Capítulo 18
Jake no tenía intención de responder hasta que se hubiera ocupado de ella. Dejó la cama y fue a la pequeña cocina, la cual estaba equipada con una estufa y un tanque de latón para el agua con tuberías atravesando el fogón para proveer agua caliente instantáneamente. Llenando una jarra de agua caliente, la llevó al dormitorio junto con una toalla limpia.
Se detuvo ante la visión de Nessie recostada de lado, las fluidas curvas cubiertas de lino blanco, el cabello desparramado sobre los hombros en ondas de oro plateado. Y lo mejor de todo, la saciada suavidad de su cara y los labios rosas hinchados que él había besado y besado. Era una imagen de sus más profundos sueños, verla de esa forma en la cama. Esperando por él.
Humedeció la toalla con agua caliente y echó hacia atrás la sábana, encantado por su belleza. La había deseado sin importar nada, virgen o no… pero en privado reconocía la satisfacción de haber sido su primer amante. Nadie más que él la tocaría, le daría placer, la vería… excepto…
—Nessie —dijo, con el ceño fruncido mientras la lavaba, presionando la tela húmeda entre sus muslos—. En la clínica, ¿alguna vez vestiste menos que tu traje de ejercicios? Es decir, ¿Alguna vez Nahuel te vio?
La cara de ella estaba tranquila, pero había un brillo divertido en sus cálidos e intensos ojos dorados.
—¿Estas preguntándome si alguna vez Nahuel me vio desnuda en calidad profesional?
Jake era celoso, y ambos lo sabían, pero no pudo evitar fruncir el ceño.
—Sí.
—No, no lo hizo —contestó remilgadamente—. Estaba interesado en mi sistema respiratorio, lo cual, como claramente sabes, está en un lugar muy diferente a los órganos reproductivos.
—Estaba interesado en más que tus pulmones —Jake dijo oscuramente.
Ella sonrió
—Si estas esperando distraerme de la pregunta que te hice antes, no está funcionando. ¿Qué te paso anoche, Jake?
Enjuago las manchas de sangre de la toalla, exprimiéndola, y presionando otra almohadilla caliente entres las piernas.
—¿En la cárcel?
Sus ojos se desorbitaron
—¿Allí es a dónde fue Emmett? ¿A sacarte?
—Sí.
—¿Por qué en el nombre de Dios estabas entre rejas?
—Estuve en una pelea en la taberna.
Ella chasqueo la lengua unas cuantas veces.
—Tú no eres así.
La declaración estaba cargada de tan intencionada ironía que Jake casi se rió. De hecho, salieron algunos jadeos graves de su pecho; estaba tan divertido y abatido que no podía hablar. Su expresión debía ser rara en verdad, porque Nessie lo miró atentamente y se sentó. Se quitó la compresa poniéndola a un lado, se subió la sábana hasta cubrirse los senos. Paso una mano ligera y elegante por su hombro desnudo, un toque tranquilizador. Y continuó acariciándolo, acariciando su pecho, cuello, estómago; y con cada amoroso roce de la mano parecía erosionar más su dominio de sí mismo.
—Hasta que conocí a tu familia —dijo él roncamente—, esa era la única razón por la qué existía. Para pelear. Para hacer daño a la gente. Era… monstruoso. —Mirando a los ojos de Nessie, no vio más que preocupación.
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—Cuéntame —susurró ella.
Él negó con la cabeza. Un escalofrió recorrió su espalda.
Ella le deslizó una mano alrededor de la nuca. Inclinándole la cabeza hasta su hombro para que su rostro quedara medio escondido.
—Cuéntame —lo urgió otra vez.
Jake estaba perdido, incapaz de ocultarle algo ahora. Y sabía que lo que iba a confesar la iba a disgustar y repugnar, pero se encontró a sí mismo haciéndolo de todas formas.
Lo reveló todo insensiblemente, intentando hacerla entender el despiadado bastardo que había sido y aún era. Le habló de los chicos a los que había golpeado hasta dejarlos molidos, de los que temía que hubieran muerto después, pero nunca estuvo seguro. Le contó cómo había vivido como un animal, comiendo basura y robando; le habló de la rabia que siempre lo había consumido. Que había sido un matón, un ladrón, un mendigo. Reveló crueldades y humillaciones, de las que debió haber tenido el orgullo y el buen sentido de guardarlas para sí mismo.
Jake había mantenido las confesiones dentro de sí desde siempre, pero ahora se desbordaban como basura. Y quedó horrorizado al darse cuenta de que había perdido todo control, de que siempre que intentaba parar, todo lo que hacía falta era un suave toque o un susurro de Nessie, y seguía parloteando como un criminal ante el cura de la horca.
—¿Cómo puedo haberte tocado con estas manos? —le preguntó, su tono destrozado con la angustia—. ¿Cómo pudiste soportar dejarme hacerlo? Dios, sí hubieras sabido todas las cosas que he hecho…
—Adoro tus manos —murmuró ella.
—No soy lo suficientemente bueno para ti, pero nadie lo es. Y la mayoría de los hombres, buenos o malos, tienen límites sobre lo que harían, incluso por alguien a quien aman. Yo no tengo ninguno. Dios, no, ningún código moral, ninguna fe en nada. Excepto en ti. Tú eres mi religión. Haría cualquier cosa que me pidieras. Pelearía, robaría, mataría por ti. Haría…
—Shhh. Calla. —Ella parecía sin aliento—. No hay necesidad de mentar todos los mandamientos, Jake.
—No lo entiendes —le dijo, recorriéndola con la mirada—. Si creyeras algo de lo que te he dicho…
—Entiendo. —Su cara era la de un ángel, suave y compasiva—. Y creo lo que me has contado… pero no estoy de acuerdo para nada con las conclusiones a las que pareces haber llegado. —Levantó las manos moldeándolas contra sus delgadas mejillas—. Eres un buen hombre, un hombre amoroso. El rom baro intentó matar todo eso dentro de ti, pero no tuvo éxito. Debido a tu fuerza. Debido a tu corazón.
Se estiró en la cama arrastrándolo con ella.
—Relájate Jake —le susurró—. Tú tío era un hombre malvado, pero lo que hizo debe de ser enterrado con él. «Deja a los muertos enterrar a sus muertos», ¿sabes lo que significa?
Él negó con la cabeza.
—Deja el pasado atrás y mira únicamente el camino hacia adelante. Sólo entonces podrás encontrar un nuevo camino. Una nueva vida. Es una cristiana quien te lo dice… pero debería tener sentido para un romaní, creo.
Tenía más sentido de lo que tal vez Nessie comprendiera. Los romanís eran infinitamente supersticiosos respecto a la muerte y los muertos, destruían todas las posesiones de aquellos que habían muerto, mencionando el nombre de los difuntos tan poco como les era posible. Era tanto en beneficio de los muertos como de los vivos, para impedirles volver al mundo de los vivos como horribles fantasmas. Deja a los muertos enterrar a sus muertos… pero no estaba seguro de poder lograrlo.
—Es difícil dejarlo correr —dijo espesamente—. Difícil olvidar.
—Sí. —Apretó los brazos alrededor de él—. Pero llenaremos tu mente con muchas cosas mejores sobre las que pensar.
Jake estuvo silencioso durante largo tiempo, presionando la oreja contra el corazón de Nessie, escuchando incluso el latido, y el flujo de su respiración.
—Supe la primera vez que te vi, lo que significarías para mí —murmuró Nessie eventualmente—. El chico salvaje y enojado que eras. Te amé al instante. Tú lo sentiste también, ¿verdad?
Él asintió ligeramente, perdiéndose en el placer de sentirla. Su piel dulce como las ciruelas, con un insinuante almizcle femenino.
—Quería domesticarte —dijo ella—. No completamente. Sólo lo suficiente como para poder acercarme a ti. —Ensartó los dedos en el cabello de él—. Hombre escandaloso. ¿Qué te poseyó para raptarme, cuando sabías que hubiera venido de buena gana?
—Estaba haciendo una declaración —respondió con voz apagada.
Nessie rió y le acarició el cuero cabelludo, el roce de sus uñas casi le hizo ronronear.
—Ha quedado bien claro. ¿Debemos regresar ahora?
—¿Tú quieres?
Nessie negó con la cabeza.
—Aunque… no me importaría tener algo que comer.
—Traje comida antes de ir a por ti.
Ella recorrió con una coqueta punta del dedo el borde de su oreja.
—Que eficiente villano eres. ¿Podemos quedarnos todo el día entonces?
—Sí.
—¿Vendrá alguien a buscarnos? —dijo Nessie retorciéndose con deleite.
—Lo dudo. —Jake le bajó la sábana y hociqueo en el lujurioso valle entre sus pechos—. Mataría a la primera persona en acercarse al umbral.
Una risa silenciosa quedó atrapada en la garganta de Nessie
—¿Qué pasa? —preguntó él sin moverse.
—Ah, sólo estaba pensando en todos los años que pasé intentando salir de la cama para estar contigo. Y ahora cuando vuelvo a casa, todo lo que quiero es volver a la cama. Contigo.
Para desayunar tenían té fuerte y tostadas de queso, el queso derretido en gruesas rebanadas de pan untado de mantequilla. Envuelta en la camisa de Jacob, Nessie estaba sentada en la cocina en un banco bajo. Le daba enorme placer ver el movimiento de los músculos de su espalda mientras llenaba de agua humeante un baño de asiento portátil. Sonriendo, se metió el último bocado de las tostadas con queso en la boca.
—Ser secuestrada y seducida —comentó—, le da apetito a una.
—Al seductor también.
Había un aura casi mágica en este lugar ordinario, en este pequeño y silencioso cabaña. Nessie se sentía como si estuviera bajo un hechizo. Casi tenía miedo de estar soñando, de despertarse sola en su casta cama. Pero la presencia de Jacob era demasiado vital y real para ser un sueño. Y los pequeños dolores y punzadas en su cuerpo ofrecían mayor prueba de que había sido tomada. Poseída.
—Todos lo sabrán a estas horas —dijo Nessie ausentemente, pensando en todos los de Dwyer House—. Pobre Nahuel. Debe estar furioso.
—¿Y qué hay del corazón roto? —Jacob puso el bote de agua a un lado y se acercó a ella vestido sólo con calzoncillos.
Nessie frunció el ceño pensativamente.
—Estará decepcionado, creo. Y creo que se preocupa por mí. Pero no, no tendrá el corazón roto. —Se reclinó contra Jacob y él acarició el cabello, la mejilla de Nessie rozó la tirante suavidad de su estómago—. Él nunca me deseó en la forma que tú lo haces.
—Cualquier hombre que no lo hiciera tendría que ser eunuco. —Había una tirantez en su aliento y Nessie besó el borde de su ombligo—. ¿Le contaste lo que dijo el doctor de Londres? ¿Que eres lo suficientemente saludable para tener niños?
Nessie asintió.
—¿Qué dijo Nahuel?
—El me dijo que podía visitar a una legión de médicos, y tener un montón de opiniones diferentes que apoyen la conclusión que yo quiera. Pero desde el punto de vista de Nahuel, debería permanecer sin niños.
Jacob la detuvo y miró hacia abajo para verla, con expresión impenetrable.
—No quiero ponerte en riesgo. Pero tampoco confío en Nahuel, ni en sus opiniones.
—¿Porque piensas en él como un rival?
—En parte —admitió—. Pero también es algo instintivo. Hay algo… carece de algo. Hay algo falso.
—Tal vez porque es doctor —sugirió Nessie, temblando cuando Jacob le abrió la camisa—. Los hombres en su profesión a menudo parecen fríos y distantes. Superiores, incluso. Pero eso es necesario, porque…
—No es eso. —Jacob la guió hasta el baño de asiento y la ayudo a sentarse en él. Nessie jadeó no sólo por el calor del agua, sino también por estar desnuda delante de él. El baño de asiento lo obligaba a uno a sentarse a horcajadas sobre la tina y relajarse en el agua mientras tenías las piernas separadas, lo cual era grandiosamente confortable cuando estabas en privado, pero más que mortificante cuando alguien más estaba presente. Su modestia se encontró más violada aún cuando Jacob se agachó a un lado de la tina y comenzó a lavarla. Pero sus maneras no eran para nada lascivas, sólo cariñosas, y no pudo evitar relajarse bajo los cuidados de esas fuertes y relajantes manos.
—Aún sospechas que Nahuel pudo haber hecho daño a su primera esposa, lo sé — dijo Nessie mientras Jacob la bañaba—. Pero es médico. Nunca haría daño a nadie, y mucho menos a su propia esposa. —Hizo una pausa para leer la expresión de Jacob—. No me crees. Estas decidido a pensar lo peor de él.
—Creo que se siente con derecho a jugar con la vida y la muerte. Como los dioses de las historias de la mitología griega que tanto os gustan a tus hermanas y a ti.
—No conoces a Nahuel como yo.
Jacob no contestó, sólo continuó lavándola.
Nessie observó su oscuro rostro a través del velo del vapor, tan hermoso e implacable como una antigua escultura de un guerrero babilónico.
—No debí molestarme siquiera en defenderle —dijo pesarosa—. Nunca estarás dispuesto a pensar bien de él, ¿verdad?
—No —admitió.
—¿Y si hubieses creído que Nahuel era el mejor de los hombres? —le pregunto—. ¿Hubieras dejado que se casase conmigo?
Vio los músculos de su garganta tensarte antes de responder.
—No. —Había un toque de odio por sí mismo en su respuesta—. Soy demasiado egoísta para eso. Nunca hubiera dejado que ocurriera. Si hubiera sido necesario, te habría secuestrado el día de tu boda.
Nessie quiso decirle que no tenía ningún deseo de que fuera noble. Estaba feliz... encantada... de ser amada de esta forma, con una pasión que no dejaba lugar a nada más. Pero antes de que pudiera decir una palabra, Jacob tomó más jabón y le deslizó la mano sobre los doloridos músculos de entre los muslos.
La tocó amorosamente. Y posesivamente. Los ojos de Nessie estaban entreabiertos.
Los dedos entraron en ella con cuidado, y su brazo libre la sostenía por la espalda, Nessie se inclinó débilmente en el hueco entre su fuerte pecho y hombro. Incluso esta pequeña invasión dolía. Su carne había sido abordada hacia tan poco y aún no estaba acostumbrada a ser penetrada. Pero el agua caliente la aliviaba, y Jacob era tan gentil que sus muslos se relajaron, acunada en la boyante calidez.
Respiró el aire matutino, luminoso con el vapor, la esencia del jabón, la madera y el caliente cobre. Y la intoxicante fragancia de su amante. Rozó los labios contra su hombro, saboreando el rico sabor de su piel salada.
Los cosquilleantes dedos calientes se rozaron contra ella como los ociosos juncos del río… astutas puntas del dedos que rápidamente descubrieron dónde ella los deseaba más. Jugó con ella, abriéndola, investigando lentamente la curvada suavidad y sus lugares sensibles.
El agua de la tina empezó a agitarse cuando Nessie comenzó a mover rítmicamente las caderas, impulsándose contra su mano. Un tercer dedo entro, y Nessie se tensó y jadeó protestando, era demasiado, no podía… pero él le suspiró que podía, debía, y la estiró cuidadosamente tomando los gemidos con su boca.
Abierta de piernas y flotando, Nessie se sintió perder, abriéndose a la sensualidad de los dedos que buscaban dentro de ella. Se sintió codiciosa y salvaje, ondulándose para capturar más del arrasador placer. Incluso le enterró las uñas un poco, las manos hurgando contra la dura y desnuda piel, y él gruñó como si eso lo complaciera. Un grito abreviado abandonó sus labios al primer impacto de su liberación. Intentó sofocarlo, pero otro le fue arrancado, y otro; el agua se ondulaba mientras ella se estremecía, el clímax alargado por el delicado y enfático empuje que continuó hasta que quedó floja y jadeante.
Se permitió caer contra la parte alta de la tina, Jacob la dejó unos minutos. Empapada en la vaporosa agua, demasiado saciada para preguntar o notar que él se había ido. Él volvió con una gran toalla y la levantó del baño. Nessie se puso de pie pasivamente ante él, dejando que la secara como si fuera una niña. Cuando se apoyó en él, vio las pequeñas marcas rojas en su piel, no eran profundas, pero marcas de cualquier manera. Debería estar pidiendo perdón, horrorizada, pero todo lo que deseaba era hacerlo otra vez. Darse un banquete con él. Era tan poco típico de ella que se ensimismó para ponderarlo.
Jacob la llevó al dormitorio y la metió en una cama recién hecha. Se deslizó profundamente bajo los edredones y espero por él, adormecida; entre tanto él se fue a lavarse y vaciar la tina. Nessie estaba inundada por un sentimiento que no había experimentado en años… la clase de una alegría incandescente que había sentido de niña en una mañana navideña. Se quedó quieta en la cama, deleitada con el conocimiento de todas las cosas buenas que pronto pasarían, el corazón ardiendo de expectación.
Los ojos de Nessie estaban entreabiertos cuando lo sintió subir a la cama finalmente.
El peso hundió el colchón, el cuerpo estaba alarmantemente caliente contra la frialdad de Nessie. Acurrucándose en la curva de su brazo y hombro, suspiró profundamente. La mano de él le trazaban lentas y amorosas figuras en la espalda.
—¿Tendremos una casita como esta algún día? —murmuró ella.
Siendo Jacob, ya había trazado un plan:
—Viviremos en Dwyer House durante un año más, probablemente dos, hasta que la restauración esté completa y Emmett esté encaminado. Entonces encontraremos una propiedad conveniente para una granja, y construiré una casa para ti. Un poco más grande que esto, espero. —Deslizó la mano hasta su trasero, acariciándolo en círculos—. No va a ser una vida extravagante, pero sí confortable. Tendrás una cocinera, un criado y un cochero. Y viviremos cerca de tu familia, así podrás verlos cuando quieras.
—Suena encantador —se las arregló para decir Nessie, tan llena de felicidad que apenas podía respirar—. Sería el cielo —no tenía dudas de que él la pudiera hacer feliz, tampoco dudaba que ella podía hacerle feliz a él. Crearían una buena vida juntos, aunque estaba más que segura de no sería una vida ordinaria.
—Si te casas conmigo, nunca serás una dama de posición —le dijo él con tono sombrío.
—No hay mejor posición para mí que ser tu esposa.
Una de las grandes manos de Jacob se cerró sobre su cráneo, presionándole la cabeza contra su hombro.
—Siempre he querido para ti más que esto.
—Mentiroso —susurró—. Siempre me has querido para ti.
La risa agitó su pecho.
—Sí —admitió.
Entonces se quedaron quietos, deleitándose en la sensación de yacer juntos en la habitación llena con la luz de la mañana. Habían estado unidos de tantas formas antes de esto… Se habían conocido el uno al otro también… y aún así no completamente. La intimidad física había creado una nueva dimensión en los sentimientos de Nessie, como si no sólo hubiera tomado su cuerpo dentro de ella, sino también parte de su alma. Se preguntó cómo era la gente que podía ocuparse en este acto sin amor, cuán vacíos y sin sentido se deberían sentir en comparación.
El pie descalzo de Nessie exploró la velluda superficie de una pierna, azuzándose contra los duros músculos esculpidos.
—¿Pensabas en mi cuando estabas con ellas? —le preguntó con indecisión.
—¿Con quiénes?
—Las mujeres con las que dormías.
Supo por la forma en que Jacob se tensó que no le había gustado la pregunta.
Su respuesta fue grave y llena de áspera culpa.
—No. No creo que pensara en nada cuando estaba con ellas.
Nessie dejó su mano vagar por el suave pecho, encontrando los pequeños pezones marrones, jugando con ellos hasta hacer que se tensaran. Apoyándose en un codo, le dijo francamente:
—Cuando te imagino haciendo esto con alguien más, apenas puedo soportarlo.
Él puso una mano sobre la de ella, asegurándola contra su fuerte latido.
—No significaron nada para mí. Fue siempre una transacción. Algo hecho tan rápido como era posible.
—Creo que eso lo hace aún peor. Utilizar a una mujer de esa manera, sin sentimientos…
—Siempre fueron bien compensadas —le dijo él sardónicamente—. Y siempre dispuestas.
—Deberías haber encontrado a alguien por quien sintieras cariño, alguien que sintiera cariño por ti. Eso hubiera sido infinitamente mejor que una transacción carente de amor.
—No podía.
—¿No podías qué?
—Sentir cariño por alguien más. Tú ocupabas demasiado espacio en mi corazón.
Nessie se pregunto qué decía acerca de su terrible egoísmo el que tal respuesta la conmoviera y complaciera.
—Después de que te fuiste —dijo Jacob—, creí que me volvería loco. No había lugar en el que pudiera sentirme mejor. Ni persona con la que quisiera estar. Quería que te recuperaras, hubiera dado mi vida por ello. Pero al mismo tiempo te odiaba por irte. Odiaba todo. Mi propio corazón por latir. Sólo tenía una razón para vivir, y esa era volver a verte.
Nessie estaba conmovida por la severa simplicidad de su declaración. Él era una fuerza, pensó. Uno no podía someterlo más de lo que se puede someter una tormenta eléctrica. La amaría tan excesivamente como le complaciera y que se salvara quien pudiera.
—¿Ayudaron las mujeres? —preguntó suavemente—. ¿Te calmaba yacer con ellas?
Él negó con la cabeza.
—Lo hacía peor —llegó su suave respuesta—. Porque no eran tú.
Nessie se inclinó más sobre él, su cabello cayendo en destellantes cintas que se esparcieron a través del pecho, garganta y brazos de Jacob. Lo miró directamente a los ojos tan negros como las endrinas.
—Quiero que nos seamos fieles el uno al otro —le dijo gravemente—. Desde este día en adelante.
Hubo un breve silencio, una vacilación no nacida de la duda, sino de la meditación. Como si los votos fueran a ser oídos por alguna invisible presencia.
El pecho de Jacob subió y bajó en una larga y profunda inspiración.
—Te seré fiel— le dijo—. Para siempre.
—Al igual que yo.
—Promete también que nunca me dejarás otra vez.
Nessie levantó la mano del centro de su pecho y presionó un beso justo ahí.
—Lo prometo.
Estaba completamente dispuesta e impaciente por sellar los votos, pero él no.
Quería que Nessie descansara, su cuerpo tenía que reposar, y cuando ella protestó, la silenció con gentiles besos.
—Duerme —le dijo, y ella obedeció, hundiéndose en el olvido más dulce y oscuro que había conocido.
La luz del sol se inclinaba impacientemente contra las cortinas sencillas de las ventanas, convirtiéndolas en brillantes rectángulos de color mantequilla. Jake había abrazado a Nessie durante horas. No había dormido en absoluto en todo ese tiempo. El placer de observarla eclipsaba la necesidad de descansar. Había habido otras ocasiones en su vida en las que la había observado de esta forma, especialmente cuando había estado enferma. Pero era diferente ahora que ella le pertenecía.
Siempre había estado consumido por un miserable y anhelante amor por Nessie y sabiendo que nada podría resultar nunca de ello. Ahora, abrazándola, sentía algo desconocido, el florecer de un calor eufórico. Permitió que sus labios la besaran, incapaz de resistir el brillante arco de sus cejas. Se movió hasta la curva rosa de su mejilla. La punta de su nariz, tan adorable que parecía digna de un soneto entero.
Amaba cada parte de ella. Se le ocurrió que aún no había besado los espacios entre los dedos de sus pies, una omisión que necesitaba desesperadamente ser corregida.
Nessie dormía con una de sus piernas enganchada sobre él, una rodilla metida entre las suyas. Sintiendo el íntimo roce de los rizos contra su cadera. Se puso erecto, la carne vivía con un duro y preciso pálpito que podía sentir contra la sábana de lino que lo cubría.
Ella se agitó y movió las extremidades temblorosamente, medio abrió los ojos.
Jake sintió su sorpresa al despertarse de esta forma en sus brazos, y el lento amanecer de satisfacción cuando recordó lo que había pasado antes. Sus manos se movieron lentamente sobre él, explorando suavemente. Él estaba tenso en todas partes, excitado y sin moverse, dejándola descubrirlo a su placer.
Nessie reconoció su cuerpo con un inocente abandono que lo sedujo completamente.
Los labios rozaron la tirante piel de su pecho y costado. Encontrado el borde de su costilla más baja, mordisqueó gentilmente, como un fastidioso y pequeño caníbal.
Una de sus manos siguió hasta el muslo y vagó hasta la ingle.
Él pronunció su nombre entre alientos entrecortados, buscado esos dedos atormentadores. Pero ella alejó su mano golpeándola con un audible chasquido de piel contra piel. Y eso lo excitó más allá de la razón.
Nessie acunó la masa de él, los pesados cambios de peso contra su palma. Apretó, acarició la redondez con cuidado, mientras él apretaba los dientes y soportaba su toque como si estuviera siendo desangrado y descuartizando.
Moviéndose hacia arriba, Nessie aferró ligeramente la erección... demasiado ligeramente. Jake le hubiera rogado que lo hiciera más fuerte si hubiera tenido aliento. Pero sólo podía esperar jadeando. Él inclinó la cabeza, el dorado cabello lo atrapó en una destellante red. A pesar de su voluntad de permanecer inmóvil, no pudo evitar el violento tirón de su polla, su longitud saltando hacia arriba. Para su sorpresa, la sintió inclinarse para besarlo. Y continuó subiendo a lo largo del duro mástil, mientras él gemía de placer e incredulidad.
Su hermosa boca sobre él… se estaba muriendo, perdiendo la cordura. Era demasiado inexperta para saber cómo proceder. No lo tomó profundamente, sólo lamió la punta como él le había hecho a ella antes. Pero Santo Dios, era suficiente por ahora. Jake dejó escapar un angustioso gemido cuando sintió un dulce y húmedo tirón y oyó el sonido de ella succionando.
Murmurando una incomprensible mezcla de romaní e inglés, la tomó de las caderas y las arrastró hacia arriba. Enterró su cara en ella, su lengua trabajó vorazmente hasta que se retorció como una sirena capturada.
Saboreando su excitación, hundió la lengua profundamente, una y otra vez. Las piernas de Nessie se tensaron, como si estuviera a punto de llegar al límite. Pero él tenía que estar dentro de ella cuando pasara, tenía que sentir su apretón alrededor de él.
La puso debajo de él cuidadosamente, le dio la vuelta, y empujó una almohada bajo sus caderas.
Ella gimió y separó las rodillas más ampliamente. Sin necesidad de mayor invitación, se posicionó, su verga resbalando por la humedad de la boca de ella.
Buscó bajo ella, encontró el pequeño e hinchado capullo, y lo masajeó lentamente mientras introducía su erección en ella, sus dedos acariciándola más rápido a cada dura pulgada que entraba, y cuando finalmente enterró completamente su longitud, ella culminó con un grito sollozante.
Jake pudo encontrar su propio alivio entonces, pero tenía que prolongarlo, si fuera posible, habría seguido para siempre. Pasó una mano a lo largo de la pálida y elegante curva de la espalda de ella. Nessie se arqueó contra la caricia suspirando su nombre. Se recostó sobre ella, cambiando el ángulo entre ellos, todavía ahuecando su sexo mientras empujaba. Ella se estremeció cuando algunos espasmos más le fueron arrancados, manchas de pasión aparecieron en sus hombros y espalda. Jake posó su boca en las manchas de color, besando cada sonrojado lugar mientras se mecía lentamente, penetrado más profundamente en ella, más apretadamente, hasta que se tensó y culminó con violentos chorros.
Rodando fuera de ella, Jake la atrajo contra sus costillas y luchando por recuperar el aliento. El latido de su corazón martilleó en sus oídos durante algunos minutos, razón por la cual tardó en reparar en que llamaban a la puerta.
Nessie subió las manos sus mejillas y guió su cara hasta la de ella. Tenía los ojos desorbitados.
—Hay alguien allí —dijo.
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Gracias por leer!
