Pues nada, como esto ya estaba escrito desde el 10 de mayo ya que lo escribí para uno de los días Kagamine (10/5), ahí lo dejo. Ojalá acabe mi tortura académica pronto para poder actualizar lo demás . ¡Suerte a todos y todas!
En mi perfil dejo en enlace a la imagen con la que me inspiré, como siempre :)
Aviso: Pensamientos y otros en cursiva.
Disclaimer: Los personajes no nos pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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Estaba nervioso y no sabía por qué. Bueno, sí lo sabía, pero no quería admitirlo. Era la primera vez que quedaría con Aomine fuera de una cancha y no dejaba de darle vueltas a un montón de posibles situaciones imposibles en las que ellos acabarían… ¿besándose? Agitó la cabeza mientras se dirigía a casa del moreno y sacó el móvil para revisar el mensaje por enésima vez.
"Bakagami, necesito tu ayuda con una mierda de inglés. Te espero a las ocho en mi casa"
Típico de Aomine: ni por favor, ni gracias, un simple enunciado informativo que te decía lo que ibas a hacer. Bloqueó el móvil de nuevo después de leer otra vez esa única frase y miró al frente, ya había llegado a casa del peliazul y su nerviosismo estaba aumentando.
Kagami no sabía cuándo se había empezado a sentir atraído por el moreno, sólo sabía que después de los partidos siempre se sorprendía queriendo volver a casa con él, que muchos días acababa soñando despierto con ellos besándose en sitios desconocidos para su mente, y que por las noches había tenido más de un sueño húmedo con él. ¿Por qué Aomine? Ni idea, pero le daba igual, su único cometido en ese momento era controlarse lo suficiente para no hacer nada, conociendo la mala leche explosiva del as de Tõõ, si no tenía cuidado podría acabar en el hospital.
Exhaló con fuerza y se internó en el jardín de la casa. Llamó al timbre, pero nadie respondió, así que lo volvió a intentar un par de veces. Miró la hora en el móvil por si se había confundido, pero eran las ocho en punto, así que decidió probar a ver si estaba abierto y la puerta cedió. Entró discretamente, murmurando un ligero "Con permiso… ¿Aomine?", pero le respondió el silencio. Miró el recibidor: sólo estaban las zapatillas de Aomine, así que estaría solo en casa. Quizás estaba escuchando música con cascos sin darse cuenta de la hora que era y no le había escuchado.
Avanzó por la casa hasta que dio con el salón. Aomine se encontraba dormido en el suelo de malas maneras sobre un cojín. Su roja mirada vislumbró un montón de diccionarios de inglés y folios arrugados por el suelo. Al menos lo había intentado por su cuenta antes de llamarle. Sonrió ante ese pensamiento y lo miró de nuevo. Estaba tan tranquilo… su rostro sólo denotaba paz y sosiego, todo lo contrario a lo que suele percibirse en Aomine Daiki.
Sin darse cuenta se quedó embobado mirando cómo subía y bajaba su pecho de forma casi imperceptible, cómo su camiseta se había deslizado un poco por su cintura hasta dejar entrever sus morenos y bien marcados abdominales, y cómo arrugaba la nariz cada cierto tiempo por culpa del sueño que estuviera teniendo. Un fino hilillo de saliva se deslizaba por la comisura de su boca hasta fundirse con el cojín que usaba como almohada.
Un pensamiento de dudosa ética se le pasó por la cabeza, la cual agitó al instante, negándose a sí mismo a admitir que quería aprovecharse de un completamente indefenso Aomine. Pero… nadie se iba a enterar, ¿no? Y esos labios parecían tan dulces… ¿sabrían como parecía? ¿O quizás tenían un matiz salado? Kagami miró a ambos lados, asegurándose de que no había nadie más allí que ellos dos, y casi sin darse cuenta se arrodilló sobre el moreno, embobado ante ese rostro tranquilo… ¿le había visto alguna vez sin el ceño fruncido o la sonrisa ladina? Notó un ligero calor subirle desde un punto impreciso en su estómago hasta sus mejillas, las cuales se sonrojaron al momento.
Con una mano ligeramente temblorosa acarició la piel de Aomine en la zona que dejaba a la vista la camiseta. Estaba caliente, más de lo que esperaba, y era muy suave al tacto… pronto se perdió en su mundo de sensaciones y empezó a deslizar los dedos por la cintura del peliazul hasta su espalda. Posó su mano libre sobre la de Aomine, que se empezaba a mover ligeramente ante los toques del pelirrojo. Notó cómo su erección era ya más que palpable y acercó su cintura hasta que rozó la del contrario, que se retorció ligeramente bajo su cuerpo.
Kagami se quedó quieto un segundo ante ese movimiento. ¿Qué cojones estaba haciendo? Por Dios, ¡cualquiera que lo viera coincidiría en que lo estaba prácticamente violando mientras dormía! Se decidió a irse de ahí cuanto antes y olvidar lo ocurrido cuando Aomine lo agarró por el cuello en sueños y elevó la cadera para rozar ambas erecciones. El as de Seirin emitió un ligero sonido y miró al contrario: tenía los ojos cerrados con fuerza, las mejillas completamente ruborizadas y se había relamido los labios dejándolos rojos y brillantes.
Si el mundo no había conspirado contra Kagami en algún momento de su vida, en ese momento se estaba vengando por ello. No podía. Simplemente no podía desaprovechar esa oportunidad e irse de allí sin más, su instinto le pedía a gritos tomar ahí mismo al moreno, estuviera consciente o no.
Soltó un cálido suspiró sobre el cuello de Aomine que hizo que éste se estremeciera y elevara de nuevo las caderas, cosa que desquició por completo al pelirrojo, que se separó ligeramente y desató tanto su pantalón como el del moreno, dejando un poco más de espacio a su… ¿sus? Los rojos orbes se abrieron como platos, el miembro de Aomine se notaba completamente erecto por debajo de los bóxers.
El pelirrojo apretó la mandíbula, ¿acaso los dioses le estaban castigando por algo? Se estaba ganando un pasaje directo al infierno, pero no le importaba. Se estiró de nuevo sobre el moreno, y rozó con sus labios los contrarios muy despacio por temor a despertarle, notando cómo con el contacto Aomine entreabría la boca en busca de algo más. Sus cinturas chocaron de nuevo y Kagami comenzó a deslizarse a un ritmo lento sobre el peliazul, que cada vez se revolvía más bajo él.
Subió la cabeza hasta la oreja, donde dio un ligero mordisco para bajar por el cuello y llegar hasta el mentón a la vez que sus miembros volvían a rozar. Aomine emitió un ligero jadeo y el mundo de Kagami se vino abajo cuando pudo observar a una distancia privilegiada esos azules ojos. Se había despertado. Ya está. Estaba muerto. MUERTO. Eso no podía tener otro final. El pelirrojo se quedó completamente estático, rezando para que cerrara de nuevo los ojos y Morfeo lo arrastrara a su mundo otra vez.
Aomine acarició el cuello de Kagami sin entender qué es lo que estaba abrazando, y abrió los ojos al máximo cuando sus pupilas se encontraron con las contrarias.
—¿Q-q-qué…? —Se quedaron parados como una estatua en esa posición, ninguno de ellos respiraba. Podían compararse con una obra de arte del nivel de la Grecia antigua. Aomine retiró la mano del cuello del pelirrojo muy lentamente. Abrió y cerró la boca un par de veces, intentando decir algo que ni él sabía mientras Kagami seguía en estado de shock. Entonces notó cómo su miembro palpitaba y el sonrojo aumentó en sus mejillas a pesar del tono de color de su piel. ¿Acaso estaba duro por culpa de Kagami? Por lo visto el sueño que estaba teniendo no había sido culpa sólo de su pervertida mente.
El as de Seirin, al ver de nuevo el sonrojo en las mejillas de Aomine, salió del shock lo suficiente como para intentar explicarse, aunque no creía tener una excusa factible para eso, quizás si probaba con algo como… "Verás Aomine, el cuerpo humano a veces puede verse envuelto en un estado de enajenación transitoria en la que no sabe lo que hace, y bueno, resulta que tú dormido provocas esa enajenación en mí, que hace que quiera tocarte y…" No, definitivamente eso no tenía futuro.
—A-aomine… Yo… yo sólo… yo no… —Comenzó a alejarse lentamente, poniendo al máximo sus reflejos para salir a toda hostia de allí en cuanto Aomine estallara en cólera. Lo que nunca se esperó fue que el peliazul lo agarrara de nuevo por el pelo para acercar sus bocas juntas hasta apenas estar a un centímetro de distancia.
—Kagami, si empiezas algo, lo terminas —dijo con una voz rasgada mezcla de pasión y exigencia que subió la libido del tigre por las nubes—. Hazte responsable, idiota. —Y dicho eso atrapó los labios del pelirrojo entre los suyos de una forma voraz e insaciable, como quien lleva años esperando por algo y de repente lo tiene a su alcance.
Unos minutos más tarde los jadeos inundaban la estancia, Aomine se retorcía bajo Kagami, el cual masturbaba su miembro con rapidez a la par que insertaba el segundo dedo en la entrada del moreno. Aún no entendía cómo habían acabado así, pero le daba lo mismo, disfrutaría el momento porque sabía que no se repetiría.
—J-joder, Kagami, date prisa —jadeó el peliazul moviendo las caderas al ritmo que le marcaba el pelirrojo, que llevaba rato queriendo entrar en esa estrecha cavidad, así que no se lo pensó dos veces al escuchar la petición y metió un tercer dedo de golpe en toda su extensión. Aomine se retorció ligeramente y apretó los dientes, pero empujando a Kagami contra su cuello para que continuara mordiéndolo como venía haciendo desde hacía poco. De golpe le tiró del pelo para separarlo y arrastró su boca contra la suya con fuerza, con tal pasión y fiereza que sólo podía dar a entender una única cosa que el pelirrojo entendió al instante.
Elevó sus caderas y sacó los dedos, dejando a Aomine tirado de nuevo sobre el cojín que ya no estaba tan pulcro como antes. Los ojos azul zafiro brillaban con lujuria y Kagami suspiró antes de posicionarse entre sus piernas. Había soñado meses con ese momento, y ya no podía soportarlo más. Entró de golpe en la carne de Aomine, que le atrapó al instante desde todos los ángulos posibles. El pelirrojo gruñó a la par que el moreno se retorcía intentando olvidar el dolor que le había atravesado. Kagami se quedó quieto, sabía que debía esperar un poco, al menos le debía eso.
—¿A qué esperas? —Aomine le fulminó con la mirada, él no era una nena y no necesitaba delicadezas. El as de Seirin sonrió ligeramente ante esa frase y comenzó a entrar y salir del peliazul sin mesura. Pronto a sus gemidos roncos se unieron los gruñidos de placer de Aomine, el cual intentaba no gritar porque su orgullo no le permitía mostrarse así frente a Kagami, al fin y al cabo, se trataba de su mayor rival.
El pelirrojo embestía con toda la fuerza que podía desde esa posición, él estaba casi en su límite, pero había algo que no cuadraba, según lo poco que sabía, Aomine debería estar gritando a otro nivel, de modo que lo agarró por la cintura e hizo fuerza contra sí mismo. El moreno entendió al instante y se agarró a su cuello, comiéndole la boca en el preciso instante en el que ambas se alcanzaron a rozar.
Kagami se levantó con Aomine y se acercó como pudo hasta la mesa, donde el moreno quitó con el brazo sin mirar y de mala manera todo lo que había, tirándolo al suelo para apoyarse ahí. Entonces el pelirrojo lo apoyó y comenzó las embestidas de nuevo, ahora mucho más fuertes debido a su nueva posición de pie, con el moreno sentado sobre la mesa con las piernas abiertas.
Y entonces sí, lo encontró, ese punto que llevaba a Aomine a otro nivel. Sonrió con suficiencia ante los –ahora sí– gritos del as de Tõõ y comenzó a masturbarlo de nuevo mientras ambos se besaban desenfrenadamente. Poco después Aomine se corrió sobre la mano del pelirrojo y éste alzó la cabeza para gemir ante el orgasmo que le recorría el cuerpo para después apoyarla sobre la clavícula del moreno. Se quedaron jadeando un poco hasta que Kagami salió del interior de Aomine y se sentó en el suelo con los brazos hacia atrás, intentando acompasar la respiración.
"¿Y ahora qué?", pensó el pelirrojo, ¿se largaba de ahí como si no hubiera pasado nada? Elevó la cabeza para buscar su ropa interior y pronto ambos estuvieron vestidos sin haber mediado ni una palabra. Entonces Kagami decidió armarse de valor.
—Aomine…
—¿Empezamos? —La pregunta del moreno le descolocó por completo.
—¿Eh? ¿Qué?
—Creía que habías venido aquí a ayudarme con el trabajo. —Le miró divertido y después observó todos sus apuntes tirados por el suelo, pisados y arrugados—. Pero parece que voy a tener que empezar desde el principio…
Kagami había olvidado por completo para lo que había ido allí, pero no podía creerse que Daiki estuviera bien con toda esta situación, aunque claro, si lo pensaba bien, no todo el mundo habría reaccionado de ese modo en la tesitura en la que le había encontrado… ¿y si no era el único allí que se sentía atraído por el otro? La duda invadió su cabeza hasta que Aomine lo sacó de nuevo de sus pensamientos.
—¡Bakagami! —le gritó. El pelirrojo se tensó y elevó la cabeza de inmediato, quizás un poco asustado. Ahora debía ayudarle con ese trabajo de inglés y ya pensaría en lo demás más tarde. Miró a Aomine a los ojos esperando enfado, pero se encontró un brillo que denotaba todo lo contrario. La sonrisa ladeada que tanto le caracterizaba se formó en su rostro lentamente antes de añadir—. Ahora tendrás que hacerte responsable.
