Capitulo Uno

¡Sakura! ¡Baja a cenar!—la autoritaria voz femenina resonó por toda la casa.

La pequeña Sakura nada más escuchar el llamado de su madre bajó corriendo las escaleras.

¿Qué hay para comer?—preguntó entrando a la cocina con mucho entusiasmo.

He preparado tu plato favorito—le contestó su madre sonriendo y consiguiendo que se le iluminaran los ojos.

¡Yupiii!—gritó sentándose en la mesa—¿Y papá?—preguntó mirando a su alrededor buscándolo.

Todavía no ha llegado, así que hoy cenaremos solas—informó la mujer.

Mamá—le llamó la atención y su madre se sentó a su lado sirviendo la comida.

¿Qué pasa? Te has puesto muy seria, Sakura-chan—preguntó empezando a preocuparse.

¿C-cómo puedo acercarme a un chico?—le preguntó sin mirarla sonrojándose levemente.

¿Ya te gusta algún chico de tu academia?—preguntó mirando a su hija con ternura.

¡No es eso!—se apresuró a negarlo—Es…bueno…sólo quiero ser su amiga—confesó volviendo a girar la cabeza esquivando la mirada de su madre.

¿Cómo es ese niño?—preguntó curiosa a su hija.

En realidad no sé mucho de él—aclaró Sakura—no es muy hablador, siempre esta solo y parece que vive de mal humor, ignora a todo el mundo y no se acerca a nadie—describió brevemente la chiquilla.

Bueno pues para ser amiga de este tipo de personas…—la pelirrosa mayor se llevó la mano a la barbilla antes de continuar—lo primero que tienes que hacer…

Sakura observaba al pelinegro de lejos, desde que le pidió consejo a su madre habían pasado dos días, dos días en los que estuvo debatiendo consigo misma, dos días observando sus movimientos y dudando de cual seria el mejor momento para empezar con su plan.

Lo primero que tienes que hacer es acercarte a hablarle siempre con una sonrisa, así demuestras tu simpatía y también transmites buena energía, seguro que con tu sonrisa harás que sea él quien quiera acercarse a ti—las dulces palabras de su madre resonaron en su cabeza.

Sakura suspiró para luego tomar una buena bocanada de aire, se había decidido, hoy mismo se acercaría a ese niño y se haría su amiga tal y como Ino lo hizo con ella, además sólo es un niño al igual que ella, no podía ser tan difícil, ¿no?

Aunque la chiquilla casi entró en pánico cuando vio a Sasuke levantarse para irse, sino se acercaba rápido, el pelinegro se iba a ir y eso no podía permitirlo, así que no dudó ni un segundo más y empezó a correr hacia él.

—Sasuke-kun—pronunció sonriendo casi llegando a su lado pero en cuanto vio su mirada se detuvo inmediatamente, era una mirada llena de odio, de fastidio, de desprecio…una mirada que podía conseguir que dejara de respirar, que su corazón dejara de latir, que la sangre dejara de fluir por sus venas, una mirada que reflejaba un pozo de amargura tan profundo como un agujero negro.

Sasuke ni siquiera dijo nada, ni se molesto, no hizo falta, su mirada lo decía todo. Él se alejo de allí dejando a una Sakura paralizada, en shock, sin aliento, sin ánimo…

—¿Por qué? ¿Cómo?—se preguntó ella sin dejar de ver el camino por el que se había ido el pelinegro—¿Cómo puede un niño tener esa mirada?—la amargura la inundó—¡No!—negó con la cabeza queriendo alejar cualquier pensamiento negativo— Apenas acabo de empezar, nadie dijo que sería fácil, ¡no me rendiré!—soltó con determinación—Tal y como dijo mamá, ¡la clave está en no rendirse!

—¡Sakura!—Sakura enseguida volvió a sonreír al escuchar la voz de su amiga—¿Qué hacías? Te he estado buscando un buen rato— le reprochó Ino.

—Sólo paseaba—mintió Sakura, no queriendo que Ino pensara cosas que no eran.

—Como últimamente hace mucho calor, ¿Qué te parece si vamos a comer unos helados?—propuso su rubia amiga.

—¡Sí! ¡Adoro los helados!—contestó entusiasmada la pequeña ojijade.

—¡Genial! Han abierto una heladería nueva cerca del parque y al parecer esta teniendo mucho éxito, ¿vamos a esa?—comentó Ino con alegría.

—¿A qué estamos esperando?—sin decir nada más Sakura se lanzó en dirección al parque.

—¡Espérame!—gritó Ino para luego alcanzar a la pelirrosa y colocarse a su lado.

Las jóvenes kunoichis charlaban animosamente mientras se dirigían al puesto de helados, sin embargo, unos gritos cercanos a ellas las hizo detenerse.

—¡Lárgate de aquí, monstruo!—escuchó gritar a un hombre mayor mientras empujaba a un joven rubio fuera de su establecimiento.

El pequeño niño cayó al suelo bruscamente cerrando los ojos y el hombre empezó a dar patadas al muchacho, que hacia todo lo posible por defenderse con sus brazos, Sakura al ver la escena enseguida dio dos pasos dispuesta a empezar a correr para ayudarlo pero algo, o mejor dicho, alguien la detuvo.

—No lo hagas—la frenó Ino poniendo su mano en frente suyo bloqueando su camino.

—¿Por qué no? ¿No ves lo que ese hombre está haciendo?—le preguntó Sakura incrédula.

—Ha sido así desde siempre, tú no puedes cambiar eso—dijo Ino con indiferencia y Sakura no podía creer las duras palabras de su amiga.

—¿Entonces me quedo aquí sin hacer nada?—reprochó Sakura mirando a Ino con esperanza, esperanza a que dijera que no, esperanza a dijera que fuera a ayudarlo, esperando a que tuviera un poco de empatía.

—Sí, eso es todo lo que puedes hacer, ahora vamos—Ino ni siquiera espero a la reacción de Sakura, se dio la vuelta y siguió con su camino como si aquello no acabara de pasar.

Sakura quedó perpleja mirando la espalda de Ino alejarse, mientras miles de preguntas vinieron a su cabeza, ¿por qué? ¿por qué, Ino? ¿por qué nadie le ayuda? ¿por qué mucha gente ve lo sucedido y nadie hace nada para ayudarlo? ¿desde cuando sucedía aquello? ¿desde cuando la gente era así de… miserable? Sakura no lo sabía, volteó a ver a las personas a su alrededor sólo para descubrir como muchas seguían hablando del tema en susurros y encima con muecas en la cara. Después de salir del pequeño trance al que había entrado, buscó a aquel niño con la mirada pero no lo encontró. Se sintió miserable, vio aquella escena y no hizo nada para ayudarlo, tardó demasiado en reaccionar y ahora ya era demasiado tarde, demasiado tarde para ayudarlo, para defenderlo, no importaba que hubiera hecho, seguro que no era tan grave como para ser tratado de aquella manera, pero eso no quedaría así…

Sakura corrió en dirección a la que había visto marchar a Ino para pedirle explicaciones, encontró la heladería que le había mencionado su amiga y la buscó entre la multitud, no estaba allí, se extrañó en no encontrarla allí pero después de lo que había pasado igual se había desviado del camino, se dirigió esta vez al parque pensando que quizás la rubia estaría allí esperándola pero…tampoco.

—¿Se ha ido sin despedirse?—se preguntó Sakura con tristeza sin saber que había hecho mal.

Sakura se sentó en el columpio de siempre, manteniendo la esperanza de que Ino apareciera, que no la hubiera dejado sola, esperó, esperó y esperó hasta el anochecer, esperó hasta el cansancio y se levantó.

—Será mejor volver a casa—decidió por fin decepcionada.

Cuando Sakura llegó a casa esa noche ni siquiera bajó a cenar, se excusó con su madre diciéndole que no tenía hambre y se tumbó en la cama cayendo rendida en los brazos de Morfeo.

Al día siguiente Sakura desayunó como si no lo hubiera hecho en días, su madre la miró con una sonrisa, un niño que come mucho es un niño sano, o eso pensaba su madre.

La pelirrosa mayor achuchó fuertemente a su hija antes de dejarla marchar, pues el día anterior se preocupó bastante al ver como su pequeña niña se fue a su cama sin cenar, incluso llegó a temer que su hija no estuviera bien de salud, aunque cualquier duda fue desechada al verla comer tan efusivamente el desayuno esta mañana.

Sakura fue todo el camino cabizbaja, estaba preocupada por el comportamiento tan extraño que tuvo Ino el día anterior. Al llegar a la academia buscó a su amiga por todas partes, sin éxito, preguntó a sus compañeros si la habían visto y nadie sabía de ella.

—Iruka-sensei—llamó la jovencita—¿sabe algo de Ino?

—Oh, la pequeña Sakura—dijo cariñosamente mientras le tocaba ligeramente la cabeza—Según me han dicho Ino no se encuentra demasiado bien, así que pasara unos días sin venir a la escuela—explicó el sensei y ante la triste mirada de Sakura añadió—No te preocupes, seguro que no es nada.

Sakura se mantuvo toda la clase en silencio, las kunoichis que estudiaban con ella no eran muy agradables que digamos y Sakura prefería mantenerse alejada, y a la hora de la salida se dirigió al sitio favorito de Sasuke, buscándolo.

—Si ese amargado se cree que me he rendido con él, esta muy equivocado—al decir esto a Sakura se le iluminó la mirada con determinación.

Allí lo encontró, como siempre estaba tumbado en el prado con la mirada perdida en la nada y con el rostro serio.

Sakura esta vez optó por tomarlo con más calma, quizás la última vez había sido demasiado directa y eso lo incomodó.

Sasuke al sentir la presencia de alguien detrás suyo no dudó en atacar primero, se giró bruscamente, cogió a quien fuese por el brazo e hizo uso de toda su fuerza para tirar a su enemigo al suelo y posicionarse sobre él.

Sakura abrió muchísimo los ojos al ver a Sasuke encima de ella, el pelinegro también pareció sorprendido de verla, Sasuke en cuanto supo de quien se trataba se levantó de golpe y le dio la espalda.

—Sasuke-kun—lo llamó—lo siento, no quería asustarte—se disculpó viendo como se tensaba su espalda.

—No vuelvas a acercarte a mi—dijo con voz de ultratumba y hasta parecía que la estuviera amenazando, Sakura incluso sintió escalofríos.

Después de eso, Sasuke se marchó sin decir ni una palabra más, sin dedicarle una mirada si quiera.

—Esto es sólo el principio, no me rendiré hasta que consiga ser tu amiga, ¡lo juro!—Sakura sentía más entusiasmo que antes, no era masoquista ni nada parecido, era por su mirada, la mirada de Sasuke, esta vez no sólo pudo ver odio en aquellos ojos, también vio soledad, soledad y tristeza, una profunda tristeza que no había visto jamás en ningún ser humano, es cierto que a sus cortos 7 años de edad no sabía nada del mundo pero…lo sintió, nunca antes le había visto tan de cerca como para darse cuenta de lo que en verdad reflejaban sus ojos.

Sakura se levantó por fin del duro suelo, no se rendiría, no fallaría, lo conseguiría, costase lo que costase lograría ser amiga de Sasuke Uchiha.

—¡Mañana volveré a intentarlo!—gritó para sí como animándose.

Al día siguiente…

—Sasuke-kun, ¿vamos a jugar?—preguntó llegando a él con una sonrisa de oreja a oreja.

—¿Otra vez tú?—escupió con acidez y con una enorme mueca de disgusto en la cara se levantó para alejarse de aquel lugar, dejándola una vez más con otro intento fallido.

Sakura ni siquiera se inmuto, sabía que no iba a ser fácil así que no podía desanimarse por nimiedades como esas.

Los siguiente días se repitieron como si fueran un deja vú, Sakura se acercaba y Sasuke se alejaba pero no sin antes decir cosas como; "ya te advertí que no te acercaras a mi", "dejame solo", "sólo vete", "eres molesta", "alejate de mi", "¿quieres morir?, y demás cosas por el estilo, que lejos de molestar a Sakura, le resultaba hasta divertido, había perdido el miedo de acercarse a él, no le importaba cuanto la fulminara, ella simplemente seguía acercándose e intentando hablarle, su mirada ya no le producía escalofríos. Incluso llegó el día en el que Sasuke se rindió de alejarse, simplemente dejaba que ella estuviera ahí, sabía que él la ignoraba pero poco le importaba, algún día le haría caso.

Sin embargo, había algo que a Sakura sí le molestaba, y mucho, en tres semanas Ino no había vuelto a la academia, el maestro Iruka tampoco tenía noticias de su alumna, y Sakura ya se había cansado de esperar, no podía seguir sin señales de su amiga.

—Hoy mismo iré a visitarla—decidió Sakura.

A la salida se dirigió como siempre a ver a su "amigo". Y allí lo encontró, tumbado en el prado, pensando en dios sabe que, con los ojos cerrados.

—Sasuke-kun—lo llamó como todos los días y este nada más verla abrió los ojos para hacerlos rodar con cansancio, su actitud hizo reír a Sakura ligeramente—lo siento Sasuke-kun pero hoy no puedo quedarme a charlar, tengo que visitar a alguien importante—explicó rápidamente— pero no te preocupes, mañana volveré para estar contigo, ¡te lo prometo!—y sin añadir nada más salió corriendo despidiéndose de él con una mano y una hermosa sonrisa.

—Tsk, como si me importara—susurró Sasuke al verla despedirse, se mantuvo mirando unos segundos más el camino por el que se fue la molestia pelirrosa y se volvió a tumbar.

Ya llevaba tres semanas así , al principio sólo le valió con dedicarle una mirada de las suyas para alejarla, al verla tan asustada aquel día realmente pensó que no volvería a ver a aquella niña, pero volvió, y no sólo eso sino que consiguió hartar a Sasuke hasta cierto punto que él ya ni siquiera se alejaba, él se tumbaba allí y ella simplemente se sentaba a su lado con una enorme sonrisa en la cara y comenzaba a hablar, no importaba lo que él le dijera, ella no se movía, parecía que él era el ignorado y no ella, porque al fin al cabo quisiera o no acababa escuchando todas las chorradas que le contaba aquella niña de ojos verdes.

—¿Y a quién habrá ido a visitar?—se preguntó con curiosidad—¿pero en qué demonios ando pensando? ¡a mi que me importa lo que haga esa molestia!—se reprimió Sasuke agitando la cabeza.

Sakura por otro lado…