Chapter 16
El Túmulo de Fuego II: Los Elementos
La iluminación del lugar no fue problema por el fuego fatuo, que ofrecía un sonido parecido al de un zumbido, Inuyasha chocaba katanas con la enorme armadura de samurái. Sango peleaba con la figura fantasmal de Hikari, Yumiko ahora juntaba sus manos, haciendo emerger fuego de ellas, no sólo podía controlar ese elemento gracias a la esfera que ahora portaba, también era capaz de generar ese fuego. Pero mantenía sus manos juntas, sus ojos cerrados. Comenzó a generarse un fuerte viento a su alrededor, levantaba su cabello azul mientras el zumbido del fuego fatuo, y el choque de las armas peleando ocupaban el resto del lugar. Yumiko señalo la armadura de samurái y extendió sus manos con las palmas abiertas. Una onda parecida a un torbellino repleto de fuego salió disparada de sus manos. Impacto la armadura haciéndola caer, y desarmándola, el fuego fatuo contenido dentro de ella se desvaneció. La silueta de Hikari cambió su semblante a uno de ligero miedo, pero volvió a sonreír, atacando a Sango con una luz de energía, Sango se cubrió con hirakotsu, Inuyasha fue al combate, pero también terminó cubriéndose. La silueta fantasmal obtuvo forma física gracias a que más fuego fatuo comenzó a adherirse a ella.
-No tiene salvación alguna, este túmulo será su tumba. – dijo la silueta con una voz lúgubre, fue entonces cuando Yumiko se percató de algo.
- ¡Tú no eres Hikari! Eres una ilusión. – una vez dicho esto por Yumiko, la forma del espectro cambio, formando lo que parecía ser un hombre enorme, con cuernos en la cabeza, y largos colmillos.
- Que lastima que te hayas percatado de esto. Sería menos doloroso creer que esa chica los había matado. – Dijo el demonio marcando todas las eses, que hacían serpentear su lengua, que era idéntica a la de las serpientes.
Su poder aumento considerablemente, ya que detuvo fácilmente el ataque de Inuyasha, y arrojo a Sango contra una de las paredes. Yumiko intento hacerlo retroceder con el fuego que ahora generaba, sólo logró que avanzara a menor velocidad pero termino alcanzándola y cogiéndola por el cuello, Inuyasha corrió para ayudar a Yumiko pero unos tentáculos extraños salieron de la tierra amarrando sus brazos y piernas haciendo a tessaiga caer lejos. Sango también fue a ayudar, dañando al demonio en uno de sus brazos, pero este también la cogió del cuello, y comenzó a apretar, impidiéndoles respirar, volteó a ver a Inuyasha con una sonrisa macabra.
-Que lastima Hanyou, tú sufrirás más. Veras morir a tus amiguitas y después conocerás lo que es realmente el dolor. – el dominio continuó riéndose, hasta que algo lo golpeo en el abdomen, sacándole el aire. El golpe lo hizo caer de rodillas y lo hizo soltar a las dos chicas que cayeron exhaustas y tosiendo por la falta de aire. El demonio levanto la mirada para ver al agresor a la cara, Inuyasha estaba impactado pero reía. Era Hikari, la verdadera Hikari, no tenía presencia física, era como un fantasma, transparente dejando formar su cuerpo en un color rosa casi inexistente. Cogió la esfera de fuego que había dejado caer Yumiko con una mano, la otra la puso en el rostro del demonio. Una enorme cantidad de energía producida por el fuego golpeo al demonio, incinerándolo por completo, sólo dejó un rastro de cenizas a su paso. Hikari regreso con las chicas, los tentáculos que mantenían presos a Inuyasha se desvanecieron.
- Las he extrañado. – dijo con una sonrisa que era apenas visible por su condición. – Tengan. – le da la esfera a Yumiko mientras se levanta con ayuda de Sango, ambas quedan frente a Hikari. – Tenemos una resistencia en el Yomi. El dragón no ha podido regenerarse, gracias a un demonio de nombre Sesshomaru que lo ha enfrentado constantemente. Deben ir aún más al sur, hasta el fin de la tierra y los inicios del mar, deben buscar a una mujer del futuro. Ella se llama Kagome, tiene un poder espiritual excepcional. Ella les ayudará a derrotar al dios dragón…. Tengan mucho cuidado, los habitantes en el sur son demonios casi en su totalidad. Fue bueno verlos de nuevo, nunca pude decir gracias por esos días que me otorgaron a su lado, sólo quiero que sepan que desde el otro mundo, a pesar de ser la tierra de los muertos, seguimos luchando por la vida.
El rostro de aquel fantasma parecía llorar, pero jamás lo sabrían, la silueta de Hikari se desvaneció, pero más que ocasionarles tristeza a los tres presentes les provocó una extraña alegría. Era terrible ver partir de nuevo a su amiga, pero ahora sabían que ella estaba con ellos en todo momentos, que los protegía aunque sólo quedase su alma, y que también peleaba contra el dios dragón, además Inuyasha, tuvo por fin noticias de Sesshomaru, y si Sesshomaru era capaz de provocar miedo en aquel dios dragón, eso significaba que podían vencerlo.
-Bien debemos continuar. – Dijo Sango mientras cogía de golpe la mano de Inuyasha, él sonrío y apretó la mano de Sango.
- Ahí está la salida. – dijo Yumiko, señalando el lugar donde se encontraba la vieja puerta rojiza. Caminaron hacia ella, ahora los adentro a un pasillo, un pasillo natural formado por una cueva al interior del túmulo. Después de caminar unos minutos por el pasillo vieron una luz muy tenue, era débil pero brillante, era la luz de la luna. Salieron del lugar, a la luz de la luna y las estrellas, miraban al cielo a los árboles cercanos, gracias a la estrellas pudieron deducir a qué lugar debían caminar.
-El sur está allá. – dijo Inuyasha
- Deberíamos acampar. – Dijo Yumiko después se interrumpió un poco cuando en la punto de su nariz, un copo de nieve se posaba, para después derretirse y precipitarse a sus ropas de sacerdotisa. – Quizás deberíamos caminar un poco. – dijo ahora con una visible sonrisa en su rostro.
- Sí, estoy de acuerdo. – dijo Sango, que volvió a coger una de las manos de Inuyasha este correspondió. Caminaron sin mirarse, Yumiko iba a la par de ellos, formando una pequeña fila, Inuyasha y Sango jugueteaban con sus manos, hasta que Inuyasha la abrazó rodeando sus hombros. Así continuaron caminando, Sango ya no se puso su yukata, Yumiko seguía con sus dos arcos cruzados a la espalda mientras sonreía al clima. Inuyasha sentía una tranquilidad única, algo que no había experimentado jamás. Sango se sonrojaba cada que intentaba mirarlo. Qué importaba ahora mirarlo, si sentía su brazo, sus manos y su mirada cálida protegiéndola. Todo era tan irreal. La nieve volvía a caer, ahora con más fuerza, pero ningún frío sería capaz de eliminar esta aura, esta atmosfera que había creado a su alrededor, comenzaba a convertirse en amor. Sólo esperaban que durara, no esperaban más, se olvidaron de todo, menos de su presencia compartida, esa podría llegar a ser eterna.
