Konichiwa! De vuelta como lo dije akiiii con el tercer cap escuchando let it go kyaaaaaaaaaa me encanto se los recomiendo que vean el video kyaaaaaaa es de ss501 aaaaaaaaaaaahh bueno ya lo saben no me pertenecen ni la historia u.u k cólera ya quisiera yo que shaoran sea mio u.u solo en mis sueños oooooo o.O
Ummm xicas jejejej me hue. K digo me trabe y confundi el nombre del hermano de sakura es shinji no Nick… Nick es del libro original sino que en un principio iva a dejarlo asi pero luego lo cambie por shinji asi que shinji viene a ser el hermano de sakura ok? Entendido? Bueno continuemos por cierto….
SHAORAN LI TE AMOOOOOOOOOOO
Feliz casi cumpleaños faltaan 7 dias kyaaaaaaaaaaaaaaaaa
Capítulo II
Tomoyo se refería a nuestra casa como un «palacio noble» por el enorme número de habitaciones, pinturas, artesonados y antigüedades que contenía. Mi amiga imaginaba que detrás de cada pared se abría un pasadizo secreto, y que en cada armario había al menos un compartimento también secreto. Cuando aun éramos pequeñas, en cada una de sus visitas partíamos en viaje de exploración por la casa. El hecho de que estuviera terminantemente prohibido husmear hacía que fuera aún más emocionante. Siempre estábamos desarrollando nuevas estrategias cada vez más sofisticadas para que no nos atraparan, y con el tiempo descubrimos realmente algunos compartimentos secretos, e incluso una puerta secreta en la escalera, detrás del óleo de un hombre gordo con barba de mirada feroz, montado a caballo y con la espada desenvainada.
Según nos informó la tía abuela Alice, el hombre de aire feroz era mi tatatatatarabuelo Hugh, acompañado de su yegua para la caza del zorro Fat Annie. Y a pesar de que la puerta que había detrás de la pintura solo conducía, unos cuantos escalones más abajo, a un cuarto de baño, en cierta manera podía decirse que habíamos encontrado una cámara secreta.
—¡Jo, que suerte tienes de poder vivir aquí! —exclamaba Tomoyo siempre.
Yo creía más bien que la que tenía suerte era Tomoyo. Ella vivía con su madre, su padre y un perro peludo llamado Bertie en una acogedora casa adosada de Norah Kensinton. Allí no había secretos, ni sirvientes siniestros que te pusieran de los nervios.
Antes también nosotros habíamos vivido en un sitio así —mamá, papá, mis hermanos y yo—, en una casita de Durham, en el norte de Inglaterra, pero luego mi papá murió. En esa época, mi hermana tenia medio año, y mamá se trasladó con nosotros a Londres, probablemente porque se sentía sola, y también, tal vez, porque no le llegaba el dinero.
Mamá había crecido en esta casa junto con sus hermanos Sheina y Harry. El tío Harry era el único que no vivía el Londres; se había instalado con su mujer en Gloucestershire.
Al principio, a mí la casa también me había parecido un palacio, exactamente igual que a Tomoyo; pero cuando tienes que compartir un palacio con una familia de muchos miembros, acabo de un tiempo deja de parecerte tan grande. Especialmente si hay un montón de espacios inútiles, como, por ejemplo, el salón de baile de la planta baja, que era tan ancho como toda la casa.
El salón de baile habría sido perfecto para una pista de skate, pero estaba prohibido. Era un espacio precioso, con sus altas ventanas, sus techos de estuco y sus arañas, pero desde que vivía en la casa nunca se había celebrado ninguna fiesta, ni bailes ni verbenas.
Lo único que se celebraba allí eran las clases de danza y de esgrima de Meiling. La tribuna para la orquesta, a la que se podía llegar por la escalera del vestíbulo, era más que innecesaria, excepto tal vez para Loriel y sus amigas, que aprovechaban los rincones oscuros bajo las escaleras que conducían desde allí al primer piso para jugar al escondite.
En el primer piso estaba la ya mencionada sala de música, además de las habitaciones de lady Ieran y de la tía abuela Alice, un baño (el de la puerta secreta) y el comedor, en el que la familia se reunía cada noche, situado justo debajo, había un montaplatos pasado de moda en el que a veces Shinji y Loriel se subían y bajaban el uno al otro dándole a la manivela, a pesar de que, como es natural, estaba estrictamente prohibido. Tomoyo y yo también lo habíamos hecho a menudo antes; pero, por desgracia, ahora ya no cabíamos.
En el segundo piso estaban los aposentos de mister Bernhard, el despacho de mi difunto abuelo —Lord Amamia— y una enorme biblioteca, Meiling también tenía su habitación en ese piso, un cuarto situado en un Ángulo de la casa y con una galería en saledizo del que mi prima le gustaba presumir. Y su madre ocupaba un salón y un dormitorio con ventanas a la calle.
La tía Sheina se había separado del padre de Meiling, que ahora vivía con una nueva mujer en algún lado de Kent. Por eso, a parte de mister Bernhard, no había ningún hombre de la casa, a no ser que se cuente como tal a mi hermano. Tampoco había animales de compañía a pesar de nuestras suplicas. A lady Ieran no le gustaban los animales y la tía Sheina era alérgica a todo lo que tuviera pelo.
Mamá, mis hermanos y yo vivíamos en el tercer piso, directamente bajo el tejado, donde había muchas paredes en Ángulo pero también dos pequeños balcones. Todos teníamos una habitación propia y Meiling envidiaba nuestro baño, porque el del segundo piso no tenia ventanas, y el nuestro, en cambio, tenía dos. Pero a mi me gustaba nuestro piso porque mamá, Shinji, Loriel y yo, lo teníamos para nosotros solos, lo que en esa casa de locos era una bendición.
El único inconveniente era que estábamos condenadamente lejos de la cocina, como bien pude recordar, para mi desgracia cuando ya estaba llegando arriba. Al menos, debería haber cogido una manzana. Ahora tendría que contentarme con las galletas de mantequilla de la provisión que mamá guardaba en el armario.
Temía tanto que volviera la sensación de vértigo que me comí once, una detrás de otra. Luego me saqué el zapato y la chaqueta y me dejé caer como un saco en el sofá de la habitación de costura.
De algún modo, el día estaba transcurriendo de forma extraña, más extraña que de costumbre.
Eran solo las dos. Hasta al cabo de dos horas y media como mínimo no podría llamar a Tomoyo para compartir mis problemas con ella. Y mis hermanos tampoco llegarían de la escuela hasta pasadas las cuatro. Normalmente me gustaba estar sola en casa. Así podía tomarme un baño tranquilamente sin que nadie llamara a la puerta porque tenía que ir urgente al váter. Podía poner la música a todo volumen y cantar muy alto sin que nadie se riera de mí, y podía ver lo que quisiera en la tele sin que nadie viniera a fastidiarme con un «Venga, va, que ahora empieza Bob esponja»
Pero no me apetecía hacer nada de eso, ni siquiera quería echarme un sueñecito, porque tenía la sensación de que el sofá —normalmente, un lugar de recogimiento perfecto— era como una balsa bamboleante en un río de aguas turbulentas, y tenía miedo de que saliera flotando conmigo en cuanto cerrara los ojos. Para ver si se me pasaba un poco, me levanté y empecé a ordenar. La sala de costura era como nuestra sala de estar extraoficial, porque afortunadamente ni mis tías ni mi abuela cosían, y por eso casi nunca subían al tercer piso. De hecho allí tampoco había ninguna máquina de coser, pero sí, en cambio, había una estrecha escalera por la que se podía subir al tejado.
La escalera estaba reservada, en principio, al deshollinador, pero Tomoyo y yo la habíamos convertido en uno de nuestros lugares favoritos. Desde allí arriba teníamos una vista fantástica y era un sitio ideal para mantener una conversación entre chicas. (Por ejemplo, sobre chicos y sobre el hecho de que no conocíamos a ninguno que valiera la pena).
Naturalmente, era un poco peligroso porque allí no había barandilla, sino solo un remante decorativo de hierro galvanizado que llegaba a la altura de las rodillas; pero tampoco se trataba de practicar el salto de longitud sobre las tejas o de bailar al borde del abismo. La llave de la puerta que daba el tejado estaba guardada en el aparador, en un azucarero decorado con rosas. En mi familia nadie sabía que yo conocía el escondrijo. Si se hubieran enterado, se hubiera montado un escándalo de mil demonios, de modo que siempre iba con mucho cuidado para que nadie me viera cuando me deslizaba afuera. Allí también podía tomar el sol, hacer un picnic, o sencillamente esconderme cuando quería estar sola, algo que, como he dicho, me gustaba hacer a menudo, aunque, desde luego, no en este momento.
Doblé las colchas de lana, sacudí las migas de galleta del sofá, ahuequé los cojines y guardé en su caja las piezas del ajedrez que rodaban por el suelo, incluso regué la maceta de la azalea, que estaba en un rincón sobre el secreter, y pasé un paño húmedo sobre la mesa, luego eché una mirada a la habitación, impecablemente ordenada. Habían pasado solamente diez minutos y la necesidad de compañía era más acuciante que antes.
¿Habría vuelto Meiling a tener vértigos abajo, en la sala de música? ¿Qué debía pasar si uno saltaba del primer piso de una casa de Mayfair del sigo XXI al Mayfair de, pongamos, el sigo XV, cuando en este lugar no había casas o solo muy pocas?
¿Aterrizaba en el aire y luego se precipitaba contra el suelo y se daba un batacazo de 7 metros más abajo? ¿Sobre un hormiguero, quizá? Pobre Meiling. Aunque tal vez le enseñaban a volar en su misteriosa clase de misterios.
Y, hablando de misterio, de repente se me ocurrió una idea para entretenerme. Fui a la habitación de mamá y miré hacia abajo, a la calle. En la entrada número 18 seguía plantado, como siempre, el hombre de negro, podía verle las piernas y parte de la gabardina, los tres pisos de la casa nunca me habían parecido tan altos como en ese momento. Para entretenerme, calculé la distancia que había desde allí arriba hasta el suelo.
¿Se podía sobrevivir a una caída de 14 metros? Tal vez sí, si había suerte y se aterrizaba en terreno de aluvión, se suponía que en otro tiempo todo Londres había sido un pantanoso terreno de aluvión, o al menos eso decía mistress Counter, nuestra profesora de geografía. Que fuera pantanoso estaba bien: así, al menos, caías sobre blando. Aunque solo para después ahogarte miserablemente en un lodo.
Tragué saliva, mis propios pensamientos parecían siniestros.
Para no tener que estar sola más tiempo, decidí arriesgarme a hacer una visita a mis familiares en la sala de música, a sabiendas de que corría el peligro de que estuvieran enfrascadas en alguna conversación súper secreta y me echaran inmediatamente.
Al entrar, la vi. A la tía abuela Alice sentada en su sillón junto a la ventana y Meiling de pie junto a la otra con el trasero apoyado en el escritorio de Luís XVI, aunque estaba estrictamente prohibido rozar con cualquier parte del cuerpo de su policromada y dorada superficie (no podía creer que algo tan espantosamente barroco como ese escritorio fuera tan valioso como afirmaba siempre lady Ieran. Ni siquiera tenía compartimentos secretos, como bien habíamos podido comprobar Tomoyo y yo hacia años.) Meiling llevaba un vestido azul oscuro que parecía mezcla se camisón, albornoz y habito de monja.
—Sigo aquí, como ves...
—Hummm... que bien —repuse yo, intentando no mirar al vestido con cara de horror.
—Esto es insoportable —se quejo la tía Sheina, que caminaba arriba y abajo entre las dos ventanas.
Como Meiling, la tía Sheina era alta, delgada y tenía unos resplandecientes rizos negros, mamá tenía los mismos rizos, y también mi abuela había sido antes pelinegra.
Loriel y Shinji habían heredado igualmente ese color de pelo. Yo era la única que era morena y tenía el cabello liso como mi padre.
Antes yo también había suspirado por tener el pelo negro, pero Tomoyo me había convencido de que mis cabellos castaños creaban un contraste encantador con mis ojos verdes y mi piel clara. Tomoyo había conseguido convencerme, además, de que la marca de mi nacimiento con forma de media luna que tengo en la sien —que la tía Sheina llamaba siempre ese extraño plátano— me daba aire misterioso y exótico. En estos momentos me encontraba francamente guapa, a lo que había contribuido en gran medida el corrector dental que había sometido con éxito a mis dientes delanteros y había acabado con mi antigua sonrisa conejil. Aunque naturalmente seguía sin ser, de largo, tan encantadora y gentil como Meiling, por utilizar las palabras de Solomon. Como me hubiera gustado que pudiera verla enfundada en ese saco.
—Sakura, angelito, ¿quieres un caramelo de limón? —La tía abuela Alice dio una palmadita al taburete que tenia al lado—. Siéntate aquí y distráeme un poco. Sheina me está poniendo terriblemente nerviosa con ese ir y venir.
—No tienes ni idea de como se siente una madre, tía Alice — masculló tía Sheina.
—No, supongo que no —suspiro mi tía abuela.
La tía Alice era la hermana de mi abuelo, y nunca se había casado, era una mujer menuda y rolliza con unos alegres e infantiles ojos azules y cabellos teñidos de rubio dorado de los que no era raro que prendiera algún rulo que había olvidado quitarse.
—¿Dónde está lady Ieran? —pregunté mientras cogía un caramelo de limón.
—Está telefoneando en la habitación de al lado —contestó la tía abuela Alice—. Pero lo hace tan bajo, que por desgracia, no se puede oír ni una palabra. Para colmo, esta era la ultima caja de caramelos ¿No irías de un salto a Selfridges a cómprame otra?
—Claro —dije yo.
Meiling cambió el peso del cuerpo de una pierna a la otra, y la tía Sheina inmediatamente se volvió hacia ella.
—¿Meiling?
—Nada —dijo ella.
La tía Sheina frunció los labios
—¿No sería mejor que esperaras en la planta baja? —le pregunté a Meiling—. Así no caerías desde tan alto.
—Realmente, lo último que necesita Meiling en estos momentos son comentarios tontos —me sermoneó la tía Sheina.
Empezaba a lamentar haber bajado.
—La primera vez, el portador gen nunca retrocede más de 150 años —me explicó amablemente la tía abuela Alice—. Esta casa se construyo en 1781, de manera que Meiling está perfectamente segura aquí, en la sala de música. Como mucho podría asustar a un par de ladies melómanas.
—Con ese vestido seguro — repuse lo bastante bajo para que solo me pudiera oír mi tía abuela, que soltó una risita.
La puerta se abrió de golpe y entró lady Ieran. Mi abuela tenia el aspecto de siempre: parecía que se hubiera tragado un bastón —o varios, uno para los brazos, otro para las piernas y otro para el torso, que lo aguantaba todo unido— y llevaba los cabellos blancos bien estirados hacia atrás y recogidos en un moño en la nuca, como si fuera una profesora de ballet con malas pulgas.
—Ya han enviado a un chofer. Los De Villiers nos esperan en Temple. Así, a su vuelta, Meiling podrá ser registrada inmediatamente en el cronógrafo.
No había entendido ni un apalabra.
—¿Y si hoy aún no pasa nada? —preguntó Meiling.
—Meiling, querida, ya has tenido vértigo tres veces —señaló la tía Sheina.
—Tarde o temprano tiene que pasar —afirmó lady Ieran—. Ven, el chofer llegará en cualquier momento.
La tía Sheina cogió a Meiling del brazo y, junto con lady Ieran, abandonaron la habitación. Cuando la puerta se cerró tras ellas, la tía Alice y yo nos miramos.
—A veces una tiene la sensación de que es invisible, ¿verdad? —se quejó mi tía abuela—. Sería agradable escuchar un «Hasta luego» o un «Hola» de vez o en cuando, o, mejor incluso «Querida Alice, ¿no habrás tenido una visión que pueda servirnos de ayuda?»
—¿Has tenido una?
—No —respondió la tia Alice—. Gracias a Dios. Después de las visiones me entra un hambre terrible, y ya estoy lo suficientemente gorda.
—¿Quiénes son los De Villiers? —pregunté.
—Puesto que me lo preguntas, te diré que un montón de engreídos insoportables —repuso la tía Alice—, todos abogados y banqueros. Son propietarios del banco privado De Villiers, en la city. Tenemos nuestras cuentas allí.
La verdad es que aquello no sonaba nada místico.
—¿Y qué tiene que ver esta gente con Meiling?
—Digamos que ellos y nosotros tenemos problemas parecidos.
—¿Qué problemas?
¿También tenían que vivir bajo un mismo techo con una abuela tiránica, una tía antipática y una prima creída?
—El gen de los viajes en el tiempo —dijo la tía abuela Alice—. En el caso de los De Villiers, se transmite por línea masculina.
—¿De modo que también tienen una Meiling en casa?
—La contrapartida masculina. Por lo que sé, es un tal Shaoran.
—¿Y el también está esperando a que le den vértigos?
—El ya ha pasado por eso. Es dos años mayor que Meiling.
—¿Quieres decir que ya hace dos años que va saltando de un lado a otro en el tiempo?
—Si, eso hay que suponer.
Traté de hacer encajar toda esa información con la poca que ya tenía, pero la tía abuela Alice se mostraba tan increíblemente comunicativa que pensé que valía la pena aprovecharlo y solo me concedí unos segundos para reflexionar.
—¿Y qué es un croni...crono...?
—¡Cronógrafo! —La tía Alice puso los ojos en blanco—. Es una especie de aparato con el que pueden enviar única y exclusivamente a los portadores del gen a una determinada época. Tiene algo que ver con la sangre.
—¿Una máquina del tiempo? ¿Que está cargada con sangre? ¡Madre mía!
La tía Alice se encogió de hombros
—No tengo ni idea de cómo funciona ese trasto. Olvidas que solo sé lo que puedo oír casualmente mientras estoy aquí sentada haciéndome la tonta. Todo esto es muy secreto.
—Sí, además de muy complicado —repuse yo—. De hecho, ¿de dónde sacan que Meiling tiene el gen? ¿Y porque ella lo tiene y no... hummmmm... tú? Por ejemplo.
—Yo no puedo tenerlo gracias a Dios —respondió—. Aunque los Amamia siempre hemos sido unos bichos raros, el gen llegó a la familia a través de tu abuela. Mi hermano tuvo que casarse con ella obligatoriamente. —La tía Alice sonrió irónicamente. Ella era la hermana de mi difunto abuelo Artrum, y, como no se había casado, ya de joven se había trasladado a vivir con él y se había encargado de llevar la casa—. Oí hablar de este gen por primera vez después de la boda de Artrum y lady Ieran. La ultima portadora del gen de la línea hereditaria de Meiling era una dama llamada Kaho Misuki, que era la abuela, de tu abuela lady Ieran.
—¿Y Meiling ha heredado el gen de esa Kaho?
—Oh, no, en medio lo heredó Nadeshiko. Pobre chica
—¿Qué Nadeshiko?
—Tu prima Nadeshiko, la hija mayor de Harry.
—¿Ah, esa Nadeshiko?
Mi tío Harry, el de Gloucesreshire, era bastante mayor que Sheina y que mamá, sus tres hijos hacía ya tiempo que eran adultos, David, el pequeño, tenia veintiocho años y era piloto de British Airways, lo que, por desgracia, no significara que tuviéramos billetes más baratos. Y Janet, la hija mediana, ya tenía hijos, dos críos insufribles llamados Poppy y Daisy. Yo nunca había conocido a Nadeshiko, la mayor. Y tampoco sabía gran cosa de ella, la familia no soltaba prenda sobre Nadeshiko. Por lo visto, era algo axial como la oveja negra de los Amamia, con diecisiete años se había marchado de casa y después de entonces no habían vuelto a saber de ella.
—¿De modo que Nadeshiko es la portadora del gen?
—Oh, sí —exclamó la tía abuela Alice—. Se armó un follón de mil demonios cuando desapareció. A tu abuela casi le dio un infarto. Fue un escándalo terrible.
Sacudió la cabeza con tanta energía, que sus rizos dorados volaban en todas direcciones.
—Ya me lo imagino.
Pensaba en lo que hubiera pasado si Meiling hubiera hecho las maletas sin más y se hubiera largado de casa
—No, no puedes imaginártelo. No conoces bajo que dramáticas circunstancias desapareció y como fueron las cosas con ese chico... ¡Sakura! ¡Sácate el dedo de la boca! ¡Es una costumbre horrible!
—Perdón. —No me había dado cuenta de que había empezado a morderme las uñas—. Es por la excitación. Hay tantas cosas que no entiendo...
—Lo mismo me ocurre a mí —me aseguró la tía Alice—, a pesar de que he oído de todo este lío desde que tenía quince años y de que tengo una especie de don natural para los misterios. De hecho, si tengo que serte franca, mi desdichado hermano se casó con tu abuela solo por eso. Es imposible que fuera por sus irresistibles encantos, porque no tenía ninguno. —Hundió la mano en la caja de caramelos y suspiró cuando su mano se cerro en el vació—. Vaya, me temo que me estoy haciendo adicta a estos caramelos.
—Voy corriendo a Selfridges a comprarte más —le dije.
—Ay cariño, eres mi angelito del alma. Dame un beso y ponte el abrigo, que llueve. Y no vuelvas a morderte las uñas, ¿me has oído?
Como mi abrigo aún estaba colgado en la taquilla de la escuela, me puse el impermeable floreado de mamá y me coloqué la capucha en el portal. El hombre de la entrada del número 18 estaba encendiendo un cigarrillo. Siguiendo un impulso repentino, le saludé con la mano mientras bajaba saltando los escalones.
Como era de esperar, no me devolvió el saludo, el muy cretino...
Salí corriendo hacia Oxford Street. Llovía a cántaros. Tendría que haber cogido las botas de agua además del impermeable. Las flores de mi magnolio preferido de la esquina colgaban tristemente. Antes de que llegara a su altura, ya me había metido en tres charcos. En el momento en el que iba a rodear el cuarto, sentí un tirón en las piernas que me cogió totalmente desprevenida. Mi estómago se encogió como si estuviera en una montaña rusa y la calle se difuminó ante mis ojos para transformarse en un río gris.
Ex hoc momento pendet aeternitas.
(La eternidad pende de este momento)
Inscripción en un Rel. De sol, Middle temple (Londres)
Ooooo ooooohh k pasara jajajjajajjajaja espero que le haya gustado lastimosamente todavía no aparece shaopran pero solo lo mencionan asi que no desesperen jejejjejeje ahora xicas déjenme darles las gracias ya que solo ustedes son las que me apoyan ya k mi familia ni por enterada de k subo historias como es no? Pero bueno les doy las gracias GRACIAS!
midori-hanasaki no te preocupes ya va a salir asi que no deseperes aunk sinceramente todas nos desesperamos por el ne? Jajajjajaa asi que si aun no lo entiendes no te preocupes yo tampoco lo entendí muy bien al principio pero después como te dije antes poco a poco se aclaran las cosas….. te leere con ansias de nuevo! Aniithacullen siii pero lo de los mareos es parte del proceso de los viajeros del tiempo asi que ya se le va apasar y muy pronto se sabra como y xk… sigue en contacto y cualquier duda NO DUDEN EN DECIRMELO okis! Himeko-chan09 hola =^.^= jajja no te preocupes ya me ha pasado aveces tengo la idea de voy a comentar… tengo k comentar pero se me pasa el tiempo y no lo hago hablando de eso tengo k darle su review a mi amiga asuka jjejejejejjejeje me olvide u.u y si es una trilogía aunk la ultima que se llama esmeralda aun no sale en español k cólera! Ya estamos desesperados y aun mas de que salga Shaoran no? Jajjajaa espérense aun no sale ya va a Salir y aunk sak en este cap ya salto en el tiempo nos leeríamos en el próximo cap para saber como le fue y en cuanto la expresión creeme k no solo habrá expresiones jajjajajajajjaja creo que va a correr sangre jajajjajajaja naaaaa creo…. Jajajja solomon no es malo sino que viene de una época distinta y como meiling es la que ha estado estudiando toda su vida para viajar en el pasado es mas …. Refinada por eso solomon es la única persona jejejejejjeje se podría decir la primera en el orden de aparición del libro / por favor no vallan a matarla heeee es mi personaje por algo les digo jajjajajajajajajjaja/ que le agrada meiling jajjajajajajja ya sabran xk dije casi lo ultimo pero de frente les digo no la vallan a matar….. no lereemos pronto bye bye
Bueeeeeeeeeno eso es todo ummmm shaoo no aparece ummmmm kisas aparesca muy pronto u.u pero para calmarlas les dejo un adelanto…..
"La cuestión era como iba a hacerlo. «Hola, me llamo Sakura y soy la nieta de lord Artrum Amamia, que posiblemente aún no haya nacido.»"
Otro mas de yapita jjejejejeje…
"—¿De modo que la fecha de nacimiento determina si una persona tiene el gen o no?
¡Solo por un día! Así de sencillo era, se habían confundido de persona. No era Meiling la que tenía el gen, sino yo, o las dos. O... me dejé caer en el taburete…"
lo lamento pero todavia falta que aparezca nuestro dios griego jajajjajajajaja solo lo mencionamos nada mas no desesperen pronto aparecerá jajajajjajaja
tsukisxs
