Mikoto Suoh estaba tumbado mirando al techo cuando el timbre del bar sonó. Se quedó quieto un momento, pero al oír una voz familiar gritando desde la calle, se acercó a la ventana.

–Chicos, soy yo, ¿me abrís? –gritaba un joven frente a la puerta del bar–.

–Sí –contestó Suoh sin alzar la voz–.

–¿King? Ah, espero no haberte despertado...

Suoh ya se había apartado de la ventana y estaba bajando por las escaleras. Atravesó el bar HOMRA con parsimonia y se dirigió hacia la puerta.

–Pasa.

El joven se agachó de golpe, provocando que su cabello claro se alborotara. Recogió las pesadas bolsas de color negro que había dejado en el suelo, y entró en el local exhibiendo una gran sonrisa.

–Siento las molestias... ¿No está Kusanagi-san?

Mikoto Suoh se arrastró hasta el sofá y se sentó en él con aspecto cansado, haciéndole una seña al otro para que se sentara en el sofá que había enfrente. El sonriente joven cerró la puerta, volvió a echar el cerrojo y se apresuró a obedecer.

–No. Está de viaje toda la semana. ¿No lo sabías? –Suoh parecía molesto ante la novedad de tener que dar él la información que normalmente no se esforzaba en recordar–. ¿Qué haces tú aquí?

Tatara Totsuka se desplomó sobre el sofá, rodeado de bolsas por todas partes

–Estuve de compras por Ikebukuro y decidí pasarme a saludar. No sabía que Kusanagi-san se había ido... –por un momento, parecía que Totsuka iba a añadir algo más, pero luego negó con la cabeza–. ¿Tienes sed, King? Ir de compras cansa más de lo que parece...

Tras recibir una respuesta afirmativa en forma de mirada hacia la barra del bar, Totsuka se levantó del sofá y se dirigió a ella, preguntándose qué podía servirle a Suoh. Quizá algo de color rojo...

–De compras, ¿eh?... ¿Sigues con eso del manga? –preguntó Suoh, mirando la gran cantidad de bolsas que habían invadido el sofá contrario–.

Totsuka parecía concentrado en seleccionar las bebidas detrás de la barra, así que el Rey Rojo se levantó a coger una bolsa que le había llamado la atención. Al parecer, las bolsas tenían dos caras, y esta estaba dada la vuelta mostrando una enorme "K" impresa.

–Sí... –contestó Totsuka, pensativo–. Ya me he leído todos los mangas que me interesaban en el Book Off, pero ahora he encontrado una tienda donde venden doujinshis de segunda mano, así que estoy probando con otras cosas...

–Siempre eres así. Hace un año no te interesaba en absoluto... ¿por qué te esfuerzas tanto? –comentó Suoh mientras observaba las portadas de los ejemplares que había dentro de la bolsa, Totsuka estaba de espaldas pero casi podía oír cómo Suoh fruncía el ceño–. Seguro que habrás cambiado de afición en unos meses.

–Puede que sí. O puede que no. ¿Estás haciendo de Kusanagi-san porque él no está aquí hoy?–se quejó Totsuka mientras se subía a la escalera de mano para alcanzar una botella pequeña del estante más alto–. Y no es que me esfuerce, realmente disfruto conociendo cosas nuevas. Sé que no compartes mi punto de vista, pero lo entiendes, ¿verdad? El caso es que las historias me parecen interesantes. Además, es fácil encariñarse con los personajes... Hay uno que me recuerda mucho a ti, King –añadió mientras bajaba al suelo de un salto–.

–¿Ah, sí?

El Rey Rojo había sacado de la bolsa un par de libretos cuyas portadas le llamaron poderosamente la atención, y había abierto el plástico que los protegía. Mientras, Totsuka parecía estar luchando contra los vasos y las botellas del HOMRA.

–Sí, sí –contestó con una sonrisa aún más amplia–. Aunque probablemente solo yo vería las similitudes. Y quizá es porque quiero verlas...

Totsuka se quedó en silencio mientras intentaba recordar lo que Kusanagi-san le había enseñado. Quería que el cocktail fuera algo digno del nuevo Rey Rojo, y eso significaba que debía ser perfecto. Suoh seguía pasando páginas distraídamente cuando encontró una imagen que le hizo acercarse el papel a la cara para poder estudiarla más de cerca.

Totsuka respetó el silencio de su rey y amigo, suponiendo que se habría quedado dormido de nuevo como ocurría siempre. Pero cuando se acercó con las bebidas y se dio cuenta de lo que King estaba haciendo, se quedó de piedra. Tembloroso, a duras penas consiguió acercarse a la mesa y dejar sobre ella los dos vasos con sendas pajitas, aunque consiguió hacerlo sin derramar ni una gota del brebaje color rojo sangre. Cuando se quedó de pie al lado de Suoh, las mejillas de Totsuka hacían juego con la bebida, y todo su cuerpo estaba cubierto por sudores fríos. Abrió y cerró la boca varias veces sin emitir sonido alguno, y volvió a sentarse en el sofá de enfrente porque no se veía capaz de mantenerse en pie durante mucho tiempo. Con el corazón desbocado, intentó respirar hondo y tranquilizarse, pero solo consiguió hiperventilar. Suoh seguía pasando páginas de vez en cuando, aparentemente ajeno a lo que ocurría al otro lado.

–Hum...

–King, ahí tienes tu bebida.

Totsuka finalmente se atrevió a hablar, aunque su voz sonaba rara y algo temblorosa. Nunca había visto a Suoh tan concentrado en leer algo, y la fascinación que sentía era mayor que el pánico que se había apoderado de él unos segundos antes. El Rey Rojo cogió su copa sin dejar de leer y se llevó la pajita a la boca. Al notar el sabor, le echó un vistazo al vaso y sonrió.

–Mmm... No está nada mal... Gracias.

Totsuka sintió que iba a estallar de felicidad. Tomó su vaso y lo probó, sintiéndose satisfecho. Unos minutos después, Suoh acababa de leer el segundo libro que había abierto, y Totsuka había terminado su propia copa. Se la había bebido demasiado rápido mientras miraba a Suoh, y se había quedado con el vaso en la mano, mordisqueando la pajita.

–Bueno, ¿qué te ha parecido? –preguntó algo nervioso–.

–No sabía que existiera algo así...

–Yo tampoco lo sabía hasta hace apenas una semana –dijo Totsuka sonriendo–.

–Tampoco sabía que te gustaran estas cosas...

Suoh parecía algo decepcionado, pero Totsuka no quería negar lo evidente. Siempre había sabido que este momento tenía que llegar tarde o temprano. Quizá había sido su segundo mayor secreto hasta entonces, pero si le preguntaban directamente, sabía que su única opción era ser sincero. No quería ocultarle nada más a Suoh. Una sola cosa ya era demasiado.

–Bueno, tú tampoco preguntaste y supuse que era algo que preferías no saber.

Suoh se quedó mirando a Totsuka en silencio, y al cabo de unos segundos dirigió su mirada a los libretos que aún sostenía en su mano.

–Estos libros... ¿qué son?

Lejos de sentirse en un interrogatorio, Totsuka estaba empezando a tranquilizarse, al ver que Suoh mostraba algo de interés. Aunque fuera solo porque se trataba de una más de las nuevas y raras aficiones de Totsuka, la verdad es que la reacción de su amigo había sido mucho mejor de lo que esperaba.

–Son los doujinshis que mencioné antes. Son publicaciones hechas por fans de una serie; usan los personajes de los animes y mangas que les gustan, y escriben sobre ellos. Algunos son solo texto, como el doujinshi de toda la vida, pero la mayoría son como un breve manga.

–¿Y estos dos?

–Son de un manga de deportes...

–¿Esto pasa en un manga de deportes?

–Claro que no –se rió Totsuka–. Ese es un manga para niños, esto se lo inventan todo los fans. Este doujinshi es solo para adultos, por supuesto.

–¿Así que es inventado? Supongo que es interesante...

–¡¿Eh?!

–Bueno, a ti te interesa, ¿no? Ver a estos dos tipos así, aunque no sea el manga de verdad...

–Sí, supongo... Pero porque al leer el manga original, yo también pensaba lo mismo y me preguntaba si...

Estos comentarios habían pillado a Totsuka completamente desprevenido y no sabía qué contestar, así que decía lo primero que se le pasaba por la cabeza. No estaba mintiendo, pero no era así como hubiera querido expresarlo de haber tenido tiempo para pensar. Suoh se había levantado y avanzaba paso a paso hacia el sofá donde estaba Totsuka.

–¿Si dos tipos de un manga shonen estaban teniendo sexo juntos? –Suoh finalizó la frase y Totsuka se puso como un tomate–.

–Supongo que sí... Pero no... Yo...

–Tatara.

–¿¡Eh!?

Suoh se encontraba frente a él, con los doujinshis en la mano, señalando a uno de los personajes que había en la portada.

–¿Es este el que se parece a mí?

Totsuka se quedó sin respiración. Oír su nombre seguido de aquella pregunta era más de lo que podía soportar. Su mente se quedó en blanco. Miró a King a los ojos. Suoh se agachó, acercando su cara a la de Totsuka, esperando una respuesta.

–King... ¿Has hablado con Kusanagi-san acerca de...?

–¿De qué?

–De nada, olvídalo...

Totsuka pensaba que King estaba actuando muy raro y no entendía por qué le estaba mirando tan fijamente y tan cerca...

Quizá lo hubiera entendido si se hubiera mirado a un espejo. Totsuka dudaba que sus mejillas sonrojadas, sus pupilas dilatadas y su respiración entrecortada le hubieran delatado delante de King en cualquier otra situación, pero teniéndolo tan cerca no podía controlarse lo suficiente y el alcohol no ayudaba. Cruzó las piernas para intentar protegerse de su inquisitiva mirada, por si acaso su entrepierna decidía unilateralmente que quería acercarse a King. Lo que Totsuka no sabía, quizá por falta de costumbre, era que tenía cada vez más mariposas de fuego revoloteando sobre su cabeza. Suoh era un tanto duro de mollera a la hora de reconocer los sentimientos de los demás, pero tampoco podía fingir ignorancia cuando alguien llevaba un cartel de neón sobre la cabeza.

–Ahora dime, Tatara, ¿es este el personaje que se parece a ti?...

–¿Eh? Yo no he dicho... –Totsuka se retorcía nervioso bajo su mirada, mientras un par de mariposas que habían surgido cuando Suoh pronunció su nombre se unían a sus compañeras–. No se parece en nada a mí...

–Ya veo...

Suoh se volvió a incorporar, pasando las páginas del doujinshi. Cuando encontró lo que estaba buscando, se volvió a agachar, acercando su cara aún más a la de Totsuka y sujetando el doujinshi abierto para que este pudiera verlo.

–Tatara –Suoh parecía disfrutar enormemente provocando a Totsuka–.

–¿¡Sí!?

–¿Acaso quieres hacer esto conmigo?

El dibujo era especialmente explícito en la página que había seleccionado, con un plano desde arriba y otro desde abajo, se podía ver a la perfección cómo el personaje pelirrojo penetraba lentamente al personaje rubio, que no podía evitar manchar las sábanas de la cama sobre la que se encontraban. Totsuka, con la boca abierta, miraba al doujinshi y a Suoh alternativamente. Suoh observaba su reacción muy atentamente.

–¿Eeeh? King, si no has hablado con Kusanagi-san, creo que me he pasado con el alcohol... Igual he cargado demasiado las copas, lo siento...

El Rey Rojo lo agarró de la barbilla y le miró fijamente a los ojos, haciendo que Totsuka perdiera su forzada sonrisa. Las mariposas se detuvieron, congeladas en pleno vuelo.

–¿King? –preguntó Totsuka, con voz temblorosa y llena de preocupación–.

El Rey Rojo se acercó un poco más, lo suficiente como para poder separar los labios de Totsuka con su propia lengua. Penetrando su boca, lo besó lentamente durante unos segundos que al sorprendido Totsuka le parecieron horas. Con los ojos muy abiertos, el joven rubio no conseguía asimilar nada de lo que había ocurrido. Y sin embargo, su cuerpo respondía al beso, reaccionando de forma natural. Cuando Suoh lo liberó de sus labios, Totsuka se quedó jadeando en el sofá, mirándolo con ojos acuosos y mejillas aún más sonrojadas.

–Ven –dijo Suoh, ofreciéndole su mano–.

Totsuka, con la mente aún abotargada, cogió su mano de forma inconsciente. Suoh le ayudó a levantarse del sofá y despegó la copa de la otra mano de Totsuka, por miedo a que se rompiera. Cogió su propia copa vacía de la mesa y se dirigió a la barra para dejarlas en remojo. Kusanagi se enfadaría si el cristal quedaba coloreado de rojo.

–¿Quieres venir conmigo?

–¿Adónde?

–A mi habitación.

Totsuka no sabía si estaba soñando o delirando. La mano de Suoh parecía real y estaba muy caliente.

–¿¡Qué!? ¿Po... por qué?

–¿Eso es que no quieres?

–Pero... ¿por qué... yo... en tu habitación...?

–No podemos ensuciar nada del bar si no queremos sufrir una muerte lenta y dolorosa, ¿no? –Suoh se encogió de hombros–.

Contra todo pronóstico, el color rojo de las mejillas de Totsuka se hizo aún más intenso. Continuaba de pie en el mismo sitio que antes, mirando a Suoh como si fuera una aparición. Suoh cerró el grifo y le dedicó una de sus sonrisas más desafiantes.

–No pienso repetirlo.

–¡Voy, King!

Totsuka recogió las bolsas en unos segundos y fue corriendo al lado de Suoh. Aún no podía creer del todo lo que estaba ocurriendo, pero consiguió reaccionar cuando Suoh volvió a tratarle como siempre. Él tan solo tenía que seguir a King, y lo haría hasta el fin del mundo. Ese había sido su primer pensamiento egoísta, lo primero que había deseado en toda su vida. Y el sentimiento era ahora incluso más fuerte que tres años atrás.

Suoh le dio un par de palmaditas en la cabeza y se dispuso a subir las escaleras en silencio. Totsuka se sentía en una nube mientras lo seguía unos pasos por detrás. Al llegar a la puerta de su habitación, Suoh se detuvo con la mano sobre el pomo.

–Aún estás a tiempo para cambiar de opinión.

Totsuka esbozó una sonrisa nerviosa.

–No te librarás de mí tan fácilmente, King –contestó, dando un paso al frente–.

Suoh no pudo evitar soltar una risotada al ver que Tatara había vuelto más o menos a la normalidad. Verlo tan nervioso era algo totalmente fuera de lo común, y aunque disfrutaba sabiendo que era él mismo quien había provocado una respuesta tan increíble, prefería al Totsuka de siempre.

La verdad es que él mismo también estaba algo nervioso. Todo había surgido del modo más inesperado, y se había sorprendido mucho al ver aquellos doujinshis que Totsuka había comprado. Había estado leyéndolos, ocultándose tras el papel hasta que se había tranquilizado. Suoh consideraba que Totsuka era muy perspicaz y perceptivo, y a pesar de su rostro inexpresivo, no creía ser capaz de engañarle. Ver a Totsuka al borde del pánico cuando se había acercado al sofá con las bebidas, había ayudado a que el Rey Rojo recobrara la compostura.

Abrió la puerta y entró en la habitación, seguro de que al fin las cosas iban a ser como debían y pensando que tendría que habérselo propuesto antes.

Totsuka entró detrás de él.

Nota: Como el resto del capítulo es para mayores de 18 años, esta versión termina aquí, pero el resto lo podéis ver en AO3 si tenéis la edad apropiada.