Pero la semana pasó y con la semana su castigo. Así que a la siguiente semana volvió a sus entrenamientos y el fin de semana a patrullar con Batman. Así que le dio un poco de respiro a Harrison. Pero al cabo de una semana Harrison le dio una bronca espectacular delante de la clase por hablar mientras explicaba el tipo de rocas según su formación. Un tema que Dick, conocía bastante mejor que cualquier otro de sus compañeros de escuela por su trabajo con Batman. Aquella bronca le hizo retomar su plan para fastidiar a Harrison, esa misma mañana fingió tener una urgencia para pedir permiso para ir al lavabo y se metió en el despacho de Harrison y le cambió de orden las fotos que tenía sobre el escritorio.

Esa tarde le pidió permiso a Bruce para ir a merendar con sus compañeros de clase al centro comercial. Alfred lo recogería con el coche sobre las siete y así tendría aun tiempo para hacer los deberes antes de la cena.

Pero Dick en vez de ir al centro comercial tomó el bus que iba hasta el valle y se coló de nuevo en casa de Harrison y le cambió de orden todas sus corbatas. A las seis y media estaba de vuelta en el centro comercial e hizo un par de compras rápidas para cubrir su cuartada. Se dijo a si mismo que hubiera sido un gran criminal, uno de la altura de los malos que perseguía Batman y de los que aun no le dejaba ayudarle, porqué según Batman aun no estaba preparado. Alfred lo recogió a las siete en punto, puntualidad británica. Y nada más llegar a casa se puso con los deberes de ciencias, algo le decía que al día siguiente estaría de muy mal humor.

Y así fue, Harrison estaba de un humor de perros, incluso había sido borde con el bedel de la entrada. El golpe maestro lo dejó para el almuerzo donde fingiendo chocarse con él le había cambiado de bolsillo de la americana la billetera. Cuando fue a la máquina a comprar un café, se puso como histérico al no encontrar su cartera. Cuando finalmente se dio cuenta que la cartera estaba en su otro bolsillo, salió corriendo del comedor y se encerró en su despacho y llamó a su psiquiatra para concertar una cita esa misma tarde.

Aprovecharía su visita al psiquiatra para volver ir al valle y cambiarle los cordones de todos sus zapatos. Algo que nadie se daría cuenta excepto un maniaco del orden. Dick se moría de la risa al imaginar la cara que pondría Harrison cuando al día siguiente fuera a ponerse los zapatos y viera que todos estaban cambiados.

Dick se saltó la clase extraescolar de tennis y volvió al valle. Entró en casa de Harrison y le cambió todos los cordones. Estaba llorando de la risa cuando salió por la ventanilla del cuarto de baño de la casa de Harrison y se descolgó hasta una tubería que daba al patio de luces de la finca vecina. Fue al aterrizar en el suelo cuando dejó de reír de golpe. Ahí estaba Bruce de píe, imponente todo él, con los brazos cruzados y con una mirada que haría mearse de miedo al mismísimo Jack el destripador.

Dick no dijo nada, no hizo nada, no podía el miedo lo habían congelado. Tampoco tuvo muchas oportunidades de hacer o decir nada, en menos de un segundo Bruce lo agarró de la oreja y tirando fuertemente le llevo hasta el coche que para más mortificación para Dick estaba aparcado a una calle de allí. Al llegar al coche, empujó al muchacho dentro y le ordenó a Alfred que regresaran a la mansión. Dick no tuvo el valor de levantar la cabeza en todo el camino a casa. No era necesario, podía notar como Bruce lo fulminaba con la mirada. Dick intentó no mostrar que estaba aterrado, pero las lágrimas se le escapaban. Tenía una pequeña idea de lo que opinaría Bruce de su broma y de lo que iba a pasar en cuanto llegaran a la mansión. Se podía ir despidiendo de volver a patrullar con Batman y de sentarse nunca más.

Al llegar a la entrada de la mansión Dick empezó a agitarse más. Bruce estaba muy muy enfadado, más bien furioso, no, mejor dicho, estaba apunto de estallar. En un intento desesperado de salvar el pellejo, Dick intentó esgrimir unas disculpas. Pero Bruce con una mirada fulminante y levantando el dedo índice de forma amenazante lo mandó a callar de golpe.

Alfred llegó a las cocheras, aparcó el coche y apagó el motor. Aunque no era necesario, salió del coche y fue a abrirles la puerta. Normalmente tanto Dick como Bruce salían escopeteados del coche, a veces sin darle tiempo ni a apagar el motor. Solo cuando Bruce estaba enfrascado con alguna lectura o con alguna "compañía" Alfred tenía que abrirle la puerta.

- A: Ya hemos llegado señor (abriéndole la puerta para que pudieran salir. Pero Bruce aun se quedó unos segundos sentado mirando fijamente a Dick) - - - B: Gracias Alfred, por favor, llama a la oficina y di que no iré a la cena de esta noche (saliendo del coche).

- A: si, señor (Alfred seguía de píe aguantando la puerta a la espera que Dick saliera. Pero Dick seguía con el cinturón de seguridad abrochado) ¿señorito Grayson? Ya puede bajar del coche, ya hemos llegado (Dick negó con la cabeza, mientras le suplicaba flojito que lo dejara ahí).

- D: por faaaaaaaa (hipando y sorbiéndose los mocos) no.

- A: Señorito Grayson no creo que sea gran idea hacer esperar al señor ahora (Bruce se había detenido en la puerta de la cochera, al darse cuenta que Dick no lo seguía y esperaba que Alfred pudiera convencer a Dick de salir del coche. Él estaba demasiado furioso en esos momentos como para tratar con una pataleta).

- D: Me va a matar, Alfred (implorándole ayuda. Bruce rodó los ojos al oirlo, Dick, siempre tan melodramático), por favor, no me hagas salir.

- A: Aunque los actos del señorito Grayson hayan sido deplorables e inexcusables, le puedo asegurar que el señor Wayne no va a matarlo, ahora, por favor, salga del coche (Dick volvió a negar con la cabeza, Alfred suspiró cansado).

- B: ¡DICK! (gritó desde la puerta) ¡SI HE DE VOLVER ATRÁS Y SACARTE YO MISMO DE ESE COCHE NO VAS A PODER SENTARTE A GUSTO EN UN MES! (Dick tragó saliva al oír la voz de Bruce) ¡ALFRED TIENE COSAS MÁS IMPORTANTES QUE HACER QUE QUEDARSE AHÍ DE PÍE ESPERANDO A QUE SALGAS! (finalmente Dick salió del coche).

- D: Lo siento, Alfred (le dijo flojito y apenado).

- A: De acuerdo (cerrando la puerta detrás de Dick). No haga esperar más al señor (indicándole con la mirada que obedeciera).

Dick seguía a Bruce, los pasos de Bruce eran más largos y rápidos de lo habitual, la sangre le hervía. No podía creer que Dick hubiera usado lo que le había enseñado para proteger a los ciudadanos y hacer respetar la ley y el orden para gastarle una broma de muy mal gusto a un profesor suyo. Así, en ese estado, no podía lidiar con Dick. Necesitaba tranquilizarse, sino lo iba a estrangular.

- B: Espérame en mi despacho, ya sabes, en el centro, de rodillas y brazos extendidos. Ahora voy.

Dick asintió con la cabeza. Castigado de rodillas, menuda penitencia, pensó Dick. Aquel y la enjabonada de boca eran los típicos castigos de Alfred, la última vez que Alfred lo castigó así estuvo una hora entera la quemazón en todos los brazos y hombros era tal que incluso le costó quedarse dormido aquella noche. Dick entró en el despacho de Bruce e hizo lo que se le había ordenado. Al cabo de unos minutos entró Bruce con unos expedientes en la mano.

- B: Te quedarás ahí pensando sobre tus malas acciones hasta que te diga que te levantes. Después le pedirás a Alfred que te de la vara de abedul, él sabe donde está, me la traerás y hablaremos muy seriamente tu y yo (dicho eso bajó la mirada y empezó a estudiar uno de los documentos de uno de los dossiers. A Dick se le escaparon un par o tres más de lágrimas).

Aquello era un auténtico suplicio, el dolor al cabo de 20 minutos era realmente difícil de llevar. Pasado 40 minutos le quemaban los hombros tanto que creía que se le iban a caer de cuajo. 50 minutos más tarde volvía a escapársele las lágrimas, pero esta vez de dolor. Una hora más tarde le dolían las rodillas y los brazos tanto que creía que le dolerían de por vida. Cómo se suponía que debía pensar en lo que había hecho mal, si solo podía pensar en cuanto le dolía y que después le iba a dar con la vara de abedul. Bruce, jamás le había pegado con la vara. Pero su padre la había dado uno o dos varazos cuando había hecho el cafre en la cuerda o en el trapecio. Y si la pala dolía horrores, la vara era mil veces peor. Un varazo solo te podía doler durante horas.

90 minutos más tarde Bruce guardó cuidadosamente los expedientes y se aclaró la voz.

- B: Puedes levantarte (su voz seguía siendo severa pero ya no había furia en ella).

- A: Gracias, señor ( y respiró aliviado mientras movía los hombros y los brazos intentando desentumecerlos, pero le dolía todo el cuerpo. Bruce le dio unos minutos).

- B: Dick (alzando la ceja derecha) la vara (Dick tragó saliva, no se había olvidado de la segunda parte de su castigo, solo que ilusamente esperaba que Bruce si se hubiera olvidado).

- Si, señor (y salió del despacho en busca de Alfred).

El padre de Dick les había "enseñado" a sus hermanos y a él que cuando uno era amonestado o castigado se había de responder con el máximo respeto posible. Así que en ocasiones como esa, Bruce o Alfred dejaban de ser Bruce y Alfred y se convertían en "si, señor" o en "no, señor".

Dick miró primero en la cocina, después en el despachito que Alfred tenía en una habitación que había cerca de la entrada al jardín y después subió hasta la habitación de Alfred y picó a la puerta. Rezando por que el mayordomo hubiera salido y no se encontrara ni él ni esa vara en casa. Pero un "come in" de lo más inglés acabó con esas esperanzas.