Nota: !Casi olvido actualizar! Y luego me matan... pasa que esto lo hice a comienzos de marzo entonces luego olvido que no lo he publicado... Como sea, acá está. Gracias a Alega por corregir esta huifa, yo como que escribo muchas veces sin pensar en lo que digo.

No es necesario que hayan visto "The wall" para comprender esto, si lo han hecho probablemente disfrutarán más las referencias; si no lo han hecho debo decirles que es un deber moral hacerlo, esto es parte del patrimonio cultural universal… con eso les digo todo.


Daddy's flown across the ocean / Papá voló sobre el océano,
Leaving just a memory / dejando tan sólo un recuerdo.
Snapshot in the family album / Una foto en el album familiar.
Daddy what else did you leave for me? / Papá, ¿qué más dejaste para mí?
Daddy, what'd'ja leave behind for me?/ Papá, ¿qué dejaste atrás para mí?
All in all it was just a brick in the wall / Todo ello no fué más que un ladrillo en el muro.

(Another brick in the wall part 1- The Wall – Pink Floyd)


El muro

-Mon Dieu, si est l'enfant sauvage (1)– exclamó el tipo de melena entusiasmado, dirigiéndose a él. Arthur lo observó desconcertado desde su asiento, debatiéndose entre pegarle un guantazo o salir corriendo sin más. El tipo estaba ya encima suyo casi a punto de ponerle las manos encima para examinarlo.

-¿Te conozco de algún lado? –preguntó Arthur exasperándose mientras el tipo se sentaba en la otra silla desocupada.

-¡Oh, no me recuerdas! Estoy casi seguro de que tú eras el niño con el que yo jugaba en el bosque, ¿o no? Me sería imposible olvidarme de tu cabello y esas cejas… hasta tienes el mismo tono rudo al hablar.

-Mira, no sé de qué estás hablando, no soy Tarzán el niño de la selva y dudo mucho que hayas conocido a uno, así que no me queda más que pensar que estás demente y que me estás molestando a propósito.

-Pero estoy seguro que…

-Me voy – finalizó el inglés levantándose antes que trajeran su orden. Esperaba sinceramente que despidieran a ese hombre desesperante y se las viera mendigando en la calle. Aunque pensándolo bien, eso era algo que no le desearía a nadie, tal vez a los que habían matado a su padre.

Agarró un sándwich en un lugar cualquiera y se dirigió al albergue. Allí le recibió alegre una tropa de niños de múltiples nacionalidades, la mayoría de oriente y de África. Una mujer joven de raza negra se acercó a saludarle con dos besos en la cara.

-¿Cómo te fue?

-Dejé los papeles de los Ramayán, es importante que Mahan encuentre trabajo, no puedo hacer mucho por recuperar la custodia de Bindu si el juez no considera que tienen el sustento necesario para mantenerla.

-Estamos en eso –le aseguró la mujer tomándolo del brazo–. Te quería mostrar otros caso, vienen de Vietnam, es una mujer y dos niños, ella se llama Kym-li Nguyễn tiene unos gemelos, huyeron al comenzar el conflicto bélico en una barcaza, no tienen a nadie. –No quiso seguir explicando porque sabía de sobra que Arthur lo entendía. Estaba estrangulando la manilla de su maletín y tenía la mirada perdida en algún punto del suelo. La morena tomó una de sus manos para hacerlo volver a la realidad.

-Discúlpame, Sel… ¿Me puedes llevar a verlos?

Selene asintió y lo dirigió donde estaba la mujer comiendo con los niños que vestían ya ropas occidentales. Arthur se sentó a conversar con ella, a intentar explicarle de alguna manera con dibujos y ayudado del rudimentario manejo del inglés de la mujer. Al ponerse de pie vio a los niños jugando a la pelota con los otros y se dirigió a su asistente:

-Tenemos que enseñarle el idioma primero, apenas anda con documentación que la identifica, puedo apelar para que les den asilo debido a la situación de su país, no será difícil dado que es viuda y tiene dos niños que criar, podríamos ponerla a trabajar en una de las lavanderías de la rue Lasson y debemos integrar a los niños a una de las escuelas.

-Sí, mañana llamo a madame D Lioncourte. ¿Estás bien? Te noto…

-Cansado –reconoció él–, nada más. Me la he pasado todo el día corriendo. –Hizo un silencio mientras veía a la recién llegada intentar comunicarse con otra de los refugiados–. Llegarán más como ella, ¿verdad?

-Los que tengan suerte y puedan salir, claro. –Selene no quería sonar ruda, pero era la verdad y Arthur, con la rudeza que lo caracterizaba, estaba acostumbrado a estas contingencias, en especial porque toda su vida como abogado la dedicaba a luchar por los inmigrantes que estaban al margen de la sociedad para poder integrarlos; eventualmente defendía delincuentes y a gente que no lo merecía para poder pagarse la vida, pero por ese ritmo de vida era que prácticamente no tenía vida social, aparte de sus interacciones con la gente del albergue, con su asistente Selene, proveniente de las islas de Seychelles, y las que tenía con sus padres adoptivos los fines de semana.

-Oye, mi abuela te invita a comer Gumbo hoy, ¿nos vemos a la noche?

El inglés quiso negarse, pero decirle que disfrutaba las noches en su departamento bebiendo té, con un libro y con su gata Cristal, que le hacía mejor compañía que nadie, hubiera rayado en lo ermitaño y no quería tener a Selene nuevamente gritándole por antisocial.

-Está bien… ¿Te paso a buscar a las siete acá?

-¿Te vas? Los niños querían que les contaras unos de tus cuentos de hadas. –Arthur se volvió atrás y una pila de chiquillos estaban escondidos tras la puerta esperando, una decena de ojos negros observándole llenos de ilusión, y no pudo sino dejar el maletín sobre una mesa e ir a sentarse en el suelo, sin importarle su traje de sastre.

-¿No les gustaría mejor escuchar la radionovela? –preguntó divertido mientras ellos prácticamente se mecían de un lado a otro de la emoción.

-¡No! ¡Cuéntanos la historia del caballero ese que se iba a una isla a pelear con el monstruo!

-Ah, quedamos en que el Amadís iba a combatir al Endriago, ¿o no?

-¡Sí! –chilló una niña china agitando sus manos–. Cuéntanos de nuevo cómo era el monstruo.

-Bueno, el Endriago es un monstruo mezcla de hombre, serpiente de varias cabezas y cuerpo de dragón; es gigante como un edificio, lanza fuego por las fauces y tiene un aliento a podrido, como el olor del mismísimo infierno.

Los niños abrían la boca asustados, como si esperaran que la criatura les fuera a saltar por la espalda en cualquier momento.

-El Amadís al verlo vio segura su muerte, las ancas de su caballo temblaban y el gigante al abrir sus espantosas garras hacía sombra hasta al más frondoso de los árboles, sin embargo, sin dar pie atrás, apretó las riendas de su rocín y con el filo de su espada en alto arremetió contra la bestia cuyas escamas eran tan gruesas que le resultaba imposible atravesarlas a hierro.

Ante esto la audiencia jadeó, ya a estas alturas Selene se había sentado por allí a observarle y algunas señoras también estaban apostadas contra las paredes. Arthur iba cambiando la tonalidad de su voz dramáticamente imitando con sus manos las garras del Endriago y los niños se encogían agarrándose las rodillas.

-Entonces, lanzó una nueva llamarada pestilente de la cual nuestro caballero pudo librarse milagrosamente, temiendo por un instante no poder ver nunca más la faz de su bella Oriana. –Las niñas suspiraron y algunos niños hicieron gesto de asco-. Entonces, entre haciendo la maniobra de huida, agarra una lanza del piso, que seguramente le había pertenecido a otro de los desafortunados caballeros que tuvieron la mala suerte de ser alcanzados por una mordida letal y venenosa de la bestia, y con dicha lanza la asestó a uno de sus ojos, liberando un grito ensordecedor.

Hizo una nueva pausa para darle más dramatismo, todo el mundo en la sala le observaba con la boca abierta y Arthur, satisfecho del efecto de sus palabras al narrar una de sus novelas favoritas, se puso de pie mirando a los niños desde arriba.

-Aprovechó entonces, que la bestia se retuerce de dolor, para pegar un nuevo espadazo en su lomo pero las conchas que lo cubren son demasiado fuertes, entonces se da cuenta que su punto débil son sus ojos y asesta un nuevo espadazo allí y así repetidas veces mientras una sangre purpúrea y negruzca le escurre por ese rostro endemoniado. –La audiencia luce impresionada, Arthur da un giro para poder observarles a todos y luego, imitando los ataques del caballero, continúa.

-Con un último afortunado golpe, Amadís introduce su espada por uno de los agujeros de la nariz del monstruo y hace crujir los huesos de su cráneo hasta alcanzar los sesos, entonces el Endriago muere tras lanzar horrendo grito de agonía y el caballero Amadís cae desfallecido por el esfuerzo y las heridas sufridas y pudo haber visto la muerte segura por la ponzoña de la bestia si Gandalín, el buen hechicero, no hubiera venido a auxiliarle.

-¿Y luego qué sucede?

-¿Vuelve a ver a Oriana?

-Eso se los contaré la próxima vez que venga si madeimoselle Selene me dice que se han portado bien.

Los gritos de protesta se escuchan pero rápidamente se cansan y se van a jugar a otro lado.

-Arthur, la mitad de estas señoras te quieren como el padre de sus hijos –le susurró Selene al oído provocando una risa en el abogado.

-Es una lástima que yo solo me vaya a casar con mi sombra, te veo en dos horas más –dice saliendo a hacer los últimos trámites para uno de sus casos lucrativos, un viejo evasor de impuestos que se ha pasado la vida huyéndole a la justicia.

Cuando ve personas como esa se da cuenta de que el mundo está tremendamente podrido. La gente corrupta triunfa, los que tienen dinero pisotean a los otros, las empresas inventan necesidades a la gente hasta el punto de hacerles olvidar sus propósitos y su humanidad. Las naciones se embarcan en guerras sin sentido y los gobiernos, en vez de proteger a su gente, lo único que hacen es traerles dolor y miseria, arrancar a los padres de familia, devolverles un uniforme y una medalla por servir a la patria. Arthur lo sabía, él había guardado esa medalla celosamente por años, y luego la había mandado al fondo de su armario, indignado de que el Reino Unido solo fuera capaz de retribuirle con un trozo de bronce que de ninguna manera le sirvió para combatir sus miserias una vez que su hogar estuvo destruido y que su madre enfermó de tuberculosis.

En ese momento ya estaba comenzando a ser invadido por la fuerte necesidad de encerrarse bajo llave y no ver a nadie; de irse a vivir a una isla y llevarse solo a los inmigrantes sufrientes para que no vieran más dolores, o irse simplemente solo y no saber de nada, de las guerras, de la gente. Construir un muro entre el mundo y él para no escuchar nunca más un bombardeo o un grito de hambre. Al terminar con su cliente se dirigió nuevamente al albergue donde su amiga lo esperaba enfundada en su abrigo violeta.

Tomaron uno de los últimos trenes camino al sector de saint Lambert. Llegaron a la rue Jobbé Duval, en el número 14 y la morena sacó las llaves para luego subir al tercer piso, donde apenas entraron un delicioso aroma les llenó las fosas nasales con un grato saludo. La señora regordeta salió a recibirlos con un beso a cada uno y les invitó a sentarse a la mesa.

-Les tengo una sorpresa especial –agregó risueña, volviendo a la cocina donde se le escuchaba hablar animadamente con un hombre.

-¿Tienen más invitados? -preguntó el inglés intrigado al ver cinco puestos. Que él supiera, en esa casa solo vivían Selene, su padre y su abuela. El señor Banlog salió del baño saludándolo con un apretón de manos y preguntando por el trabajo en el albergue. Arthur le explicó los casos nuevos de vietnamitas mientras Sel iba a la cocina y se le escuchaba saludar muy contenta a alguien. Salió con una sonrisa radiante e interrumpió a los hombres.

-Arthur, ¿te acuerdas que te dije que cuando llegamos de Seychelles una familia francesa nos apadrinó para ayudarnos a adaptarnos?

-Si – recordó él.

-Bueno, este es el hijo de los Bonnefoy, su nombre es François –introdujo ella y acto seguido un hombre rubio, de melena ondulada a los hombros y barba de chivo le saludaba mientras ponía una ensaladera sobre la mesa. Arthur lo reconoció como el tipo impertinente de la mañana y la sonrisa se le resbaló sin remedio del rostro.

-Oh, parece que la vida se empeña en que nos encontremos –le saludó el francés estirando la mano hacia él. Arthur, muy cortés, correspondió el saludo y se presentó.

-Arthur Kirkland, amigo de la familia.

-Oh, sí sé cómo te llamas, ¿sigues sin acordarte?

El inglés se sintió profundamente molesto por la insistencia de este tipo.

-Discúlpame, pero sigo creyendo que me confundes.

-¿Es que ustedes dos se conocen de algo? – pregunta madame Tanysha mientras ponía la cacerola de gumbo en la mesa. François iba a contestar pero el inglés se adelantó vertiginosamente.

-De ninguna parte, estoy seguro que Monsieur Bonnefoy se confunde.

Y esa formalidad era la forma que tenía él de poner las barreras entre él y las personas. Con ese trato en tercera persona le estaba diciendo al francés de forma indirecta "no puedes entrar en mi vida" y esperaba sinceramente que fuera lo suficientemente cortés como para aceptar sus condiciones y no insistir. La cena transcurrió sin mayores contratiempos mientras el rubio cara de chivo no paraba de hablar de sí mismo y tirar comentarios zalameros a la familia anfitriona; así se enteró de que era hijo único de un contable, que era chef y trabajaba en esa cafetería en la que había tenido mala fortuna de caer, que Selene era como una hermana para él y que para mal de males vivía en el piso de arriba de ellos, solo con su pajarillo Pierre, que seguro era un cantarín insoportable igual a él.

Cuando hizo amago de irse antes de que se hiciera tarde, el francés se disculpó con la familia alegando tener que dormir un sueño reparador y salió tras él por la escalera. Arthur lo ha notado y se dio vuelta a verlo y preguntarle si se le ha perdido algo.

-Que yo sepa vives en el cuarto piso, no tienes que bajar –agregó, ya con la intención de ser grosero.

-De pequeño eres así, pero al menos ahora entiendo lo que dices… ¿En inglés también eres tan desagradable?

-Only when I am dealing with silly frogs like you (2)–masculló el inglés esperando no ser comprendido, pero grande fue su sorpresa al escuchar decir al otro hombre:

-I can speak English now, my little savage boy (3) – con un marcado acento francés.

-Why? (4)

-I was hopping to find you again (5)–confesó sin más, esperando recibir un nuevo ataque.

-No puedo creer que puedas reconocerme después de todos estos años -expresa finalmente el inglés.

-Ahora admites que sí nos conocimos –le contesta François triunfante. Porque por ridículo que sonara sí había pensado en él; esa experiencia con el niño salvaje que no tenía zapatos y que comía lo que encontraba tirado por allí le hizo darse cuenta, por primera vez, de que había algo en el mundo diferente de su casa calefaccionada, de su habitación llena de juguetes y de su cocina siempre llena. Luego de hacerle esas bolsas de comida a Arthur fue que comenzó a nacerle su deseo de alimentar, y es así como había terminado siendo chef. Cuando una tarde de viernes volvió rápido de la escuela a internarse en el parque para ver a su pequeño amiguito y no lo encontró, se había preocupado,pero su horror fue mayor al ver las cenizas de las casuchas quemadas y, entre los restos, soldaditos de plomos desfigurados por el fuego.

Había llegado llorando a gritos a su casa y le contó a su madre sobre el niño salvaje y sobre lo que le había regalado y cómo ahora no estaba más. Conmovida, Adrianne había salido a buscar con su hijo, yendo a la policía, a un albergue de niños huérfanos, a otro de refugiados extranjeros y a donde hiciera falta, pero nadie había encontrado al niño en ninguna parte. Fue al ver el horror de los inmigrantes y expatriados de guerra que habían decidido apadrinar a una familia y, en parte, para ayudar a François de alguna manera a combatir su culpa. Si bien Selene se había transformado en la hermanita que nunca tuvo, no podía dejar de recordar al niño salvaje, con su cara sucia, sus cejas insultantemente grandes como dos orugas amarillas, y sus gruñidos groseros en inglés. Aprendió inglés con la idea de alguna vez poder usarlo en caso de que lo encontrara, pero con los años había perdido la esperanza.

Hasta que lo vio soberbiamente sentado con la misma cara de pocos amigos en su propio restaurante. Ahora lo tenía en frente con la misma expresión de animalito asustado de aquellos años y François sentía el impulso trepidante de lanzarle una galleta o una fruta.

-Bueno -interrumpió sus pensamientos el inglés salvaje–, como sea, te darás cuenta que estoy bien ahora, tengo zapatos y no vivo en la calle, puedes quedarte tranquilo –le informó lo obvio-, así que si me disculpas, debo alcanzar un taxi antes de que se me haga demasiado tarde para volver a mi casa.

Ni siquiera alcanzó a reaccionar. El inglés, caballero y vándalo a la vez, le había gruñido una despedida al tiempo que hacía una venia con su sombrero y se retiraba a la carrera del edificio. Fue el martes 31 de marzo de 1964, François tenía 32 años y había seducido a la mitad de las señoritas de París intentando llenar un vacío incontrolable y toda esa ansiedad de ser llenado se había acumulado en ese instante que vio la espalda de Arthur Kirkland alejarse hacia la calle de enfrente. Pues en ese momento supo qué era lo que sentían exactamente las muchachitas al ser absorbidas con su palabrería romántica.

Entonces realmente pensó que Arthur era una bestia salvaje capaz de devorarle.


Traducciones

(1)Mon Dieu, si est l'enfant sauvage! : ¡Dios mío! ¡Si es el niño salvaje!

(2)Only when i am dealing with solly frogs like you: Solo cuando trato con ranas tontas como tu

(3)I can speak English now, my little savage boy: Ahora puedo hablar inglés, mi pequeño niño salvaje

(4)Why?: ¿Por qué?

(5)I was hopping to find you again: Estaba esperando volver a encontrarte.