Esto es un experimento de drabble doble que hicimos Rikottan y yo xD Ella hizo la primera parte y yo la continué, nos reímos mucho haciendo esta cosa. Esperamos que os guste ;)
Ya sabéis que tenéis el enlace a la imagen que usamos en mi perfil.
Aviso: Pensamientos y otros en cursiva.
Disclaimer: Los personajes no nos pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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—¡Me niego a trabajar con ese idiota! —exclamó, molesto. Estaba furioso, ¿cómo se le ocurría a su jefe tal cosa?
—Aunque no quieras, tienes que hacerlo, Kagami —regañó aquel hombre, mirando al pelirrojo con una enorme sonrisa—. ¿Recuerdas que tenemos un contrato?
Y esa era su carta del triunfo.
Chasqueó la lengua resignado, sin duda no quería trabajar con ese maldito de Aomine, pero no le quedaba de otra. Era eso, o ser despedido.
El pelirrojo trabajaba para una agencia de modelaje, la cual hacía trabajos para todo tipo de revistas, desde las que todos conocían: chicos sexys posando, usando ropa o promocionando artículos costosos; hasta las más extrañas y difíciles de conseguir: poses desnudos, pornografía homosexual, promociones a prostíbulos o moteles, etcétera.
Él era un modelo bastante reconocido tanto en el público heterosexual como en el homosexual, así que ese no era el problema. Lo que realmente le molestaba era el hecho de tener que posar con una persona de la "compañía enemiga". Porque sí, la agencia en la que trabaja no era la única, había unas pocas que eran iguales, pero sólo una estaba al mismo nivel y ese no era el único maldito problema, sino que también lo era la maldita persona con la que trabajaría. Así es, Aomine Daiki de la compañía Touou, el cual era un hijo de puta a su parecer.
¿Por qué? Simple. Esa no era la primera vez que colaboraba con la compañía Touou, ya había trabajado anteriormente con aquel moreno de ojos azulados, y era un maldito idiota, presumido y egocéntrico. No es mentira que el chico de cabellos azules es sexy, pero en su opinión, no era para tanto. Su personalidad era horrible y nada educada, además de que siempre se estaba burlando de él. Comprendía que fueran 'enemigos' pero trabajo es trabajo y tenía que comportarse como un adulto medianamente maduro. Pero nada en ese hombre inspiraba madurez, se comportaba como un maldito niño que sólo sabía joder todo el maldito día a sus pobres y cansados padres.
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Pero ahí estaba él, Kagami Taiga de la compañía Seirin, sentado en la oficina de su jefe, conversando con éste sobre lo que tendría que hacer con el desgraciado de Daiki.
—¿Qué es lo tengo que hacer con ese imbe…? —tosió, fingiendo haberse equivocado ante la mirada de desaprobación de su jefe, y corrigió—. ¿Qué es lo que tengo que hacer con Aomine-senpai? —así es, ese maldito era su superior sólo porque entró al mundo del modelaje un año antes que él.
—Tienen que posar un mensaje subliminal, para la revista homosexual, Sensuale.
Gruñó por lo bajo, nada podía ser peor que posar un mensaje subliminal para una de las mejores revistas homosexuales en todo Japón con ese tipo, ¿verdad?
—La revista nos pidió que ambos debían estar semi-desnudos con algún elemento en sus manos, mostrando todo tipo de miradas seductoras y poses provocativas —terminó de explicar su jefe emocionado. Aquel señor no tenía idea de lo mal que se llevaba con el moreno, así que tampoco sabía cómo se sentía al escuchar que debía estar casi desnudo al lado de ese chico…
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Y ahí se encontraba, en la oficina de su jefe, sentado al lado de aquel moreno que lo sacaba de sus casillas por culpa de su horrible personalidad. Su superior se divertía explicándoles lo que tenían que hacer por segunda vez –ya que Aomine ya había escuchado las mismas instrucciones de su jefe y el pelirrojo ya se había tragado todo ese molesto 'bla, bla, bla' hacía apenas un par de horas.
—Y entonces… Kagami se acercará a ti y lamerá el pequeño rastro de helado en tu boca —decía el hombre con una enorme sonrisa.
"Se está divirtiendo, ¿verdad? Es sólo una bromita ¿cierto? Buda, dime que esto no es verdad, ¡por favor!"
¿Había escuchado bien? ¿¡Por qué rayos debía tener algún tipo de contacto con el imbécil de cabellos azules!? ¿No era suficiente el hecho de estar prácticamente desnudo frente a él?
—Y mientras Kagami lo hace, tú le arrebatas la caja de leche de sus manos y la riegas en todo su abdomen mientras lo recorres sensualmente con tu otra mano. —Hizo una breve pausa para ver a ambos modelos de arriba hacia abajo, comiéndoselos con la mirada y sonrojándose accidentalmente por eso—. Y ahí, después de recorrer tu mano por todo su abdomen y su pecho, asciendes a su cara lentamente y lo obligas a lamer el resto de la leche que quede en tus manos.
"¿En serio este tipo no se masturba pensando en nosotros?". —Fue lo primero que se le vino a la mente al pelirrojo cuando empezó a describir aquella escena tan… ¿sensual?
—Lo más importante de todo esto son 'las miradas', así que procuren mirarse lo más seductoramente posible. —Dichas aquellas palabras, se levantó de la cómoda silla de su escritorio y les sonrió a ambos modelos.
—Me niego… —Le valía mierda si aquel tipo lo despedía o no. Se negaba a tener ese tipo de contacto con el peliazul.
El jefe de Kagami estaba a punto de decirle unas cuantas cosas, pero fue interrumpido la voz ronca del moreno—. ¿Acaso tienes miedo? —soltó, dedicándole una sonrisa arrogante al molesto Kagami.
—¿Qué dices, maldito? —Oh no, no permitiría que ese bastardo de Aomine le ofendiera.
—Si no quieres hacerlo es porque tienes miedo ¿verdad? —Le miró retador—. Eso significa que después de todo, la compañía Touou es mil veces mejor que esta, ¿no es así?
"Ese maldito hijo de..."
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Estaba a un segundo más de conversación de partirle la cara a Aomine… ¿Miedo? ¿La compañía Tõõ mejor que la de Seirin? ¡Ja! Ni en sus mejores sueños. Respiró hondo y optó por calmarse para no echar su carrera al traste por culpa de uno de sus impulsos. No era la primera vez que le pasaba por eso con el moreno, la última vez que trabajaron juntos casi acaban perdiendo el empleo los dos por un par de agarres con 'no muy buena intención'. Kagami era consciente de su personalidad explosiva y había aprendido más o menos a manejarse con ella y a relajarse cuando debía hacerlo. No obstante, lo que le pasaba con ese chico iba más allá del mero 'cabreo': la temperatura le subía, le hervía la sangre, se cabreaba a la mínima y lo único que quería era estamparlo contra una pared y callarle la boca… de una hostia, por supuesto. Respiró de nuevo.
—Espero que no te pongas nervioso cuando lo haga mil veces mejor que tú —respondió al final, altanero. Aomine sólo ensanchó su sonrisa retadora y alzó una ceja en señal de incredulidad.
—¿Hah? Si tú seguro que no has seducido a alguien en tu vida… te echarás a temblar en cuanto empecemos. —Ahí estaba de nuevo, ese sentimiento de ira recorriendo al pelirrojo de pies a cabeza. Respiró por tercera vez, aunque ya daba menos resultado.
—El día en el que yo tiemble por tu culpa, volarán los cerdos.
—No te veo volando, Kagami-chan —igual si cogía rápidamente el abrecartas que había sobre la mesa, podría matarlo antes de que su jefe se metiera.
"Lo mato. Definitivamente lo mato".
Desde que Aomine se enteró de que era su senpai, había molestado al pelirrojo añadiendo tras su apellido ese odioso sufijo. Doble respiración.
—Repite eso y haré que te comas la mesa —siseó Kagami bastante molesto, sin embargo, ese tono de voz sólo hizo que el peliazul sonriera ladino.
—Vale, vale —levantó las palmas en señal de rendición—. ¿Qué tal sin en lugar de hacer volar a los cerdos, me obedeces durante un par de horas si logro hacerte temblar? —añadió divertido. Kagami pudo apreciar cómo su jefe se revolvía en la silla; al parecer, estaba siguiendo toda la conversación al dedillo. Kagami lo sopesó y sonrió victorioso.
—Supongo que si no lo logras yo gano lo mismo, ¿no? —El peliazul aumentó sus sonrisa y se levantó para largarse.
—Voy empezando sin ti —le dijo desde la puerta—. No tardes en desnudarte para mí. —Un bote de crema de promoción que había sobre la mesa de su jefe voló hasta chocarse contra la madera.
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Se había comido la bronca de su jefe, estaba realmente cabreado y lo único que cubría su cuerpo sobre unos bóxers especiales de cadera baja, era una toalla blanca a la que ahora mismo odiaba bastante. Las luces ya estaban preparadas y sobre una mesa había varias muestras de cartones de leche y helados preparados para su uso. Expiró mirando la composición de los helados.
"Ni siquiera me gustan…"
Suspiró de nuevo, cerrando los ojos para intentar evadirse de esa horrible realidad que tanto le asolaba en esos momentos. Por fin se estaba relajando cuando notó un brazo pasar sobre sus hombros y una cálida piel rozando su desnuda espalda.
—¿Ya estás listo, Kagami-chan? Si quieres puedo prepararte… —logró esquivar el codazo que iba dirigido a su cara y subió de un salto al escenario que habían preparado para ellos. No había nada especial, sólo una sábana blanca en la que luego proyectarían el fondo escogido.
—¡Kagami-kun, póngase en posición! —gritó una voz desde alguna parte. El pelirrojo suspiró de nuevo, pensando en lo corta que sería su vida si seguía teniendo esos ataques de histeria. Subió lentamente a la izquierda de Aomine, que le miraba altanero y sonriente. Una chica se acercó nerviosa a darles los últimos retoques al maquillaje y el fotógrafo comenzó con su trabajo.
Aomine comenzó enseguida y chupó el helado de forma muy sensual, internándolo para después sacarlo muy despacio mientras lo succionaba. A continuación mordió la punta y se relamió con ganas mientras miraba a Kagami con la cabeza inclinada y sus azules ojos brillando por culpa de los focos. A su vez, el pelirrojo bebía un poco del cartón de leche, permitiendo que un fino hilillo resbalara por su comisura mientras enfocaba su vista en los húmedos labios de Aomine, que seguían relamiendo el pequeño trozo de helado.
Cuando dejó de beber se acercó al peliazul lentamente, sujetando con una mano la toalla a la altura de la cadera, dispuesto a absorber con sus labios el cacho de helado. Cada vez estaba más cerca de esos carnosos labios, casi podía sentir el calor del cuerpo de Aomine… y cuando estuvo a unos milímetros de distancia se quedó quieto. No podía, no era capaz de tener ese nivel de intimidad con el moreno. Estaba a punto de echarse hacia atrás cuando vio aumentar la sonrisa en los labios contrarios y pudo ver cómo éste abría ligeramente la boca dejando a la vista su objetivo. No supo si fue por orgullo o por… vale, fue por orgullo, debía ser eso, pero rompió esa distancia y atrapó con la boca el pedazo de hielo que apenas ya existía, relamiendo los labios contrarios y atrapando los restos de éste que quedaran alrededor de forma muy pausada.
Sus ojos bermellones fijos en los zafiro de Aomine, su respiración agitada en cadencia pero firme; estaba totalmente nervioso e hipnotizado al mismo tiempo por esa extraña sensación. ¿Qué sensación? Pues… ni él mismo sabría describirla, sólo sabía que jamás había estado tan desinhibido en su trabajo.
Aún no habían separado sus labios –o más bien sus lenguas– cuando notó cómo Aomine le quitaba el brick de leche y dejaba caer parte del líquido por su pecho, el cual resbalaba por cada marcado músculo de su abdomen de forma perfecta. Al sentir su mano vacía la subió hasta posarla sobre el hombro ajeno y acariciar esa morena piel muy lentamente hacia abajo.
Rojo y azul no apartaban la vista el uno del otro, ambos estaban absortos en los iris contrarios mientras se miraban de forma lujuriosa, con movimientos sensuales y atrayentes. Y no supo en qué momento se besaron, pero no fue un beso exactamente, simplemente sus lenguas rozaban por aquí y por allá, y sus labios se posaban sobre los contrarios, a veces siendo atrapados por unos blancos dientes y otras sólo lamidos por una imperiosa lengua, todo de forma pausada.
Aomine acarició con su mano libre todo el abdomen de Kagami, bajando hasta donde la toalla se lo permitió –con lo que se ganó un siseo del pelirrojo– para después recorrerse por cada abdominal hasta el pecho, donde paró de forma casi imperceptible sobre uno de los pezones y así seguir ascendiendo por el cuello y la mandíbula, haciendo una ligera presión con los dedos para separar ambos labios.
Hielo y fuego aún mantenían la mirada, abducidos por el momento. El moreno posó otro de sus dedos sobre los labios de Kagami, paseándolos de un lado a otro y presionando para dejar entrever los dientes mientras sonreía con lujuria; y el pelirrojo respondía sacando su lengua para degustar la leche que en ellos quedaba y continuar bajando lentamente su mano por el codo del moreno hasta llegar a la mano contraria, donde paró agarrando su muñeca, pero no se esperaba que el moreno dejara caer el cartón de leche al suelo para entrelazar sus dedos con los contrarios.
A la vez que se agarraban las manos, Aomine volvió a bajar sus dedos por el pecho de Kagami para atrapar de nuevo sus labios y tras ese último gesto sonrió altanero y lujurioso, y el pelirrojo le devolvió exactamente la misma sonrisa, separándose el uno del otro y mirándose ya desde una distancia algo más… normal.
—¡Perfecto! —gritó una voz que les saco a ambos de lo que quiera que hubiera ocurrido en ese momento. Ambos se giraron a mirar a todo el equipo de producción cuya existencia habían olvidado.
Todo el mundo les miraba quién más quién menos con la boca abierta, su jefe tenía un pañuelo en la nariz y había un par de chicas abanicándose en una esquina. El color ascendió a las mejillas de Kagami de golpe cuando se dio cuenta de lo que acababa de ocurrir. Más de la mitad de lo que habían realizado no estaba en el guión, y normalmente debían repetir las escenas unas cuantas veces… Aunque por algún motivo esa expectativa no le asqueaba tanto como debería.
Se alejó rápido hasta la mesa de las muestras, relamiéndose la saliva de sus labios que no era de su propiedad, y se quedó estático.
"Mierda… ¿qué...? MIERDA"
—Parece que te ha gustado, Kagami-chan —susurró una voz en su oído. No le hizo falta girarse para reconocer ese estúpido mote.
—Cállate, Ahomine, ni siquiera me gusta esa maldita leche —respondió sin mirar hacia atrás. Aún seguía sonrojado.
—Oh, pero yo no hablaba de la leche… además, seguro que la mía te gustará.
—¿Me 'gustará'? ¿De qué hablas? —Justo antes de girarse, notó cómo Aomine reía sobre su cuello y tiraba un poco de la toalla, deslizando sutilmente un helado por el trasero de Kagami, el cual dio un respingo y tembló ante la sensación—. ¿QUÉ COJONES ESTÁS HACIENDO? —gritó, tirando de la toalla y sacando el helado de entre sus nalgas.
—Haciéndote temblar —dijo, como si hablaran de la cría de murciélagos en las cuevas del norte—. No sé si volarás, pero vas a ver el cielo. Eres oficialmente mío durante dos horas. —Le guiñó un ojo—. ¡Oh! Y debes llamarme Aomine-senpai.
"Lo mato. Definitivamente lo mato… ¡YO, LO MATO!"
