forma de que se escapara de su agarre, si no había sido ahora, lo conseguiría como fuese, costara lo que costara. Ya se le había metido el capricho, ya había probado un adelanto, y lo que había probado le había encantado. Su osadía, su desenvoltura para besarlo, tocarlo, había logrado excitarlo con pequeños gestos inconscientes, y ahora no podía sacársela de la cabeza. Tendría a Hermione Granger a como dé lugar. Entro a su habitación y se quitó la ropa a tirones, y antes de pensarlo mejor, se metió a la ducha abriendo el agua fría en toda su potencia. Un escalofrió lo recorrió entero, pero ni aun así el calor que bullía por dentro logro apaciguarse por completo. Hacía años que no necesitaba autosatisfacerse, pero al parecer tendría que volver a sus antiguos hábitos adolescentes si no quería volverse loco de deseo en ese momento. "Maldita Granger", pensó mientras acercaba una de sus manos a su miembro aun alzado en todo su apogeo.


Hermione entro en la habitación respirando agitado, el corazón parecía salírsele en cualquier momento de lo fuerte y rápido que latía, le ardía la piel donde él la había tocado, sentía un calor acariciarle el vientre, y su entrepierna húmeda le comenzaba a molestar. Necesitaba un baño urgente. Respiro profundo, y sintió que todo daba aún más vueltas, y comenzaba a sudar frio. El estómago se le revolvió. Alcanzo a correr al baño, antes de que su estómago se diera vuelta sobre el retrete. Se quedó sentada en el piso unos segundos, calmando su respiración y el latir de su corazón. Por suerte Malfoy no había entrado con ella a la habitación, sino habría sido completamente vergonzoso. Tomando aire se puso de pie y comenzó a desnudarse. Abrió el grifo del agua fría y comenzó a llenar la bañera. Se amarro mejor el pelo y comenzó a quitarse los pocos accesorios que llevaba, seguido del poco maquillaje. Se miró al espejo y sonrió para sí misma. Había tenido a Malfoy en sus manos, lo había doblegado a su deseo, al hombre más deseado de su generación de Hogwarts, al maestro del sexo… él había sido un peón en la satisfacción de sus necesidades. Aunque no había logrado llegar al culmine, por culpa de Lavender y Parvati, había disfrutado increíblemente aquellos minutos en el ascensor, y por increíble que pareciera se le antojaba llegar al fin de toda aquella historia. Necesitaba sentir todo lo que Draco podría llegar a entregarle, no por nada tenía la reputación que tenía. Era su momento, su oportunidad de satisfacerse a niveles insospechados. ¿Quién diablos importaba ahora? "YO" se respondió metiéndose en la tina de agua tibia. Cerró los ojos y se hundió por completo en el agua.


Blaise sonrió ante la imagen que tenía en frente. La pequeña de los Weasley se quitaba el vestido que llevaba puesto dejándola solo con un diminuto bikini color verde esmeralda que contrastaba con su pálida y perfecta piel. –Vamos Zabini, no es que lo necesites, pero un poco de sol aprovechando la oportunidad – sonrió sardónica mientras corría a meterse al mar. Las olas le acariciaron la piel y le provocaron un completo estremecimiento. El moreno se quitó la playera y se sentó en una de las reposeras a observar el paisaje: piel blanca y cremosa, pecas decorándola por doquier, unas piernas tonificadas y largas, coronadas por unas perfectas caderas con una cola envidiable, el vientre plano y la cintura pequeña, unos pechos exuberantes y llenos, unos hombros apetecibles de morder y lamer, cubiertos por aquella melena de fuego, y más arriba su cuello, delgado y largo, su rostro se plagaba de pequeñas pecas adorables, sus labios no muy gruesos pero de un grosor perfecto, un color carmesí, y unos ojos marrones que centelleaban al encontrarse con su mirada. Blaise se sintió por un segundo incómodo. Ella lo había observado en todo momento mientras él se la comía con los ojos. Mantuvieron la mirada unos minutos, hasta que una ola golpeo a Ginny en la espalda, sacándola de su trance. Sonrió y se volteo para seguir sintiendo las olas golpear delicadamente su piel.

La pelirroja camino hacia la playa, mientras estrujaba el agua de su pelo, contoneaba sus caderas de manera sensual y sus pechos se movían con su paso. Blaise sintió su respiración agitarse y su cuerpo reaccionar ante aquella perspectiva. Era un hombre con deseos insaciables, sabía que todas las mujeres eran hermosas, algunas con más gracia que otras. Pero esta mujer, tenía demasiada gracia, carisma y sensualidad desbordante, que era capaz, como pocas, de robarle el aliento.

-Deberíais probar el agua, esta increíble – susurro sentándose en la reposera junto a él.

-Tu estas increíble – respondió devorándola con los ojos por segunda vez.

-Tu no estas nada mal, claro que con tanta ropa es difícil de ver – una sonrisa traviesa cruzo sus labios, y se ensancho cuando, aun con su oscura piel, sus mejillas se arrebolaban lentamente. –Son bromas – soltó una carcajada y le tomo la mano, mientras no dejaba de reír.

-Muy chistosa pelirroja –

-¿Acaso no estáis acostumbrado a las insinuaciones de una mujer? –

-Claro que si… aunque pocas veces alcanzan a decirme mucho –

-Te creo… - ambos sonrieron y pidieron al camarero una cerveza para pasar la tarde.

Tras ellos una joven se paseaba con un montón de papeles en las manos. –Esta noche, estáis invitados a la fiesta en la playa – decía con una increíble sonrisa en sus labios. Llego a la pareja que estaba recostada disfrutando del sol y la cerveza y se quedó mirando por largos segundo a Zabini. Cuando la pelirroja a su lado carraspeo, la joven les entrego dos de los papeles que llevaba. –Esta noche, estáis invitadísimos a la fiesta en la playa, estará increíble – hablo sin despegar su mirada de Blaise. Este le devolvió una sonrisa torcida y se dirigió a Ginny.

-¿Vendréis pelirroja? –

-Por supuesto, iré a avisarle a Herms y Luna – se puso de pie tomando su ropa. -¿Me acompañáis? –pregunto mirando de mala gana a la muchacha.

-Claro vamos – acto seguido Blaise paso junto a la chica guiñándole un ojo, y dejándola con una boba sonrisa en los labios mientras seguía entregando los papeles.


-¿Por qué no queréis ir Herms? – pregunto Ginny con el ceño fruncido. Cuando había llegado a la habitación, y vio todo tal cual, se imaginó que no habían llegado a tanto con Malfoy. Y cuando le comento de la fiesta, Hermione se negó rotundamente a ir.

-No me siento bien, creo que bebí demasiado –

-Venga, de aquí a la noche se te pasa – la mueca de súplica hizo sonreír a la castaña.

-No creo que sea una buena idea – murmuro sonrosándose.

-¿Es por Malfoy? Sabía que no era una buena idea – Ginny hablaba ofuscada y cruzándose de brazos se puso de pie y comenzó a pasearse por la habitación.

-No es por él. O sea, si es por él, pero no directamente. – si Hermione creía que no podría ponerse más roja en su vida, ese era el momento que demostraba lo contrario. Parecía un tomate maduro, y se veía incluso más roja que el cabello de su amiga.

La puerta se abrió dejando pasar a una somnolienta Luna. Ginny le conto de la fiesta, y la rubia se animó de inmediato. – Ayudadme a convencer a Herms que no quiere ir –

-Vamos Herms, será divertido – la voz soñadora de Luna, que bálsamo para los sentidos, pensó Hermione.

-Es que… -

-Habla de una buena vez Hermione Granger – los brazos en jarra de la pelirroja, le evocaron a la señora Weasley en sus mejores momentos.

-Vale. Lavender y Parvati me vieron con Malfoy… besándonos – sentencio ruborizada hasta lugares insospechados. La mirada atónita de Luna y Ginny no ayudaron en mucho.

-No me sorprende que te hayáis besado con Malfoy, era obvio, pero que esas dos boconas os hayan visto no presagia nada bueno – murmuro preocupada, paseándose como leona enjaulada.

-¿Y qué más da? – pregunto Luna, siempre con su inocencia a la vista. Las otras dos la miraron como si de pronto fuera un monstruo de tres cabezas. –Digo, estáis bastante grandecitos para saber que hacéis. Ya no estamos en Hogwarts para vivir de los chismes, y si pasa algo entre vosotros, es cosa de vosotros, no de esas dos – los ojos de Ginny y Hermione se abrieron a límites únicos y abrieron la boca incontables veces para refutar, pero la rubia tenía razón. ¿A quién diablos le importaba que hacían ellos dos con sus vidas? Si no les importaba a ellos que más daba el resto.

-Tenéis razón Luna, es mi vida, y yo decido que hacer con ella. – sentencio poniéndose de pie demasiado brusco cuando todo comenzó a dar vueltas de nuevo.

-Venga descansa un rato y luego venimos para arreglarnos – ayudo a Hermione a recostarse de nuevo y le guiño un ojo antes de salir acompañada de Luna. -¡Nos vamos de fiesta perra! – grito cerrando la puerta, soltando una potente carcajada del otro lado, sacándole a Hermione una similar.

¿Qué más daba? Disfrutaría hasta los chismes que saldrían de todo aquello, nada ni nadie podría destruir su alegría de ese momento. O eso creyó, cuando sintió la puerta entreabrirse.

-¿Herms? – la voz de Ron le llego revolviéndole el estómago otra vez. ¿Ya se había enterado? Que rápido trabajaban Lavender y Parvati, o en este caso, la rubia.

-Aquí – susurro enterrándose aún más en la cama.

-Tenemos que hablar – sentencio el pelirrojo entrando por completo en la habitación, con el rostro surcado por una sombra de enojo y decepción. "Venga aquí vamos de nuevo", pensó Hermione incorporándose en la cama.