Capítulo 19
Maldiciendo por lo bajo, agarrando sus pantalones y su camisa, Jake se volvió descalzo hacia la puerta. Abriéndola, vio a Edward Cullen de pie allí, despreocupadamente, con una maleta en una mano y una cesta cubierta en la otra.
—Hola. —Los ojos dorados de Edward bailaron traviesos—. Os he traído algunas cosas.
—¿Cómo nos encontraste? —preguntó Jake sin exaltarse.
—Sabía que no habrías ido lejos. Ninguna de tus ropas faltaban, ni maleta o baúl alguno. Y ya que la casa del guarda junto a la verja era demasiado obvia, éste fue el siguiente lugar que se me ocurrió. ¿No vas a invitarme a entrar?
—No —dijo Jake rápidamente, y Edward sonrió abiertamente.
—Si nuestras posiciones fueron a la inversa, phral, supongo que yo también me mostraría poco amistoso. Hay comida en la cesta, y ropa para ambos en la maleta.
—Gracias.
Jake tomó los artículos y los colocó justo dentro de la puerta. Enderezándose, miró a su hermano, buscando cualquier signo de censura. No había ninguno.
—¿Ov yilo isi? —preguntó Edward.
Era una vieja frase romaní que quería decir «¿Todo bien por aquí?». Pero literalmente se traducía como «¿Hay corazón aquí?». Lo cual parecía bastante apropiado.
—Sí —dijo Jake suavemente.
—¿No hay nada que necesites?
—Por primera vez en mi vida —admitió Jake—, no hay nada que necesite.
Edward sonrió.
—Bien. —Metiéndose las manos en los bolsillos del abrigo, apoyó despreocupadamente un hombro contra el marco de la puerta.
—¿Cuál es la situación en Dwyer House? —preguntó Jake, medio temiendo la respuesta.
—Hubo algunos momentos de caos esta mañana, cuando se descubrió que ambos habíais desaparecido. —Una pausa diplomática—. Nahuel insiste en que Nessie fue llevada contra su voluntad. En cierto momento amenazó con acudir a la autoridad local. Dice que si no regresas con Nessie al anochecer, actuará drásticamente.
—¿Y qué sería eso? —inquirió Jake hoscamente.
—No sé. Pero ya podrías pensar en el resto de nosotros teniendo que hospedarnos en Dwyer House con él mientras tú estás aquí afuera con su prometida.
—Es mi prometida ahora. Y la llevaré de vuelta cuando me plazca.
—Entendido. —Los labios de Edward se retorcieron—. ¿Tienes intención de casarte con ella pronto, espero?
—Pronto no —dijo Jake—. Inmediatamente.
—Gracias a Dios. Incluso para los Swan, todo esto es un poco inapropiado. —Edward echó un vistazo a la figura desarreglada de Jacob y sonrió—. Es bueno verte finalmente tranquilo, Jacob. Si fuera cualquier otro que no fueras tú, diría que en verdad se te ve feliz.
No era fácil despojarse del hábito de privacidad. Pero Jake estaba realmente tentado a confiar a su hermano cosas para las que aún no estaba seguro de tener palabras. Como el descubrimiento de que el amor de una mujer podría hacer que el mundo entero pareciera diferente. O su admiración por Nessie, quien siempre había parecido tan frágil y necesitada de protección, y había emergido como una presencia incluso más fuerte que él.
—¿Cullen? —Preguntó quedamente, para evitar que Nessie oyera algo—, tengo una pregunta...
—¿Sí?
—¿Conduces tu matrimonio al modo gadjo o romaní?
—En su mayor parte al modo gadjo —dijo Cullen sin titubear—. No funcionaría de otro modo. Bella no es el tipo de mujer que podría ser tratada como una subordinada. Pero como romaní, siempre me reservaré el derecho a protegerla y cuidar de ella cuando crea conveniente. —Sonrió ligeramente—. Encontraréis un lugar a medio camino, como hemos hecho nosotros.
Jake se restregó la mano a través del cabello y preguntó cautelosamente:
—¿Los Swan están enojados por lo que he hecho?
—¿Quieres decir por llevarte a Nessie?
—Sí.
—La única queja que he oído fue porque tardaste demasiado.
—¿Sabe alguno de ellos dónde estamos?
—No, que yo sepa. —La sonrisa de Edward se volvió sardónica—. Puedo brindarles unas cuantas horas más, phral. Pero tendrás que traerla de vuelta al anochecer, si no por otra cosa, al menos para cerrar la boca a Nahuel. —Frunció el ceño ligeramente —. Es extraño, ese gadjo.
Jake le miró alerta.
—¿Por qué lo dices?
Edward encogió los hombros.
—La mayoría de hombres en su posición habrían hecho algo, cualquier cosa, a estas alturas. Destruido algún mueble. Agarrado por la garganta a alguien. A estas horas, yo habría puesto al revés todo Hampshire hasta encontrar a mi mujer. Pero Nahuel sólo habla y habla.
—¿Sobre qué?
—Ha hablado bastante acerca de cuáles son sus derechos, a qué está autorizado, que se siente traicionado... pero hasta ahora no se le ha ocurrido expresar ninguna preocupación por el bienestar de Nessie, o considerar lo que ella quiere. En síntesis, actúa como un niño al que le han quitado su juguete y quiere que le sea devuelto. — Edward hizo una mueca—. Endemoniadamente bochornoso, incluso para un gadjo. — Alzó la voz y llamó a la invisible Nessie—. Me marcho ya. Buenos días, hermanita.
—¡Lo mismo digo, señor Cullen! —replicó ella con voz alegre.
Sacaron un auténtico banquete de la cesta: ave asada fría, una variada colección de ensaladas, frutas, y rebanadas gruesas de tortilla. Después de devorarlo todo, se sentaron ante la chimenea sobre una colcha. Vestida sólo con la camisa de Jake, Nessie se sentó entre sus muslos mientras él le desenredaba el cabello. Pasaba repetidamente los dedos a través de la cabellera sedosa, la cual brillaba como luz de luna entre sus manos.
—¿Damos un paseo, ahora que tengo mi ropa? —preguntó Nessie.
—Si gustas. —Jake le echó el cabello a un lado y la besó en la nuca—. Luego, volvamos a la cama.
Ella se estremeció y emitió un sonido de diversión.
—Nunca he sabido que pasaras tanto tiempo en cama.
—Hasta ahora nunca he tenido una buena razón. —Dejando a un lado el cepillo, tiró de ella a su regazo y la acunó. La besó perezosamente. Ella empujó hacia arriba con demanda creciente, haciéndole sonreír y retirarse.
—Cálmate —le dijo él, acariciándole la mandíbula—. No vamos a comenzar de nuevo.
—Pero acabas de decir que querías volver a la cama.
—Quería decir a descansar.
—¿No vamos a hacer más el amor?
—No por hoy —dijo él gentilmente—. Has tenido suficiente. —Le pasó el pulgar sobre los labios hinchados por los besos—. Si hiciese el amor contigo otra vez, no podrías caminar mañana.
Pero como estaba descubriendo, cualquier reto a la fortaleza física de Nessie era enfrentado con inmediata resistencia.
—Estoy bastante bien —dijo ella tercamente, enderezándose en su regazo. Esparció besos sobre su cara y cuello, por todas las partes que podía alcanzar—. Una vez más, antes de que regresemos. Te necesito, Jake; necesito...
Él la calló con su boca, y recibió una respuesta tan apasionadamente impaciente que no pudo evitar reír ahogadamente contra sus labios.
Ella se echó hacia atrás y preguntó:
—¿Estás riéndote de mí?
—No. No. Es sólo... eres adorable, me complaces tanto. Mi pequeña y ansiosa gadji... —La besó otra vez, intentando calmarla. Pero ella fue insistente, quitándose su camisa, poniéndole las manos sobre su cuerpo desnudo.
—¿Por qué estás tan ansiosa? —susurró él, recostándose sobre la colcha con ella—. No… espera… Nessie, háblame.
Se quedó quieta entre sus brazos, con el ceño fruncido en su carita, cerca de la de él.
—Me da miedo regresar —admitió—. Me siento como si algo malo fuera a ocurrir. No parece real que verdaderamente podamos estar juntos ahora.
—No podemos escondernos aquí para siempre —murmuró Jake, acariciándole el cabello—. No ocurrirá nada, amor. Hemos ido demasiado lejos para retractarnos. Eres mía ahora, y nadie puede cambiar eso. ¿Te da miedo Nahuel? ¿Es eso?
—No miedo, exactamente. Pero no estoy deseando enfrentarle.
—Claro que no —dijo Jake quedamente—. Te ayudaré a pasar por ello. Yo hablaré con él primero.
—No creo que eso sea acertado —dijo ella inciertamente.
—Insisto. No perderé los estribos. Pero voy a hacerme responsable de lo que he hecho. No voy a dejar que afrontes las consecuencias sin mí.
Nessie bajó la mejilla hacia su hombro.
—¿Estás seguro que nada te hará cambiar de idea sobre lo de casarte conmigo?
—Nada en absoluto podría lograrlo. —Sintiendo la tensión en su cuerpo, pasó sus manos sobre ella, demorándose en su pecho, donde cada latido era un fuerte y ansioso golpe. Lo frotó en círculos para apaciguarla—. ¿Qué puedo hacer para hacerte sentir mejor? —preguntó tiernamente.
—Ya te lo dije, y no lo harás —respondí en voz baja y hosca, y eso provocó una risa sofocada en él.
—Entonces te saldrás con la tuya —susurró—. Pero lentamente, así no te lastimaré.
—Le besó los espacios detrás de los lóbulos de las orejas y descendió sobre la suave blancura de sus hombros, el pulso en la base de su garganta.
Aún con más delicadeza besó las curvas prominentes de sus senos. Los pezones cobraron vida y escocieron por todas sus atenciones previas. Tuvo cuidado con ellos, su boca fue suave cuando cubrió el pico inflamado.
Nessie hizo un pequeño movimiento, soltó un siseo apenas perceptible, y él adivinó que el pezón le escocía. Pero las manos de ella fueron hasta su cabeza, sujetándole allí. Utilizó la lengua para trazar círculos lánguidos, succionando sólo lo suficiente como para mantener la sensible carne dentro de la abrazadera de sus labios. Pasó mucho tiempo en sus pechos, manteniendo la boca inmóvil, hasta que ella gimió y movió las caderas, necesitando más que una apenas perceptible estimulación ligera.
Hundiendo sus labios entre los muslos, Jake se arraigó en la caliente seda de ella, encontrando el delicado centro de su clítoris, utilizando su aterciopelada lengua para lamer y acariciar. Ella le agarró firmemente la cabeza y sollozó su nombre, excitándolo con su sonido gutural. Cuando los movimientos de sus caderas tomaron un ritmo normal, apartó la boca de la de ella y le separó las rodillas. Le llevó una eternidad internarse en el interior de la lujuriosa carne apretada. Completamente asentado, la abrazó, asegurándola contra su cuerpo.
Ella se retorció, instándolo a empujar, pero él se mantuvo quieto e inalterable, presionó la boca contra su oreja, y le susurró que la haría culminar sólo con esto, que se quedaría duro dentro de ella tanto como fuera necesario. La oreja de Nessie se volvió escarlata, se tensó y latió alrededor de él.
—Por favor muévete —susurró, y él amablemente dijo que no—. Por favor muévete, por favor...
—No.
Pero después de un rato comenzó a flexionar las caderas a un ritmo sutil. Ella se quejó y tembló mientras él la conducía, embistiéndola más profundo, implacable en su contención. El clímax estalló en ella finalmente, arrancando débiles gritos de sus labios, haciendo aflorar estremecimientos salvajes. Jake guardó silencio, experimentando una liberación tan aguda y paralizante que lo despojó de todo sonido. El esbelto cuerpo de ella lo arrastró, lo succionó, encerrándolo en un delicado calor.
El placer fue tan grande que le provocó una picazón poco familiar en los ojos y nariz, y eso lo estremeció hasta los cimientos. ¡Maldita sea!, pensó Jake, comprendiendo que algo había cambiado en él, y que nunca podría volver atrás. Todas sus defensas se habían reducido ante la fuerza incierta de una pequeña mujer.
El sol descendía entre la oquedad de ricos y arbolados valles para cuando estuvieron ambos vestidos. Los fuegos se habían apagado, dejando fría y oscura la casita de campo.
Nessie se aferró a la mano de Jacob ansiosamente, mientras él la conducía hacia el caballo.
—Me pregunto por qué la felicidad siempre parece tan frágil —dijo ella—. Pienso en las cosas que nuestra familia ha experimentado... Perder a nuestros padres, Emmett perdiendo a Nikki, el fuego, mi enfermedad... me han hecho consciente de cuan fácilmente las cosas que apreciamos pueden sernos arrebatadas de golpe. La vida puede cambiar de un momento a otro.
—No todo cambia. Algunas cosas perduran para siempre.
Nessie se detuvo y se giró, rodeándole el cuello con los brazos. Él respondió inmediatamente, sujetándola cerca y segura, encerrándola contra su poderoso cuerpo. Nessie enterró la cara en su pecho.
—Eso espero —dijo Nessie después de un momento—. ¿Eres realmente mío ahora, Jake?
—Siempre he sido tuyo —respondió él contra su oreja.
Preparada para los acostumbrados gritos de sus hermanas, Nessie se sintió aliviada cuando ella y Jake regresaron a Dwyer House y la encontraron serena y callada. Tan inusitadamente serena que estaba claro que todo el mundo había acordado comportarse como si nada en particular hubiera pasado. Encontró a Bella, Esme, la señorita Hale, y Alice en la sala del piso de arriba, las tres primeras haciendo labor de aguja mientras Alice leía en voz alta.
Cuando Nessie entró cautelosamente en la habitación, Alice hizo una pausa, y las mujeres levantaron la cabeza con miradas brillantes y curiosas.
—Hola, querida —dijo Bella calurosamente—. ¿Tuviste una bonita excursión con Jacob? —Como si no hubiera sido más que un picnic o un paseo en carruaje.
—Sí, gracias. —Nessie sonrió a Alice—. Continúa, Ali. Lo que fuera que estuvieras leyendo suena precioso.
—Es una novela sensacional —dijo Alice—. Muy excitante. Hay una mansión oscura y sombría, y sirvientes que se comportan extrañamente, y una puerta secreta detrás de un tapiz. —Bajó la voz dramáticamente—. Alguien está a punto de ser asesinado.
Mientras Alice continuaba, Nessie se sentó junto a Bella. Sintió la mano de su hermana mayor tomando la suya. Una mano pequeña pero capaz. Un apretón reconfortante. El apretón cariñoso de Bella expresó mucho, al igual que la presión devuelta por los dedos de Nessie... preocupación, aceptación, tranquilidad.
—¿Dónde está él? —susurró Bella.
Nessie sintió una punzada de preocupación, aunque conservó la expresión serena.
—Ha ido a hablar con el doctor Pardo.
El apretón de Bella se intensificó.
—Bueno —replicó Bella sarcásticamente—, debería ser una conversación animada. Tengo la impresión de que tu Nahuel ha estado acumulando bastantes cosas que decir.
—¡Estúpido y palurdo campesino! —Nahuel Pardo tenía el rostro blanco pero estaba controlado cuando él y Jake se reunieron en la biblioteca—. No tienes idea de lo que has hecho. En tu apresuramiento por estirar la mano y tomar lo que quieres, no has prestado atención a las consecuencias. Y no lo harás hasta que sea demasiado tarde. Hasta que la hayas matado.
Teniendo bastante idea de lo que Nahuel iba a decir, Jake ya había decidido cómo trataría con él. Por el bien de Nessie, Jake toleraría cualquier número de improperios o de acusaciones. El doctor diría lo suyo... y Jake dejaría que todo le resbalara. Él había ganado. Nessie era suya ahora, y nada más importaba.
Sin embargo, no era fácil. Nahuel era la imagen perfecta de un héroe romántico ultrajado... esbelto, elegante, e indignado. Hacía que Jake se sintiera, en contraste, como un atezado villano bruto. Y esas últimas palabras, hasta que la hayas matado, le helaron hasta el tuétano.
Tantas criaturas vulnerables habían sufrido en sus manos. Nadie con el pasado de Jake podría merecer nunca a Nessie. Y si bien ella había perdonado su historia de brutalidad, él nunca podría olvidar.
—Nadie va a hacerle daño —dijo Jake—. Obviamente como esposa suya, hubiese estado bien atendida, pero no era eso lo que ella quería. Ha hecho su elección.
—¡Bajo coacción!
—Yo no la forcé.
—Por supuesto que lo hizo —dijo Nahuel con desprecio—. Se la llevó en un despliegue de fuerza bruta. Y siendo una mujer, por supuesto que lo consideró emocionante y romántico. Las mujeres pueden ser dominadas y persuadidas de aceptar casi cualquier cosa. Y en el futuro, cuando esté muriendo en el parto, con espantoso dolor, no te culpará por ello. Pero tú sabrás que eres el responsable. —Se le escapó una risa áspera cuando vio la expresión de Jake—. ¿Realmente eres tan simple que no entiendes lo que digo?
—Usted cree que ella es demasiado frágil para traer niños al mundo —dijo Jake—.
Pero ella consultó a otro doctor en Londres, que…
—Sí. ¿Te dijo Renesmee el nombre de ese doctor? —Los ojos grises de Nahuel eran escarchas, su tono estaba crispado de condescendencia.
Jake negó con la cabeza.
—Yo continué preguntando —dijo Nahuel—, hasta que me lo dijo. Y supe al instante que era un nombre inventado. Una farsa. Pero sólo para asegurarme, comprobé los registros de cada médico legítimo en Londres. El doctor al que nombró no existe. Mintió, Jacob. —Nahuel se pasó las manos por el cabello y caminó de un lado a otro—. Las mujeres son tan taimadas como niños cuando quieren salirse con la suya. Dios mío, eres fácilmente manipulable, ¿verdad?
Jake no podía contestar. Había creído a Nessie, por la simple razón de que ella nunca mentía. Por lo que él sabía, una única vez en su vida ella le había engañado, y había sido con un ardid para que tomara morfina cuando él había estado padeciendo por una quemadura. Más tarde había entendido por qué lo había hecho, y la había perdonado de inmediato. Pero si le había mentido en esto... La angustia ardía como ácido en su sangre.
Ahora entendía por qué Nessie había estado tan nerviosa sobre lo de regresar. Nahuel hizo una pausa ante la mesa de la biblioteca y se quedó medio sentado medio apoyado en ella.
—Todavía la quiero —dijo quedamente—. Todavía estoy dispuesto a aceptarla. A condición de que no haya concebido. —Se interrumpió cuando Jake le lanzó una mirada letal—. ¡Oh, puedes mirarme encolerizado, pero no puedes negar la verdad! ¡Mírate!... ¿Cómo puedes justificar lo que has hecho? Eres un asqueroso gitano, atraído por un adorno bonito como el resto de los de tu clase.
Nahuel observó estrechamente a Jake mientras continuaba.
—Estoy seguro de que la amas, a tu manera. No de una forma refinada, no de la forma en que ella verdaderamente necesita, pero tanto como alguien de tu clase es capaz de amar. Lo encuentro un tanto conmovedor. Y penoso. Sin duda Renesmee siente que los lazos de amistad de la infancia te confieren más derecho sobre ella del que cualquier otro hombre posiblemente podría tener. Pero ha estado demasiado protegida del mundo. No tiene ni la sabiduría ni la experiencia para conocer sus propias necesidades. Si se casa contigo, sólo será cuestión de tiempo antes de que se canse de ti, y quiera más de lo que alguna vez podrás ofrecerle. Busca a una fuerte muchacha campesina, Jacob. Mejor aún, una gitana que estaría feliz con la vida simple que podrías brindarle. Quieres un ruiseñor, cuándo estarías más satisfecho con una linda y robusta paloma. Haz lo correcto, Jacob. Entrégamela. No es demasiado tarde. Estará a salvo conmigo.
Jake apenas pudo oír su propia voz áspera, su pulso martillando por la confusión, desesperación y furia.
—Tal vez debería preguntar a los Lanhams. ¿Estarían ellos de acuerdo en que ella estará más a salvo con usted?
Y sin detenerse a juzgar el efecto de sus palabras, Jake salió a grandes zancadas de la biblioteca.
La sensación de inquietud de Nessie aumentó cuando la noche cayó sobre la casa. Permaneció en la sala con sus hermanas y la señorita Hale hasta que Alice se hubo cansado de leer. El único alivio en la creciente tensión de Nessie estaba en observar las travesuras del hurón de Alice, Dodger, que parecía enamorado de la señorita Hale, a pesar de... o quizá debido a... la obvia antipatía de ésta. Se arrastró hasta la institutriz intentando robar una de sus agujas de hacer punto, mientras ella le observaba con ojos velados.
—Ni lo pienses —dijo la señorita Hale al esperanzado hurón con escalofriante calma—. O te cortaré la cola con un cuchillo de trinchar…
Alice sonrió abiertamente.
—Creía que eso sólo funcionaba con ratones ciegos, señorita Hale.
—Surte efecto con cualquier roedor ofensivo —contestó misteriosamente la señorita Hale.
—Los hurones no son roedores en realidad —dijo Alice—. Están clasificados como Mustélidos. Como las comadrejas. Así que se podría decir que el hurón es un primo lejano del ratón.
—No es una familia con la que me interese estrechar vínculos —dijo Esme.
Dodger se escondió detrás del brazo del sofá y depositó una mirada de amor en la señorita Hale, quien le ignoró.
Nessie sonrió y se desperezó.
—Estoy fatigada. Daré las buenas noches a todo el mundo ahora.
—Yo también estoy fatigada —dijo Bella, disimulando un profundo bostezo.
—Quizá todas debiéramos retirarnos —sugirió la señorita Hale, guardando su labor de punto en una pequeña cesta.
Todas se fueron a sus habitaciones, mientras los nervios de Nessie se erizaban en el silencio ominoso del vestíbulo. ¿Dónde estaba Jacob? ¿Qué se habían dicho él y Nahuel?
Una lámpara ardía tenuemente en su cuarto, su resplandor empujando débilmente ante el avance de las sombras. Parpadeó cuando vio una forma inmóvil en la esquina...Jacob, ocupando una silla.
—¡Oh! —jadeó sorprendida.
La mirada fija la siguió mientras se acercaba a él.
—¿Jake? —preguntó con vacilación, mientras un frío se deslizaba por su columna vertebral. La conversación no había ido bien. Algo iba mal—. ¿Qué pasa? —preguntó con voz ronca.
Jacob se levantó y se elevó sobre ella, con expresión insondable.
—¿Quién fue el doctor que viste en Londres, Nessie? ¿Cómo lo encontraste?
Entonces lo entendió. Su estómago se desplomó, e intentó calmar un poco su respiración
—No hubo ningún doctor —dijo—. No vi la necesidad de ello.
—No viste la necesidad —repitió él lentamente.
—No. Porque... como dijo Nahuel después... podría ir de doctor en doctor hasta que encontrara a uno que me diera la respuesta que quería.
Jacob dejó escapar un aliento que sonó como un chirrido en su garganta. Negó con la cabeza.
—Jesús.
Nessie nunca le había visto tan devastado, más allá de vociferar o enfadarse. Se acercó a él con la mano extendida.
—Jake, por favor, déjame…
—No. Por favor. —Estaba poniendo visiblemente el máximo empeño en controlarse.
—Lo siento —dijo ella ansiosamente—. Te deseaba tanto, e iba a tener que casarme con Nahuel, y pensé que si yo te decía que había visto a otro doctor, eso haría... bueno, te empujaría un poco.
Él le volvió la espalda, apretando las manos con fuerza.
—Nada ha cambiado —dijo Nessie, intentando sonar calmada, intentando pensar más allá del desesperado martilleo de su corazón—. Eso no cambia nada, especialmente después de hoy.
—Cambia algo si me mientes—dijo él con tono gutural.
Los varones romaní no podían soportar ser manipulados por sus mujeres. Y ella había quebrantado la confianza de Jacob en un momento en el que era particularmente vulnerable. Había bajado la guardia, la había dejado entrar. ¿Cómo si no podría ella haberle tenido?
—No sentí que tuviera elección —dijo ella—. Eres imposiblemente terco cuando te plantas en tus trece. No sabía cómo cambiar eso.
—Entonces acabas de mentir otra vez. Porque no lo lamentas.
—Lamento que te sientas herido y enojado, y entiendo cuánto…
Se interrumpió cuando Jacob se movió con asombrosa rapidez, agarrándola de la parte superior de los brazos, llevándola contra la pared. Su cara enfurecida descendió cerca de la de ella.
—Si entendieras algo, no esperarías que te diera un bebé que te matará.
Rígida y temblorosa, ella le miró a los ojos hasta ahogarse en la oscuridad. Tragó un profundo aliento antes de arreglárselas para decir obstinadamente:
—Veré a tantos doctores como tú quieras. Escucharemos una completa variedad de opiniones, y puedes calcular las probabilidades. Pero nadie puede predecir con certeza lo que ocurrirá. Y nada de eso cambiará cómo tengo intención de pasar el resto de mi vida. La viviré según mis términos. Y tú... tú puedes tener todo de mí o nada. No seré ya más una inválida. Ni siquiera si eso significa perderte.
—No acepto un ultimátum —dijo él, dándole una pequeña sacudida—. Y mucho menos de una mujer.
Los ojos de Nessie se volvieron borrosos, y maldijo las lágrimas nacientes. Se preguntó con furiosa desesperación por qué el destino parecía empeñado en negarles la vida en común que otras personas tenían garantizada.
—Tú... arrogante romaní —dijo roncamente—. No es tu elección; es mía. Mi cuerpo. Mi riesgo. Y puede que ya sea muy tarde. Puedo haber concebido ya…
—No. —Él le agarró la cabeza y presionó su frente contra la de ella, su aliento le golpeaba a los labios en un arrebato de exaltación—. No puedo hacer esto —dijo temblorosamente—. No me veré forzado a lastimarle.
—Simplemente ámame. —Nessie no fue consciente de que lloraba hasta que sintió la boca de él sobre su cara, su garganta vibrando con bajos gemidos mientras le lamía las lágrimas. La besó desesperada y salvajemente, con una fiereza que la hizo temblar de pies a cabeza. Cuando aplastó su cuerpo contra el de ella, Nessie sintió la turgencia de su excitación incluso a través del montón de capas de sus ropas. Eso provocó una sacudida en respuesta a través de todas sus venas, y sintió cómo su carne íntima picaba y se humedecía. Le deseó dentro de ella, tirar de él en su interior profundo y cerca, complacerle hasta que su ferocidad se viera aplacada. Bajó la mano hasta el duro miembro, frotando y apretando hasta que él gimió en su boca.
Liberó sus labios lo suficiente como para jadear:
—Llévame a la cama, Jake. Tómame...
Pero él se apartó de un empujón lejos de ella con una feroz maldición.
—Jake...
Una mirada encendida, y él abandonó el cuarto, la puerta tembló en sus goznes debido al abrupto portazo.
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