2 DÍAS ANTES DE LA PARTIDA

Cerró su maleta con frustración. Lloraba de la rabia de solo pensar que la bella princesa Hilda estaba siendo alterada por alguien que se aprovechaba de sus pesares y desesperación para obtener lo que sea que desease.

¿Pero que podía hacer?

Nada en verdad. Ella ni siquiera quería verlo.

Pero supongo que es todo mi culpa…

Y vaya que lo era. Si el no hubiese querido hacerse pasar por el héroe que ella realmente necesitaba, nada de eso estaría pasando, no la hubiese puesto en ridículo, no hubiesen peleado y ella no estaría recurriendo a tales medidas.

Pero…‒Tomó unas prendas y las estrujó de manera exagerada al recordar como Yuga se burlaba de la inocencia y desesperación de la princesa‒…no puedo rendirme…no tan pronto…

Debía volver a intentar hablar y razonar con ella…

No podía irse sin luchar…

No esa vez…

Volvió a tomar sus armas y se encaminó nuevamente al castillo de Lorule, volviendo a atravesar por todas esos pasadizos llenos con monstruos y uno que otro antiguo guardia real para volver a llegar a la cumbre más alta del calabozo donde su bella princesa permanecía cautiva.

Admiró nuevamente como sus morados cabellos se movían de manera delicada con la suave brisa que el deprimente paisaje ofrecía. Pero esta vez, ella lucía diferente. Su mirada reflejaba esperanza y un brillo que solo vio la vez que ella empezó a buscar un héroe para su nación.

Apretó los puños de solo pensar en la clase de falsas esperanzas que el payaso le hubiera ofrecido a la inocente dama, con el fin de involucrarla en su trampa.

Entonces notó algo extraño, pero divino en ella: una muy fina y delicada sonrisa que iba dedicada a la desolada tierra. Muy dentro de él, pensaba que la princesa pintaba el nuevo paisaje que su pueblo tendría. Pudo imaginar que ella querría que fuera lo más cercano posible a lo que fue alguna vez su época dorada, la época donde la trifuerza vivía con ellos y les hacía suspirar a algo más que ser simples campesinos, ladrones o bandidos.

Pero tenía que hacer todo eso a un lado y enfocarse en la gobernante frente el que por ahora era el verdadero problema.

‒Princesa…

Notó que la ira llenó el aire incómodo y pesado sin necesidad que ella voltease, como si de plomo se tratase y pudo jurar que los ojos de la princesa serían aún mas rojos por la sangre que estaba a punto de derramarse del Loruleano.

Debo decirle…no hay de otra…

‒Tu no entiendes, ¿verdad?...notó que apretó sus manos de una manera tal que parecía que no solo sus orbes se volverían más rojos aún. La chica encaró su fúrica mirada al joven, quien solo se dedicaba a no parecer asustado por la apariencia de la princesa…¿No te es suficiente con haberme hecho quedar mal ante todos huyendo en cuanto viste al primer monstruo y haciéndome ver como una mala soberana?, ¿hacer que mis propios guardias se pusieran en mi contra y se dedicaran a ayudar a esos monstruos manteniéndome cautiva aquí?, ¡¿Qué mas te falta hacerme?!

Tenía que elegir las palabras correctas. Un mínimo error podría significar que la princesa jamás quisiera volverle a ver.

‒Princesa…empezó, sonando lo más tranquilo posible a pesar de lo alterado y aterrado que la situación lo estaba volviendo…tiene todo el derecho de estar enojada conmigo…Notó que la mirada de la chica no había cambiado, sabía que eso era malo, pero no podía darse tan pronto por vencido por solo apenas haber dicho una oración…pero se lo ruego…juntó sus manos y le miró de manera de súplica…escúcheme una última vez…por favor…se arrodilló frente ella, humillándose y entregándole toda su dignidad que le quedaba, teniendo una mínima esperanza de que ese acto fuese más que suficiente para abrirle los ojos y salvarle de ese payaso que quería aprovecharse de ella…por los buenos tiempos…

La mirada de Hilda nunca había sido más severa, de seguro que en lo que sea que hubiese fallado, era grave y le había quitado cualquier esperanza de contacto con la princesa.

‒¡¿Los buenos tiempos?!...contestó con rabia. Ravio notó que la peli morada resistía soltar un mar de lágrimas…¡Tú no me has traído mayor alegría que la que tenía antes de conocerte!, ¡Y si alguna vez fue, tu mismo la asesinaste!, ¡La sacrificaste junto con mi honor y la reemplazaste por vergüenza!, ¡¿Cómo fue que caí tan bajo para llegar a creer que el primero que se autoproclamase MI héroe, fuese el verdadero héroe de MI pueblo?!...¡Debí realizar alguna clase de prueba, que me diera alguna señal de que sus reclamos eran ciertos y que era la voluntad de los dioses y el destino de aquella noble alma el guiarnos en una nueva época dorada!

Entonces vio que ella no notaba que hacía el mismo error, pero aún peor…

Al menos yo no me reí de ella a sus espaldas…

Y así fue, solo se creyó lo suficientemente bueno para ser el nuevo héroe de Lorule…

Pero no se quedaría callado, debía quitarle sus vendas, por lo que apretó sus puños con fuerza y frunció el ceño.

‒¡Princesa, es que no se da cuenta!...contestó muy alterado, aún sin lograr gran diferencia en las expresiones de la soberana…¡Comete el mismo error!, ¡Está desesperada por una salvación ´para su gente que confía en el primer extraño que proclama ser su héroe!

Esperaba cualquier respuesta, menos la que obtuvo de ella

‒A diferencia de ti, Ravio…él me mostró un plan que garantizará nuestra salvación …

No podía ser…

En serio que no podía ser…

‒¿Qué pudo haberle dicho para engañarla, princesa?...Ahora sonaba preocupado, ¿Acaso era un hombre que supiese artes obscuras para hacerle creer a la princesa que tenía algún don divino?…¿Qué actos inhumanos realizó para que usted, digna soberana de estas desoladas tierras cayera ante sus mentiras?

La princesa solo alzó su mentón y le dio nuevamente su espalda.

‒Eso no es de tu incumbencia, Ravio…contestó con esa frialdad tan característica de ella cuando ofendían su honor…solo te diré que espero que tu viaje no esté lleno de falsedades ni inútiles intentos de gloria…Escuchó como suspiraba pesadamente antes de que le diese esa última y cruel orden…vete…ahora…

Por más que luchó contra su voluntad de quedarse, no pudo no obedecer a la princesa, marchando en un sepulcral silencio hacia su estudio.

Pero antes de irse, y notando que ella siguiese viendo su desamparado país, revisó los documentos que se encontraban de manera desordenada en su lugar de trabajo.

No había mucho de que extrañarse, cartas, cartas y más cartas de quejas a la princesa, ofensas y muchos intentos de hacerle declinar así como de los obispos, negándose a declararla como reina a menos que realmente hiciese algo por su nación.

Cuando estuvo a punto de darse por vencido y volver a casa para terminar su equipaje, notó que un mapa mostraba cruces en distintas partes del reino, con la descripción "posibles fracturas"

¡¿Qué?!

Pero lo que realmente le sorprendió, fue una hoja con un antiguo hechizo que aunque no entendía, el título lo decía todo…

¡¿ "Para romper el sello de la bestia"?!...¡¿La usará para despertar a Ganon?!...

Increíble que ella estuviese de acuerdo…

Pero no podía reclamar más…

No hoy…

No ahora…

"2 días antes de la partida: el la ha engañado…¡Ese miserable!, Ella es dulce e ingenua y se la puede engañar con facilidad, ¡He de hacer algo para ayudarla!"


Hola non/

Lo se, lo se, tardé nuevamente x.x esque quería actualizar lo demás n.n'

En fin, este no es un fic muy largo, por lo que espero terminarlo en dos o tres capítulos más, así que espero lo disfruten

PINKDIAMOND4000: xD el se lo buscó :B para que tratarse de hacer el héroe que Hilda realmente necesita? No es fácil volver a confiar en alguien que ya te traicionó u.u por eso ya no le hizo caso, pero el no se dará por vencido. Será cobarde, pero no tonto uwu y si uwu realmente la ama y esta empeñado en ayudarla uwu

Jorge: hola, se que comentaste el capítulo pasado, pero noté que no respondí tu review x.x sorry. Lo se, me gustaría más historias sobre Hilda, aunque ahora es más sobre Ravio y su diario :B y si uwu lo seguiré subiendo

Los invito a dejar review y a leer mis otras historias.

Nos leemos :D