Aquí un nuevo capítulo.
Quería comentarles dos cosas:
Primero estoy en facebook como GinnyPotterWe y subo adelantos.
Segundo tengo un nuevo fic: Es un viaje en el tiempo.
Las lágrimas del presente. Sonrisas del Futuro ¿Tres generaciones Juntas?
Es un Hanny (Harry&Ginny) Lleva solo 3 cap.
Espero que les guste este capítulo y el nuevo fic.
¡Pasen a leer!
Annie Blair.
Annie era sin duda alguna, una de las jóvenes más hermosas que quedaban de la última generación de Hogwarts. Su cabello rubio platino y ojos azules hacían de ella la combinación perfecta. Era buena en todas sus clases, conocida entre los hijos de magos pues aunque su familia no poseía alta jerarquía era sangre pura. Sin embargo, Annie Blair tenía un defecto: su orgullo. Una rubia que estaba segura de sí misma y segura que pertenecería a la casa de las serpientes quedó sorprendida cuando fue asignada a la casa de los leones. Encerrada en sí misma nunca tuvo amigos. Codiciada por la mayoría pero considerada inalcanzable. Anhelando lo que otros tenían sembró en su corazón oscuridad y sentimientos viles que la llevaron hasta donde se encontraba ahora. Mortífaga. Para pocos era increíble el rumbo que la joven había tomado. Malas decisiones y un solo culpable ante sus ojos: Remus Lupin.
-¿Qué haces aquí?- preguntó el castaño.
-¡Estás herido!- gimió ella observando la sangre de su ropa…
-¿Qué haces aquí?- preguntó fríamente.
-Lily…
-Pensé que ya lo sabías -rugió él- Fue tu amo quien lo hizo.
-¿Qué pasó con Harry?- preguntó ella omitiendo las acusaciones.
-¿Cómo te atreves a?- La rabia del castaño aumentaba. Respiró profundamente- ¿Qué quieres Blair?- preguntó en tono cansado.
-Venía a… Remus vendrán por ti- dijo ella en susurros temiendo que alguien pudiera escucharla.
-Sé cuidarme solo- respondió ácidamente a la advertencia.
-Bellatrix viene hacia acá. Estoy segura. Busca a Melanie. Ponla a salvo. Busca a Si…
-¡Basta!- rugió apuntándola con su varita- No tienes por qué disimular. Ya lo sé todo- ella lo vio confundida.
-Remus no sé de qué hablas. No hay tiempo que perder. No pude hacer nada por Lily pero…
-¡Cállate!- la punta de la varita quemó la túnica negra de la rubia- Lily y James están muertos. Melanie también- rugió- Está es su sangre- dijo tomando con rabia sus túnicas- Tu marca debe estar ardiendo- dijo tomando su brazo izquierdo con brusquedad- ¡Tú nos traicionaste al igual que Sirius!
-¿De qué demonios hablas Remus?- preguntó sollozando -¿Melanie está muerta? ¡Te juró que no sé nada!- Traté de huir cuando Bellatrix comenzó a hacer planes. Y por eso estoy aquí Remus. Y no eres el único objetivo. Hay más. Irán tras… ¿Sirius?-preguntó recordando sus palabras- ¿Sirius traidor? ¿Eso fue lo que dijiste?- preguntó atónita- Pero eso no…
-¡Crucio!- una voz a sus espaldas se escuchó y Bellatrix volvió a aparecer. La rubia yacía en el suelo chillando de dolor- Siempre supe que terminarías traicionándonos- escupió con rabia la pelinegra- ¿Sigues enamorada de este maldito hombre lobo?- preguntó irónica- ¿Por eso volviste? ¡Crucio!- gritos de dolor se escucharon.
-¡Basta!- chilló Remus apuntando su varita al pecho de la mujer- No eres bienvenida en esta casa.
-¡Te atreves a dirigirme la palabra!- chilló antes de comenzar a enviar maldiciones que eran hábilmente rechazadas por Remus.
Sin embargo, sus dos acompañantes comenzaron a ayudarla. Las tres personas que observaban en silencio fueron las únicas que se dieron cuenta cuando aquella hermosa rubia se levantó sigilosamente y apuntó a uno de ellos dejándolo inconsciente. Un duelo a muerte se desató en ese momento. Los hechizos no verbales de aquella pareja seguían repeliendo las maldiciones que Bellatrix Lestrange y su acompañante lanzaban. En aquella chica rubia no quedaba nada más que odio. Odio hacia sí misma por ser tan débil y dejarse engañar. Odio por dejar de lado a quienes siempre la habían apoyado. Odio. No más. No menos.
Nunca pensó que alguien la recibiría como amiga y mucho menos como si de su familia se tratase pero eso fue lo que Lily Evans hizo con Annie Blair, el día que la encontró en la habitación de las chicas mirando hacia un horizonte vacío. Vacío como lo era su vida en aquel entonces. Para Annie, su vida dio un giro inesperado de 360°, el día en que Lily le ofreció su amistad incondicional y que ella gustosa recibió. Una simple frase y la vida de Annie cambio.
Ven conmigo, te demostraré cuán hermosa es la vida. Te prometo que de ahora en adelante no estarás sola.
Ella había roto esa promesa silenciosa de estar juntas ante todo y todos. Lo hizo aquel día en que dejó salir sus más profundos y oscuros sentimientos, por una venganza que no tenía sentido. Era joven y hasta la fecha todo lo que había querido, lo tenía en la palma de su mano. Siempre lograba lo que quería. Excepto una vez. Solo hubo alguien que Annie no logró tener: Remus Lupin. Para ella el chico más sencillo y humilde, perfecto para ella. Sin embargo, Annie se sorprendió del rechazo rotundo que el castaño le dio por primera vez pero ni así dejó de persistir. Para Remus, la situación se salió de control. No podía negar, que la chica era hermosa, pero ella no entendía y no sabía su verdad. Tal vez fue la desesperación de aquel día lo que lo indujo a decir aquellas palabras que salieron de su boca sin siquiera pensarlo.
¡Quieres dejarme en paz de una buena vez!- gritó -¡No me interesas! ¡En lo absoluto! ¡No me figaría en ti nunca! Eres muy poco para mí Blair.
Lo sabía. Había sido muy duro con ella. La humillación se hizo presente y ella fue el objeto de burla del "club de Fans de Los Merodeadores" por semanas. Lily no volvió a hablarle. Pero todo había sido según Remus lo mejor. Solo así, Annie se alejaría de él. Ella merecía mucho más que una vida al lado de una persona como él. O al menos eso pensaba. Su mundo se vino abajo cuando sin querer escuchó cuando Lily le confesaba a James, el nuevo camino que había tomado Annie. Lily mantenía una relación cordial con James Potter y para aquel entonces, Lily ya estaba consciente de su problema peludo. Por un lado, la pelirroja entendía la razón por la cual había dicho aquello esa noche y no lo juzgo pero le dejó muy claro que no estaba de acuerdo con la postura que estaba tomando. Según ella, el hecho de que fuera un hombre lobo, no le impedía formar una familia. Él sabía que ella se equivocaba, pero se encontraba destrozado y enojado consigo mismo como para replicar.
Más allá de ese hecho, Remus Lupin no fue el único que sufrió con la decisión de Annie, sus amigas también: Lily estaba desconsolada sin saber que hacer o qué decir y Melanie estaba furiosa. ¿Quién se creía que era? No había sido la única que fue rechazada por un hombre. Ni la única repudiada de una familia por no cumplir con sus ideales. Ni siquiera era la única desdichada del grupo. ¿Por qué tenía que tomar esa decisión? ¿Por qué tenía que obligarlas a separarse? Nadie lo entendió en aquel momento. Nadie excepto Bellatrix Lestrange quien aprovechándose de la situación, aconsejó a Annie tomar venganza y de hacer pagar a todos por todas y cada una de sus lágrimas.
Annie aceptó. Y desde allí su vida se volvió oscuridad. Se encontró en un callejón sin salida. Había perdido a su familia tiempo atrás y se había alejado de aquellos quienes la recibieron como una hija perdida que había regresado después de mucho tiempo. Como mortífaga y alumna de la gran Bellatrix Lestrange, sus poderes eran magníficos pero su corazón estaba lejos de allí. Se había enterado que Remus era un hombre lobo y aunque en ese momento entendió muchas cosas, la razón no la dejó continuar con aquella absurda idea del perdón. Ahora se encontraba allí, luchando a su lado, junto a él. Luchando por sus vidas, haciéndolo en vano. En ella no se cumplirían las palabras de aquel dicho: "El alumno supera al maestro". Porque no era como ella, al menos su alma no estaba tan podrida como la de aquella mujer de cabellos negros. Pensó en Severus y en la ayuda que acaba de ofrecerle pero que ella se negó a recibir. Ella tenía que encontrar a Remus y decirle la verdad. No había otra prioridad en su vida. Es más, para ella eso era más importante que su propia vida. Y no lo lograría estaba muy segura de ello.
-Remus necesito decirte algo importante. ¡Es sobre Sirius!- gritaba ella a la distancia pero él parecía concentrado en aquella batalla.
Sin embargo, el descuido de la rubia fue aprovechado por su oponente quien sin dudarlo lanzó una maldición que le dio directamente en el pecho, dejándola en el suelo. Aquel hombre se dirigió hasta el cuerpo de su compañero caído y tras verificar que se encontraba inconsciente pero vivo, se dirigió hasta su compañera para terminar aquella tarea. Cuando Remus lo vio venir con su porte enigmático, supo que algo andaba mal. Se giró y metros más allá, el cuerpo de Annie se sacudía violentamente. Estaba perdido. Iba a rendirse. Ya no tenía nada por qué luchar. No podía acercarse a Harry. Sus amigos habían muerto y Sirius lo había traicionado. No había nada más que hacer. Bajó la varita derrotado por primera vez en su vida. La risa burlesca de Bellatrix no se hizo esperar. La varita levantada y un rayo verde hacia él fue lo último que alcanzó a ver antes de cerrar los ojos. Un grito de impotencia lo hizo abrirlos con brusquedad. Albus Dumbledore se acercaba a ellos con paso firme y decidido. Bellatrix se acercó hacia el cuerpo de su compañero y desapareció justo antes de enviarle una mirada divertida. Su compañero se desapareció justo después y él no tuvo más opción que caer al suelo lleno de impotencia.
-¿Quién es?- preguntó Dumbledore junto a él señalando el cuerpo de Annie.
Entonces lo recordó y corrió hacia ella, con Dumbledore tras él. Allí estaba ella tal y cómo había encontrado a Melanie horas atrás. Cubierta de sangre y sin nada que él pudiera hacer. Miró a Dumbledore suplicando y él respondió negando silenciosamente. Ella abrió los ojos y se perdió en los chocolates. La verdad la golpeó. Estaba en sus brazos y a punto de morir. Necesitaba decirle. Decirle su verdad, decirle que aún le quería y que necesitaba su perdón, decirle que Sirius era inocente y que él debía hacer algo pero las palabras no salían de su boca. Todo era rojo y negro. No podía verlo y entonces lo único que pudo hacer antes de dar su último respiro fue decir aquellas palabras que habían estado en su boca desde el momento en que se apareció frente a su casa.
Lo siento.
