Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa xicas lectoras k tal? Como les va…. Jejejje les tengo una sorpresa si saben kien es el chico k aparece en este dap subo dos cap seguidos el otro miercoles k dicen? No me pertenecen ni la historia ni los personajes u.u Bueno nos leemos abajo ….

"Para la persona más importante en la vida de cualquier escritor … Tú, el lector."

el lado oscuro de la luna… dark hunter...

Capítulo V

Pareces hecha polvo —me susurró Tomoyo durante el descanso en el patio de la escuela.

—Sí, la verdad es que me siento fatal.

Tomoyo me dio unas palmaditas en el brazo.

—Pero te quedan bien las ojeras —dijo tratando de animarme—. Así tus ojos parecen aún más Verdes.

No puede evitar sonreír al oírla. Realmente, Tomoyo era un encanto. Las dos estábamos sentadas en el barco bajo el castaño, y solo podíamos susurrar porque detrás de nosotros estaba sentada Rika Sasaki con una amiga y a su lado Hiro Taketo -Oso Gruñón que hablaba de fútbol con otros compañeros. Ya me encontraban bastante rara sin necesidad de eso.

—¡Ay, Sak, deberías haber hablado con tu madre!

—Tomoyo, ya me lo has dicho al menos cincuenta veces.

—Y te lo repito, porque es verdad. ¡Realmente, no entiendo por qué no lo has hecho!

—Porque… Bueno, para ser sincera, yo tampoco lo entiendo.

Supongo que en cierto modo esperaba que no volviera a ocurrir.

—¡Imagínate lo que hubiera podido llegar a pasar solo en tu aventura nocturna! Piensa en la profecía de tu tía abuela: solo puede significar que te amenaza un grave peligro. El reloj representa los viajes en el tiempo; la torre alta, el peligro, y el pájaro… el pájaro… ¡No tendrías que haberla despertado! Probablemente la interrumpiste en el momento en que el asunto iba a ponerse realmente emocionante. Esta tarde lo investigaré todo a fondo (el cuervo, el zafiro, la torre y el serbal); he encontrado página sobre fenómenos extrasensoriales muy instructiva. Y, además, me he agenciado un montón de libros sobre viajes en el tiempo. Y películas. Las tres partes de Regreso al futuro. Tal vez podemos sacar algo de ahí…

Pensé con añoranza en lo divertido que era siempre tumbarse en el sofá en casa de Tomoyo para mirar DVD. A veces quitábamos el sonido y doblábamos la película con nuestros propios textos.

—¿Tienes vértigos?

Sacudí de cabeza. Ahora sabía cómo se había sentido la pobre Meiling las últimas semanas. Todas estas preguntas podían provocarte un ataque de nervios. Con mayor motivo aún porque yo misma estaba examinándome todo el rato a la espera de que apareciera alguna señal de mareo.

—Si al menos supiéramos cuándo va pasar la próxima vez…—dijo Tomoyo—. La verdad, encuentro que esto es muy injusto: a Meiling la han estado preparando desde que nació para este momento, y en cambio tú tienes que lanzarte de cabeza al agua completamente a ciegas.

—No sé qué habría hecho Meiling ayer por la noche si se hubiera encontrado en mi lugar y la hubiera perseguido ese hombre que dormía en nuestro armario empotrado —repuse—, pero no creo que sus clases de danza y de esgrima la hubiera ayudado en esa situación, pues no habría ningún caballo con el que pudiera huir al galope.

Reí entre dientes porque me estaba imaginando cómo hubiera escapado Meiling del armario perseguida por el furibundo Walter sí se hubiera encontrado en mi lugar. Tal vez hubiera cogido una espada de la pared del salón y hubiera hecho una escabechina entre los pobres sirvientes.

—No seas tonta. A ella eso no le hubiera ocurrido porque hubiera viajado a otro sitio con ese cronoloquesea. ¡A un sitio agradable y pacífico donde no pudiera pasarle nada! Pero tú prefieres jugarte la vida antes que decirle a tu familia que han entrenado a la persona equivocada.

—Tal vez a estas alturas Meiling también haya saltado en el tiempo y ya tenga lo que quieren.

Tomoyo suspiró y empezó a hojear la pila de hojas que tenía sobre el regazo. Había preparado una especie de dossier para mí con un montón de informaciones útiles. O también no tan útiles. Por ejemplo, había imprimido fotos de coches antiguos y había escrito al lado el año de fabricación. Según eso, el coche que había visto en mi primer viaje en el tiempo era del año 1906.

—Jack el destripador cometió sus crímenes en el East End. Fue en 1888. Estúpidamente, nunca llegaron a descubrir quién era. Sospechaban de un montón de tipos, pero no pudieron probar nada. De manera que, si te pierdes alguna vez por el East End, recuerda que nunca en 1888 cualquier hombre es potencialmente peligroso. El gran incendio de Londres fue en 1666, y había pestes casi todo el tiempo, si bien en 1348, 1528 y 1664 fueron especialmente virulentas. Luego están los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Comenzaron en 1940; todo Londres estaba en ruinas. Deberías averiguar si tu casa se salvó; si es así, allí estarías segura. Si no, la catedral de Saint Paul sería un buen sitio, porque, aunque la alcanzaron las bombas, se mantuvo en pie de forma milagrosa. Tal vez podías refugiarte allí directamente.

—Todo esto suena terriblemente peligroso —repuse.

—Sí, de algún modo, yo también me lo había imaginado más romántico. Veía a Meiling viviendo, por así decirlo, su propia película histórica. Bailando con mister Darcy en una fiesta. Enamorándose de un heredero atractivo de las Highlands. Diciéndole a Ana Bolena que en ningún caso debía casarse con Enrique VIII. En día, ese tipo de cosas.

—¿Ana Bolena era esa que decapitaron?

Tomoyo asintió.

—Hay una película fantástica, con Natalie Portman. Podrías alquilar el DVD… Sak, por favor, prométeme que hoy hablarás con tu madre.

—Te lo prometo. Esta misma noche.

—Pero ¿dónde se ha metido Meiling? —Rika Dale sacó la cabeza por detrás del tronco del trono del árbol—. Quería copiarle la redacción sobre Shakespeare. Bueno… quiero decir que quería coger un par de ideas.

—Meiling está enferma — le informé.

—¿Y qué tiene?

—Hummm…

—Diarrea —se inventó Tomoyo —. Una diarrea de caballo. Se pasa el día metida en el váter.

—Puaj, ahórrate los detalles, por favor —dijo Rika—. Entonces, ¿puedo mirar sus redacciones?

—Aún no las hemos acabado —repuso Tomoyo—. Antes queremos ver Shakespeare in love en DVD.

—Puedes leer mi redacción, si quieres —intervino una profunda voz de bajo, y la cabeza de Hiro Taketo apareció al otro lado del tronco—. Lo he cogido todo de Wikipedia.

—También puedo consultar yo en Wikipedia —replicó Rika.

Sonó el timbre para volver a clase.

—Doble sesión de inglés — gimió Hiro—. Un castigo para cualquiera. Pero a Rika ya se le cae la baba pensando en el príncipe Charming.

—Cierra el pico, Hiro.

Pero era del todo sabido que Hiro jamás cerraba el pico.

—No sé por qué todo el mundo encuentra tan genial al Señor Terada. Salta a la vista que ese tipo es marica.

— ¡Tú estás loco! —le espetó Rika levantándose indignada.

—Ya lo creo es marica.

Hiro siguió a Rika hacia la entrada. Seguro que le estaría dando la lata con esa historia hasta el segundo piso sin parar a coger aire ni una sola vez.

Tomoyo puso los ojos en blanco.

— ¡Ven! —exclamó, y me alargó la mano para ayudarme a levantarme del barco—. Vamos a ver a la ardilla príncipe Charming.

Alcanzamos a Rika y a Hiro en la escalera que subía al segundo piso. Seguían hablando del Señor Terada.

—No hay más que ver ese anillo con un sello que lleva en el dedo —dijo Hiro—. Eso solo puede ponérselo un marica.

—Mi abuelo también llevaba siempre un anillo de sello —prepuse yo, aunque en realidad no me apetecía mezclarme en la conversación.

—Entonces tu abuelo también es marica —concluyó Hiro.

—Lo que pasa es que estás celoso —replicó Rika.

— ¿Yo, celoso? ¿De ese blandengue?

—Sí. Celoso. Porque, sencillamente, el Señor Terada es el heterosexual más atractivo, varonil e inteligente que puede haber. Y porque a su lado tú no eres más que un niñato esmirriado.

—Muchas gracias por el cumplido —dijo el Señor Terada, que había aparecido por sorpresa detrás de nosotros con un montón de hojas bajo el brazo y tan arrebatadoramente guapo como siempre. (Aunque seguía pareciéndose un poco a una ardilla.)

Rika se puso tan roja que parecía que iba a estallar. Realmente, esa chica me daba pena.

Hiro sonrió divertido al verla.

—En cuanto a ti, querido Hiro, tal vez deberías investigar un poco sobre los anillos con sellos y sus portadores —le aconsejó el Señor Terada—. Me gustaría que la próxima semana me trajeras una redacción sobre el tema.

Ahora fue Hiro el que se sonrojó. Pero, a diferencia de Rika, no perdió el habla.

—¿Para inglés o para historia? —balbució.

—Sería interesante que resaltaras los aspectos históricos, pero doy carta blanca para que decidas tú mismo. ¿Digamos seis páginas para el próximo lunes? — Señor Terada abrió la puerta de nuestra clase y nos dirigió una sonrisa radiante—. Adelante, por favor.

—Le odio —murmuró Hiro mientras se dirigía a su asiento.

Tomoyo le dio unas palmaditas de consuelo en el hombro.

—Creo que el sentimiento es mutuo.

—Por favor, díganme que solo estaba soñando —dijo Rika.

—Estabas soñando —la complací—. En realidad, el Señor Terada no ha oído ni una palabra sobre que le consideras el hombre más sexy del mundo.

Rika se dejó caer en su silla gimiendo.

— ¡Tierra, trágame!

Me senté en mi sitio junto a Tomoyo.

—La pobre aún sigue roja como un tomate.

—Sí, y creo que seguirá como un tomate hasta el final de curso.

—La verdad es que ha sido francamente penoso.

—A lo mejor a partir de ahora el Señor Terada le pone mejores notas…

El Señor Terada miraba hacia el asiento de Meiling con aire pensativo.

—Señor Terada, Meiling está enferma —dije—. No sé si mi tía ha llamado a secretaría…

—Tiene diarrea —me interrumpió Rika, que por lo vito tenía una necesidad imperiosa de no ser la única en sentirse ridícula.

—Meiling está disculpada —repuso el Señor Terada—. Probablemente faltará unos días. Hasta que todo… se haya normalizado. —Se volvió y escribió «El soneto» con tiza en la pizarra—. ¿Alguien sabe cuántos sonetos escribió Shakespeare?

—¿Qué ha querido decir con eso de «normalizarse»? —le susurré a Tomoyo.

—En cualquier caso, no me ha dado la sensación de que estuviera hablando de la diarrea de Meiling —respondió también en un susurro.

—A mí tampoco.

—¿Algún vez has visto de cerca su anillo? —susurró Tomoyo.

—No, ¿tú sí?

—Tiene una estrella encima. ¡Una estrella de doce puntas!

— ¿Y qué?

—Doce puntas, como un reloj.

—Un reloj no tiene puntas.

Tomoyo puso los ojos en blanco.

—¿No hay nada que te llame la atención? ¡Doce! ¡Horas! ¡Tiempo! ¡Viajes en el tiempo! Te apuesto lo que quieras a que… ¿Sak?

—¡Oh, mierda! —exclamé.

Otra vez las montañas de risa en el estómago.

Tomoyo me miró espantada.

—¡Oh, no!

Yo estaba asustada como ella. Lo único que quería era disolverme en el aire ante los ojos de mis compañeros de curso; de modo que me levanté y me dirigí con paso vacilante hacia la puerta, apretándome el estómago con la mano.

—Creo que tengo que ir a vomitar —le dije a mister Whitman, y, sin esperar a su respuesta, abrí la puerta de clase y salí dando traspiés al pasillo.

—Tal vez alguien debería acompañarla —oí que decía mister Whitman—. Por favor, Tomoyo, ¿quieres ir tú?

Tomoyo salió corriendo tras de mí y cerró la puerta de golpe.

—¡Vamos, rápido! En los lavaderos no nos verá nadie. ¿Sak? ¿Saku?

La cara de Tomoyo se difuminó ante mis ojos. Su voz sonaba como si viera de muy lejos. Y luego desapareció por completo. Estaba sola en el pasillo, decorado con un suntuoso tapizado dorado. A mis pies, en lugar del sufrido pavimento de baldosas de travertino, se extendía un pulido y precioso parquet adornado con artísticos taraceas. Por la luz, parecía de noche, o al menos bastante tarde, pero en las paredes brillaban candelabros con velas encendidas y del techo pintado colgaban arañas también equipadas con velas. Todo estaba sumergido en una suave luz dorada.

Mi primer pensamiento fue «Fantástico, no me he caído». Y el segundo: «¿Dónde puedo esconderme antes de que me vea alguien?».

Porque no estaba sola en la casa. Desde abajo llegaba el murmullo de la música de violines y voces.

Bastantes voces.

Apenas quedaba nada reconocible del para mí harto familiar pasillo del segundo piso de Saint Lennox High School. Traté de recordar la distribución de los espejos. Detrás de mí se encontraba la puerta de mi aula, y enfrente mistress Counter daba clases de geografía. Al lado había una habitación para el material. Si me ocultaba allí al menos nadie me vería cuando volviera.

Por otro lado, la habitación del material casi siempre estaba cerrada, de modo que tal vez no fuera una buena idea utilizarla como escondite. Si saltaba de vuelta a un cuarto cerrado, tendría que encontrar una excusa plausible para explicar cómo demonios había podido llegar hasta allí.

Pero si iba a alguna de las otras habitaciones, al saltar de vuelta en el tiempo me materializaría, surgiendo de la nada, ante un montón de alumnos y un profesor atónitos. Encontrar una explicación para aquello sería, sin duda, aún más difícil.

Tal vez lo mejor fuera quedarme sencillamente en el pasillo y esperar a que no durara demasiado. En mis dos primeros saltos en el tiempo solo había estado ausente unos minutos.

Me apoyé contra el tapiz de brocado y esperé con ansia a que surgiera la sensación de vértigo. De abajo llegaba un barullo de voces y risas; oí un tintinear de vasos y luego volvieron a sonar los violines. Daba la impresión de que hubiera un montón de gente pasándolo en grande. Tal vez Solomon estuviera entre ellos. Al fin y al cabo, él había vivido aquí. Me lo imaginé, vivito y coleando, bailando en algún sitio abajo al son de la música de los violines.

Era unan pena que no pudiera ir a verle. Pero me daba la sensación de que no se alegraría demasiado cuando le explicara de qué nos conocíamos, es decir, que nos conoceríamos en algún momento mucho después de que se muriera.

Si supiera de qué había muerto, tal vez hubiera podido prevenirle. «Oye, Solomon, el 15 de julio, en Park Lane, te caerá un ladrillo en la cabeza, de modo que ese día será mejor que te quedes en casa». Pero, por desgracia, Solomon no conocía la causa de su muerte. De hecho no sabía siquiera que había muerto. Quiero decir, que moriría, que en futuro estaría muerto, vaya.

Cuento más pensaba en este lío de los viajes en el tiempo, más complicado me parecía.

Oí pasos en la escalera. Alguien subía. Mejor dicho, eran dos personas. ¡Por favor!, ¿es que no podía una estar tranquila en ninguna parte aunque fuera solo unos minutos? Y ahora, ¿adónde iría? Me decidí por la habitación de enfrente, en mi época la clase de mistress Counter. El picaporte estaba bloqueado; tardé unos segundos en darme cuenta de que tenía que moverlo hacia arriba, y no hacia abajo.

Cuando finalmente pude deslizarme dentro, los pasos ya estaban muy cerca.

También allí había lámparas con velas en las paredes. ¡Qué imprudencia dejar arder así sin vigilancias! En casa ya me reñían cuando por la noche me dejaba una velita encendida en la habitación de costura.

Miré alrededor buscando un escondite, pero apenas había muebles en al habitación. Una especie de sofá de patas curvas doradas, un escritorio y unas sillas acolchonadas; nada tras lo que uno pudiera ocultarse si era mayor que un ratón.

No me quedaba más remedio que colocarme detrás de unas cortinas doradas que llegaban hasta el suelo, un escondite original, pero pasable teniendo no me buscaba nadie.

—¿Adónde vas? —preguntó una voz de hombre.

El hombre parecía bastante furioso.

—¡Tanto da! Lejos de ti —respondió otra voz.

Era la voz de una chica, una chica indignada, para ser precisos, que, para mi gran espanto, fue a entrar justamente en la habitación donde me escondía. Y el hombre tras ella. Podía ver sus sombras oscilantes a través de la cortina.

¡Era de esperar! ¡De todas las habitaciones que había allí arriba, tenía que escoger precisamente la mía!

—Déjame en paz —dijo la voz femenina.

—No puedo dejarte en paz —repuso el hombre—. Cada vez que te dejo sola, te dejas llevar por tus impulsos y actúas de modo irreflexivo.

—¡Vete! —repitió la chica.

—No lo haré. Escucha, siento lo que ha ocurrido. No hubiera debido permitirlo.

—¡Pero lo has hecho! Porque solo tenías ojos para ella.

El hombre río bajito.

—Estás celosa.

—¡Ya te gustaría a ti!

¡Fantástico! ¡Una pelea entre novios! Podía eternizarse, y yo me vería obligada a aguantar detrás de la cortina hasta que saltara en el tiempo y apareciera de improvisto en la clase de mistress Counter ante la repisa de la ventana. Tal vez podría explicarle que estaba trabajando en un experimento de física o que había estado allá todo el rato y ella simplemente no se había fijado.

—El conde se preguntará dónde nos hemos metido —advirtió el hombre.

—Que tu conde envíe a su compañero del alma transilvano a buscarnos. Si es que se le puede llamar conde, porque su título es tan falso como las mejillas sonrojadas de esa… ¿cómo se llama?

La chica resoplaba furiosamente al hablar.

Aquello me sonaba algo. Me sonaba muchísimo. Sigilosamente asomé la cabeza por detrás de la cortina para echar una ojeada. Los dos estaban de perfil junto a la puerta. La chica era realmente una cría, y llevaba un vestido fantástico de seda azul oscuro con brocados, con una falda tan ancha que parecía casi imposible que pudiera pasar por una puerta normal. Sus cabellos, blancos como la nieve, formaban una extraña torre sobre su cabeza y desde allí le caían en rizos sobre los hombros. Solo podía ser una peluca. El hombre también tenía el cabello blanco, y lo llevaba recogido en la nuca con una cinta. A pesar del color de pelo, los dos eran muy jóvenes y además muy guapos, sobre todo, el hombre. En realidad, era más bien un muchacho, tal vez de dieciocho o diecinueve años. Y era increíblemente apuesto. Y su perfil masculino era perfecto, diría yo. No me hubiera cansado nunca de mirarlo, y de hecho asomé la cabeza fuera de mi escondrijo más de lo recomendable.

—Otra vez he olvidado su nombre —dijo el joven sin dejar de sonreír.

—¡Mentiroso!

—El conde no es responsable del comportamiento de Yue—explicó el joven, ahora muy serio—. Seguro que le castigará por ello. No hace falta que el conde te guste, ¿sabes?, solo debes respetarlo.

La chica resopló con desdén, un gesto que de nuevo me resultó extrañamente familiar.

—Yo no debo hacer nada —repuso, y se volvió bruscamente hacia la ventana es decir hacia mí.

Quise ocultarme detrás de la cortina, pero en mitad de movimiento me quedé petrificada.

¡No era posible!

La chica tenía mi cara. ¡Estaba contemplando mis propios ojos espantados!

La chica parecía tan desconcertada como yo, pero enseguida se recuperó del susto e hizo un gesto con la mano que solo podía significar: «¡Escóndete! ¡Desaparece!».

Respirando agitadamente, metí de nuevo la cabeza detrás de la cortina. ¿Quién era esa chica? Era imposible que existiera un parecido como aquel. Sencillamente, tenía que volver a mirar.

—¿Qué era eso? —oí la voz del joven.

—¡Nada! —respondió la chica.

¿No era también mi voz?

—En la ventana.

—¡Ahí no hay nada!

—Podría haber alguien detrás de la cortina espiándonos…

La frase acabó en una exclamación de sorpresa, tras la cual se hizo el silencio. ¿Qué había pasado?

Sin reflexionar, aparté la cortina a un lado. La chica que era igual que yo había apretado sus labios contra los del joven. Primero él se limitó a dejarse hacer, pero luego le rodeó la cintura con el brazo y la estrechó contra su cuerpo. La chica cerró los ojos.

De pronto sentí mariposas en el estómago. Era extraño mirarse a una misma besando a alguien, pero me pareció que lo hacía bastante bien. Me daba cuenta de que la chica solo había besado al joven para distraerle. Era un detalle por su parte, pero ¿por qué lo hacía? ¿Y cómo podía pasar a su lado sin que me vieran?

Las mariposas de mi estómago se transformaron en pájaros aleteantes y la imagen de la pareja besándose se difuminó ante mis ojos. Y entonces me encontré de pronto en la clase de mistress Counter y casi me dio un ataque de nervios.

Todo estaba en silencio.

Había contado con que mi aparición repentina viniera acompañada de un grito lanzado por un montón de gargantas juveniles y con que posiblemente alguien — ¿mistress Counter?— se desmayara del susto, pero la clase estaba vacía.

Lancé un suspiro de alivio. Al menos esta vez había tenido suerte. Me dejé caer en una silla y apoyé la cabeza sobre el pupitre. Lo que acababa de suceder superaba por el momento mi capacidad de entendimiento. La chica, el joven guapo, beso….

La chica no solo tenía el mismo aspecto que yo.

La chica era yo.

No había equivocación posible, me había reconocido a mí misma por la marca con forma de media luna en la sien que la tía Sheina llamaba siempre «ese extraño plátano».

Era imposible que existiera un parecido como aquel.

Ópalo y Ámbar forman el primer par,

Ágata canta en si, del lobo el avatar,

Dueto —¡Solutio! — con Aguamarina.

Siguen poderosas las Esmeralda y la Citrina,

los gemelos cornalina en Escorpión,

y Jade, el número 8, digestión.

En mi mayor: negra Turmalina,

Zafiro en fa se ilumina.

Y casi al mismo tiempo el Diamante,

11 y 7, del León rampante.

¡Projecitio llega! Fluye el tiempo,

Y Rubí constituye el final y el comienzo.

De los Escritos secretos

del conde de Saint Germain.

Bueno… si llegan a adivinar kien era el chico k aparece en este cap subo el miercoles dos cap jojoojojojoj bueno ojala les halla gustado nos leeremos pronto hasta el miercoles….. midori-hanasakijajjaja shao aun no saldra gomen ne! Pero no te preocupes lo hara jajajajjaja en cuanto a Eriol siiii tengo un personaje adecuado para el… pero lamentablemente no saldra hasta la adaptacion del proximo libro u.u gomen ne…. anyi-tan bienvenida! Me alegro k te guste…. Descuida k ya saldra shaoran ojjoojojojojoooj yo tambien lo deseo… bueno me despido nos leemos el proximo miercoles les dejo como siempre su adelanto….

"Mamá, creo que soy como Meiling. Acabo de estar…no tengo ni idea de cuándo. Y esta noche también…, en realidad ya empezó ayer. Quería decírtelo, pero tuve miedo de que no me creyeras."

Oooooooooooooooooooooooooo al fin le va a decir asu madre kyaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa no se lo pierdan""!

Mata ne…

tsukisxs