Batman llegó sobre las seis de la mañana. Se cambió y subió al despacho para mirar la agenda del día y preparar las dos reuniones con los inversores tenía programadas para el mediodía y la tarde. Al cabo de un rato apareció Alfred con un té y un par de galletas.

- B: Buenos días Alfred

- A: Buenos días, señor

- B: ¿Galletas? (respiró hondo) ¿Qué ha pasado?

- A: Nada, señor.

- B: Alfred, hace mucho que nos conocemos, no me traerías galletas con el café sino tuvieras que darme malas noticias.

- A: Muy agudo, señor. Es usted un gran detective, señor.

- B: Alfred, ¿me lo vas a decir o vamos a jugar a las 20 preguntas?

- A: Es el señorito Grayson, señor.

- B: ¿Qué hizo esta vez? (pasándose la mano por la cara en muestra de agotamiento) ¿Te dio problemas? (preguntó esperando equivocarse pero sabiendo que no se equivocaba).

- A: El señorito Grayson y yo tuvimos una desagradable charla sobre su lamentable vocabulario (hizo una pausa) otra vez.

- B: ¿Otra vez? (dijo cansado, se echó para atrás en el asiento y suspiró) Hablaré con él.

- A: Señor, ya me tomé la molestia ayer de hablar con él.

- B: ¿Le lavaste la boca con jabón? (poniendo mueca de asco)

- A: Con usted funcionaba bastante bien. Pero me temo que el joven señor olvida rápido. No hace ni un par de semanas que el joven señor Grayson y yo tuvimos esa misma conversación.

- B: Si, ya me lo comentaste, blasfemó delante de la tía Harriet ¿no?

- A: Algo inexcusable, sin duda, señor. Usar esa expresión delante de una dama.

- B: Si, ya hablé también yo con él (pasándose la mano por el pelo). ¿Quieres qué hable con él?

- A: Señor, siempre he sido del parecer que una segunda opinión nunca está de más.

- B: ¿Algo más que deba saber?

- A: Si, señor, ayer a la noche llegaron por fax los documentos sobre la compra del solar aquel en que quería contruir las nuevas oficinas de I+D, se los he dejado en el coche para que les eche un vistazo de camino al despacho. Y llamó la señorita Towers para confirmar el almuerzo de mañana para organizar la subasta benéfica para los huérfanos de la policía.

- B: Gracias, Alfred. Confírmale a la señorita Towers que asistiré. ¿Está despierto ya Dick?

- A: No señor, le iba a dejar dormir 30 minutos más, a noche nos acostamos más tarde.

- B: Ok, cuando esté listo el desayuno, avísame, desayunaré con vosotros.

- A: ¿preparó el comedor, señor?

- B: No, no es necesario, gracias Alfred, desayunaré con vosotros en la cocina.

- A: Muy bien, señor.

A las siete Alfred entró en la habitación de Dick para hacer la ardua tarea de despertar a Dick. Tras varios intentos Dick finalmente se levantó y se fue a ducharse. A las siete y medía Dick entró corriendo en la cocina, como un vendaval.

- B: Dick (en tono de advertencia) ¿Qué te tengo dicho de correr por casa?

-D: Que no lo haga (rodando los ojos y con un tono de fastidio) ¿Alguna pista en los astilleros? (preguntó excitado, mientras se echaba los cereales).

-B: Primero de todo, buenos días (quitándole de las manos la caja de cereales e indicándole con el dedo que tomara asiento a su lado).

- D: Lo siento (otra vez con ese tono de fastidio) Buenos días, Bruce (dijo con un tonito de burla que hizo que Alfred que acababa de entrar en la cocina lo fulminara con la mirada).

- B: Buenos días Dick, Buenos días Alfred (Dick se giró rápidamente para comprobar que efectivamente Alfred estaba allí y que Bruce no le estaba tomando el pelo)

-A: Buenos días señor, Buenos días señorito Grayson (y a continuación empezó a servir el desayuno para los tres).

- D: ¿Y bien, averiguaste algo? ( de nuevo muy emocionado Dick le asaltó a Bruce)

- B: Dick, estás castigado ¿recuerdas? Nada de Batman esta semana para ti.

- D: Oh, venga Bruce, por fa (rogando).

- B: Cuando accedí a prepararte para ser mi compañero, lo hice bajo 3 condiciones ¿Qué condiciones, Dick?

- D: Oh, venga Bruce, ¿no es ya suficiente castigo no ir a patrullar contigo?

- B: ¿Qué condiciones? (esta vez remarcando más cada sílaba)

- D: No contárselo a nadie, obedecerte siempre y que no interfiriera con mi obligación de sacar buenas notas (repitió como si fuera un lorito). Pero Bruce, mis notas siguen siendo buenas (quejándose como un niño de 5 años).

-B: ¿Qué dijo el profesor Harrison que pasaría si no presentabas otra tarea?

- D: Que no me dejaría presentarme a los exámenes parciales ( dijo flojito agachando la cabeza).

- B: Entonces no hay nada más que hablar del tema. Por cierto, ¿has puesto en la mochila todo lo que tienes que llevar hoy?

- D: Siiiii (fastidiado y escurriéndose en la silla).

- A: Señorito Grayson, ¿Podría hacer el favor de sentarse bien en la mesa? (Dick se sentó bien pero hizo un leve gruñido) gracias.

- B: Alfred me ha comentado que anoche tuvo que reñirte y lavarte la boca con jabón, otra vez (Bruce puso más énfasis en lo de otra vez). Dick, Alfred hace ya mucho, cuidando de nosotros para que tú, encima, se lo pongas más difícil. Tienes 12 años, debería de poder confiar que te sepas comportar cuando yo no estoy. Si vuelvo a recibir una queja más de ti, por insignificante que sea, está semana...(mirando fijamente a Dick a los ojos y con el mismo tobo que utilizaba Batman para amedrentar a los malhechores) tú y yo, jovencito, vamos a tener unas palabras a solas en mi despacho ¿He hablado claro?

- D: Si (dijo un poco asustado. Cuando Bruce decía eso solo significaba una cosa. La pala. Dick solo había tenido dos veces unas palabras a solas con Bruce en el despacho y en ambas ocasiones Bruce había usado una dura pala de madera para hablar).

- B: Eso espero, porque nada me apenaría más, en este caso, que tener que cumplir con mi palabra.

- D: No será necesario. No habrás más quejas, Bruce (rojo como un tomate).

- B: Me alegra oír eso, acábate el desayuno, cepíllate los dientes y asegúrate que lo llevas todo (levantándose de la mesa y dándole un beso en la cabeza) nos vemos en la cena, que tengas un buen día en la escuela (Bruce se fue a dormir un poco y dejó que Alfred y Dick acabaran de desayunar).

Si había alguna posibilidad que a Dick se le hubiera pasado el enfado con su profesor, aquel desayuno le había devuelto la determinación de hacérselas pagar por ser un rastrero acusica y gruñón.

Dick empezó su labor detectivesca, para averiguar cual era el punto débil de su profesor. Sino fuera por los motivos poco loables, Bruce se hubiera sentido muy orgulloso del chico. Pero Dick se decía así mismo que solo estaba haciendo justicia. Aunque no era estúpido, Bruce no podía enterarse de sus planes de venganza/justicia. Solo tardó tres días en saber todo absolutamente todo de su profesor. Tenía 47 años estaba casado por segunda vez con una ortodoncista de 44 años. Tenía dos hijas de 11 y 14 años de su primera esposa, que vivían con ella en las Calas. Él vivía en un apartamento en el valle junto a su esposa Mary y él hijo de ésta de 9 años, Zeus. ¿Zeus? ¿Quién diablos pone de nombre a un hijo Zeus? Los fines de semana se llevaba a sus hijas y a Zeus ¿en serio, Zeus? a una especie de club de campo, pero muy cutre. Y durante la semana acudía dos días en semana a un gimnasio para jugar a paddel con un amigo. Y dos jueves al mes iba a terapia para tratar su problema desorden psicológico de tipo compulsivo. ¡Bingo! Harrison era un maniático compulsivo del orden. Una travesura de dimensiones gigantescas se estaba cuajando en la mente del joven justiciero Dick Grayson.

Alfred al principio estaba receloso del comportamiento taimado de Dick de los últimos días, pero pensó que era debido a la reprimenda de Bruce y él mismo. Pero Dick no era el único con capacidades deductivas en la mansión de los Wayne. Tanto Alfred, como Bruce, sabían que Dick después de ser amonestado solía estar de morros pero no el silencio y la quietud no eran dos de las cualidades que iban aparejadas a una post-reprimenda. Más bien eran las cualidades que iban aparejadas a una pre-travesura. Bruce tuvo una semana muy ocupada con sus obligaciones empresariales y con sus obligaciones nocturnas de salvaguardar las vidas de los honrados ciudadanos de Gotham. Así que tampoco pudo estar muy encima de Dick. Y simplemente pensó que aun estaba enfadado por que lo había castigado.

Dick empezó su plan de venganza de inmediato. Esa misma noche esperó que Batman saliera a patrullar y que Alfred se quedara dormido y se escudriñó de casa para ir al apartamento de Harrison y re-ordenar el gabinete de su cuarto de baño. Dick estaba super feliz, se imaginaba la cara de Harrison cuando abriera el gabinete y viera que todas sus cosas estaban fuera de su lugar.

Aquel día Harrison estaba de un humor de perros, les puso un montón de ejercicios y se pasó la clase ladrando.

Al día siguiente, aprovechó un descanso entre clase y clases y se metió en su coche y le reordenó todo los documentos que tenía en la guantera. Harrison estaba furioso aquel día, incluso les puso a los chicos de cuarto un examen sorpresa.

Esa misma tarde, aprovechando que Alfred tenía que hacer unos recados para Bruce, aprovechó y se fue a su gimnasio y le reorganizó la taquilla. Dick se lo estaba pasando en grande.

Dick continuó con pequeñas cosas, para el final de la semana Harrison estaba de los nervios. El viernes llegó a los oídos de Dick que Harrison se había puesto a llorar en el comedor cuando abrió su lunchbox. Nadie entendió nada excepto Dick, que se regocijaba para sus adentros.