Capítulo 6
Londres, 1851
Primavera
Al fin, Nessie había vuelto a casa.
El clíper de Calais estaba atracando, la bodega abarrotada con artículos de lujo, y sacas de cartas y paquetes para ser entregados por el Correo Real. Era un barco mediano con siete espaciosos camarotes para los pasajeros, cada uno forrado con paneles arqueados en estilo gótico, y pintados con una capa brillante de blanco de
Florencia.
Nessie estaba de pie en la cubierta y observaba a la tripulación trabajando con los aparejos para atracar el barco. Sólo entonces los pasajeros tendrían permiso de desembarcar.
Tiempo atrás, la excitación que la asaltaba le habría imposibilitado respirar. Pero la Nessie que regresaba a Londres era una mujer diferente. Se preguntó cómo reaccionaría su familia a los cambios operados en ella. Y por supuesto ellos también habrían cambiado: Bella y Edward llevaban casados dos años, Esme y Alice habían hecho su presentación en sociedad.
Y Jacob... pero la mente de Nessie desechó los pensamientos sobre él, los cuales eran demasiado conmovedores para reavivarlos, a no ser en privado.
Miró a su alrededor, el bosque de mástiles del barco, los acres interminables del atracadero y del embarcadero, los almacenes inmensos para tabaco, lana, vino y otros artículos de comercio. Había movimiento en todas partes, marineros, pasajeros, agentes de suministros, obreros, vehículos, y ganado. Una profusión de olores cargaba el aire: cabras y caballos, condimentos, la sal del océano, el alquitrán, putrefacción seca. Y sobre todo el hedor del humo y el vapor de carbón que salía de la chimenea, oscureciendo la ciudad como si se acercara la noche.
Nessie deseó estar en Hampshire, donde los prados primaverales serían verdes y espesos con prímulas y flores silvestres y los setos estaban en flor. Según Bella, la restauración de la hacienda Dwyer aún no estaba terminada, pero ahora la heredad era habitable. Parecía que los trabajos habían transcurrido con una velocidad milagrosa bajo la dirección de Jacob.
La pasarela fue bajada del buque y asegurada. Mientras Nessie observaba a los pocos pasajeros que descendieron al muelle los primeros, vio a su alto hermano, de constitución casi larguirucha yendo a la cabeza.
Francia había sido buena para los dos. Mientras que Nessie había ganado algún peso muy necesitado, Emmett había perdido su disipada hinchazón. Él había pasado tanto tiempo al aire libre, andando, pintando, nadando, que su cabello marrón oscuro se había aclarado un poco y su piel había absorbido el sol. Sus ojos de un deslumbrante tono pálido, resultaban sorprendentes en su cara bronceada.
Nessie sabía que su hermano nunca sería otra vez el muchacho galante e inocente que había sido antes de la muerte de Nikki. Pero ya no era una ruina suicida, lo cual sin duda sería un gran alivio para el resto de la familia.
En un relativamente pequeño espacio de tiempo, Emmett volvió al barco subiendo la pasarela. Llegó hasta Nessie con una sonrisa socarrona, sujetando el sombrero de copa más firmemente sobre su cabeza.
—¿Hay alguien esperándonos? —preguntó Nessie ansiosamente.
—No.
La preocupación arrugó su frente.
—Entonces no recibieron mi carta. —Ella y Emmett habían avisado de que llegarían algunos días antes de lo esperado, a causa de un cambio en el horario de la línea del clíper.
—Nuestra carta probablemente estará en el fondo de un saco del Correo Real en alguna parte —dijo Emmett—. No te preocupes, Nessie. Iremos al Facinelli en un carruaje de alquiler. No está lejos.
—Pero será un impacto para la familia el que lleguemos antes de lo esperado.
—A nuestra familia le gusta impresionarse —dijo él—. O al menos, están acostumbrados.
—También estarán sorprendidos que el doctor Nahuel haya regresado con nosotros.
—Estoy seguro que no repararán para nada en su presencia —contestó Emmett. Una comisura de su boca se elevó con cierta diversión privada—. Bueno… la mayor parte de ellos no lo harán.
La tarde había caído cuando llegaron al Hotel Facinelli. Emmett pidió habitaciones y se ocupó del equipaje, mientras Nessie y el doctor Nahuel esperaban en una esquina del espacioso vestíbulo.
—Dejaré que se reúnan con su familia en privado —dijo Nahuel—. Mi criado y yo iremos a nuestras habitaciones y desharemos las maletas.
—Usted es bienvenido a venir con nosotros —dijo Nessie, pero en secreto se sintió aliviada cuando él negó con la cabeza.
—No me entrometeré. Su reunión debería ser privada.
—¿Pero, le veremos por la mañana? —preguntó Nessie.
—Sí. —Estaba de pie bajando la mirada hacia ella, con una leve sonrisa en los labios.
El doctor Nahuel Pardo era un hombre elegante, celestialmente sereno, fascinante sin hacer esfuerzo alguno. Tenía el cabello oscuro y ojos grises y poseía una atractiva mandíbula cuadrada que había provocado que casi todas sus pacientes femeninas cayeran un tanto enamoradas de él. Una de las mujeres de la clínica había comentado secamente que el magnetismo personal de Nahuel no sólo afectaba a los hombres, las mujeres, y los niños sino que también se extendía hasta los armarios, el surtido de sillas, y el pez dorado que había en la pecera cercana.
Como Emmett había apuntado:
—Pardo no tiene aspecto de médico. Se parece a la fantasía que una mujer tiene de un médico. Sospecho que la mitad del tiempo de su práctica de la medicina lo dedica a las mujeres perdidamente enamoradas que prolongan sus enfermedades meramente para continuar siendo tratadas por él.
—Te lo aseguro —dijo Nessie, riéndose—. Ni estoy perdidamente enamorada, ni me siento inclinada en lo más mínimo a prolongar mi enfermedad.
Pero tenía que admitir que era difícil no sentir algo por un hombre que era atractivo, atento, y también la había curado de una enfermedad que la consumía. Y Nessie pensó que era posible que Nahuel tuviera sentimientos hacia ella. Durante el último año especialmente, cuando la salud de Nessie había vuelto con total vitalidad, Nahuel había comenzado a tratarla como a algo más que una simple paciente. Habían dado largas caminatas a través del escenario imposiblemente romántico de La Provenza, y él había coqueteado con ella, y la había hecho reír. Sus atenciones habían apaciguado su espíritu herido después de que Jacob la hubiera ignorado tan insensiblemente.
Finalmente, Nessie había aceptado que los sentimientos que tenía hacia Jacob no eran correspondidos. Incluso había llorado sobre el hombro de Emmett. Su hermano había señalado que ella había visto muy poco mundo y no sabía casi nada acerca de los hombres.
—¿No crees posible que tu atracción hacia Jacob estuviera causada por la proximidad, tanto como por cualquier otra cosa? —Le había preguntado Emmett amablemente—. Consideremos la situación honestamente, Nessie. No tienes nada en común con él. Tú eres una mujer preciosa, sensible, culta, y él es... Jacob. A él le gusta cortar leña por entretenimiento. Y aparentemente me compete señalar la realidad poco delicada de que algunas parejas de casados encajan en el dormitorio, pero no en ningún otro lugar.
Nessie se había escandalizado por su crudeza.
—Emmett Swan, estas sugiriendo…
—Lord Dwyer ahora, gracias —había bromeado él.
—Lord Dwyer, ¿estás sugiriendo que mis sentimientos hacia Jacob son de naturaleza carnal?
—Ciertamente no son intelectuales —había dicho Emmett, sonriendo abiertamente mientras ella le daba puñetazos en el hombro.
Sin embargo, después de mucha reflexión, Nessie había tenido que admitir que Emmett tenía un punto de razón. Por supuesto, Jacob era mucho más inteligente y educado de lo que su hermano le reconocía. Hasta donde ella recordaba, Jacob había desafiado a Emmett en un buen número de debates filosóficos y había aprendido de memoria más griego y latín que ningún otro miembro de la familia excepto su padre. Pero Jacob sólo había aprendido esas cosas para encajar con los Swan, no porque tuviera ningún interés real en obtener una educación.
Jacob era un hombre de la naturaleza; él anhelaba sentir la tierra y el cielo.
Nunca estaría más que medio domesticado. Y él y Nessie eran tan diferentes como los peces de las aves.
Nahuel le cogió la mano en la suya larga y elegante. Sus dedos eran suaves y bien cuidados con las puntas estrechas.
—Renesmee—dijo con suavidad—, ahora que estamos lejos de la clínica, la vida no estará en absoluto igual de regulada. Usted debe cuidar su salud. Asegúrese de descansar esta noche, no importa cuán tentador sea permanecer levantada.
—Sí, doctor —dijo Nessie, sonriéndole. Sintió una oleada de afecto hacia él, recordando la primera vez que había logrado subir la escalera de ejercicios en la clínica. Nahuel la había apoyado en cada escalón, animándola con suaves susurros, su firme pecho contra su espalda. Renesmee un poco más alto. No la dejaré caer. No había hecho el trabajo por ella. Solamente la mantenía a salvo mientras ella subía.
—Estoy un poco nerviosa —admitió Nessie cuando Emmett la escoltó a la suite de los Swan en el segundo piso del hotel.
—¿Por qué?
—No estoy segura. Quizá porque todos hemos cambiado.
—Las cosas esenciales no han cambiado. —Emmett agarró su codo firmemente—. Todavía eres la chica encantadora de siempre. Y yo todavía soy un malnacido con inclinación por los espíritus y las faldas ligeras.
—Emmett—dijo ella, con el ceño fruncido—. ¿No estarás pensando en volver a tus viejos hábitos, verdad?
—Evitaré la tentación —le contestó—, a menos que aparezca directamente en mi camino. —La detuvo en la mitad del rellano—. ¿Quieres detenerte un momento?
—De ningún modo. —Nessie continuó subiendo con entusiasmo—. Adoro subir la escalera. Adoro hacer cualquier cosa que no pudiera hacer antes. Y de ahora en adelante voy a vivir de acuerdo con el lema «la vida debe ser vivida a tope».
Emmett sonrió abiertamente.
—Deberías saber que dije eso mismo muchas veces en el pasado, y siempre consiguió meterme en problemas.
Nessie echó un vistazo a su alrededor con placer. Después de vivir en el entorno de austeridad de la clínica de Nahuel durante tanto tiempo, disfrutaría con gusto del lujo.
Elegante, moderno y sumamente confortable, el Facinelli era propiedad del misterioso Carlisle Facinelli, acerca de quién había tantos rumores que nadie podría decir si definitivamente era británico o americano. Todo lo que se sabía con absoluta certeza era que había vivido durante un tiempo en América y había venido a Inglaterra para crear un hotel combinando la opulencia de Europa con las mejores innovaciones americanas.
El Facinelli era el primer hotel en el que cada habitación era una suite con su propio cuarto de baño privado. Y había placeres como montacargas para la comida, armarios empotrados en los dormitorios, salas de reuniones privadas con techos de cúpulas de cristal, y los jardines diseñados como habitaciones externas. El hotel también ofrecía un comedor que según se decía era el más hermoso de Inglaterra, con tantas arañas de luces que el cielo raso había tenido que ser reforzado adicionalmente durante la construcción.
Llegaron a la puerta de la suite de los Swan, y Emmett llamó suavemente.
Hubo algunos movimientos dentro. La puerta se abrió para revelar a una joven criada rubia. La mirada fija de la criada los abarcó a los dos.
—¿Qué se le ofrece, señor? —le preguntó a Emmett.
—Hemos venido a ver al señor y la señora Cullen.
—Disculpe, señor, pero acaban de retirarse a dormir.
Era realmente tarde, pensó Nessie desilusionada.
—Deberíamos ir a nuestras habitaciones y dejarles descansar —le dijo a Emmett—. Regresaremos por la mañana.
Emmett miró fijamente a la criada con una sonrisa leve, y preguntó en voz baja y suavemente:
—¿Cómo te llamas, muchacha?
Sus ojos marrones se abrieron, y un sonrojo trepó lentamente por sus mejillas.
—Ángela, señor.
—Ángela—repitió él—. Dile a la señora Cullen que su hermana está aquí y tiene el deseo de verla.
—Sí, señor. —La criada rió nerviosamente y los dejó en la puerta.
Nessie le dirigió a su hermano una mirada socarrona mientras la estaba ayudando a quitarse la capa.
—Tus maneras con las mujeres nunca dejan de asombrarme.
—La mayoría de las mujeres sienten una atracción trágica hacia los libertinos — dijo con pesar—. En realidad no deberías usarlo en su contra.
Alguien entró en la sala de recibo. Él vio la forma familiar de Bella, vestida con una bata azul, acompañada por Edward Cullen, quien estaba atractivamente desaliñado con unos pantalones y una camisa abierta.
Con sus ojos chocolates redondos como platos, Bella se detuvo mirando a su hermano y a su hermana. Una mano blanca revoloteó por la garganta de Bella.
—¿Eres tú realmente? —preguntó temblorosamente.
Nessie intentó sonreír, pero era imposible cuando sus labios temblaban por la emoción. Intentó imaginar lo que debía parecerle a Bella, que la había visto la última vez como una frágil inválida.
—Estoy en casa —dijo, con la voz ligeramente quebrada.
—¡Oh, Nessie! He soñado, he esperado tanto. —Bella se detuvo y se precipitó hacia adelante, y se abrazaron la una a la otra rápida y estrechamente.
Nessie cerró los ojos y suspiró, sintiendo que al fin había vuelto a casa. Mi hermana.
Se deleitó en el suave consuelo de los brazos de Bella.
—Estás tan preciosa —dijo Bella, echándose hacia atrás para coger con sus manos ahuecadas las mejillas mojadas de Nessie—. Tan sana y fuerte. Oh, mira a esta diosa. ¡Edward, simplemente mírala!
—Qué buen aspecto tienes —le dijo Cullen a Nessie, sus ojos resplandeciendo—. Mejor que nunca, hermanita. —La abrazó cuidadosamente y besó su frente—. Bienvenida.
—¿Dónde están Esme y Alice? —preguntó Nessie, aferrándose a la mano de Bella.
—Están en la cama, pero iré a despertarlas.
—No, déjalas dormir —dijo Nessie rápidamente—. No nos quedaremos mucho rato, estamos exhaustos, pero tenía que veros antes de acostarme.
La mirada fija de Bella fue hacia Emmett, quien se había quedado atrás cerca de la puerta. Nessie oyó cómo su hermana contenía silenciosamente el aliento mientras veía los cambios operados en él.
—Este es mi viejo Emmett —dijo Bella suavemente.
Nessie se sorprendió al ver un parpadeo de algo en la expresión sardónica de Emmett... una especie de vulnerabilidad masculina, como si se avergonzase de sentir placer por la reunión.
—Ahora llorarás por un motivo diferente —le dijo a Bella—. Porque como ves, también he regresado.
Ella voló hacia él, y fue tragada en un fuerte abrazo.
—¿No te tenían retenido los franceses? —le preguntó, su voz quedó amortiguada contra el pecho de su hermano.
—Al contrario, me adoraban. Pero no hay entretenimiento en quedarse donde uno es deseado.
—Qué lástima —dijo Bella, poniéndose de puntillas para besar su mejilla—. Porque eres muy deseado aquí.
Sonriendo, Emmett, estrechó la mano de Cullen.
—Estoy deseando ver las mejoras sobre las que me escribiste. Parece que la hacienda está prosperando.
—Puedes preguntar a Jacob mañana —le respondió Cullen—. Él conoce cada pulgada del lugar, y el nombre de cada criado y cada inquilino. Y tiene mucho que decir sobre el tema, así que te prevengo que cualquier conversación acerca de la hacienda será una conversación larga.
—Mañana —repitió Emmett, mirando rápidamente a Nessie—. ¿Entonces está en Londres?
—Aquí en el Facinelli. Vino en la ciudad a fin de visitar una oficina de colocaciones para contratar a más sirvientes.
—Tengo mucho que agradecer a Jacob —dijo Emmett con una sinceridad poco habitual—, y a ti también, Cullen. El diablo sabrá por qué te has comprometido tanto por mí.
—Ha sido por la familia también.
Mientras los dos hombres estaban hablando, Bella llevó a Nessie a un sofá cerca de la chimenea.
—Tu cara está más llena —dijo Bella, calibrando abiertamente los cambios en su hermana—. Tus ojos están más brillantes, y tu figura es absolutamente espléndida.
—No más corsés —dijo Nessie con una sonrisa abierta—. El doctor Nahuel dice que comprimen los pulmones, fuerzan la columna vertebral y la cabeza a adoptar una posición antinatural, y debilitan los músculos de la espalda.
—¡Escandaloso! —exclamó Bella, sus ojos centelleando—. ¿Ningún corsé, ni siquiera en las ocasiones formales?
—Permite su uso en contadas ocasiones, pero sólo holgadamente atado.
—¿Qué más dice el doctor Nahuel? —Bella se estaba claramente divirtiendo—. ¿Alguna opinión sobre medias y ligueros?
—La puedes oír de la fuente misma —dijo Nessie—. Emmett y yo hemos traído al doctor Pardo con nosotros.
—Estupendo. ¿Tiene negocios aquí?
—No que yo sepa.
—Supongo ya que es de Londres, ¿tiene conocidos y amigos con los que encontrarse?
—Sí, hay algo de eso, pero —Nessie sintió como se ruborizaba un poco—, Nahuel ha expresado un interés meramente personal en pasar tiempo conmigo fuera del entorno de la clínica.
Los labios de Bella se abrieron con sorpresa.
—Nahuel—repitió—. ¿Tiene intención de cortejarte, Nessie?
—No estoy segura. No tengo experiencia en esos asuntos. Pero creo que sí.
—¿Te gusta?
Nessie asintió con la cabeza sin titubear.
—Bastante.
—Entonces estoy segura de que también va a gustarme a mí. Y me alegra tener la oportunidad de agradecerle personalmente lo que ha hecho.
Se sonrieron la una a la otra, deleitándose en el placer de estar juntas. Pero un momento después Nessie pensó en Jacob, y su pulso comenzó a latir con incómoda fuerza, y los nervios se crisparon en todo su cuerpo.
—¿Cómo está él, Bella? —se obligó finalmente a susurrar.
No fue necesario que Bella preguntase quién era «él».
—Jacob ha cambiado —dijo cautelosamente—, casi tanto como tú y Emmett. Edward dice que lo que Jacob ha logrado en la hacienda es ni más ni menos que asombroso. Se requiere un conjunto imponente de habilidades para dirigir a los constructores, los artesanos y jardineros y también para reparar las granjas de los arrendatarios. Y Jacob ha hecho todo eso. Cuando es necesario, se quita la chaqueta y ayuda en cualquier tarea. Se ha ganado el respeto de los trabajadores... nunca se atreven a cuestionar su autoridad.
—No me sorprende, por supuesto —dijo Nessie, mientras un sentimiento agridulce la asaltaba—. Siempre ha sido un hombre muy capaz. Pero cuando dices que ha cambiado, ¿a qué te refieres?
—Se ha vuelto algo… duro.
—¿Duro de corazón? ¿Testarudo?
—Sí, y distante. Parece no sentir satisfacción con su éxito, ni demuestra ningún placer auténtico por la vida. Oh, ha aprendido mucho, y ejerce autoridad eficazmente, y se viste mejor, acorde con su nueva posición. Pero extrañamente, parece menos civilizado que antes. Pienso… —Una pausa incómoda—. Quizá pueda ayudarle verte de nuevo. Siempre fuiste una buena influencia para él.
Nessie agitó las manos y frunciendo el ceño las bajó a su regazo.
—Lo dudo. Dudo totalmente que tenga alguna influencia sobre Jacob. Ha dejado muy claro su falta de interés.
—¿Falta de interés? —Repitió Bella, y soltó una risilla extraña—. No, Nessie, yo no diría eso. Cualquier mención sobre ti provoca su inmediata atención.
—Uno puede juzgar los sentimientos de un hombre por sus acciones. —Nessie suspiró y se restregó los ojos cansados—. Al principio estuve muy dolida por la manera en que ignoró mis cartas. Después estaba enojada. Ahora simplemente me siento tonta.
—¿Por qué, cariño? —preguntó Bella, sus ojos chocolate se llenaron de preocupación.
Por amar, y que ese amor te sea lanzado a la cara. Por desperdiciar un océano de lágrimas en un gran bruto duro de corazón.
Y por querer verle todavía a pesar de todo.
Nessie sacudió la cabeza. La conversación sobre Jacob la había puesto inquieta y melancólica.
—Estoy cansada después de un viaje tan largo, Bella —dijo con una media sonrisa—. No te importa si…
—No, no, ve de inmediato —dijo su hermana, levantando a Nessie del sofá y poniendo un brazo protector alrededor de ella—.Emmett, lleva Nessie a su habitación. Estáis exhaustos. Mañana tendremos tiempo para continuar hablando.
—Ah, ese encantador tono de mando —recordó Emmett—. Había esperado que a estas alturas la hubieses librado del hábito de proferir órdenes como si fuera un sargento instructor, Cullen.
—Disfruto de todos sus hábitos —contestó Cullen, sonriendo a su esposa.
—¿En qué habitación está Jacob? —murmuró Nessie al oído de Bella.
—En el tercer piso, en el número veintiuno —susurró Bella—. Pero no debes ir esta noche, querida.
—Por supuesto. —Le sonrió Nessie—. La única cosa que tengo intención de hacer esta noche es irme a la cama sin demora.
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Gracias por leer
