Capítulo 15
Jacob se había marchado cuando llegó la mañana. Se había ido del Facinelli dejando recado de que viajaría solo a la finca Dwyer.
Nessie había despertado con recuerdos alzándose hacia el primer plano de su mente desconcertada. Se sentía pesada, cansada y hosca. Jacob había sido parte de ella durante demasiado tiempo. Lo había llevado en su corazón, lo había asimilado hasta la médula de los huesos. Dejarlo ir ahora se sentiría como amputarse una parte de sí misma. Y aún así tenía que hacerse. Él le había hecho imposible escoger otra cosa.
Se bañó y vistió con la ayuda de una doncella, y arregló su cabello en un moño trenzado. No habría conversaciones significativas con nadie de su familia, decidió embotada. No habría llanto ni lamentaciones. Iba a casarse con el doctor Nahuel Pardo y vivir lejos de Hampshire. E intentaría encontrar un poco de paz en esa gran y necesaria distancia.
—Quiero casarme lo antes posible —le dijo a Nahuel más tarde esa misma mañana, mientras tomaban té en la suite familiar—. Echo de menos Francia. Quiero regresar allí sin demora. Como tu esposa.
Nahuel sonrió y le tocó la curva de la mejilla con las suaves y estrechas yemas de los dedos.
—Muy bien, querida. —Tomó su mano en la suya, acariciándole los nudillos con el pulgar—. Tengo algunos asuntos en Londres de los que debo ocuparme, y me reuniré contigo en Hampshire en unos pocos días. Haremos nuestros planes allí. Podemos casarnos en la capilla de la propiedad, si quieres.
La capilla que Jacob había reconstruido.
—Perfecto —dijo Nessie sin que se le alterara la voz.
—Compraré un anillo para ti hoy —dijo Nahuel—. ¿Qué clase de piedra te gustaría? ¿Un zafiro que combine con tus ojos?
—Cualquiera que escojas será encantadora. —Nessie dejó su mano en la de él mientras ambos caían en silencio—. Nahuel —murmuró—, todavía no has preguntado qué… qué sucedió entre Jacob y yo anoche.
—No hay necesidad —replicó Nahuel—. Estoy demasiado complacido con el resultado.
—Quiero… Quiero que entiendas que seré una buena esposa para ti —dijo Nessie con gran seriedad—. Yo… mi pasado afecto hacia Jacob…
—Eso se desvanecerá con el tiempo —dijo Nahuel gentilmente.
—Sí.
—Y te advierto, Renesmee… iniciaré una gran batalla por tu cariño. Voy a probar ser un esposo tan devoto y generoso, que no habrá espacio en tu corazón para nadie más.
Ella pensó en sacar el tema de los niños, preguntándose si quizás algún día él cedería si su salud mejoraba aún más. Pero por lo que sabía sobre Nahuel, no se retractaba de sus decisiones fácilmente. Y no estaba segura de si importaba. Estaba atrapada.
Cualquier cosa que la vida le tuviera reservada ahora, la aprovecharía al máximo.
Después de dos días empacando, la familia estaba de camino a Hampshire. Edward, Bella, Alice y Esme iban en el primer carruaje, mientras Emmett, Nessie y la señorita Hale iban en el segundo. Habían salido antes del amanecer, para aprovechar tanto como fuera posible el día en un viaje de doce horas.
Sólo Dios sabía lo que estaba siendo discutido en el segundo carruaje. Edward esperaba que la presencia de Nessie ayudara a disminuir la animosidad entre Emmett y la señorita Hale.
La conversación en el primer carruaje, como Edward había esperado, no era nada excepto animada. Le emocionaba y sorprendía que Esme y Alice hubieran lanzado una campaña para promover a Jacob como candidato a esposo de Nessie.
Ingenuamente las chicas habían asumido que lo único que se interponía era la falta de fortuna de Jacob.
—…por lo que si pudieras darle algo de tu dinero… —estaba diciendo Alice con entusiasmo.
—…o darle parte de la fortuna de Emmett —intercedió Esme—. Emmett sólo la desperdiciaría…
—…haz entender a Jacob que sería la dote de Nessie —dijo Alice—, por lo que no lastimaría su orgullo…
—…y no necesitarían mucho —dijo Esme—. Ninguno de ellos da un higo por mansiones o carruajes finos o…
—Esperad, las dos —dijo Edward, alzando las manos en un gesto defensivo—. El problema es más complejo que una cuestión de dinero, y… no, dejad los chillidos un momento y escuchadme. —Sonrió hacia el par de ojos marrones que le evaluaban ansiosamente. Encontraba su preocupación por Jacob y Nessie bastante entrañable.
—. Jacob tiene amplios medios que ofrecer a Nessie. Lo que gana como administrador en la propiedad Dwyer es una hermosa suma en sí misma, y tiene además acceso ilimitado a las cuentas de Dwyer.
—¿Entonces por qué Nessie se va a casar con el doctor Nahuel y no con Jacob? —demandó Alice.
—Por razones que Jacob quiere mantener en privado, cree que no sería un esposo apropiado para ella.
—¡Pero la ama!
—El amor no resuelve todos los problemas, Ali—dijo Bella gentilmente.
—Eso suena como algo que Madre hubiera dicho —remarcó Esme con una ligera sonrisa, mientras Alice parecía disgustada.
—¿Y qué habría dicho tu padre? —preguntó Edward.
—Nos habría conducido a todos a través de alguna larga y filosófica exploración de la naturaleza del amor, y no habría servido para nada en absoluto —dijo Bella —. Pero habría sido fascinante.
—No me importa cuán complicado diga todo el mundo que es —dijo Alice—. Nessie debe casarse con Jacob. ¿No estás de acuerdo, Bella?
—No es nuestra elección —replicó Bella—. Y tampoco la de Nessie, a menos que el gran zoquete le ofrezca una alternativa. No hay nada que Nessie pueda hacer si él no se lo propone.
—¿No sería agradable que las damas pudieran proponérselo a los caballeros? — reflexionó Alice.
—Cielos, no —dijo Bella rápidamente—. Eso lo haría demasiado fácil para los caballeros.
—En el reino animal —comentó Alice—, machos y hembras disfrutan de igualdad de estatus. Una hembra puede hacer cualquier cosa que desee.
—El reino animal permite muchos comportamientos que nosotros los humanos no podemos emular, querida. Rascarse en público, por ejemplo. Regurgitar comida. Ostentar de sí mismos para atraer a una pareja. Sin mencionar… bien, no es necesario que continúe.
—Desearía que pudieras —dijo Edward con una sonrisa. Instaló a Bella más cómodamente contra él y habló a Alice y Esme—. Escuchad, las dos. Ninguna de vosotras acosará a Jacob respecto a esta situación. Sé que queréis ayudar, pero todo lo que lograréis haciendo eso es provocarlo.
Ambas refunfuñaron, asintieron a regañadientes, y se acurrucaron en sus respectivas esquinas. Todavía estaba oscuro afuera, el balanceo del carruaje resultaba tranquilizador. En cuestión de minutos, ambas hermanas estaban adormecidas.
Observando a Bella, Edward vio que todavía estaba despierta. Acarició la tersa piel de su rostro y cuello, bajando la mirada a sus puros ojos chocolate.
—¿Por qué no dio un paso adelante, Edward? —susurró—. ¿Por qué entregó a Nessie al doctor Pardo?
Edward se tomó su tiempo con la respuesta.
—Tiene miedo.
—¿De qué?
—De lo que podría hacerle a ella.
Bella frunció el ceño con desconcierto.
—Eso no tiene sentido. Jacob nunca le haría daño.
—No intencionadamente.
—¿Te refieres al peligro de dejarla embarazada? Pero Nessie no está de acuerdo con la opinión del doctor Nahuel, y dice que ni siquiera él puede decir con certeza lo que podría pasar.
—No es sólo eso —suspiró Edward y la colocó más cerca de él—. ¿Alguna vez te dijo Jacob qué es un asharibe?
—No, ¿qué significa?
—Es una palabra para describir a un guerrero romaní. Niños de tan sólo cinco o seis años son entrenados en la lucha a puño desnudo. No hay reglas ni tiempo límite. El objetivo es infringir el mayor daño posible, tan rápido como sea posible hasta que alguien cae. Los manejadores de los niños toman el dinero que pagan las multitudes. He visto asharibes que acabaron malheridos, ciegos, hasta muertos durante los encuentros. Luchan con muñecas fracturadas y costillas rotas si es necesario. —Distraídamente Edward alisó el cabello de Bella mientras añadía—. No había ninguno en nuestra tribu. Nuestro líder decidió que era demasiado cruel. Aprendimos a luchar, por supuesto, pero nunca fue una forma de vida para nosotros.
—Jacob… —susurró Bella.
—Por lo que puedo decir, fue incluso aún peor que eso para él. El hombre que lo crió… —Edward, siempre tan elocuente, encontró difícil continuar.
—¿Su tío? —animó Bella.
—Nuestro tío. —Edward ya le había dicho que él y Jacob eran hermanos. Pero no le había confiado el resto de lo que Shuri había dicho—. Aparentemente habría criado a Jacob como si fuera un perro de peleas.
Bella se puso pálida.
—¿Qué quieres decir?
—Jacob fue criado para ser tan cruel como el peor de los animales. Le mataron de hambre y maltrataron hasta que quedó condicionado a luchar con cualquiera, bajo cualquier circunstancia. Y se le enseñó a aceptar cualquier abuso que le fuese infringido y dirigir su agresividad contra su oponente.
—Pobre niño —murmuró Bella—. Eso explica mucho como era al principio cuando llegó a nosotros. Estaba sólo medio domesticado. Pero… todo eso fue mucho tiempo atrás. Su vida ha sido muy diferente desde entonces. Y habiendo sufrido tan terriblemente, ¿no quiere ser amado ahora? ¿No quiere ser feliz?
—No funciona de esa forma, cariño. —Edward sonrió a su perplejo rostro. No era de extrañar que Bella, que había sido criada en una gran y afectuosa familia, encontrara difícil entender a un hombre que temía sus propias necesidades como si fueran su propio enemigo—. ¿Qué pasaría si te hubiesen enseñado durante toda tu niñez que la única razón de tu existencia era la de infligir dolor a otros? ¿Que la violencia era lo único en lo que eras bueno? ¿Cómo olvidar una cosa así? No puedes. Así que lo cubres tan bien como puedes, siempre consciente de lo que hay debajo de la apariencia.
—Pero… obviamente Jacob ha cambiado. Es un hombre con muchas finas cualidades.
—Jacob no estaría de acuerdo.
—Bueno, Nessie ha dejado claro que lo aceptaría a pesar de todo.
—No importa que ella lo acepte. Él está decidido a protegerla de sí mismo.
Bella odiaba verse enfrentada a problemas que no tenían soluciones definitivas.
—¿Entonces qué podemos hacer?
Edward bajó la cabeza para besarle la punta de la nariz.
—Sé como odias oír esto, amor… pero no mucho. Está en sus manos.
Ella sacudió su cabeza y refunfuño algo contra su hombro.
—¿Qué dijiste? —preguntó, divertido.
Bella levantó la mirada, y una sonrisa de auto desaprobación curvó sus labios.
—Algo en el sentido de que odio tener que dejar el futuro de Jacob y Nessie en sus manos.
La última vez que Nessie y Emmett habían visto Dwyer House ésta estaba en ruinas y medio calcinada, el terreno yermo a excepción de las malas hierbas y los escombros. Y a diferencia del resto de la familia, ellos no habían visto las etapas de su progreso mientras estaba siendo reconstruida.
El opulento condado sureño de Hampshire abarcaba tierras costeras, brezales y bosques antiguos llenos de abundante vida silvestre. Hampshire tenía un clima más suave y soleado que otras partes de Inglaterra, debido al efecto estabilizador de su localización. Aunque Nessie no había vivido en Hampshire durante mucho tiempo antes de irse a la clínica del doctor Nahuel, tenía la sensación de regresar a casa. Era un lugar amigable y acogedor, con el animado mercado del poblado de Stony Cross a sólo un paseo a pie desde la propiedad de Dwyer.
Al parecer el clima de Hampshire había decidido presentar la propiedad en su mejor momento, con abundante sol y unas pocas y pintorescas nubes en la distancia.
El carruaje pasó la casita del guarda, construida con ladrillos de un azul grisáceo y detalles de piedra crema.
—Se refieren a ella como la Casa Azul —dijo la señorita Hale—, por razones obvias.
—¡Qué encantador! —exclamó Nessie—. Nunca antes había visto ladrillos de ese color en Hampshire.
—Ladrillo azul de Staffordshire —dijo Emmett, estirando el cuello para ver la otra parte de la casa—. Ahora que son capaces de traer ladrillos de otros lugares en el ferrocarril, no hay necesidad de que el constructor los haga en el lugar.
Siguieron a lo largo del camino hacia la casa, que estaba rodeada de césped verde y blancos senderos de grava, y jóvenes setos y rosales.
—Dios mío —murmuró Emmett mientras se acercaban a la propia casa. Era una estructura con múltiples techos de dos aguas, de piedra crema y con alegres buhardillas. El tejado de pizarra azul formaba ángulos y salientes perfilados por contraste con tejas de terracota. Aunque el lugar era similar a la antigua casa había sido tan encantadoramente restaurado que uno no podía distinguir las viejas secciones de las nuevas.
Emmett no apartaba la mirada del lugar.
—Jacob dijo que habían mantenido algunas de las habitaciones de formas irregulares y rincones. Veo muchas más ventanas. Y han añadido un ala de servicio.
Había gente trabajando por todos lados, carreteros, ganaderos, madereros, y albañiles, jardineros recortando setos, muchachos del establo y lacayos acudiendo a la llegada de los carruajes. La propiedad no sólo había vuelto a la vida, estaba floreciente.
Observando el perfil absorto de su hermano, Nessie sintió una oleada de gratitud hacia Jacob, que había hecho que todo esto ocurriera. Era bueno para Emmett volver a casa y encontrarse con esto. Era un inicio auspicioso de una nueva vida.
—El personal de la casa está en necesidad de expansión —dijo la señorita Hale—, pero los que ha contratado el señor Jacob son bastante eficientes. El señor Jacob es un administrador eficiente, pero también amable. Harían lo que fuera para complacerlo.
Nessie descendió del carruaje con la ayuda de un lacayo, y le permitió escoltarla hasta las puertas delanteras. Un maravilloso conjunto de puertas dobles, con los paneles bajos de madera maciza y cristales emplomados en los superiores. Tan pronto como llegó al escalón superior, las puertas se abrieron para revelar a una mujer de mediana edad con cabello rojizo y piel pecosa. Su figura era torneada y robusta donde colgaba un vestido negro de cuello alto.
—Bienvenida, señorita Swan —dijo calurosamente—. Soy la señora Barnstable, el ama de llaves. Como nos alegramos todos de tenerla de vuelta en Hampshire.
—Gracias —murmuró Nessie, siguiéndola a la entrada de la sala.
Los ojos de Nessie se abrieron de par en par ante el interior del lugar, tan luminoso y resplandeciente, el salón de dos pisos de altura estaba revestido con paneles pintados de blanco cremoso. Una escalera de piedra gris se ubicaba en la parte posterior del salón con sus barandillas de hierro negras e impecables. Por todas partes olía a jabón y cera fresca.
—Sorprendente —jadeó Nessie—. No es el mismo lugar en absoluto.
Emmett se acercó a ella. Por una vez no tenía ninguna observación frívola que hacer, ni se molestaba en ocultar su admiración.
—Es un maldito milagro —dijo—. Estoy asombrado. —Se giró hacia el ama de llaves—. ¿Dónde está Jacob, señora Barnstable?
—Afuera en el almacén de maderas de la propiedad, milord. Está ayudando a descargar un vagón. Los troncos son bastante pesados, y los trabajadores algunas veces necesitan la ayuda del señor Jacob con una carga difícil.
—¿Tenemos almacén de maderas? —preguntó Emmett.
La señorita Hale replicó:
—El señor Jacob está planeando construir casas para los nuevos arrendatarios.
—Es la primera vez que oigo eso. ¿Por qué vamos a proporcionarles casas? —El tono de Emmett no era en absoluto de censura, solamente interesado. Pero los labios de la señorita Hale se afinaron, como si hubiera interpretado la pregunta como una queja.
—Los arrendatarios más recientes de la propiedad se vieron atraídos por la promesa de casas nuevas. Ya son agricultores exitosos, educados y progresistas, y el señor Jacob cree que su presencia aumentará la prosperidad de la propiedad.
Otras propiedades locales, tales como Stony Cross Park, están construyendo también casas para sus campesinos y trabajadores…
—Está bien —interrumpió Emmett—. No hay necesidad de ponerse a la defensiva,
Hale. Dios sabe que no pensaría en interferir con los planes de Jacob después de ver todo lo que ha hecho hasta ahora. —Miró al ama de llaves—. Si me señala el camino, señora Barnstable, saldré y encontraré a Jacob. Quizás pueda ayudar a descargar el vagón de madera.
—Un lacayo le enseñará el camino —dijo el ama de llaves rápidamente—. Pero el trabajo puede ser ocasionalmente peligroso, milord, y no corresponde a un hombre de su posición.
La señorita Hale añadió de forma ligera pero en tono incisivo.
—Además, resulta dudoso que pueda ser de alguna ayuda.
La boca del ama de llaves abrió de par en par.
Nessie tuvo que morderse para contener la sonrisa. La señorita Hale había hablado como si Emmett fuera un hombrecillo en lugar de un fornido varón de metro ochenta de altura.
Emmett lanzó a la institutriz una sardónica sonrisa.
—Soy físicamente más capaz de lo que sospecha, señorita Hale. No tiene idea de lo que se esconde debajo de esta capa.
—Y estoy profundamente agradecida por ello.
—Señorita Swan—exclamó el ama de llaves apresuradamente, intentando limar las asperezas del conflicto—, ¿puedo mostrarle el camino a su habitación?
—Sí, gracias. —Oyendo las voces de sus hermanas, Nessie se giró para verlas entrar al salón junto con el señor Cullen.
—¿Y bien? —preguntó Bella con una sonrisa, extendiendo las manos para abarcar los alrededores.
—Encantador más allá de las palabras —replicó Nessie.
—Vamos a refrescarnos y quitarnos el polvo del viaje, y después te llevaré a dar una vuelta.
—Sólo serán unos minutos.
Nessie se dirigió a las escaleras con el ama de llaves.
—¿Cuánto tiempo lleva empleada aquí, señora Barnstable? —preguntó mientras ascendían a la segunda planta.
—Un año más o menos. Desde que la casa estuvo habitable. Previamente había estado empleada en Londres, pero el viejo patrón pasó a mejor vida, y el nuevo despidió a gran parte del personal y lo remplazó con el suyo. Yo estaba en una desesperada necesidad de una posición.
—Siento escuchar eso. Pero fue muy afortunado para los Swan.
—Ha sido una difícil empresa —dijo el ama de llaves—, formar una plantilla y entrenarlos a todos. Confesaré que tenía unas pocas inquietudes, dadas las circunstancias inusuales de este puesto. Pero el señor Jacob fue muy persuasivo.
—Sí —dijo Nessie distraídamente—, es difícil decirle que no.
—Tiene una fuerte y constante presencia, el señor Jacob. Muchas veces me quedo maravillada al verlo en el centro de docenas de empresas simultáneas... los carpinteros, los pintores, el herrero, el mayordomo, todos clamando por su atención. Y siempre mantiene la cabeza fría. Apenas podemos hacer nada sin él. Es el pilar de la propiedad.
Nessie asintió tristemente, mirando al interior de los cuartos que pasaban. Más paneles crema, y muebles color cereza pálido, y tapizados de terciopelos de colores claros en lugar de los sombríos tonos oscuros que estaban actualmente de moda.
Pensó que era una lástima que nunca fuera a poder disfrutar esta casa a excepción de en visitas ocasionales.
La señora Barnstable la llevó a una hermosa habitación con ventanas con vistas a los jardines.
—Esta es la suya —dijo el ama de llaves—. Nadie la ha ocupado antes.
La cama estaba hecha de paneles tapizados de azul cielo, la ropa de cama era de lino blanco. Había un elegante escritorio de señora en la esquina, y un armario de arce satinado con un espejo fijado en la puerta.
—El señor Jacob seleccionó personalmente el empapelado —dijo la señora Barnstable—. Casi volvió loco al arquitecto con su insistencia en ver cientos de muestras hasta que encontró este patrón.
El papel era blanco, con un patrón delicado de ramas floreadas. Y a escasos intervalos, tenía el motivo de un pequeño petirrojo encaramado en una de las ramitas.
Lentamente Nessie se acercó a una de las paredes y tocó uno de los pájaros con la yema de los dedos. Su visión se volvió borrosa.
Durante su larga recuperación de la escarlatina, cuando su cansancio había llegado al extremo de impedirle sujetar un libro en las manos y no había habido nadie disponible para leerle, se quedaba mirando fijamente por la ventana al nido de un petirrojo en un arce cercano. Había visto a los polluelos nacer de sus huevos azules, sus cuerpos rosas, venosos y confusos. Había visto sus plumas crecer, y había observado a la madre petirrojo trabajando para llenar sus voraces picos. Y Nessie había visto como, uno por uno, habían volado del nido mientras ella permanecía en cama.
Jacob, a pesar de su miedo a las alturas, a menudo se había subido a una escalera para lavar la ventana del segundo piso para ella. Había querido que su visión del mundo exterior fuera clara.
Había dicho que el cielo siempre sería azul para ella.
—¿Es usted aficionada de las aves, señorita Swan? —preguntó el ama de llaves.
Nessie asintió sin mirar alrededor, temiendo que su rostro estuviera ruborizado por una emoción inexpresada.
—Especialmente a los petirrojos —medio susurró.
—Un lacayo le traerá sus maletas pronto, y una de las doncellas las desempacará. Mientras tanto, si quiere refrescarse, hay agua fresca en la jofaina.
—Gracias. —Nessie se dirigió a la jarra de porcelana y la jofaina y vertió un torpe chorro de agua fría en su rostro y cuello, sin importarle las gotas que caían en su cuerpo. Secándose con un paño, sintió un alivio momentáneo del dolor ardiente que la había estado sofocando.
Escuchando el crujido de una tabla del suelo, Nessie se giró bruscamente. Jacob estaba en el umbral, observándola. El detestable rubor no desaparecía. Deseó estar en el otro lado del mundo, lejos de él. No quería verlo nunca más. Y al mismo tiempo sus sentidos la empujaban hacia él codiciosamente… su visión con una camisa de cuello abierto de lino blanco aferrándose a la bronceada nuez moscada de su piel… las cortas capas negras de su cabello, el olor a esfuerzo alcanzando sus fosas nasales. Su solo tamaño y presencia la paralizaban de deseo. Quería el sabor de su piel contra los labios. Quería sentir la vibración del pulso de él contra el suyo. Si sólo el viniera a ella tal y como era, en ese momento, y la aplastara contra la cama con su duro y pesado cuerpo y la tomara. La arruinara.
—¿Qué tal el viaje desde Londres? —preguntó él, con rostro inexpresivo.
—No voy a tener una conversación vana contigo. —Nessie fue a la ventana y se centró ciegamente en el oscuro bosque en la distancia.
—¿La habitación es de tu gusto?
Ella asintió sin mirarlo.
—Si hay algo que necesites…
—Tengo todo lo que necesito —le interrumpió—. Gracias.
—Quiero hablar contigo acerca de la otra…
—Está bien —dijo, intentando sonar compuesta—. No tienes que venir con excusas sobre por qué no te ofreciste.
—Quiero que entiendas…
—Entiendo. Y ya te he perdonado. Quizás aliviará tu conciencia oír que estaré mucho mejor así.
—No quiero tu perdón —dijo él rudamente.
—Estupendo, no estás perdonado. Lo que mejor te parezca. —No podía soportar estar a solas con él otro momento. Su corazón se estaba rompiendo, podía sentir como se fracturaba. Cabizbaja, comenzó a caminar pasando su forma inmóvil.
Nessie no tenía intención de parar. Pero antes de que cruzar el umbral, se detuvo al alcance de su brazo. Había una cosa que quería decirle. Palabras que no se dejaban contener.
—Por cierto —se oyó decir monótonamente—, fui a visitar a un doctor de Londres ayer. Uno muy respetado. Le hablé de mi historial médico, y le pregunté si podía evaluar mi estado general de salud. —Consciente de la intensidad de la mirada de
Jacob, Nessie continuó sin entonación—. En su opinión profesional, no hay ninguna razón por la que no deba tener hijos si los quiero. Dijo que no hay garantías para ninguna mujer de que el parto estará libre de riesgo. Pero llevaré una vida plena. Tendré relaciones maritales con mi esposo, y si Dios quiere, seré madre algún día. — Hizo una pausa y añadió con una amarga voz que no sonaba como la suya—, Nahuel se va a alegrar mucho cuando se lo diga, ¿no crees?
Si el golpe había traspasado la guardia de Jacob, no hubo señal de ello.
—Hay algo acerca de él que tienes que saber —dijo Jacob quedamente—. La familia de su primera esposa, los Lanhams… sospechan que tuvo algo que ver con su muerte.
La cabeza de Nessie giró rápidamente, miró fijamente a Jacob con ojos entrecerrados.
—No puedo creer que caigas tan bajo. Nahuel me lo contó todo al respecto. La amaba. Hizo todo lo que pudo para ayudarla en su enfermedad. Cuando murió, estaba devastado, y luego fue aún más victimizado por su familia. En su dolor, necesitaban acusar a alguien. Nahuel fue un chivo expiatorio conveniente.
—Los Lanhams reclaman que se comportó sospechosamente después de la muerte de ella. No se ajustaba a la idea de nadie de un esposo en duelo.
—No todas las personas demuestran su dolor del mismo modo —dijo Nessie bruscamente—. Nahuel es doctor... se ha entrenado para permanecer impasible en el transcurso de su trabajo, porque eso es lo mejor para sus pacientes. Naturalmente que no se derrumba, sin importar lo profundo de su dolor. ¿Cómo te atreves a juzgarlo?
—¿No te das cuenta que puedes estar en peligro?
—¿Por Nahuel? ¿El hombre que hizo que me recuperara? —Sacudió la cabeza con una incrédula sonrisa—. Por el bien de nuestra pasada amistad, voy a olvidar que dijiste algo de esto, Jake. Pero recuerda que en el futuro no toleraré ningún insulto a Nahuel. Recuerda que él estuvo a mi lado cuando tú no lo hiciste.
Pasó a su lado sin esperar su reacción, y vio a su hermana mayor venir a lo largo del pasillo.
—Bella—dijo alegremente—. ¿Empezamos la visita ahora? Quiero verlo todo.
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Gracias Por Leer..
