Chapter 15
El Túmulo de Fuego
Después de quedarse lo suficiente con Totosai, para que el arco de Amaterasu pudiera recargarse como era debido, emprendieron el viaje hacia el túmulo que Totosai les comento. Tenían que hacerse de la pequeña esfera, una perla de fuego custodiada por el lugar, y una flama de fuego fatuo. Caminaron bajo las ya conocidas condiciones invernales, nevaba, pero esta vez, era agradable. La nieve caía lento sobre los sombreros de paja que llevaban para cubrirse, Sango y Yumiko, Inuyasha llevaba la cabeza destapada, la nieve se quedaba en sus cabellos, hasta derretirse y resbalar al inevitable contacto con el suelo.
Caminaron toda la mañana, no iban a gran velocidad, pero si caminaba a un ritmo constante, deja tiempo de que sus huellas se quedasen en la nieve. Después de algunas horas por fin lograron llegar al lugar que Totosai les indico, estaba al pie de una montaña, no era muy alta. Una puerta de piedra mostraba la entrada al lugar, era como entrar a una cueva, pero esta se cortaba precipitadamente por esa puerta de piedra, era bastante vieja, y dos antorchas a los lados la iluminaban. Sango se preparó, se puso sus prendas de exterminadora, y cogió una de las dos antorchas, fue la primera en entrar, detrás de ella Inuyasha, y al final Yumiko. La puerta era terriblemente pesada, pudieron abrirla con relativa facilidad, pero prefirieron no cerrarla. Caminaron a paso lento, había un pequeño sendero el cual seguían, a los costados se dibujaban cada cierta distancia camas de piedra, algunas echas sobre las paredes de la cueva, y otra más salidas, contenían cuerpos aquellos camas, algunos viejos y envueltos en lino, parecían momificados, otras camas mostraban solamente huesos, y algunas en menor cantidad, cuerpo casi frescos, que aún dejaban ver sus jugos efervesciendo en su lugar de descanso. La única luz que los alumbraba era la de la antorcha de Sango, lo que los obligaba a acercarse cada vez más para no perderse. La oscuridad era escalofriante, como si un vacío se hubiese apoderado de aquel lugar, a pesar de que afuera la tarde aún ofrecía una luz tenue, adentro era de noche, la más oscura que hubieran visto. Llegaron a una puerta de hierro, la abrieron y comenzaron a entrar uno a uno. Los pasillos de esta nueva sección era más grandes, dejando ver un único camino a seguir. Había una gran cantidad de pebeteros en las orillas, Sango uso su antorcha y comenzó a prenderlos, la iluminación era mucho mejor, la gran cantidad de pebeteros dejaba ver a distancias considerables, las camas, cofres rotos, y urnas de barro y plata empolvadas, pero las sombras que se deformaban por el movimiento del fuego, daban un aspecto aún más lúgubre al lugar del que tenía antes.
Continuaron por aquel pasillo, Yumiko se detenía cada determinado tiempo y observaba algunos de los pergaminos que se encontraban dispersos por la zona, algunos estaban simplemente botados, y otros eran conservados en grupos, y acomodados en orificios repartidos por la pared. Había conjuros en la gran mayoría de los pergaminos, por lo que evitó leerlos en voz alta, sólo observaba y los depositaba de nuevo en su lugar, deseaba encontrar alguna pista dentro de aquellas letras para coger la perla de fuego, o algo que contara sobre el dios dragón, pero se repetía la secuencia, abría un pergamino más, otro conjuro. Inuyasha era el más impaciente, Sango miraba las paredes grabadas tratando de descifrarlas, Inuyasha esperaba impaciente a las chicas para seguir avanzando.
-¡Dense prisa!
- Tranquilo Inuyasha, debemos ir seguros. El lugar es viejo no querrás toparte con una trampa. – dijo Sango a Inuyasha con una sonrisa.
- Sango tiene razón, no sabemos que nos aguarde. – Dijo Yumiko Inuyasha bufo, pero se adelantó un poco, gracias al fuego de los pebeteros. Sango y Yumiko no lograron encontrar nada, así que continuaron avanzando, pero un pequeño ruido los incomodo, era aire filtrándose por las piedras que formaban aquel túmulo. Después de seguir andando por el pasillo del túmulo llegaron a otra puerta de hierro, ésta tenía garbado un escrito y arriba lo que parecía ser un hombre, el tiempo había borrado demasiadas cosas a aquella grabación sobre la puerta. Abrieron la puerta e ingresaron, no había pebeteros, pero estaba alumbrada. El sendero de piedra continuaba unos metros y tenía un hundimiento, formaba una especie de tinaja y estaba lleno de agua, era enorme, parecía un lago subterráneo, el fuego fatuo se encontraba flotando en medio del agua, a los lados terminaba la tinaja, pero al otro extremo había una puerta más, una sin grabados, era rojiza. Avanzaron hasta el agua, donde había un atril de piedra, tenía letras impregnadas sobre él. Yumiko leyó la inscripción. – "Para eliminar cada elemento, se necesita del mismo elemento. El fuego morirá por el mismo fuego, el agua callará". Inuyasha se quedó mirando a Yumiko, que volví a hablar, esta vez muy pensativa. – Es un acertijo. Debemos resolverlo. – Sango participó en el juego mental, tratando de solucionar algo. Inuyasha se metió al lago ante la queja de sus compañeras, y lanzó agua al fuego fatuo, Inuyasha recibió un ataque de aquel fuego que lo hizo caer sentado en el agua, la profundidad era poca.
- Maldita cosa. – dijo Inuyasah irritado.
- Te habíamos dicho que fueras con cautela. – Dijo Sango, mientras miraba divertida a Inuyasha.
Yumiko seguía pensando, sabía que el agua no era una solución, pero la palabra "callará" hacía eco en su cabeza.
-¡Lo tengo!- Gritó mientras corría al atril sin importar mojar sus pies. Inuyasha y Sango observaban, Yumiko se concentró y cerró los ojos, enseguida extendió su mano creando una pequeña bola de fuego que rodeaba su mano. Incrusto su mano en el fuego fatuo sin que éste le hiciera daño, cuando saco la mano el fuego azulado que tenía en su manos desapareció, sólo quedaba una pequeña perla de un color extraño, era como cristal pero dentro guardaba una luz anaranjada en dos pequeñas bolitas que giraban juntas. Yumiko lo miro y enseguida la perla cobró vida, transformándose en collar y colocándose en el cuello de Yumiko. Un fuerte viento entro en la habitación sin explicación alguna, apagando la antorcha que llevaban y el fuego fatuo que flotaba en medio del enorme charco de agua. Todos se quedaron callados por un instante, no les dio tiempo de felicitarla por su audacia, la oscuridad se había vuelto imposible, cualquier negro antes visto por ellos, era poco para lo que tenía enfrente. Poco a poco comenzaron a nacer fuegos fatuos sobre el agua, alumbrando el lugar, en una luz tenue, pero agradable a la vista, e impedía que sus ojos se lastimaran.
-Creo que son almas. – Dijo Yumiko. El suelo comenzó a crujir y el lugar comenzaba a sacudirse, un temblor estrepitoso mientras la puerta rojiza se abría, el temblor cesó hasta que la puerta quedo completamente abierta. Dentro había una armadura de Samurai, todos se acercaron lentamente, nuevos fuegos fatuos nacieron, pero esta vez eran de un color azul, estos comenzaron a golpear la armadura, era vieja y polvosa, los pequeños fuegos fatuos sólo entraban en la armadura sin hacer más. Se acercaron para saber que ocurría, cuando un resplandor como luz se postro en los orificios de las mascareta, creo un halo azul de energía que arrojo hacía atrás a Sango, Inuyasha y Yumiko.
- ¿Qué diablos es eso? – gritó Sango.
- Es el alma de alguien Sango. Debemos tener cuidado ha arrojado demasiado ectoplasma.
Inuyasha saco a tessaiga que se transformó de inmediato. Junto al Samurai el resto del fuego fatuo azulado formo un torbellino, dando forma a un cuerpo, de ojos rojos, era una mujer con una armadura de samurái dañada, era escotada, y la mujer tenía un cabello larguísimo, su cuerpo era translucido y de color azul. La mujer completo su transformación, formando un báculo que cogía con su mano izquierda. Se giró hacía el grupo con una sonrisa tétrica y pronunció con una voz ronca.
-Hola. – Su sonrisa distorsionaba su rostro, y parecía cada vez más espantoso.
- Hi… Hikari.- Dijeron Sango y Yumiko. Inuyasha no la reconoció hasta que ellas mencionaron su nombre. – No puede ser. – Dijo Inuyasha apretando sus dientes. La silueta fantasmal que parecía ser Hikari volvía a sonreír, todo lo contrario a su persona que normalmente permanecía inexpresiva. Corrió hacía ellos con su báculo lunar para impactarlo, la armadura de Samurai hizo los mismo, los demás no podía creerlo, Inuyasha, Sango, Yumiko, los tres parecían de piedra, no podían atacar el recuerdo de la mujer que los salvo, aún no terminaban de llorar su perdida y estaba sucediendo. Adoptaron posiciones defensa, Yumiko formo un gran halo de fuego en su mano, esta vez del color natural del fuego, era la nueva habilidad de aquella perla. Se prepararon para el impacto, la enorme katana del samurái chocaba con tessaiga, el báculo fantasmal con hirakotsu, Yumiko preparaba su poder espiritual, intentaría sellarlos, junto sus manos y cerró los ojos, la batalla apenas comenzaba.
