Como el experimento anterior funcionó bastante bien, decidimos repetir, esta vez además de Rikottan y yo, contamos con la ayuda de Zhena Hik, que se animó a participar :) Como nos pedían una continuación del anterior para saber qué hicieron esas dos horas... Pues bueno, aquí leeréis lo que pasó :P Esperamos que os guste.
Por cierto, dije que la subiría creo que hace dos viernes porque ya estaba escrita... ¡se me olvidó por completo! Estoy de exámenes y... bueno, ni me paso por aquí. No tengo perdón, lo sé, pero gracias a un lindo review, aquí estoy actualizando, ¡lo siento mucho! ¡LO SIENTO! *Sakurai mode on*
Ya sabéis que tenéis el enlace a las imagenes que usamos en mi perfil.
Aviso: Pensamientos y otros en cursiva.
Disclaimer: Los personajes no nos pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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–0–0–0–0–0_ Zhena Hik 1/3 _0–0–0–0–0-
Quizás Taiga se había esperado algo parecido luego de perder esa apuesta contra el moreno, sin embargo, verse ahora en la casa de éste, recostado contra el sillón y con el cuerpo del anfitrión sobre el suyo no era precisamente la manera en que esperó que terminara todo ese asunto del comercial.
Porque vamos, ni siquiera se llevaban bien, y ahora estaba sintiendo esas manos recorriendo su pecho mientras él cerraba los ojos disfrutando de la caricia, así como de los labios que se unieron a los suyos. Taiga no sabía cómo responder, por ello permitía que fueran las manos de Aomine las que se encargaran de todo.
—Así me gusta, que sean dóciles. —Escuchó la voz ronca del moreno sobre su oído, acto seguido, era el pelirrojo frunciendo el ceño quien se apartaba empujando por el pecho a su contrario.
—¿A quién le llamas dócil, imbécil? —se quejó. Empujó al otro hasta que éste quedó contra la suavidad del sofá y entonces pudo sentarse sobre su cadera, manteniendo una mano en el descansabrazos junto a la cabeza de Aomine para mantenerse erguido, y la otra sobre el pecho del mismo.
Fue inconsciente pero miró su mano sobre la tela blanca que cubría el pecho contrario y la deslizó siguiendo con su mirada su propio recorrido hasta que llegó a la cadera donde comenzaba aquella prenda clara, cubriendo también el inicio del pantalón. Metió su mano bajo la tela, llevando la palma extendida sobre el estómago plano y bien trabajado que tenía aquel chico insoportable.
Aomine sonrió ante la manera en que Kagami le miraba, poco a poco iba subiendo el toque de su mano, uniendo su otra extremidad al recorrido y llevándose con éste la camisa sin manga que le cubría. No se resistió y elevó el torso lo suficiente para ayudar a que la prenda no estorbara, pudiendo contemplar en su totalidad el pecho marcado del moreno.
—¿Piensas hacer algo o quieres quedarte mirándome durante las dos horas? —cuestionó Aomine, llevando sus manos a la cadera contraria, tratando de obligarlo a que subiera un poco para que quedase sentado sobre su pelvis y no en los muslos como estaba. Pero Kagami no se lo permitió y permaneció en su lugar.
—Accedí a venir a tu casa, pero no a convertirme en tu puta, ahora te aguantas… —regañó.
Aomine sabía que sólo necesitaba tomar los labios contrarios para volver a tener el control. Por alguna razón que ninguno de ellos comprendía, besarse era la clave para dejar que sus instintos se apoderaran de sus actos y terminaran haciendo cosas que estando plenamente conscientes no harían. Como ahora, que estaban tirados en el sillón del departamento de Aomine luego de haberse estado besando al menos una hora arriba del automóvil del moreno.
La idea principal había sido que saliendo del set, Aomine tomaría las dos horas que había ganado, pero apenas subieron al coche de éste, no pudieron separar sus bocas, saboreando cada rincón de la cavidad contraria y restregando sus lenguas como si fuese la última vez que besarían en sus vidas… lo que derivó en ellos de camino hacia la vivienda del más alto.
Kagami mordió su labio inferior pasando su dedo índice por el centro del pecho ajeno, llegando hacia uno de los pezones, pellizcándolo entre su índice y su pulgar, agachándose después hasta cubrir el otro con su boca. Fue rápida la reacción de Aomine, quien arqueó su espalda y llevó su mano hacia el cabello rojo ejerciendo presión contra su propio cuerpo para que esa boca se encargara de hacerle sentir bien.
—Chúpamela, Kagami —pidió en un murmullo, recibiendo la mirada intensa y molesta del mencionado ante la simple petición tan descarada.
Pero antes de que cualquier maldición pudiera salir de su boca, fue Aomine quien elevó la cabeza y se apoderó de los labios que ya se habían entreabierto para soltar alguna grosería. Describir la manera en que Kagami besaba era imposible, sólo podía asegurar que su técnica era justo como le gustaba, sabía que con un beso del chico podría ponerse tan duro como con una paja.
Ese magnífico uso que le daba a su lengua, chocándola contra la otra y deslizándola por entre sus labios, era esquiva pero al mismo tiempo peleaba por su territorio. El beso no era en exceso lleno de saliva, como muchos hacían y él en lo personal odiaba, sólo jugaba y se amoldaba a su boca sin dejar rastro de que estuvo ahí, salvo la sensación caliente y reconfortante que le daba compartir ese nexo con el pelirrojo.
Sus manos no tardaron en colarse bajo la camisa de Kagami y comenzar a tocar cada músculo de su abdomen, así como los de su espalda baja, la cual recorría mientras sus besos se volvían cada vez más y más intensos. Gracias a ello podía saber qué era lo que más le gustaba a Taiga.
Cuando tocaba alguna parte sensible del cuerpo contrario, Kagami intensificaba el beso, haciéndolo más brusco, más arrebatado, dejando así que el moreno se enterara de lo que le gustaba. Recibiendo también un par de mordidas en su labio inferior cuando una de sus manos decidió explorar por debajo del pantalón verde que llevaba el chico, deslizando unos dedos por entre las nalgas. Supuso que esa acción, seguida de la separación de sus rostros fue un claro: Ahí no.
Ahí estaban ahora, mirándose casi enojados. Kagami con un brillo asesino en sus ojos, y Aomine con la sonrisa de suficiencia.
—Todavía no se terminan las dos horas —dijo hartándose de ser paciente con el pelirrojo.
Se levantó con el menor retrocediendo ante él, en su rostro sólo había determinación cuando se volvió a posar sobre el cuerpo contrario. Llevó sus manos hacia el pantalón y con audacia comenzó a desabotonarlo para después comenzar a bajarlo.
—Eres mío durante este tiempo, ¿recuerdas? —Abrió las piernas contrarias cuando eliminó aquella molesta prenda y se posó entre ellas, llevando sus manos hacia los muslos, mismos que apretó mientras sonreía mirando directamente los ojos rojos que le devolvían la mirada con fiereza.
—Disfruta tu tiempo porque ya no queda mucho… —dijo sintiendo entonces cómo era jalado hacia el cuerpo contrario. Ahora podía sentir en su totalidad el miembro erecto del otro chocar contra su trasero, aunque éste seguía cubierto por la tela del bóxer—. Nnhg… idio…ta —regañó cuando sintió aquella acción tan... placentera.
Quizás no la pasaría tan mal después de todo, aunque eso no lo aceptaría. Y mientras el pelirrojo se hacía una promesa interna de no demostrar cuánto estaba disfrutando, Aomine se hacía otra en la que planeaba lograr que el chico le pidiera más.
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–0–0–0–0–0_ Rikottan 2/3 _0–0–0–0–0-
—A-Ah… Ao-Aomine… —gimió al sentir aquellas manos morenas deslizarse por segunda vez dentro de su camisa, ascendiendo y descendiendo de forma lenta y sensual, hasta cansarse y levantar la tela negra que le cubría hasta la mitad, dejando su abdomen descubierto. Entonces recibió una mirada seductora por parte del peliazul, que transmitía sus intenciones; desde el deseo que sentía por tocar su cuerpo, besarlo y hacerle sentir en el cielo, hasta el porqué de sus provocaciones desde que se conocieron.
Kagami no era del tipo de persona que lo entendía todo con hechos, era más de comprender con palabras y Aomine se dio cuenta de eso al terminar la sesión de fotos, cuando deslizó aquel helado por su trasero y el pelirrojo no notó sus verdaderas intenciones pensando que esa acción no fue más que una broma vergonzosa que el moreno trató de jugarle. Pero no era así. Daiki, a diferencia del pelirrojo, se ahorraba las palabras "innecesarias" y pasaba a la "acción", por eso siempre que tenía algún tipo de sentimiento o quería expresar algo importante lo demostraba con "pequeños gestos". Así que aquella mirada era su última carta, si no entendía con eso, no dejaría de lado su orgullo para decirle toda la atracción que –sin saber cómo– empezó a sentir por él.
Bajó la mirada de nuevo y continuó con su "trabajo" empezando a lamer lentamente aquel vientre esculpido, haciendo que el más bajo soltara suspiros apenas audibles y que arqueara un poco la espalda debido a la deliciosa sensación que la lengua experimentada del peliazul le estaba haciendo sentir—. A-Aah…mmgh —mordió levemente su labio inferior, tratando de evitar que esos gemidos obscenos salieran de su boca. Pero se convirtió en algo imposible cuando sintió la mano escurridiza de Aomine colarse por debajo de sus bóxers, sacando su palpitante erección y sonriendo entre lamidas y besos en el abdomen contrario ante la imagen de éste, sorprendido por la dureza de su miembro.
—Parece que sí te gusta… —comentó, sonriéndole triunfante para después empezar a frotar despaciosamente la enorme erección mientras se encargaba de lamer y marcar aquel delicioso abdomen.
Maldecía su voz, sus gemidos y todo el placer que estaba sintiendo por manos de ese hombre. Maldecía el momento en el que su mano se coló entre los cabellos azules del moreno y comenzó a acariciarlos con una gentileza poco común en él. Maldecía el instante en el que le pidió entre gemidos que no sólo se entretuviera con su abdomen y que también chupara sus pezones. Maldecía ese segundo en el que Aomine le miró y le pidió que no contuviera más su voz, que quería escucharle, y se maldecía más que nada a sí mismo, por haber escuchado sus palabras y haber hecho lo que le pidió.
—A-Aaaah… Mmh… M-Más —pidió entre gemidos, tomando la mano del moreno que frotaba su miembro con un vaivén demasiado lento y tortuoso para él. Odiaba admitirlo, pero quería más, deseaba sumergirse mucho más en el placer y las sensaciones extrañas pero deliciosas que el moreno le estaba haciendo experimentar. Su mano fue prácticamente golpeada por la del moreno, el cual soltó su miembro para tomarla, ponerla a un lado del sillón, y después dedicarle una enorme sonrisa egocéntrica y decirle con una voz ronca y sensual.
—El único que puede darte placer soy yo —aquella frase había sonado totalmente ridícula, seguramente se hubiera reído si no fuera porque estaba muy excitado, y también por aquella voz similar a un ronroneo por parte del moreno, la cual le pareció extremadamente sexy.
—I-Idiota…T-Tócame… —pidió, dejando su orgullo de lado. Ya le importaba una mierda que ya se hubieran pasado de las dos horas, sólo quería que el moreno le hiciera experimentar un delicioso orgasmo, algo nuevo que con nadie hubiera podido sentir antes.
Sonrió triunfante. Había logrado su cometido: hacer sentir bien a Kagami hasta que le pidiera más. Volvió a posicionar su mano sobre el miembro contrario y empezó a masturbarlo con rapidez, haciéndole soltar gemidos muy audibles al más bajo, desde peticiones como "más rápido" hasta simples suspiros que le daban a entender lo bien que le estaba haciendo sentir.
Lo odiaba. Detestaba a Aomine Daiki, sus burlas, su forma de ser, su cuerpo, todo… Al menos eso creía, pero si era así, ¿por qué se sentían tan bien sus toques? ¿Por qué deseaba con locura besar sus labios? ¿Por qué anhelaba que ese momento nunca terminara? ¿Por qué sentía la molesta necesidad de abrazarlo? ¿Por qué le volvían loco los movimientos lánguidos de aquella lengua en su abdomen? ¿Y por qué no podía odiar aquellas marcas que había dejado por todo su vientre?
Lo entendía, pero no quería aceptar el hecho de que aquel hombre le atraía. Él podía engañarse, pero su cuerpo hablaba por sí solo; esos toques le estaban volviendo loco, esa mano que le masturbaba le estaba haciendo sentir en el cielo, esa lengua que se entretenía con sus pezones le encantaba, era imposible no darse cuenta de algo tan obvio como eso: él no odiaba al peliazul, de hecho le gustaba, aunque no tenía ni la menor idea de cómo en tan poco tiempo había logrado atraerlo hasta el punto de querer tener sexo con él... Pero eso lo pensaría después, ahora sólo quería llegar hasta el final con el moreno y no pensaba hacerlo en tan solo dos horas.
—M-Más rápido… —pidió, y sus deseos fueron órdenes para el peliazul, el cual empezó a frotar con rapidez el miembro del más bajo, empezando con movimientos lentos de arriba abajo en el pene, hasta subir rápidamente al glande y masajearlo con el dedo pulgar, repitiendo la misma acción una y otra vez con celeridad—. ¡AAaaah… Ao...mine… mmmgh! —gritó entre gemidos. Cuando sintió una corriente eléctrica recorrerle toda la espalda hasta su miembro se dio cuenta de que ya había llegado a su límite—. M-Me voy a co-rrer… —dicha aquella oración, llegó al orgasmo, dejando salir aquel líquido blancuzco en la mano del moreno, parte del sillón y su abdomen.
Suspiró relajado y dejó que su respiración se calmara, para después mirar al moreno pensativo, ¿estaría bien decirle sobre la extraña atracción que sentía por él? Negó con la cabeza. Aquello podría ser peligroso y arruinar aquel instante de silencio, que realmente estaba disfrutando. Cuando su respiración por fin regresó a la normalidad, tomó el rostro del peliazul y le robó un rápido beso en los labios con más de un significado, que Aomine había entendido en un instante…
—Tú lo pediste. —Fue lo que dijo, para después dedicarle una tercera sonrisa triunfante al pelirrojo que ahora estaba más que ansioso por continuar. Sin duda alguna, aquella noche iba a ser muy larga.
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–0–0–0–0–0_ Yukino Daiki 3/3 _0–0–0–0–0-
¿Cuántas horas habían pasado ya? Ni lo sabía, ni le importaba lo más mínimo. Aomine no le había dado mucha tregua después ese pequeño beso robado. Apenas había recuperado la respiración por completo cuando pudo notar de nuevo al moreno sobre él, demandando con ahínco su boca y exigiendo como suyo cada pequeño centímetro de su húmeda cavidad.
A él no le había importado, oh, para nada, se había empezado a poner duro de nuevo a los pocos minutos de empezar ese beso, dejando que su cuerpo mandara sobre su mente, permitiendo que los impulsos que normalmente intentaba controlar, salieran desbocados a flote… en definitiva, se había rendido a ese chico que tantos problemas le había dado, pero sólo lo había hecho por una razón: sabía que Aomine sentía lo mismo, aunque lo ocultara mucho mejor debido a su conocimiento del disimulo y la indiferencia.
Bajó los pantalones del moreno a la par que se arqueaba inconscientemente debido a los pellizcos que unos diestros dedos le estaban proporcionando en ambos pezones. Logró zafarse de la prenda mientras le comía la boca con insistencia y sonrió al notar el respingo que dio Aomine cuando metió la mano bajo el elástico y agarró su miembro completamente duro.
—Me parece que no soy el único aquí al que le gusta… —siseó con una pícara sonrisa en sus labios. El peliazul le fulminó con la mirada y se apartó de encima, dejando espacio para que se incorporara sobre el sofá, acción que descolocó a Kagami, quien no se podía creer que eso le hubiera ofendido con todo lo que él le había soltado antes. Le devolvió la mirada de cabreo—. ¿Y ahora qué pasa? —Y ahí estaban de nuevo, lanzándose miradas de muerte semidesnudos. Aomine sonrió de nuevo y la lascivia pintó sus rasgos.
—Si de verdad quieres que me lo pase bien, debes esforzarte más —dijo mientras elevaba las caderas y se quitaba él mismo los boxers, dejando su erección totalmente expuesta frente al perplejo Kagami—. No pienso repetirlo más veces. Chúpamela, Kagami. —Se recostó en el sofá, lanzando al pelirrojo una mirada que decía "¿Acaso no sabes hacer algo tan sencillo?". El pelirrojo entrecerró aún más los ojos, pero en vez de mandarlo a la mierda se terminó de enderezar y se colocó en el suelo frente al peliazul, sin retirar su fiera mirada de la azulada en ningún momento. Separó las piernas del moreno con su rodilla y agarró su erecto miembro, cosa que hizo que éste echara la cabeza hacia atrás ante el repentino contacto. El pelirrojo reprimió una sonrisa ante esa reacción y continuó manteniendo su agresiva mirada.
Aomine volvió a enfocar rápido sus ojos sobre los contrarios y Kagami comenzó a masturbarlo despacio, sin mucha fuerza, mientras acercaba su boca lentamente a la parte superior, viendo cómo el contrario se mordía el labio inferior ante la expectación y notando cómo alzaba casi involuntariamente sus caderas pidiendo atención. Sabía lo que quería, diablos, era lo mismo que él había buscado antes, pero le haría sufrir igual que él había sufrido. Sacó la lengua y chupó por fuera toda la extensión del pene, alternando sus lamidas con el bombeo. La respiración de Aomine tornó entrecortada y el pelirrojo comenzó a succionar la punta mientras apretaba con más fuerza desde la base hasta arriba.
Por su parte, el peliazul estaba cachondo perdido, buscando que el idiota que tenía delante chupándosela –cosa que no creía posible, en realidad, y que le había sorprendido– se diera un poco más de prisa o acabaría muriendo de exasperación. Para colmo, notar el propio miembro de Kagami apretar sobre su muslo no ayudaba mucho que digamos—. Joder, Kagami… date prisa o será peor para ti —siseó entre respiraciones, agarrando las rojas hebras para forzar la velocidad mientras observaba una escena de las más eróticas que recordaba haber visto jamás: ver a Kagami chupándosela le ponía realmente cachondo.
El mencionado sonrió y continuó con su ritmo, quitando la mano que tenía sobre el sofá para sujetarse y posándola sobre los testículos del moreno, pero sin hacer ni caso a sus demandas. Quería verlo sufrir por él, por su contacto, porque le tocara... pero Aomine no era de los que esperaba por nada, y él lo sabía. En realidad, lo que buscaba en realidad el pelirrojo era llevarlo al límite para que no se contuviera, y no tardó en lograrlo.
—Tsk… aparta, te voy a enseñar lo que es la puta velocidad, idiota —se colocó de rodillas en el suelo, quitándose la camiseta mientras apartaba a Kagami, el cual imitó su acción y lanzó por ahí su prenda antes de quedar de nuevo sentado frente a Aomine en el suelo. El moreno se arrastró hasta atrapar la boca ajena en un beso veloz, agresivo, demandante y salvaje que les dejó sin respiración. Sus erecciones dieron otro respingo aun estando completamente duras, y el peliazul lo cortó para bajar serpenteando hasta la hombría de Kagami, dando lamidas por ciertas partes sensibles y pellizcando los pezones ya duros del tigre mientras éste soltaba pequeños gemidos ahogados.
Sin previo aviso, se metió todo el miembro del pelirrojo en la boca y comenzó a masturbarlo oralmente a una velocidad realmente pasmosa. Sus ojos brillaron al ver a Kagami arqueándose contra el parqué y gimiendo audiblemente. Abandonó uno de los pezones para rodear con la palma la base de la erección y deslizarse a través de los testículos hasta la entrada de Kagami, donde internó un dedo también sin previo aviso. Un ligero espasmo recorrió el cuerpo que estaba bajo él y comenzó a mover su dígito sin cesar mientras lamía el glande contrario y continuaba metiendo y sacando ese duro pene en su boca.
Metió un segundo dedo, realizando movimientos de apertura para dilatar todo lo posible ese estrecho lugar. Vio cómo el pelirrojo arañaba el suelo a los dos lados de él, pero el placer que le estaba dando aún era mayor al dolor, de modo que internó un tercer dedo y comenzó a meterlos y sacarlos de forma un tanto ruda, sonriendo malévolo ante las maldiciones que soltaba su agresivo tigre.
—Ahomine, joder… c-cuidado ahí atrás, ahh… —El dolor era soportable, pero el moreno no estaba siendo nada cuidadoso, cosa que en realidad él ya esperaba, pero que no era necesario que Aomine supiera. Colocó uno de sus brazos sobre su boca para mitigar sus gemidos y sonrió sobre su antebrazo al notar cómo los dedos entraban con más ganas ante ese gesto.
—Eh, idiota, déjame escuchar lo bien que te lo hago pasar —exigió el moreno, que pegó un ligero mordisco en la punta del miembro de Kagami y empujó con fuerza los dedos que, a su parecer, ya habían hecho su trabajo. Sonrió de nuevo y levantó ambas piernas del pelirrojo, sujetándolas por los muslos y colocando su propio miembro que ya casi le dolía sobre la pequeña entrada. La agarró con su mano y la paseó por la línea de las nalgas hasta los testículos en repetidas ocasiones, consiguiendo una mirada de desprecio por parte del pelirrojo—. Quita esa mano de ahí o no obtendrás nada de mí —dijo pagado de sí mismo.
—Tsk. —El pelirrojo obedeció, bajando de nuevo el brazo contra la madera del suelo ahora ligeramente humedecida y lanzando una mirada de odio al moreno. Un dolor le recorrió toda la espina dorsal cuando la erección de Aomine entró de golpe en su interior—. Ahhh… joder… ¡muérete, Ahomine! —El peliazul paró un momento para que la carne que rodeaba ahora su miembro de forma exquisita se acostumbrara a su presencia allí, y poco a poco comenzó un ligero vaivén lento mientras fijaba la vista en los ojos del pelirrojo, y en el sonrojo que poblaba sus mejillas y los bordes de sus orejas. Sonrió de nuevo y apretó el ritmo.
Los gemidos de dolor de Kagami pronto pasaron a ser pequeños gritos de placer, estaba disfrutando por completo de las acciones del moreno y notando cómo su orgasmo estaba por llegar de nuevo. El sudor recorría ambos esculpidos cuerpos, marcando los abdominales y músculos de forma increíble y obteniendo así una visión celestial de ambas fieras luchando ahora por lograr respirar. Kagami apretó los muslos sobre el peliazul al notar que éste salía de su interior por completo, y abrió los ojos que había cerrado para disfrutar, viendo esa sonrisa ladina que tanto odiaba.
—D-date la vuelta, K-kagami… —Ya no sonaba tan demandante como antes, hablar con el sonrojo en las mejillas, el sudor por todo tu cuerpo y de forma entrecortada, le quita imponencia a cualquiera.
El pelirrojo obedeció sin rechistar, ofreciendo su culo a un Aomine totalmente perdido en su mundo de lujuria y sexo. Se colocó de nuevo detrás, sujetando la esbelta cintura con sus manos e internándose de nuevo de forma lenta, robando de nuevo suspiros del pelirrojo. Comenzó a embestirlo con fuerza sin previo aviso. Las nalgas de Kagami chocaban con sus muslos, creando sonidos bastante pornográficos que le ponían a mil, y en esa nueva posición encontró el punto exacto que andaba buscando.
—Ahhh, ahhh, mghhh, ahí… A-aom.. ahgg… … —Si había algo mejor que oír su nombre de los labios de ese chico, era que no pudiera ni acabar de pronunciarlo. El pelirrojo estiró una mano para alcanzar un cojín que antes habían lanzado por ahí y poder apoyar la cabeza, levantado aún más su trasero para Aomine, el cual sonrió aumentando el ritmo a todo lo que su cuerpo podía ofrecer y gimiendo por el placer que el interior de Kagami le hacía sentir… llevaba tiempo esperando eso, deseándolo en silencio desde lo más profundo de su ser. Al principio creía que se había vuelto loco, y que su subconsciente le traicionaba cuando tenía sueños húmedos con ese pelirrojo de la competencia que tan mal le caía, pero después del comercial… bueno, después de eso se la pelaba lo loco que estuviera, necesitaba dar duro al chaval o moriría en el intento.
—V-voy a… Aomin-ne… ahhhh. ¡Ahhh! —Kagami dio un espasmo corriéndose sobre el suelo, el moreno ni siquiera se había percatado de dar la atención necesaria al miembro contrario, estaba demasiado ocupado con su propio placer, y no parecía haber sido necesario. Estaba en su límite también. Dio cuatro embestidas más antes de correrse en el interior del tigre, que aún estaba recibiendo réplicas de placer.
Cuando el efecto del orgasmo hubo aminorado un poco, Aomine sacó su miembro del interior de Kagami y se desplomó sobre él, mordiendo su costado cuando apoyó la cabeza en la bronceada espalda. El pelirrojo siseó y se dejó caer sobre la madera, haciendo que ambos acabaran de lado sobre el suelo, luchando por recuperar la respiración y mirándose intensamente. El moreno echó un ojo al reloj de pared del salón y sonrió.
—No has cumplido con las dos horas, así que me debes otras dos —dijo sonriendo pervertido al pelirrojo, que miró corriendo el reloj y alzó una ceja.
—¿De qué hablas, idiota? ¡Las hemos superado por mucho!
—Exacto, y yo sólo quería dos horas, así que ahora debes compensar el placer extra que te he dado —el pelirrojo entrecerró la mirada agarrando el cojín que había dejado sobre su cabeza para estampárselo en la cara, pero los labios de Aomine fueron más rápidos.
