REENCUENTRO

Aquella tarde Candy estaba muy distraída, ver a Terry le había provocado una gran confusión. Llegó a su casa y sonrió al ver a sus dos hijas riendo al lado de su padre, estaban jugando cartas, algo que él les había enseñado hacía mucho tiempo.

— no es justo, es la segunda vez que Helen gana papá— dijo Kate, una pequeña de cabello castaño rizado, con unas cuantas pecas en el rostro.

— Yo no tengo la culpa de ser buena— contestó Helen tomando los dulces que había en la mesa, que con habilidad había ganado. Helen, la hija mayor, muy parecida a su madre, cabello rubio y unos hermosos ojos verdes, con la característica peculiar de Candy, tenía pecas en sus mejillas. —

— No te desesperes hija, dentro de poco serás excelente, de eso me encargo yo— dijo su padre— eres muy inteligente, sólo nos falta un poquito de práctica— le guiñó el ojo y le dio uno de los dulces que él había ganado.

— ¡Michael!, ¿cómo que práctica?— dijo Candy— no es bueno que les enseñes esos juegos— dijo sentándose junto a la pequeña Kate.

— vamos mamá, tú también juegas bien— dijo Helen, a lo que la rubia se sonrojó ya que era cierto, Michael había sido un buen maestro en eso de las cartas— ¡tengo una idea! ¿Por qué no hacemos dos equipos?, mamá, tú juega al lado de Kate para que aprenda y yo juego con papá, y veamos quién gana— dijo Helen entusiasmada.

— ¡Sí!— respondió la pequeña Kate emocionada, a lo que el resto de la familia comenzó a reír.

— no lo creo niñas— dijo Michael— su madre ya dijo que no es bueno que ustedes jueguen este tipo de cosas, además no creo que ella quiera perder ante mí— dijo burlón ,lo cual fue suficiente para retar a Candy.

— perder ¿yo?, no lo creo querido— respondió la rubia tomando la baraja y revolviéndola muy hábilmente— veamos quién pierde.

La sala parecía un verdadero salón de juego, los cuatro estaban serios observando sus cartas; Kate a pesar de no entender muy bien solía decir:

— Saca esta carta, mamá. No, no mejor la otra, sí esa, con esa ganamos— estaba tan ansiosa por ganar, pero Candy solo negaba con la cabeza muy concentrada en su próxima jugada, hasta que una sonrisa triunfal se asomó por su rostro.

Por su parte Michael y Helen estaban más callados, solo se entendían con la mirada, hasta que también sonrieron.

— Haces el honor hija— dijo Michael proclamándose ganador.

— Claro papi— tomó las cartas y las puso sobre la mesa— flor corrida de diamantes— dijo sonriendo la niña.

— vaya, sí que son buenos, muy buenos— dijo seria Candy— pero hoy no fue su mejor juego— bajó sus cartas— flor imperial— dijo sonriente ante las caras de Helen y Michael de asombro.

— ahora si me permiten, tenemos dulces que cobrar— dijo tomando los dulces y se los dio a Kate, que estaba más que feliz, no por haber ganado, sino por tener las manos llenas de dulces y por haberse divertido con su familia.

— ¡vaya! ahora vamos a comer— dijo Michael poniéndose de pie— señoritas, ha sido un verdadero placer haber perdido frente a ustedes— dijo lo más caballeroso que se podía ayudando a Candy a ponerse de pie— ¿comemos?—

— No, no tengo hambre— contestó dudosa— pero los acompaño.

— De acuerdo— contestó sin darle mayor importancia— señorita, ¿me acompaña?— dijo ofreciéndole los brazos a Kate, ella los extendió para que su padre la cargara y la llevara al comedor. Helen y Candy se habían adelantado ya.

— mami, la próxima vez ¿puedo jugar en tu equipo?—ambas rieron y entraron al comedor.

En Nueva York también había familias felices y dos niños eran la alegría de la famosa actriz Eleonor Baker.

—¡abuela!, ¡abuela!, llegó carta de papá— un niño de unos nueve años, castaño de ojos azules entró corriendo a la sala donde se encontraba Eleonor Baker recitándole un poema a un pequeño niño de seis años idéntico al recién llegado

— Harry, no corras, te puedes caer— dijo Eleonor— a ver, déjame ver la carta— extendió la mano para que el niño le diera el sobre.

"hola pequeños;

Espero no estén haciendo pasar un mal rato a su abuela. La gira va muy bien, hoy mismo llegamos a Chicago y lo primero que hice fue escribirles. La ciudad es muy bonita, les prometo que cuando la gira termine y ustedes estén de vacaciones pasaremos un tiempo aquí, tengo un amigo que estoy seguro nos prestará su casa que tiene a las afueras de Chicago.

Pórtense bien y recuerden que los amo.

Papá.

P.D. Harry ya no corras dentro de la casa y Edward deja de obligar a la abuela a que te enseñe a recitar poesía.

— ya ven, les dije que su padre estaba bien, y que sabe perfectamente lo que hacen— dijo Eleonor a sus nietos con una mirada angelical.

— Sí, abuela— dijeron los dos niños a coro.

— Y ahora vayan a jugar al jardín, se lo ganaron—

— ¡Sí!— dijeron los niños y salieron corriendo de la sala.

— ¡Sin correr!— gritó pero fue en vano ya que los niños habían salido disparados de la casa.

— ¿cómo le estará yendo a Terry en Chicago?, ¿se habrá encontrado con Candy?— se preguntaba Eleonor.

La noche del viernes el teatro estaba abarrotado de gente, todos estaban emocionados por la nueva presentación de Terruce Grandchester, era su debut en la ciudad como director de teatro, y todos esperaban ver lo mejor.

— ¡qué emoción mamá!, según leí en el periódico el señor Grandchester es un gran actor, es un maestro en el arte del teatro, lástima que él no actúe, me habría encantado verlo, pero como director también dicen que es grandioso— decía Helen emocionada en el transcurso del viaje. Candy se limitó a sonreír y a ver el rostro de Michael, él conocía a la perfección la historia de su esposa y no se lo reprochaba, estaba seguro del amor que le tenía.

Llegaron al teatro y entregaron los boletos y minutos después fueron llevados hasta sus lugares, primera fila frente al escenario. Michael había corrido con suerte y había encontrado justo cuatro asientos vacíos en la primera fila días antes, cuando había ido al teatro a comprar los boletos. Helen estaba muy inquieta debido a la emoción, desde que empezó a leer, su pasión por el teatro nació, a sus nueve años ya había leído varias obras, entre ellas "la importancia de llamarse Ernesto" de Oscar Wilde, que era la obra que estaban presentando.

Tras bambalinas todos los actores estaban nerviosos. Terry los calmó un poco y se asomó a ver al público y se sintió inmensamente feliz, ahí estaba ella, en primera fila, acompañada de dos niñas y de un hombre desconocido para él, pero al ver el parecido que tenían las niñas al misterioso caballero dedujo que se trataba del esposo de su pecosa, sintió una punzada en el corazón, tal vez eran celos – que tonto eres, ¿qué esperabas?, ella tenía que ser feliz, aunque no fuera contigo— se dijo internamente. Miró otra vez a la familia y notó que la niña más grande estaba muy emocionada, veía como señalaba todo a su madre que le sonreía y explicaba algunas cosas. Cuando tuvo una idea.

— Jake, ven aquí por favor— le dijo a uno de los actores principales.

— Sí señor— respondió el joven actor cuando estuvo cerca de su jefe.

— Al finalizar la obra quiero que hagas algo especial por las niñas de la primera fila—

— De acuerdo, ¿qué quiere que haga?— preguntó asomándose al público…

La obra comenzó y Helen estaba muy entusiasmada, veía todo con gran admiración, ni siquiera hablaba. Terry, desde su posición podía ver perfectamente al público, aunque le gustaba la idea de dirigir también extrañaba pisar el escenario como personaje y lo deseó más en ese momento en que Candy era parte del público, aun así se sentía feliz de ver a aquella pequeña tan atenta, "si fuera mi hija" pensó, y una sonrisa se dibujó en su rostro.

La familia de Candy prestaba mucha atención, Michael miraba de vez en cuando a sus hijas que como en rara ocasión se habían quedado calladas y a Candy que le devolvía una mirada angelical. Candy estaba complacida por haberles dado a sus hijas un regalo como ese, y lo estaba aún más al saber que todo lo que veían sobre el escenario era producto del trabajo de Terry.

El primer acto terminó y el telón se cerró, Helen no dejaba de hablar de la obra, ¿viste esto mamá? Papá, ¿te fijaste en esto? Los tres comentaban la obra, ya que la pequeña Kate no estaba muy entusiasmada y el sueño la estaba venciendo.

El segundo acto comenzó; todo había sido maravilloso. Cuando la obra terminó y el elenco salió a agradecer al público, Jake salió con dos pequeños ramos de rosas en las manos, después de agradecer bajó del escenario y les dio los ramos de flores a Helen y a Kate, la primera estaba tan emocionada que con manos temblorosas aceptó el detalle y con una angelical sonrisa agradeció al actor. Kate rápido aceptó las flores y sonrió pare mostrárselas a su mamá que estaba realmente sorprendida por el detalle, sin lugar a dudas de Terry. Michael estrechó la mano del actor y agradeció el gesto. Jake saludó a Candy con una reverencia.

— dígale al señor Grandchester que le agradezco mucho— dijo en voz baja cuando el actor depositó un beso en la mano de ella.

— Ha sido un placer— contestó Jake y subió de nuevo al escenario, donde más aplausos se escucharon ya que todo el teatro había visto semejante detalle. En ese momento salió Terry a agradecer al público, situado en el centro del escenario hizo una reverencia y sonrió a la familia de Candy.

— mira mamá, él es Terruce Grandchester, el director de la obra— dijo Helen emocionada y ajena a la historia de su madre con el actor. Candy y Michael sonrieron ante el comentario de su hija y siguieron aplaudiendo al elenco, hablarían más tarde sobre el tema.

Después de unos cuantos minutos más el teatro comenzó a vaciarse y Candy y su familia se retiraron a su hogar.

— Deberías contarle a Helen tu historia con él— dijo Michael cuando estuvieron a solas en su habitación después de recostar a las niñas en sus camas.

— no lo sé, ¿qué dirá?—

— nunca lo sabremos si no se entera—

— Pero… —

— Candy, Helen es una niña muy madura, no puede reprocharte nada, sólo digo que sería bueno que sepa todo de sus padres por nosotros mismos que por otras personas— dijo al momento en que la abrazaba.

— ¿lo dices por Eliza?—

— Sí, Candy, tú mejor que nadie la conoces y sabes que sería capaz de inventar cosas terribles ahora que él está en la ciudad—

— Tienes razón, pero, necesito pensarlo, no es tan fácil hablar del pasado—

— Lo sé, a mí también me cuesta contarle las cosas que se viven en la guerra, y sabes que siempre me ha preguntado sobre ello, pero no podemos ocultarle las cosas toda la vida con el pretexto de no hacerle daño, la verdad no daña a nadie. —

— Te prometo que lo voy a pensar— dijo Candy con su habitual sonrisa.

A la mañana siguiente todo era normal, Helen y Kate estaban en la escuela, Candy enseñando en la escuela de enfermería y Michael había ido al teatro donde se presentaba la obra de Terry.

— disculpe señor, no puede pasar— dijo un guardia cuando el médico cruzaba por la puerta.

— Lo sé, es sólo que quisiera hablar con el señor Grandchester—

— ¿es usted reportero? El señor tiene una cita hoy con uno— Michael lo dudó un momento pero…

— Sí, soy yo— dijo al fin.

— Pase entonces, siga derecho todo este pasillo— señaló el guardia.

— gracias— entró y siguió el camino señalado— disculpe, ¿el señor Grandchester? preguntó a una joven que iba pasando.

— esta por ahí, entre las luces de allá— señaló la joven, al parecer era parte del equipo de vestuario.

— gracias— caminó un poco más y llegó hasta él— buenos días señor Grandchester— Terry giró para conocer la voz del que le hablaba.

— Buenos días— dijo extrañado— ¿le ´puedo ayudar?—

— Quisiera hablar con usted un momento—

— ¿es usted el reportero que enviaron del periódico?—

— No señor, soy el esposo de Candice— dijo Michael tranquilo.

Terry se quedó frío, supuso que le había ocasionado un enorme problema la noche anterior con las flores para sus hijas— acompáñeme por favor— dijo señalándole un camino que conducía a los camerinos, entraron en uno donde sólo había un escritorio y unos sillones— tome asiento—

— Gracias— Michael se sentó y Terry hizo lo mismo quedando frente a frente— en primer lugar quiero agradecerle por el obsequio que hizo ayer a mis hijas, ambas estaba muy emocionadas con su gesto—

— fue un placer, pero espero no haber ocasionado un disgusto con Candy, perdón con Candice— se le hacía absurdo llamarla así pero tendría que acostumbrarse.

— Dígale Candy, todos lo hacemos— sonrió el doctor— y descuide, nadie se molestó con nadie por eso—

— me alegra oírlo, pero creo que no vino a agradecer por un par de ramos de flores ¿cierto?

— Así es señor, de hecho vine a pedirle un favor—

— ¿Un favor?— preguntó extrañado, pues no conocía al hombre que tenía frente a sí y hacerle un favor, de cualquier tipo, era extraño.

— sí, disculpe mi atrevimiento, pero lo que le pido será para Candy— contestó serio.

— Lo escucho— dijo interesado.