Inuyasha y CO., no me pertenecen -por más que he tratado de engañar a Takahashi para que me firme los documentos donde me cede los derechos de autor-.
Regalo para "¡ARDALUS!" por el "Intercambio Navideño 2015-16" del foro Hazme el Amor.
ADVERTENCIA: Rated: "M". Si te ofende o disgusta leer escenas con lemon pues, éste fic no es para ti. Si de todas maneras quieres continuar leyendo, será bajo tu responsabilidad como lector.
Utopía de Amor
Estaba innegablemente enamorada del hombre más fascinante y hermoso que jamás haya conocido. El problema no era él, era su título. ¿Cómo negar un amor tan grande cuando el hombre de tus sueños es tu profesor?
II
Japón, 2015.
La semana había transcurrido rápido, el tiempo parecía ser inclemente y pasar con más velocidad de lo acostumbrado. Tal vez era debido a las ansias de los estudiantes por graduarse, o simplemente era porque todos habían estado sumergidos en diferentes actividades y preparando el viaje de fin de curso, el cual era un regalo de la institución a los alumnos.
—…es así como garantizamos la seguridad de cada uno de ustedes. —La directora acomodó sus anteojos y prosiguió con la charla desde el podio que estaba en el escenario; todos los estudiantes estaban reunidos en el auditorio del edificio. —Ahora que todo está arreglado y el permiso de sus padres está otorgado, sólo queda con terminar de preparar la salida en los diferentes transportes y dividir las secciones. Procederemos a mencionar la lista de los cursos y sus docentes encargados.
A la directora se le fue entregada una lista y uno a uno fue nombrando los cursos junto con su profesor o profesora asignado. Estos tendrían la responsabilidad de atender a los alumnos en el viaje y cuidar por su integridad, sin despegar la vista de ellos. Este viaje sería únicamente para los graduandos, es decir, irían los únicos tres salones de duodécimo grado, tres secciones en total. —Profesora Akada, Natsuki. Curso: Duodécimo grado A.
La profesora mencionada subió al escenario y tomó la lista de los estudiantes que le correspondían. Kagome ocultó un bostezo con el dorso de su mano. Su curso correspondía al C, así que sólo faltaban dos. Ya estaba incómoda y fastidiada, tenía hambre y hubiese preferido estar en su mullida cama, durmiendo. —Profesor Kouhei, Fujikita. Curso: Duodécimo grado B.
Ew… gracias al cielo. Ése hombre era un ancianito amargado, seguro les arruinaría el viaje. —Profesor Taishō, Inuyasha…—Se tensó al escuchar el nombre de su Sensei… ¿Él también iría a la excursión? Pero… el único grado que quedaba… era…— Curso: Duodécimo grado C.
Su mundo cayó a sus pies y casi se desmaya de la angustia. Esto no podía estarle sucediendo, no a ella. Desde el incidente de la heladería, lo había evitado a toda costa, ni siquiera había ido a practicar arquería cuando él estaba en el campo. ¡Qué horror! Un fin de semana completamente bajo su mirada sagaz. En esos momentos, deseó no haber prometido a sus amigas que iría a ese viaje. Sus amigas… las buscó con la mirada y ambas la observaban con asombro y casi miedo, como esperando que ella dijera o hiciera algo. Pero la azabache estaba sin habla.
Vio como el profesor Taisō bajaba del escenario y se dirigía hacia donde estaba su grupo. ¡Perfecto! Tantos días evitándolo y ahora se lo tiraban de frente, ese día luego del fatídico y vergonzoso encuentro en la heladería, había podido eludirlo y no encontrarse con él y ahora… ¿La vida la odiaba o qué? Se rezagó detrás de sus amigas y trató de evitar la dorada mirada de su profesor. Esto era absurdo, por todos los cielos. Sus demás compañeros de aula estaban más que agradecidos que les haya tocado el más joven de los profesores, con él, las actividades serían más divertidas. Al ser el profesor encargado de impartir clases en el equipo de luchas, era más competitivo, les exigía al máximo y siempre salía victorioso en los combates de calentamiento, casi restregándoles en la cara su triunfo.
Los alumnos se llevaban bien con él. Había incluso con algunos con quienes hablaba de manera informal, pero… no con ella, nunca seria así con ella. Una idea cruzó por su mente cuando lo sintió mirarla y ella apartó sus ojos de él, debería decirle a su mamá que le negara el permiso, que se inventara algo, que dijera que estaba enferma, que se había ido de viaje, que había contraído matrimonio, que-sabía-ella, cualquier cosa era mejor que estar bajo su insistente dorada vigilancia.
— ¿Kagome?
La joven pelinegra abrió sus ojos y dejó de morder su uña nerviosamente, saliendo de su ensimismamiento. — ¿Eh?
—El profesor está pasando lista, responde— Le dijo entre dientes una de sus amigas.
Cuando alzó la vista, notó que el profesor Taishō la miraba atentamente, sosteniendo en su mano un bolígrafo, esperando su respuesta. —P-presente.
—Debes estar más atenta, Kagome.
Su reproche le había hecho sonrojar y bajar la vista. Faltaban alrededor de cinco semanas para el viaje que sería a finales de curso, el fin de semana antes de la graduación precisamente. Eso significaba que aún podría mentalizarse que él iba a estar ahí. Eso… o inventarse una excusa para no asistir.
Cuando sus amigas se engancharon a conversar con ella acerca de lo que llevarían y las actividades recreacionales en las que participarían soltó un suspiro cansado, sabiendo que no iba a poder eludirlas.
Oh, demonios. Esto no sería bueno.
Se desperezó y se levantó de la silla delante de su escritorio, había estado estudiando sin parar por más de tres horas y ya su cuerpo se la estaba cobrando. Su madre se había ido al trabajo y ella había finalizado ya con el estudio para su último examen, el cual debía rendir a finales de esa semana. Estar a martes era simplemente una molestia, no sabía porque, simplemente detestaba los mediados de semana. Al día siguiente tendría entrenamiento de arquería, pero iría en la mañana, para así no toparse con el turno de su Sensei.
Salió de su cuarto y bajó las escaleras, no estaba asustada por quedarse sola, lo había estado la mayor parte de su vida. Había sido difícil luego de la muerte de su padre. Muchas veces su madre había tenido que llevársela consigo a su trabajo o dejarla en casa de Sango, la depresión de hallarse sola era demasiada. Pero con el tiempo había logrado recuperar la alegría y también su buena disposición ante la vida. Cuando entró a la preparatoria, pudo desviar su atención a otros temas.
Llegó a la cocina y decidió que prepararse un chocolate caliente era buena idea, se sentaría un rato a ver televisión y ya después podría dormir toda la noche. Esto no era sencillo, ser una adolescente enamorada casi no le dejaba espacio para pensar en nadie más que no fuera ese hombre perfecto a sus ojos.
No había hablado con él, tampoco buscaría hacerlo. Solamente esperaba poder evitarlo hasta el día del viaje. Tres días a su lado, durmiendo en los mismos metros cuadrados que él, teniéndolo muy cerca. Cuando se dejaba soñar y pensar en que ese sería el ambiente perfecto para ambos, el recuerdo de su Sensei con esa mujer en la heladería llegaba a ella, haciendo que en su corazón se instalara ese molesto pinchazo de incomodidad y celos.
Si, estaba celosa.
Ella quería esa mirada, ella quería ese toque de él, ella quería ser suya solamente. Quería amarlo, tocarlo… quería besarlo. Con un suspiro cansado se arrastró hacia el sofá y encendió el televisor, dejando el aún humeante chocolate en la mesita de centro para que se enfriara un poco. Pasó los canales hasta que dejó una película de comedia romántica. Ugh, ¿por qué se torturaba de esa manera?
Bien, al menos, ver los besos de los protagonistas la hacía imaginarse como sería su primer beso. Porque ni siquiera eso, ¡nadie la había besado! A menos no un beso de verdad. ¡Y todo era su maldita culpa! Alejaba a todos los chicos simplemente por serle fiel a un sentimiento unilateral. Pero amaba a su profesor y aunque fuera en su mente, deseaba besarlo de la manera más pasional que pudiera.
.
.
Liberó una, dos, tres flechas… pero con ninguna podía dar en el blanco. Movió sus hombros y su cuello, sintiendo como estos dolían. Acomodó su Kosode para mayor comodidad y se colocó en posición nuevamente. Estaba sola en el campo y había llegado temprano para estar ella con su arco, nadie más. Últimamente eso hacía, entrenar solamente ella. Con el ceño fruncido y una nueva actitud determinada, lanzó una nueva flecha, la cual dio a dos espacios del centro.
—Rayos, ¿por qué no puedo darle al blanco? — Se preguntó a si misma a manera de reproche.
—Porque esa no es la postura que te enseñé.
La saeta que estaba en su arco, ya tensada y lista para ser liberada, se aflojó. Sintió el temblor en sus piernas al reconocer la voz masculina y suave de Inuyasha. Se giró y lo vio apoyado en uno de los pilares de madera del lugar, con sus brazos cruzados sobre su pecho y su mirada de oro clavada en ella. Pero… ¿qué hacía él allí?
—Sensei…
—Estás muy tensa, así no podrás disparar bien, te lo he dicho. —Se acercó a ella unos pasos, a lo que la chica retrocedió. Vio en el rostro varonil el reflejo de la duda y disconformidad, pero ella no podía estar cerca de él, quería evitar a toda costa esas cosquillas que su cercanía le producían.
—Debo retirarme… hasta luego Profesor. — Hizo una leve reverencia y se giró, dispuesta a irse a los vestidores para cambiar su traje blanco y negro por su uniforme. Lo sintió caminar detrás de ella y apresuró su paso, entrando detrás del espacio provisto para realizar los tiros, llegando al pasillo posterior el cual era un poco angosto pero por el cual se podía transitar tranquilamente.
La tomó por el brazo y en un ademán un poco brusco, la hizo girar, quedando cara a cara. — ¿Por qué has estado evitándome? — Demandó saber.
Sus doradas orbes estaban muy cerca de ella, atontándola y dejándola sin habla. —Yo no-
—Si lo has estado haciendo— Interrumpió—, llevas casi dos semanas sin entrenar conmigo, ¿Por qué? — Su tono destilaba la inconformidad del cual era poseedor. La azabache lo miró extrañada, ¿Estaba enojado?
—Solamente… éste horario me conviene más.
—No es cierto. ¿Es por lo que pasó en la heladería? Dime…— Se acercó más a ella, casi acorralándola entre su cuerpo y la pared de madera.
—N-no, no es eso… yo sólo…— Sentir el cálido aliento de su profesor cerca de su rostro la estaba adormeciendo y había creado un nudo en su estómago. Nunca, ni en sus más locos sueños había pensado que lo tendría así de cerca. Sentía su cálida mano aún aferrada a su brazo, evitando que ella escapara… pero a estas alturas, ella no quería escapar.
—No me has dirigido la palabra, ni siquiera me has saludado como antes lo hacías— Colocó ambos brazos al lado de la cabeza de la pelinegra, encarcelándola, mientras seguía admirando cada facción se su rostro, cada gesto, sus labios entreabiertos, su mirada brillante— Detesto que te alejes, detesto saber que no puedo tenerte conmigo, ¿Entiendes eso?
Los achocolatados ojos se abrieron ante la sorpresa de sus fervorosas palabras, ¿Acaso él…?— Se-Sensei…
— ¡No me llames así, maldición! No sabes cómo detesto esa palabra viniendo de ti. —Llevó una mano a su rostro y con sus largos dedos acarició su sonrosada mejilla de la chica, viendo como ella entreabría sus labios —Dímelo… necesito oírlo de tu boca…
— ¿Qué… qué cosa? — Preguntó confundida.
—Mi nombre… llámame por mi nombre. —Demandó, apegando su frente a la de ella.
Estaba narcotizada a este punto. La nariz de él rozaba la suya en una suave caricia, sintiendo su aliento sobre sus labios, deseando probarlos, que la abrazara… que la tomara ahí mismo. —Inu…Yasha…
Eso había sido suficiente para él. En un rápido movimiento la tomó por ambos lados de su rostro, aprisionando sus labios delicados con los expertos de él, dándole un beso cargado de ganas reprimidas, un beso salvaje, posesivo, audaz y lleno de la pasión que sentía.
Con sus manos apretó la tela de su camisa deportiva, atrayéndolo más a ella, sintiéndose en la gloria al saber que él, su amado Inuyasha al fin la estaba besando, al fin le estaba correspondiendo. Él bajó la intensidad del beso, delineando el contorno del inferior labio femenino con su lengua, luego el superior, para posteriormente morderlo de manera delicada y fundirse una vez más en un beso ardiente, demandante.
Se sintió desfallecer cuando la lengua tibia y experimentada del oji-dorado acarició su paladar, no pudiendo reprimir un gemido que había nacido en su garganta, sintiendo como su vientre se contraía sólo con esa acción. Él se separó de ella una vez más, llevando su mano a su cabello, tomando un mechón entre sus dedos. Sus ojos dorados con matices naranjas la miraron fijamente, cristalizados con el deseo. — Si me dices que me deseas como yo a ti… dejo que todo se vaya a la mierda. — Dijo entre jadeos, para luego depositar suaves besos en la comisura de los labios de la azabache.
¿Se estaba refiriendo a… el título 'Alumna-Profesor'? — ¿S-Seguro? — Preguntó, aún dudosa.
— ¿Me quieres? — Ella asintió sin dudarlo, sonrojada de manera furiosa, atontada y, él sonrió, mostrándole el hoyuelo que adornaba una de sus mejillas. —Entonces, serás mía como he deseado desde el momento en que te vi.
Las manos varoniles que habían estado a los costados de la cabeza femenina, bajaron a sus muslos, alzándola y apoyándola contra la pared para tener mejor acceso a sus labios, presionándose duramente contra ella, haciéndola gemir de excitación al tenerlo tan locamente cerca. El beso ahora era casi fiero, la estaba probando de manera descarada, sabía que él era el primero… sería el primero y el único, eso era verídico.
Una de sus manos subió desde su pierna hasta su costado, acariciando su cintura y su plano estómago, aprovechando él la posición para mover sus caderas y frotarse lenta y certeramente contra las propias de la azabache. Ella también le demandó, acariciando sus brazos, su espalda. Aún rodeaba su cintura con sus piernas cuando él rompió el beso y se alejó un poco, sólo lo suficiente para poder quitarse la camisa y volver a asaltar sus labios con la lujuria que quería darle.
Kagome casi desfalleció cuando sintió una de sus manos llegar hasta uno de sus senos; lo masajeó sin recato, sin pudor, arrancándole un furioso jadeo a la chica. Sentía que estaba en la gloria, lo deseaba, a él, desde siempre, desde el primer momento.
Inuyasha caminó con ella hasta una mesa que estaba a un costado y la depositó suavemente, quedando ella sentada y él entre sus piernas nuevamente. Observó el torso desnudo del hombre y sin previo aviso, él le quitó la parte superior de su traje, quedando con su sujetador de encaje color rosa. Él sonrió y la besó nuevamente. —Dilo otra vez…
Entre el beso ella suspiró, sabiendo a lo que se refería. —I-Inuyasha…
Oh demonios, sí. Se escuchaba tan excitante llamarlo por su nombre, tan íntimo. El deslizó fuera del femenino cuerpo el Hakama negro, quedando ella solamente en bragas y sujetador. Sin pedir permiso y sin aguantar mucho más, se deshizo de toda la ropa que quedaba en ella, dejándola completamente desnuda. Contrario a lo que había imaginado, no tenía vergüenza, solamente quería sentirlo, que estuviera dentro de ella de una vez.
Si alguien aparecía, estaba segura que cometería homicidio contra quien fuere.
La recostó completamente en la mesa y llevó su boca a uno de sus pezones, masajeando el otro con sus dedos, incitándola, excitándola. Se retorció bajó su lengua, sintiendo como su intimidad se calentaba y comenzaba a torturarla. Atendió al otro pezón, mordiendo, saboreando y acariciando la piel de la chica, para comenzar a bajar con cortos besos y lamidas por su estómago, su vientre, llegando hasta su centro.
Cuando la azabache sintió la lengua de su profesor en su clítoris, tuvo que morder su labio con fuerza para no gritar. Él la estaba haciendo enloquecer, ¡Y le encantaba! Enterró sus manos en la larga cabellera negra que veía esparcida entre sus piernas, las cuales retorció, acariciando con la planta de sus pies aun cubiertas por las medias la amplia espalda del hombre, sin poder quedarse quieta. Arqueaba su torso con desespero y sentía la irrealidad de la situación. Cielos, ¡Era su Sensei! Pero, en este momento, era lo que menos le importaba… eran un hombre y una mujer que se deseaban, y ella lo amaba. Punto.
Subió hacia los femeninos labios nuevamente, besándola, lamiendo su cuello, mordiendo el lóbulo de su oreja. Alzó una de las blancas piernas femeninas y la asió a su cintura, tomó ambas manos de ella y las llevó por sobre su cabeza, aprisionando sus muñecas con una mano, mientras la otra bajó nuevamente a su intimidad, introduciendo dos dedos en ella. Kagome se arqueó contra su mano, gimiendo descontroladamente.
—Oh… por favor…— Rogó.
—Vamos, pequeña… pídemelo.
—No aguanto… más…— Lloriqueó— Ya no… puedo…
Lo sintió caliente y palpitante cuando se colocó en su entrada, no supo en qué momento se había desecho de su pantalón deportivo y poco le importó. La besó profundamente mientras entraba en ella, de una sola embestida. No había dolor, sólo placer y el gozo de tenerlo al fin para ella, de ser suya completamente. —Muévete, Kagome… muévete.
Movió sus caderas accediendo a su petición, mientras su vista se nublaba y trataba a duras penas de llevar sus manos al varonil rostro, pero sus muñecas estaban firmemente aprisionadas, sin poder moverse. Él siguió meciéndose en una danza frenética contra ella, haciendo que sus pieles rozaran, llevándola hasta la locura. Mientras seguía embistiéndola, sujetó su nuca con la otra mano, haciendo más fuertes los encuentros, arrancando gemidos, gruñidos y un inmenso placer de los labios de la joven azabache.
Cuando sintió algo explotar dentro de ella, él se tensó, gruñendo y embistiéndola con más fuerza, temblando entre sus piernas. Él se dejó caer sobre su pecho, sintiendo sus firmes músculos y el sudor que recorría su piel. Lo escuchó susurrar algo, pero no entendió que era.
— ¿Mmm? — Murmuró.
El alzó su cabeza y la miró con una sonrisa. —Se te va a enfriar el chocolate.
Ah, El choco-… un momento… ¿El chocolate? — ¿Q-QUÉ?
Abrió sus ojos abruptamente parpadeando rápidamente y casi cae del sillón donde había estado recostada, la película que había estado viendo ya había acabado.
¿Pero qué demonios…?
¡¿Había sido un sueño?!
¡¿UN SUEÑO?!
¡¿Qué clase de pervertida era?!
Ah, claro, ya decía ella, era muy bueno para ser cierto. Las imágenes de su húmeda alucinación llegaron a su mente y soltó un gritito de vergüenza, llevando sus manos a su rostro y cubriéndolo, ocultando su sonrojo aunque estuviera sola. ¡¿Cómo había podido soñar de esa manera con él?! Ahora… ¿Cómo lo vería a la cara? Si antes se le hacía imposible con la escena de la heladería, ahora mucho menos, ¡Era una pervertida! Quitó lentamente las manos de su rostro, sintiendo sus ojos humedecerse. Había anhelado tanto que hubiese sido verdad.
"…Serás mía como he deseado desde el momento en que te vi…"
Cerró sus ojos y suspiró. No iba a poder olvidar ese sueño, de eso estaba segura.
Qué vergüenza.
No había sido nada sencillo aludir al profesor Taishō, mucho menos cuando él pidió hablar con ella hacía dos semanas.
.
.
— ¿Por qué no has entrenado más en hora de práctica normal? —Le había preguntado directamente, sin titubeos y sin dirigirle la mirada. Con una típica actitud de un profesor cuando le habla a un estudiante.
—Lo lamento Sensei, he estado ocupada. —Respondió sin atreverse a mirarlo, con las mejillas completamente sonrojadas. Él asintió y dio la vuelta, aceptando su respuesta.
.
.
No le había preguntado más nada, en ese momento agradeció que no le dijera más, no habría podido soportar el estar en su presencia por más tiempo, se sentía totalmente avergonzada y apenada consigo misma por haber tenido ese sueño con él. Y desde ese día, no habían hablado.
—Bien alumnos, fórmense.
Había transcurrido el tiempo y ya estaba alistándose para el viaje, abordando cada grupo el bus expreso que les correspondía. En la entrada del transporte estaba su Sensei, anotando y corroborando con la lista con cada estudiante que subía al bus.
Ella subió, mirándolo de reojo y sintiendo la dorada mirada clavada en ella. ¿Por qué sentía que él quería hablarle? Tenía la impresión de que él quería decirle algo, como si se estuviera conteniendo. Por más que intentaba, no podía verlo como un profesor a totalidad. Primero, debido a lo que sentía por él, segundo, por la manera en la que él la miraba y últimamente se comportaba con ella. A veces quería correr a su lado, pero luego se contradecía ya que al verlo a unos metros de ella, huía como una cobarde.
Pero algo tenía claro… aún después de evitarlo por más de un mes, su amor por él no había menguado en ningún sentido. De lo contrario, ahora que sólo le quedaban unos días en la preparatoria, se sentía más enamorada que nunca.
El bus partió y así comenzó el viaje. Su profesor estaba sentado al frente y todos los alumnos comenzaron a mantener charlas y también a hacer juegos, hasta que a unos más que otros les ganó el sueño y decidieron dormitar en sus cómodos asientos reclinables. Ella prefirió observar por la ventana, luego de haber admirado alrededor de una hora el perfil del ambarino, del cual tenía la mejor vista desde su puesto.
Luego de tres horas de viaje, llegaron al campamento donde estarían por tres días. Ella no se consideraba una chica con espíritu campista o algo por el estilo. Pero el lugar le agradaba.
— ¡Al fin te veo, preciosa! Pensé que estaríamos todo el fin de semana aislados.
Sonrió cálidamente cuando el moreno la abrazó de forma cariñosa. —Es un gusto verte, Kōga.
El chico pellizcó una de las mejillas de la azabache, haciéndola reír. — Vamos a buscar el momento y nos escapamos por ahí, tú y yo… ¿Qué dices?
Iba a contestarle, pero se quedó con las palabras en la boca cuando sintió una mano en su hombro y, al dirigir la vista para reconocer al recién llegado, vio a su Sensei detrás de ella, clavando su mirada reprobatoria en Kōga. —Espero no sea en serio tu propuesta, Kōga. — La azabache se asombró de ver su ceño fruncido, ¿Los reprendería? ¿Los acusaría con la Directora? — Higurashi, ve al centro de la cancha, distribuiré los dormitorios.
No se había dado cuenta de la calidez de su mano sobre ella, hasta que sintió el frío cuando él abandonó su hombro. Asintió y se despidió de Kōga con una sonrisa y agitando su mano, dejándolo junto al profesor. Ellos nunca habían congeniado mucho, discutían y se retaban cuando estaban practicando en las luchas. Aunque Inuyasha siempre había manejado su temperamento a duras penas, ya que debía respetar a sus alumnos.
A los pocos minutos, el profesor llegó, repartió las habitaciones, asignándola con Eri y Yuka y luego les dijo que tendrían una hora y media para descargar los equipajes e instalarse. Se sorprendió cuando le dijo a ella que estaría en el grupo encargado de preparar la cena de ese día, junto con él y otros profesores y alumnos de grupo. Sus amigas le dirigieron una extraña mirada, y ella se sintió un poco acorralada.
¿Por qué ella? Tantos jóvenes que había…
Terminó de acomodar todo en la cabaña y junto con sus amigas decidió salir. El lugar era muy amplio, lleno de muchos árboles, el sitio de campamento perfecto, con pistas de obstáculos, lagos, lagunas, un río y también piscinas de lodo. El día transcurrió entre dinámicas, juegos y yincanas que se hacían entre los diferentes cursos. Fue bastante entretenido y divertido animar y jugar junto con los demás. Los profesores se mantenían vigilantes, pero no sobre ellos. Eso le dio la libertad de relajarse un poco y reírse como hacía mucho no lo hacía.
La tarde había caído y se disculpó con sus amigas para poder asearse. Debía estar lista en una hora y ayudar a la preparación de la cena, ansiaba quitarse de encima toda la cantidad de arena y hojas acumuladas en el transcurso del día. Una vez que estuvo lista, decidió recostarse en la pared exterior de la cabaña. Su cabello aún estaba húmedo y las rebeldes ondas ya estaban presentes. Había optado por utilizar una camisa deportiva Nike, color rosa intenso, junto con un mono corto de la misma marca, deportivo de color negro. Era una manera cómoda de andar y también apropiada.
Se despegó de la pared de madera de la cabaña cuando el profesor Taishō pasó frente a ella. —Que bien, ya estás lista. —Llevaba sus manos dentro de su pantalón Adidas deportivo color negro con rayas verticales en rojo que estaban a los lados de sus piernas, y una camisa deportiva en conjunto del mismo color que las rayas, dejando sus brazos descubiertos. —Acompáñame, iremos primero a la bodega por algunos vegetales.
Asintió y lo siguió. Caminó a cierta distancia detrás de él, admirando su espalda y también percibiendo su perfume. Ese olor siempre la transportaría y relajaría. Llegaron a una cabaña con puerta deslizante, la cual él abrió y la dejó pasar a ella primero. Dudó un poco y luego caminó hasta entrar al lugar. Había muchos costales en los alrededores, también había cajas con vegetales, diferentes tubérculos y raíces, al fondo había unas cavas donde suponía estaba la carne y los alimentos que necesitaban refrigeración.
—En aquel lado hay pequeños costales con verduras, trae dos de esos por favor y, ten cuidado.
Asintió a su orden, sintiendo su pecho calentarse cuando le dijo que tuviera cuidado. Siempre había sido de esa manera, pero luego de su sueño, encontrándose ambos solos, casi se sentía como si pudiera suceder algo entre ellos. Caminó hasta que encontró los costales y cargó uno, no eran tan pesados.
Soltó un gemido de dolor cuando sin fijarse, la punta de un clavo de los contenedores de madera pinchó su dedo. Frunció el ceño cuando la gota de sangre bajó por su pálida piel, contrastando dramáticamente. Su sonrojo se disparó y su corazón latió desbocado cuando tuvo la presencia de su profesor delante de ella, observando minuciosamente su dedo.
—Vaya que eres tonta, te dije que tuvieras cuidado. — Reprochó.
—No soy tonta… es sólo que…— Su defensa murió en sus labios cuando Inuyasha tomó su mano y llevó su dedo hasta su boca, succionando la sangre que había brotado. Sintió la cálida lengua masculina acariciar suavemente su dedo índice y las cosquillas en su vientre no tardaron en aparecer; su boca era cálida, su caricia era suave y estaba aumentando su temperatura corporal. Los vellos de sus brazos se erizaron y su rostro se calentó.
—Si eres tonta… lo sabes. — Envolvió el dedo de la chica en un trozo pequeño de tela que había arrancado de un pañuelo que había estado en su bolsillo, para evitar que siguiera sangrando. Ella seguía mirándolo atontada, y su mundo dejó de girar cuando las doradas orbes se posaron en sus ojos. El entreabrió sus labios y ella desvió su mirada a ellos. Deseaba probarlos, deseaba un beso. Vio como lentamente él descendía su rostro a ella, se estaba acercando y parecía hipnotizado con ese movimiento. Pero antes de acercarse más a ella, soltó su mano y retrocedió. Lo vio tensar su mandíbula y apretar sus puños. Estaba enojado, lo sabía. —Ve a tu habitación. Buscaré a otro que me ayude.
—Pe-pero… Sensei…
—Vete, Kagome.
Su duro tono la hizo respingar. Seguro estaba pensando que ella era una niña aprovechada que quería hacerlo caer en una jugarreta para que lo despidieran. Oh, si supiera que en realidad lo amaba inmensamente. Asintió y con pesar salió rápidamente de la bodega, dejándolo a él atrás.
—Wow… ¡Es hermoso!
—Te dije que te gustaría. — Sonrió con orgullo al ver lo brillante de los ojos de ella. Amaba ver la sonrisa de la azabache.
Había ido con Kōga a una pequeña laguna, era el segundo día de su viaje, al día siguiente partirían muy temprano de regreso a Tokio. El lugar era precioso, las luciérnagas empezaban a poblar el pequeño estanque y revoloteaban sobre el agua, dándole un toque mágico al lugar. No estaban tan apartados del resto del campamento, pero si lo suficiente como para no oír los ruidos de los enérgicos adolescentes. Estos chicos eran bastante ruidosos.
—Es… casi irreal. — Dijo, completamente encantada.
El joven oji-azul la miró embelesado, contemplando su sonrisa y sus suaves gestos. Se acercó a ella y tomó una de sus manos, provocando la sorpresa de la azabache. —Kagome yo… quisiera decirte que…— Estaba en extremo nervioso, pero era ahora o nunca— Tú me gustas mucho.
—Kōga…
—Espera. —La calló— Sé que es muy repentino y la verdad, desearía que lo pensaras. Yo te quiero, Kagome. Te quiero en serio.
—Yo… no sé q-qué decir. — Se había quedado sin palabras y de verdad, comprendía su sentimiento a la perfección. También era un sentimiento no correspondido, como el de ella. — No puedo…
—No digas 'no', aún. Prométeme que lo pensarás…
—Yo…
—Matsuyama, Kōga. —La potente voz del hombre hizo respingar al par de adolescentes. Cuando Kagome vio a su Sensei salir detrás de un árbol, casi muere del susto. ¡Oh, no! Ahora, ¿Qué pensaría de ella? Que había venido con Kōga a hacer quién-sabe-qué. ¡Los regañarían! Los castigarían, y tal vez…— Creí haber sido claro con usted.
Kōga alzó la barbilla, desafiando al profesor. Kagome tembló involuntariamente, presintiendo una pelea próxima, ellos no se caían bien, lo sabía y si el moreno se atrevía a hacer algo en contra del profesor Taishō, sería expulsado. — Lo sentimos mucho Sensei. Por favor, Kōga… vámonos.
—Usted se queda, Higurashi. — Su voz denotaba rabia, un reproche que nunca había escuchado. — Matsuyama, diríjase al campamento. Ahora.
El aludido tensó su mandíbula y no tuvo otro remedio más que obedecer, dejando a Kagome con Taishō. La joven azabache apretaba sus manos nerviosamente. La iba a reprender, se había ganado un gran regaño. — ¿Qué hacías aquí, a solas, con un joven?
Cada palabra destilaba desprecio. Estaba muy enojado. —Sólo me mostraba el estanque.
—Se te declaró, lo escuché.
La joven entreabrió sus labios, sorprendida. — ¿Nos estaba espiando? — Se mordió la lengua después de lo que le había dicho, ¡Tonta! ¡Es un profesor!
—Es mi deber saber dónde están todos mis alumnos. Eres la única que falta en el campamento de mi grupo. No puedes estar aquí con Kōga.
Fue el turno de Kagome de tomar parte en la batalla de miradas ceñudas. — Bien, ¿va a castigarme? Hágalo. No veo cuál es el problema, no estábamos haciendo nada malo.
—No puedes estar aquí con él. — Repitió a manera de amenaza, entre dientes.
—Si puedo. Es normal a mi edad sentir algo por un chico, ¿no cree?
— ¿Sientes algo por Matsuyama? — La sorpresa se vio reflejada en sus ojos.
—Sería algo normal, todas mis amigas tienen novio. — Se encogió de hombros. No sabía porque estaba diciendo esas cosas, tal vez quería verlo enojado. Se estaba poco a poco olvidando que era su Sensei. Es que… era tan fácil verlo como su igual.
—Tú no puedes tener novio, Kagome.
Eso la descolocó. ¿Cómo que…?— Si puedo tener, no veo el impedimento. —Ya a este punto, todo era con propósito de provocarlo.
— ¡No puedes! ¡Tú no! — El joven profesor cerró sus ojos y apretó sus labios en un vago intento por calmarse. Kagome lo observó atentamente. ¿Qué quería decir con esas palabras?
— ¡Si puedo! No viviré siempre atada a un sentimiento que no puede ser y-
Se mordió la lengua antes de seguir. Estuvo a punto de revelarle su mayor secreto, precisamente a él, al dueño de su corazón, al hombre por el cual arriesgaría todo. Lo vio aflojar la tensión de su mandíbula y mirarla con sus dorados ojos, los cuales se entrecerraron en su dirección. —No te gusta Kōga. Estás enamorada de alguien más.
Su afirmación la hizo erizarse y las lágrimas asaltaron sus ojos. Lo estaba mirando fijamente, los varoniles labios entreabiertos, su expresión de sorpresa. Kagome cerró sus ojos y un lastimero quejido salió de su garganta. — No… él no me gusta…
Inuyasha se acercó a ella, cuando lo sintió alzar su rostro tomando su mentón, abrió sus ojos y gruesas lágrimas cayeron por sus mejillas. — ¿De quién estás… enamorada, Kagome?
Se sintió débil, presa de sus dos soles dorados. Ya no podía seguir callando, cuatro años de un amor platónico secreto la tenían harta, estaba ya a su límite. — De… usted. Lo amo a usted. — Dijo sin titubeos. Ya estaba cansada de ocultarlo, de negar el amor tan grande que le tenía. Ahora mismo podía morir satisfecha, le había confesado su sentir.
Él se alejó de ella y soltó un suave y casi imperceptible suspiro. La miraba asombrado, y por el movimiento de sus labios, estaba segura que quería decirle algo. —Kagome, yo…-
— ¡No diga nada! ¡Se lo suplico! — No pudo evitar contener las nuevas lágrimas que se formaban en sus ojos. — Estoy clara de mi posición como estudiante y la suya como profesor. Olvide lo que acabo de decirle…— Bajó su mirada y tomó una bocanada de aire— He vivido con este sentimiento durante cuatro años, y así seguirá… oculto dentro de mí. Nadie se enterará, lo juro.
—Pero…-
—Está bien. Sé que es imposible. Tampoco quiero que usted tenga problemas por mi culpa, solamente… olvídelo.
Antes de que él dijera algo más, se dio la vuelta y corrió, lejos de él, lejos del sentimiento que quería dejar atrás. Porque ahora estaba segura, que ya su amor por él… debía acabar.
N/A: El fic será publicado completo hoy. Gracias a los que leen y dejan su comentario, me llenan de alegría :D
Besitos.
