Capítulo 17

En cuanto a raptos, este fue diestramente ejecutado. Uno no habría esperado menos de Jacob. Aunque Nessie había asumido que la llevaría a su habitación, la sorprendió llevándola fuera donde un caballo estaba esperando. Envolviéndola en su abrigo, la abrazó contra su pecho y montó con ella. No hacia los límites de la propiedad, sino a lo largo del bosque, a través de la noche brumosa y la densa negrura que la luz del día pronto filtraría.

Nessie permaneció relajada contra él, confiando en él, y aún así sacudida por los nervios. Este era Jacob, y aun así no resultaba en absoluto familiar. El lado de él que siempre había estado bajo control ahora había sido liberado.

Jacob guió el caballo expertamente a través de los restos de un roble y las cenizas. Una casita blanca apareció, fantasmalmente coloreada en la oscuridad. Nessie se preguntó a quién pertenecía. Era pulcra y con aspecto de nueva, con humo saliendo del tiro de la chimenea. Estaba iluminada, acogedora, como si hubiera sido preparada con antelación para los visitantes.

Desmontando, Jacob tiró de Nessie a sus brazos, y la llevó al escalón delantero.

—No te muevas —dijo. Ella permaneció obedientemente inmóvil mientras él ataba el caballo.

Jacob cerró la mano sobre sus muñecas atadas y la condujo dentro. Nessie lo siguió dócilmente, una cautiva dispuesta. La casita estaba apenas amueblada, y olía a madera fresca y pintura. No sólo estaba vacía en cuestión de residentes, sino que parecía que nadie había vivido nunca allí.

Haciendo pasar a Nessie al dormitorio, Jacob la alzó hasta una cama cubierta de mantas y lino blanco. Los pies descalzos colgaron por el borde del colchón cuando se sentó erguida.

Jacob estaba de pie ante ella, la luz del hogar iluminaba uno de los costados de su cara. Su mirada estaba fija en la de ella. Lentamente se quitó el abrigo y lo dejó caer al suelo, sin prestar atención a la fina tela. Cuando se sacó la camisa de cuello abierto por la cabeza, Nessie quedó sorprendida por la poderosa amplitud de su torso, todo costillas y fuerza muscular atenazada. Su pecho no tenía vello, la piel brillaba como satén, y los dedos de Nessie se retorcieron por la urgencia de tocarlo. Se sintió ruborizar de expectación, su cara rabiaba de calor.

Los ojos oscuros de Jacob captaron su reacción. Tuvo la sensación de que él entendía qué deseaba, qué necesitaba, incluso más de lo que entendía ella. Se quitó las botas de media caña, pateándolas a un lado, y se acercó hasta que Nessie captó la salobre fragancia masculina. Él tocó el cuello de encaje del camisón, demorándose ligeramente. Su mano se deslizó sobre el pecho y moldeó el peso de los senos. El cálido apretón provocó un estremecimiento en ella, sensación que se acumuló en la endurecida cima. Deseaba que la besara allí. Lo deseaba tanto que se removía nerviosamente, los dedos de sus pies se enroscaban, sus labios se separaron con un jadeo bajo la tela constrictora.

Para su alivio, Jacob extendió las manos alrededor de su cabeza y desató la mordaza.

Roja y temblorosa, Nessie se las arregló para dejar escapar un susurro inestable.

—Tú... no había necesidad de utilizar eso. Me habría mantenido en silencio.

El tono de Jacob fue grave, pero había un brillo pagano en las profundidades de sus ojos.

—Si decido hacer algo, lo hago bien.

—Sí. —Su garganta se cerró alrededor de un sollozo de placer cuando los dedos de él se deslizaron entre su cabello y le tocaron el cuero cabelludo—. Eso lo sé.

Acunándole la cabeza entre las manos, se inclinó para besarla gentilmente, con ardientes y superficiales zambullidas en su boca, y cuando ella le respondió profundizó más, exigiendo más. El beso siguió y siguió, haciéndola jadear por el esfuerzo, su propia lengua se lanzaba ansiosamente más allá de los bordes de los dientes de él. Estaba tan absorta en saborearle, tan deslumbrada por la corriente de excitación que zumbaba en ella, que le llevó un momento comprender que estaba yaciendo recostada sobre la cama con él, con las manos atadas sobre la cabeza.

Él le deslizaba los labios por la garganta, saboreándola con besos lentos y abiertos.

—¿D… dónde estamos? —se las arregló para preguntar, estremeciéndose cuando su boca encontró un lugar particularmente sensible.

—La casa del guardabosque. —Se demoró en ese punto vulnerable hasta que ella se retorció.

—¿Y dónde está el guardabosques?

La voz de Jake estaba cargada de pasión.

—No tenemos aún.

Nessie frotó la mejilla y la barbilla contra los espesos mechones del cabello de él, disfrutando de su sensación.

—¿Cómo es que nunca había visto este lugar?

Él alzó la cabeza.

—Están en el interior del bosque —susurró—, lejos del ruido. —Jugueteó con su pecho, mordisqueando suavemente la punta—. Un guardabosques necesita paz y tranquilidad para cuidar de los pájaros.

Nessie no sentía nada parecido a paz y tranquilidad en su interior, sus nervios estaban tensos como una cuerda, sus muñecas tiraban de las ataduras de seda. Se estaba muriendo por tocarle, por abrazarle.

—Jake, desátame los brazos.

Él negó con la cabeza. El paso perezoso de su mano a lo largo de ella hizo que se arqueara.

—Oh, por favor —jadeó—. Jake...

—Calla —murmuró él—. Aún no. —Su boca pasó hambrientamente sobre la de ella—. Te he deseado durante tanto tiempo. Te he necesitado tanto. —Sus dientes le atraparon el labio inferior con excitada delicadeza—. Un toque de tus manos y no duraría un segundo.

—Pero quiero abrazarte —dijo ella lastimeramente.

La mirada en su cara despertó una emoción en ella.

—Antes de que acabemos, amor, vas a abrazarme con cada parte de tu cuerpo. — Cubrió su latido salvaje con el calor con una palma gentil. Bajando la cabeza, le besó la ardiente mejilla y susurró—: ¿Entiendes lo que estoy haciendo, Nessie?

Ella tomó una respiración intermitente.

—Eso creo. Bella me contó unas cuantas cosas en el pasado. Y por supuesto, todo el mundo ha visto a las ovejas y el ganado en primavera.

Ese provocó una sonrisa sombría en él.

—Si ese es el estándar con el que tengo que medirme, no tendremos ningún problema en absoluto.

Nessie le capturó con los brazos atados y luchó por enderezarse hasta alcanzar su boca. Él la besó, empujándola hacia abajo, deslizándole una de sus rodillas cuidadosamente entre los muslos. Gentilmente más y más, hasta que Nessie sintió la íntima presión contra esa parte que había comenzado a dolerle. La sutil fricción rítmica la hizo retorcerse, una especie de deleite retorcido y estremecedor surgía de cada lento aguijonazo. Aturdida, Nessie se preguntó si hacer esto con un hombre al que había conocido tan bien durante tanto tiempo no era de algún modo más embarazoso que hacerlo con un perfecto desconocido.

La noche se estaba disolviendo en día, la mañana plateada se colaba en la habitación, el bosque despertaba con trinos y gorjeos... colirrojos, golondrinas. Pensó brevemente en todo el mundo allá en Dwyer House... pronto descubrirían que se había ido. Un estremecimiento la atravesó cuando se preguntó si la buscarían. Si regresaba virgen, cualquier futuro con Jacob estarían en grave peligro.

—Jake —susurró con agitación—, tal vez debieras apresurarte.

—¿Por qué? —preguntó él contra su garganta.

—Temo que alguien nos detendrá.

La cabeza de él se alzó.

—Nadie nos detendrá. Un ejército entero podría rodear esta casa. Explosiones. Podría caer un relámpago, y aún así esto seguiría ocurriendo.

—Todavía creo que deberías apresurarte un poco más.

—¿Si? —Jacob sonrió de esa forma que hacía que su corazón se parara.

Cuando estaba relajado y feliz, pensó ella, era el hombre más apuesto que hubiera vivido nunca.

Cortejó su boca hábilmente, distrayéndola con profundos y fervorosos besos. Al mismo tiempo, tomó la parte delantera del camisón entre sus manos y tiró, desgarrando la prenda por la mitad como si no fuera más sustancial que el papel.

Nessie soltó un jadeo disconforme pero siguió inmóvil.

Jacob se elevó. Aferrándole las muñecas, le tiró de ellas hacia arriba sobre la cabeza una vez más, exponiendo su cuerpo completamente y haciendo que sus pechos se alzaran. Examinó sus pálidos pezones rosa. El suave gruñido que escapó de su garganta la hizo estremecer. Él se inclinó y abrió la boca sobre la punta del pecho derecho, y lo sostuvo contra su lengua... tan caliente... se sobresaltó como si el contacto la hubiera escaldado. Cuando alzó la cabeza, el pezón estaba más enrojecido y tenso de lo que había estado nunca antes.

Los ojos de él estaban nublados por la pasión cuando besó el otro pecho. Su lengua provocó que los suaves picos se convirtieran en brotes picantes, consolándolos con cálidos golpecitos. Ella se presionaba hacia arriba contra la humedad, su aliento una mezcla de sollozos bajos. Atrapó el pezón entre los dientes, tirando cuidadosamente, mordiendo. Nessie gemía mientras sus fuertes manos le moldeaban el cuerpo, demorándose en lugares de insoportable sensación.

Alcanzando los muslos, intentó separarlos, pero Nessie los mantenía tímidamente cerrados. Su ansia por proceder se había visto extinguida por la conciencia incipiente de una profusa humedad, allí, que nunca había esperado ni de la cual le habían hablado.

—¿Creía que querías apresurarte? —susurró Jacob junto a su oído. Sus labios vagaban sobre la cara carmesí.

—Desátame las manos —suplicó ella, perturbada—. Necesito... bien, limpiar.

—¿Limpiar? —Dedicándole una mirada curiosa, Jacob desató la tira de seda de alrededor de sus muñecas—. ¿Quieres decir la habitación?

—No, mi... a mí misma.

La perplejidad trazó una muesca entre sus cejas oscuras. Acarició la costura de sus muslos apretados, y ella los tensó como acto reflejo. Percibiendo el problema, él sonrió ligeramente, mientras una absoluta ternura lo atravesaba.

—¿Es esto lo que te preocupa? —Le separó las piernas a la fuerza, encontrando la resbaladiza humedad con dedos gentiles—. ¿Qué estás húmeda aquí?

Ella cerró los ojos y asintió con un sonido sofocado.

—No —consoló él—, esto es bueno; así es como se supone que debe ser. Me ayudará a entrar en ti, y... —Respiró con dificultad—. Oh, Nessie, eres tan adorable, déjame tocarte, déjame darte...

En una agonía de modestia, Nessie le dejó abrirle más los muslos. Intentó permanecer callada e inmóvil, pero sus caderas saltaban cuando él acariciaba el lugar que se había vuelto casi dolorosamente sensible. Él murmuraba suavemente, apasionadamente absorto en la suave carne femenina. Más humedad, más calor, su toque rozaba alrededor y sobre ella, golpeando tiernamente hasta que un dedo se deslizó dentro. Ella se tensó y jadeó, y el toque fue inmediatamente retirado.

—¿Te hago daño?

Las pestañas de Nessie se alzaron.

—No —dijo maravillada—. De hecho, no sentí ningún dolor en absoluto. —Se esforzó por mirar entre ellos—. ¿Hay sangre? Tal vez debería...

—No. Nessie... —Había una expresión casi cómica de desmayo en su cara—. Lo que acabo de hacer no causa dolor o sangre. —Una breve pausa—. Cuando lo haga con mi miembro, sin embargo, probablemente te duela como el infierno.

—Oh. —Ponderó eso durante un momento—. ¿Esa es la palabra que utilizan los hombres para sus partes privadas?

—Una de las palabras que utilizan los gadjos.

—¿Cómo lo llaman los romanís?

—Lo llaman kori.

—¿Qué significa?

—Espina.

Nessie deslizó una mirada tímida hasta la pesada prominencia que tiraba tras sus pantalones.

—Bastante más sustancial que una espina. Habría pensado que utilizarían una palabra más adecuada. Pero supongo... —Inhaló agudamente cuando la mano de él se movió hacia abajo—. Supongo que si uno quiere rosas, debe... —El dedo se había deslizado dentro otra vez—... soportar la ocasional espina.

—Muy filosófico. —Acarició gentilmente y jugueteó con el tenso interior de su cuerpo.

Los dedos de los pies se le curvaron contra la manta cuando una maliciosa tensión se enroscó en su estómago.

—¿Jake, qué debería hacer?

—Nada. Sólo déjame complacerte.

Toda su vida, había anhelado esto sin saber del todo qué era, esta lenta y asombrosa unión con él, esta dulce disolución de sí misma. Esta mutua rendición. No había duda de que él se estaba controlando, y aun así paseaba la mirada sobre ella con admiración absoluta. Se sentía empapada de sensaciones, su cuerpo infundido de color y calor.

Jacob no le permitiría ocultarle ninguna parte de sí misma... Tomaba lo que quería, girando y alzando su cuerpo, haciéndola rodar de acá para allá, siempre con cuidado, y aún así con apasionada insistencia. La besó bajo los brazos y a lo largo de los costados y por todas partes, pasando la lengua a lo largo de cada curva y húmedo pliegue. Gradualmente la acumulación de placer dio forma a algo oscuro y crudo, y Nessie gimió de dolor e intensa necesidad.

El ritmo de su latido reverberaba por todas partes, en sus pechos, caderas y estómago, incluso en las puntas de sus dedos de manos y pies. Era demasiado, este salvajismo que él había despertado. Le suplicó un momento de respiro.

—Aún no —le dijo él entre respiraciones irregulares, su tono áspero con un triunfo que ella aún no entendía.

Por favor, Jake...

—Estás tan cerca, puedo sentirlo. Oh, Dios... —Le tomó la cabeza entre las manos, besándola salvajemente, y dijo contra sus labios—. No quieres que me detenga aún. Déjame mostrarte por qué.

Se le escapó un gemido cuando él se deslizó hacia abajo entre sus muslos, inclinando la cabeza hacia el espacio henchido que había estado atormentando con los dedos. Puso la boca sobre ella, lamiendo a lo largo del delicado y salado estrecho, estirándola con los pulgares. Ella intentó enderezarse de un salto, pero volvió a caer hacia atrás contra las almohadas cuando él encontró lo que buscaba, con su lengua fuerte y húmeda.

Estaba extendida bajo él como un sacrificio pagano, iluminada por la luz del día que ahora se colaba en la habitación. Jacob la adoraba con calientes y vidriosos lametazos, saboreando el sabor de su carne complacida. Gimiendo, ella cerró las piernas alrededor de su cabeza, y él se giró deliberadamente para mordisquear y lamer un pálido muslo interno, después el otro. Deleitándose en ella. Deseándolo todo.

Nessie cerró los dedos desesperadamente alrededor del cabello de él, perdida la vergüenza mientras le guiaba de vuelta, su cuerpo arqueándose impotente... aquí, por favor, más, más, ahora... y gemía mientras él mantenía su boca sobre ella con rápidos y rítmicos golpes. El placer la aferró, arrancándole un grito atónito, manteniéndola rígida y paralizada durante unos segundos de tormento. Cada movimiento, magnitud y pulso del universo habían destilado en el exigente y resbaladizo calor, rematando allí en ese lugar crucial, y después liberándose todo, la sensación y tensión explotó exquisitamente, y se vio atormentada por duros y bienaventurados estremecimientos.

Nessie se relajó impotente mientras los espasmos se desvanecían. Estaba llena de un encendido cansancio, una sensación de paz demasiado extendida como para moverse. Jacob la soltó sólo lo suficiente como para desnudarse completamente.

Desnudo y excitado, volvió a ella. La levantó con deseo masculino bruto, colocándosele encima.

Ella alzó los brazos hacia él con un murmullo adormecido. La espalda era fuerte y lisa bajo sus dedos, los músculos se crispaban ansiosamente ante su toque. Su cabeza descendió, su mejilla afeitaba raspando contra la de ella. Nessie enfrentó su poder con aún más rendición, flexionando las rodillas e inclinando las caderas para acunarle.

Él empujó gentilmente al principio. La carne inocente se resistió, alerta ante la intrusión. Empujó más fuerte, y Nessie contuvo el aliento ante el ardiente dolor en su entrada. Demasiado de él, demasiado duro, demasiado profundo. Se retiró en reacción, y él se enterró pesadamente y la empujó hacia abajo, jadeando que se quedara quieta, diciéndole que esperara, que no se movería, que mejoraría. Ambos se quedaron inmóviles, respirando con dificultad.

—¿Debería parar? —susurró Jacob jadeante, con la cara tensa.

Incluso ahora en este punto de inflexión de deseo, estaba preocupado por ella.

Entendiendo lo que le costaba preguntar, lo mucho que la necesitaba, Nessie se vio abrumada por el amor.

—Ni se te ocurra parar ahora —susurró en respuesta. Extendiendo las manos por sus flancos esbeltos, le acarició con tímido atrevimiento. Él gimió y comenzó a moverse, su cuerpo entero temblaba mientras presionaba dentro de ella.

Aunque cada estocada provocaba un agudo ardor donde estaban unidos, Nessie intentaba empujarle incluso más profundamente. La sensación de tenerle dentro de ella iba más allá del dolor o el placer. Era necesario.

Jacob la miraba, con los ojos brillantes en la cara excitada. Parecía feroz y hambriento e incluso un poco desorientado, como si estuviera experimentando algo más allá del alcance de hombres corrientes. Sólo ahora captó Nessie la enormidad de su pasión por ella, los años la habían acumulado a pesar de todos los esfuerzos de él por aliviarla. Lo duro que había luchado contra su destino, por razones que ella no comprendía del todo aún. Pero ahora poseía su cuerpo con una reverencia e intensidad que eclipsaba cualquier otro sentimiento.

Y aun así la amaba como a una mujer, no como alguna etérea criatura. Sus sentimientos por ella eran completamente carnales, lujuriosos, elementales. Exactamente lo que ella quería.

Lo tomó, y lo tomó, envolviéndole con sus piernas esbeltas, enterrando la cara en su garganta y hombro. Adoraba los sonidos que hacía, los suaves gruñidos y jadeos, el flujo áspero de su respiración. Y el poder de él a su alrededor y dentro de ella.

Tiernamente le acarició la espalda y los costados y presionó besos en su cuello. Él parecía electrificado por sus atenciones, sus movimientos se aceleraron, sus ojos se cerraron firmemente. Y entonces empujó hacia adelante y aguantó, y se sacudió todo como si se estuviera muriendo.

—Nessie —gimió, enterrando la cara contra ella—. Nessie. —Esa simple sílaba contenía la fe y la pasión de miles de plegarias.

Pasaron varios minutos antes de que ninguno de los dos hablara. Se quedaron enredados, fundidos, húmedos y sin estar dispuestos a separarse.

Nessie sonrió cuando sintió los labios de Jacob vagar por su cara. Cuando él extendió la mano hacia su barbilla le dio un pequeño mordisco.

—Nada de pedestal —dijo él bruscamente.

—¿Hmm? —Se movió, alzando la mano hasta la mejilla marcada por un indicio de barba—. ¿Qué quieres decir?

—Dijiste que te había puesto en un pedestal... ¿recuerdas?

—Sí.

—Nunca fue así. Siempre te he llevado en mi corazón. Siempre. Creí que eso tendría que ser suficiente.

Moviéndose, Nessie le besó gentilmente.

—¿Qué ha pasado, Jake? ¿Por qué has cambiado de opinión?

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HOLA! Lamento haber desaparecido pero tome vacaciones del trabajo y mi internet decidió hacer lo propio y también se fue de vacaciones… espero que aun quede alguien aquí para seguir leyendo esta historia… deseo que hayan tenido una bonita navidad y un feliz año nuevo y que disfruten este capitulo :D