xicas lectoras como están devuelta aki como casi todos los miércoles k tal? Bueno no les distraigo nos vemos abajo
No me pertenecen buuuuuuuuuuuu ya quisiera k giddeon sea mio buuuuuuu pero bueno me kedo con Rafael también esta bueno (para los k hallan leído rubi zafiro sabran de lo k hablo ojojjoooj)ni la historia ni los personajes u.u
"Para la persona más importante en la vida de cualquier escritor …Tú, el lector."
el lado oscuro de la luna… dark hunter...
CapítuloVI
No. No podía ser yo.
Yo nunca había besado a un chico.
Bueno prácticamente nunca. En cualquier caso, no es así. Estaba ese Shirogen del curso superior al nuestro con el que había salido el verano anterior, exactamente dos semanas y medio día; no tanto porque estuviera enamorada de él como porque era el mejor amigo de Daisuki, el novio de Tomoyo en esa época, y de algún modo todo encajaba bien. Pero Shirogen no estaba especialmente interesado en los besos, sino que concentraba todos sus esfuerzos en hacerme chupetones en el cuello, mientras trataba de meter distraídamente la mano debajo de mi camiseta. Con treinta grados a la sombra, tenía que ir continuamente con pañuelos en el cuello, y me pasaba todo el día ocupada exclusivamente en apartar las manos de Shirogen (sobre todo, en la oscuridad del cine, donde le crecían como a un pulpo). Después de dos semanas habíamos roto nuestra "relación" de mutuo acuerdo. Para Shirogen, yo era "demasiado inmadura", y para mí, Shirogen era demasiado…hummm…pegajoso.
Aparte de él, solo había besado a Hiro en la excursión con la clase a la isla de
Wight, pero ese beso no contaba, porque a) era parte de un juego llamado Verdad o Beso (yo había dicho la verdad, pero Hiro había insistido en que era mentira), y b) no había sido en absoluto un auténtico beso. Hiro ni siquiera se había sacado el chicle de la boca.
De modo que, con excepción del "affaire de los chupetones" (como lo llamaba Tomoyo) y el beso de menta de Hiro, seguía totalmente "imbesada". Y posiblemente también "inmadura", como decía Shirogen. A mis dieciséis años y medio, era consciente de que iba atrasada; pero Tomoyo, que había salido con Daisuki durante todo un año, opinaba que el besar, en general, estaba sobrevalorado. Decía que tal vez solo era cuestión de mala suerte, pero que los chicos a los que había besado hasta el momento definitivamente no le habían cogido el truco al asunto.
Tomoyo decía que en realidad debería haber una asignatura llamada "Besar", preferiblemente en lugar de la religión, que de todos modos nadie necesitaba.
Hablábamos bastante a menudo de cómo tenía que ser el beso perfecto, y había un montón de películas que veíamos una y otra vez solo por sus escenas de besos fantásticas.
—Ah, señorita Sakura, ¿desea hablar conmigo hoy, o tal vez prefiere ignorarme de nuevo?
Solomon me había visto salir de la clase de La Señorita Counter y se acercó a mí.
—¿Qué hora es?
Miré a mi alrededor buscando a Tomoyo.
—¿Acaso soy un reloj de pared? —Solomon me miró ofendido—. Debería conocerme lo suficiente para saber que el tiempo no tiene ninguna importancia en mi existencia.
—Cuánta razón tienes.
Doblé la esquina para echar una ojeada al gran reloj que había al extremo del pasillo. Solomon me siguió.
—Solo he estado fuera veinte minutos —puntualicé.
—¿Fuera de dónde?
—¡Imagínate, Solomon, creo que he estado en tu casa! Muy bonito todo, de verdad.
Mucho oro. Y la luz de las velas... Muy acogedor.
—Sí, no tan triste y falto de gusto como aquí—convino Solomon, e hizo un gesto con la mano que abarcó todo el pasillo, en el que predominaba abrumadoramente el color gris.
De pronto Solomon me dio mucha pena. No era mucho mayor que yo, y ya estaba muerto.
—Solomon, ¿ya has besado alguna vez a una chica? —le pregunté.
—¿Cómo dice?
—¿Si has besado alguna vez?
—No es correcto hablar de este modo, señorita Sakura.
—¿De modo que no has besado nunca?
—Soy un hombre —dijo Solomon.
—¿Qué clase de respuesta es esa? —Se me escapó la risa al ver la cara de indignación que había puesto—. ¿Sabes cuándo naciste en realidad, Solomon?
—¿Quieres ofenderme? Naturalmente conozco la fecha de mi propio nacimiento.
Es el 31 de marzo.
—¿De qué año?
—De 1762. —Solomon sacó pecho con aire retador—. Hace tres semanas cumplí los veintiuno. Celebré una gran fiesta con mis amigos en el White-Club y mi padre, en honor a la ocasión, pagó todas mis deudas de juego y me regaló una preciosa yegua para la caza del zorro. Y luego me dio esa estúpida fiebre y tuve que acostarme, solo para luego descubrir al despertar que todo había cambiado y encontrarme ante una chiquilla impertinente que dice que soy un fantasma.
—Lo siento —murmuré—. Seguramente moriste por la fiebre.
—¡Qué tontería! Solo era un ligero malestar —señaló Solomon, pero su mirada reflejaba inseguridad—. El doctor Barrow afirmó que era poco probable que me hubiera infectado de viruela en casa de lord Stanhope.
—Hummm… —musité. Tendría que buscar "viruela" en Google.
—¿"Hummm"? ¿Qué significa "hummm"?
Solomon me miraba irritado.
—¡Oh, por fin estás aquí! — Tomoyo vino corriendo desde los lavabos de las chicas y me saltó al cuello—. Estaba muerta de angustia, ¿sabes?
—No me ha pasado nada. Al volver fui a parar a la clase de La Señorita Counter, pero estaba vacía.
—Se han ido a hacer una visita al observatorio de Greenwich —aclaró Tomoyo —. ¡Oh, Dios mío, qué contenta estoy de verte! Le dije a el Señor Terada que estabas en el lavabo sacando hasta la última papilla. Y me dijo que volviera para apartarte el pelo de la cara.
—Repugnante —dijo Solomon, tapándose la nariz con el pañuelo—. Dile a la paliducha* que una dama nunca habla de esas cosas.
Dejé de prestarle atención.
—Tomoyo…pasó una cosa muy rara allí… Algo que no puedo explicarme.
—No me extraña nada. —Tomoyo me puso el móvil ante las narices—. Lo he cogido de tu taquilla y ahora llamarás inmediatamente a tu madre.
—Tomoyo, está en el trabajo. No puedo…
—¡Llámala! Ya has saltado tres veces en el tiempo y la última vez he podido comprobarlo con mis propios ojos. ¡De repente has desaparecido sin más! ¡Ha sido realmente alucinante! Por favor, tienes que explicárselo enseguida a tu madre para que no te pase nada.
¿Eran imaginaciones mías o realmente Tomoyo tenía lágrimas en los ojos?
—La paliducha está melodramática hoy —observó Solomon.
Cogí el móvil e inspiré hondo.
—Por favor —suplicó Tomoyo.
Mi madre trabajaba como administrativa en el Bartholomew´s Hospital. Marqué el número directo y miré a Tomoyo, que asintió y esbozó una sonrisa.
—¿Sakura? —Mamá debía de haber reconocido mi número de móvil en la pantalla. Su voz sonaba preocupada. Nunca antes la había llamado al trabajo la escuela—. ¿Te pasa algo?
—Mamá…no me encuentro bien.
—¿Estás enferma?
—No lo sé.
—Tal vez has cogido esa gripe que tiene todo el mundo. Mira, ahora te irás a casa y te meterás en la cama, y yo intentaré salir antes del trabajo. Entonces te exprimiré un zumo de naranja y te prepararé compresas calientes para el cuello.
—Mamá, no es la gripe. Es peor. Yo…
—Quizá es la viruela —propuso Solomon.
Tomoyo me dirigió una mirada de ánimo.
—¡Adelante! —susurró—. ¡Díselo ya!
—¿Cariño?
Respiré hondo.
—Mamá, creo que soy como Meiling. Acabo de estar…no tengo ni idea de cuándo. Y esta noche también…, en realidad ya empezó ayer. Quería decírtelo, pero tuve miedo de que no me creyeras.
Mi madre calló.
—¿Mamá?
Miré a Tomoyo.
—No me cree.
—No haces más que balbucir frases incomprensibles —susurró Tomoyo—. Vamos, prueba otra vez.
Pero no hizo falta.
—Quédate donde estás — dijo mi madre en un tono de voz completamente distinto—. Espérame en la puerta de la escuela. Cogeré un taxi y estaré ahí tan pronto como pueda.
—Pero…
Mamá ya había colgado.
—Tendrás problemas con el Señor Terada—dije.
—Tanto da —respondió Tomoyo—. Esperaré hasta que llegue tu madre. No te preocupes por la ardilla. Lo tengo todo controlado.
—¿Qué he hecho, Tomoyo?
—Has hecho lo correcto —me aseguró mi amiga.
Yo ya la había informado en detalle de mi breve viaje al pasado, y Tomoyo opinaba que la chica que tenía el mismo aspecto que yo podía haber sido una antepasada mía.
En mi opinión, era imposible que dos personas se parecieran tanto, a no ser que fueran gemelos univitelinos. Tomoyo opinaba que esa teoría también era digna de tenerse en consideración.
—¡Claro! Como en Tú a Boston y yo a California —indicó—. Cuando pueda, alquilaré el DVD.
Me entraron ganas de llorar. ¿Cuándo podríamos volver a ver Tomoyo y yo tranquilamente un DVD?
El taxi llegó antes de lo que había pensado. Paró ante el portal de la escuela y mi madre abrió la puerta del coche.
—Sube —dijo.
Tomoyo me apretó la mano.
—Mucha suerte. Llámame cuando puedas.
Yo estaba a punto de echarme a llorar.
—Tomoyo… ¡gracias!
—De nada —respondió Tomoyo, que también se esforzaba en contener las lágrimas. (Cuando veíamos películas también llorábamos siempre juntas en las mismas escenas.)
Subí al taxi con mamá. Me hubiera gustado abrazarla, pero ponía una cara tan rara que renuncié a hacerlo.
—Temple —dijo al taxista.
El vidrio que separaba el asiento trasero de la cabina del conductor subió y el taxi arrancó.
—¿Estás enfadada conmigo? —pregunté.
—No. Claro que no, cariño. No es culpa tuya.
—¡Totalmente cierto! El culpable es ese estúpido de Newton…—dije tratando de bromear, pero mamá no estaba de humor para bromas.
—No, él no tiene la culpa. Si hay culpable, esa soy yo. Confiaba en que no tuviéramos que pasar por esto.
La miré con los ojos abiertos de par en par.
—¿Qué quieres decir?
—Yo… pensaba… esperaba… no quería que tú…—Lo de tartamudear no era nada propio de ella. Parecía tensa y nunca la había visto tan seria desde la muerte de papá—. No quería reconocerlo. Todo el tiempo he estado esperando que fuera Meiling.
—¡Todos lo creían! A nadie se le podía ocurrir que Newton se hubiera equivocado. Seguro que a la abuela le dará un ataque.
El taxi se unió al denso tráfico de Piccadilly.
—Olvídate de tu abuela ahora —dijo mamá—. ¿Cuándo pasó por primera vez?
—¡Ayer! De camino a Selfridges.
—¿Y a qué hora?
—Debían de ser poco después de las tres. No sabía qué debía hacer, de modo que volví a casa y llamé a la puerta. Pero antes de que pudieran abrirme volví a saltar de vuelta. La segunda vez ha sido esta noche. Me escondí en un armario, pero había alguien durmiendo dentro, un criado, que, por cierto, se puso bastante histérico. Me persiguió por toda la casa, y todos me buscaban porque pensaban que era una ladrona. Gracias a Dios, volví a saltar antes de que pudieran encontrarme. Y la tercera vez ha sido hace un momento. En la escuela. Esta vez debí saltar aún más atrás, porque la gente llevaba peluca… ¡Mamá, si esto me va pasar cada pocas horas, nunca podré llevar una vida normal! Y todo porque ese maldito Newton…
Yo misma me daba cuenta de que la broma iba perdiendo gracia de tanto utilizarla.
—¡Tendrías que habérmelo dicho antes! —me advirtió mamá acariciándome la cabeza—. ¡Habría podido pasarte cualquier cosa!
—Quería explicártelo, pero entonces me dijiste que el problema era que todos teníamos demasiada imaginación.
—Pero yo no quería decir que…No estabas en absoluto preparada para esto. Lo siento tanto…
—¡No es culpa tuya, mamá! Nadie podía saberlo.
—Yo lo sabía —aseguró mamá, y después de un incómodo silencio añadió—.Naciste el mismo día que Meiling.
—¡No, no fue el mismo día! Mi cumpleaños es el 8 de octubre y el suyo es el 7.
—Tú también naciste el 7 de octubre, Sakura.
No podía creer que estuviera diciendo aquello. Me quedé petrificada mirándola, incapaz de decir nada.
—Mentí sobre la fecha de tu nacimiento—continuó mamá—. No fue difícil. Naciste en casa, y la comadrona que tenía que redactar el certificado de nacimiento se mostró comprensiva con nosotros e hizo lo que le pedimo
—Pero ¿por qué?
—Solo queríamos protegerte, cariño.
No entendía lo que quería decir.
—¿Protegerme de qué, si al final ha pasado?
—Nosotros…yo quería que tuvieras una infancia normal. Una infancia libre de preocupaciones —me explicó mirándome a los ojos—. Y existía la posibilidad de que no hubieras heredado el gen.
—¿A pesar de haber nacido en la fecha calculada por Newton?
—Como suele decirse, la esperanza es lo último que se pierde—dijo mamá—. Y deja ya de hablar de Isaac Newton, que solo es una más de las muchas personas que se ocuparon de este tema. Este asunto es mucho más importante de lo que puedes imaginar. Mucho más antiguo y trascendental, y también mucho más peligroso. Por eso quería mantenerte apartada de él.
—Pero ¿de qué querías mantenerme apartada?
Mamá suspiró.
—Tendría que haber comprendido que era estúpido por mi parte. Por favor, perdóname.
—¡Mamá! —Estaba tan excitada que casi solté un gallo—. No tengo ni idea de qué estás hablando. —Sus explicaciones solo habían servido para que mi confusión y mi desesperación aumentaran un poco más con cada frase—. Solo sé que me pasa algo que no debería pasar en absoluto. ¡Y que me ataca los nervios! Cada pocas horas siento vértigo y luego salto a otra época. ¡No tengo ni idea de qué debo hacer contra eso!
—Por eso vamos a verles ahora —explicó mamá.
Era consciente de que mi desesperación le hacía daño, porque nunca la había visto tan preocupada como en ese momento.
—¿A quién vamos a ver?
—A los Vigilantes —contestó mi madre—. Una antiquísima sociedad secreta, conocida también como la Logia del Conde de Saint Germain. —Miró por la ventana—. Enseguida llegaremos.
—¡¿Una sociedad secreta? ¿Quieres dejarme en manos de una turbia secta? ¡Mamá!
—No es ninguna secta, aunque algo turbios sí son—Mamá respiró hondo y cerró los ojos un momento—. Tu abuelo fue miembro de esta logia — continuó—. Como antes lo había sido su padre y antes su abuelo. También Isaac Newton era miembro, igual que Wellington, Klaproth, Von Arneth, Hahnemann, Kart von
Hessen-Kassel, naturalmente todos los De Villiers, y muchísimos otros… Tu abuela afirma que también Churchill y Einstein fueron miembros de la logia.
La mayoría de esos nombres no me sonaban de nada.
—Pero ¿qué hacen exactamente?
—Bien…pues… —balbució mamá—. Se interesan por mitos antiquísimos. Y por el tiempo. Y por las personas como tú.
—¿Tantos hay como yo?
Mamá sacudió la cabeza.
—Solo doce. Y la mayoría hace tiempo que murieron.
El taxi se detuvo y el vidrio de separación bajó. Mamá tendió al conductor unas libras.
—Ya está bien —dijo.
—¿Qué venimos a hacer precisamente aquí? —dije parada en la acera, mientras el taxi volvía a ponerse en marcha.
Habíamos circulado a lo largo del Strand, hasta poco antes de la entrada de Fleet
Street. A nuestro alrededor resonaba el estruendo del tráfico y la masa de gente que se movía por las aceras. Los cafés y los restaurantes de enfrente estaban llenos a reventar. Dos autobuses turísticos de dos pisos estaban parados al borde de la calzada y los turistas del piso descubierto fotografiaban el complejo monumental del Royal Court of Justice.
—Girando ahí delante, entre las casas, se entra en el barrio de Temple —indicó mamá apartándome los cabellos de la cara.
Miré hacia el estrecho pasaje peatonal que me señalaba. No recordaba haber pasado nunca por allí.
Supongo que mamá vio mi cara de desconcierto, porque me preguntó:
—¿No has estado nunca con la escuela en Temple? La iglesia y los jardines son realmente preciosos para visitar. Y Fountain´s Court. Para mí, la fuente más bonita de toda la ciudad.
La miré furiosa. ¿Ahora se había convertido de pronto en una guía turística?
—Ven, tenemos que pasar al otro lado de la calle —me indicó, y me cogió de la mano.
Seguimos a un grupo de turistas japoneses que llevaban todos unos enormes planos desplegados ante sí.
Por detrás de la hilera de casas se entraba en un mundo completamente distinto.
La frenética agitación del Strand y Fleet Street había quedado atrás. Allí, entre los majestuosos edificios de una belleza atemporal que se alineaban ininterrumpidamente, todo era paz y tranquilidad.
Señalé a los turistas.
—¿Qué buscan aquí? ¿La fuente más bonita de toda la ciudad?
—Van a ver la Temple Church—respondió mi madre sin inmutarse ante mi tono irritado—. Una iglesia muy antigua, plagada de leyendas y mitos. A los japoneses les encantan estas cosas. Además, en Middle Temple May se estrenó Como gustes, de Shakespeare.
Seguimos un rato a los japoneses y luego doblamos a la izquierda y avanzamos por un camino empedrado entre las casas a lo largo de varias manzanas. La atmósfera era casi bucólica: los pájaros cantaban, las abejas zumbaban en los exuberantes macizos de flores e incluso el aire sabía a fresco y a limpio.
En los portales había placas de latón que llevaban grabadas largas hileras de nombres.
—Son todos abogados. Profesores del Instituto de Jurisprudencia —afirmó mamá—. No quiero ni pensar lo que debe de costar alquilar un despacho aquí.
—Yo tampoco —convine ofendida.
¡Como si no hubiera cosas más importantes de que hablar!
Se detuvo en el siguiente portal.
—Ya hemos llegado —dijo.
Era una casa sencilla, que, a pesar de su impecable fachada y de los marcos recién pintados de las ventanas, parecía muy vieja. Mis ojos buscaron los nombres en la placa de latón, pero mamá me empujó enseguida a través de la puerta abierta y me guió escaleras arriba hasta el primer piso. Dos mujeres jóvenes se cruzaron con nosotras y nos saludaron amablemente al pasar.
—¿Dónde estamos?
Mamá no respondió. Pulsó un timbre, se arregló la chaqueta y se apartó el pelo de la cara.
—No tengas miedo, cariño —susurró, pero no supe si estaba hablando conmigo o consigo misma.
La puerta se abrió con un chirrido y entramos en una habitación clara que parecía un despacho normal y corriente. Archivadores, escritorio, teléfono, aparato de fax, ordenador…, ni siquiera la mujer rubia de mediana edad que estaba sentada detrás del escritorio tenía un aspecto extraño. Solo sus gafas, negras como el carbón y tan anchas que le tapaban media cara, eran un poco inquietantes.
—¿Qué puedo hacer por ustedes? —preguntó—. Oh, usted es… ¿Señorita… La Señorita Amamia?
—Kinomoto —la corrigió mamá—. Ya no llevo mi nombre de soltera. Me casé.
—Oh, sí, claro. —La mujer sonrió—. Pero no ha cambiado nada. La reconocería en cualquier sitio por sus cabellos. —Su mirada se deslizó sobre mí—. ¿Esta es su hija? Pero ella ha salido a su padre, ¿no es verdad? ¿Cómo está…?
Mamá la cortó.
—Señorita Naoko, debo hablar urgentemente con mi madre y con el Señor De Villiers.
—Oh, me temo que su madre y el Señor De Villiers están reunidos —dijo La Señorita Naoko esbozando una sonrisa de disculpa—. Tendrá que…
De nuevo mamá la interrumpió.
—Me gustaría asistir a esa reunión.
—Bien… es que… ya sabe que eso no es posible.
—Entonces hágalo posible. Dígales que les traigo a Rubí.
—¿Cómo dice? Pero si…
La Señorita Naoko primero miró a mamá y luego a mí con los ojos abiertos de par en par.
—Haga sencillamente lo que le he dicho.
La voz de mi madre nunca había sonado tan firme.
La Señorita Naoko se levantó, salió de detrás del escritorio y me miró de arriba abajo. Me sentía francamente incómoda con mi espantoso uniforme escolar. No me había lavado el pelo, sino que me lo había recogido simplemente con una goma en una coleta. Y tampoco iba maquillada. (Realmente era un bicho raro.)
—¿Está segura de eso?
—Claro que estoy segura. ¿Cree que me permitiría bromear con este asunto? Dese prisa, por favor, tal vez no dispongamos de mucho tiempo.
—Por favor, esperen aquí.
La Señorita Naoko dio media vuelta y desapareció por una puerta ancha entre dos estanterías llenas de archivadores.
—¿"Rubí"? —repetí yo.
—Sí —dijo mamá—. Cada uno de los doce viajeros del tiempo está relacionado con una piedra preciosa. Y tú eres rubí.
—¿De dónde has sacado eso?
—"Ópalo y Ámbar forman el primer par, Ágata canta en si, del loba el avatar, dueto
—¡Solutio!—con Aguamarina. Siguen poderosas la Esmeralda y la Citrina, los gemelos Cornalina en Escorpión, y Jade, el número ocho, digestión. En mi mayor: negra Turmalina, Zafiro en fa se ilumina. Y casi al mismo tiempo el Diamante, once y siete, del León rampante ¡"Projectio llega! Fluye el tiempo, y Rubí constituye el final y el comienzo." —Mamá me miró con una sonrisa más bien triste—. Aún me lo sé de memoria.
Por alguna razón, durante su recitado, se me había puesto la carne de gallina. Sus palabras no me habían parecido tanto una poesía como un conjuro, algo que las brujas malvadas murmuraban en las películas mientras dan vueltas con una cuchara a una olla llena de vapores verdosos.
—¿Qué se supone que significa?
—No son más que unos pareados compuestos por viejos aficionados a los el Señorios para hacer aún más complicadas cosas que ya son complicadas de por sí
—explicó mamá—. Doce cifras, doce viajeros del tiempo, doce piedras preciosas, doce notas, doce ascendentes, doce pasos para la fabricación de la piedra filosofal…
—¿Qué es la piedra filosofal…?
Me detuve y lancé un profundo suspiro, cansada de hacer preguntas que solo me hacían sentir un poco más ignorante y confundida con cada respuesta que recibía.
De todos modos, mamá tampoco parecía tener muchas ganas de responder, visto que miraba por la ventana.
—Aquí no ha cambiado nada —señaló—. Es como si el tiempo se hubiera detenido.
—¿Venías a menudo a este sitio?
—Mi padre me traía a veces —dijo mamá—. En este aspecto era un poco más generoso que mi madre, así como también en lo tocante a los el Señorios. De niña me gustaba mucho venir aquí. Y luego, cuando Nadeshiko…
Suspiró. Me debatí un rato, pensando en si debía seguir preguntando o no, pero al final la curiosidad pudo conmigo:
—La tía abuela Alice me ha dicho que Nadeshiko también es una viajera del tiempo; ¿por eso se fue de casa?
—Sí —contestó mamá.
—¿Y adónde se marchó?
—Nadie lo sabe.
Mamá volvió a pasarse la mano por el pelo. Era evidente que estaba muy excitada.
Nunca antes la había visto tan nerviosa, y si yo misma no me hubiera sentido tan furiosa, me habría dado pena.
Callamos durante un rato, y mamá volvió a mirar por la ventana.
—De modo que soy un rubí —dije finalmente—. Son rojos, ¿verdad?
Mamá asintió.
—Y Meiling, ¿qué clase de piedra es?
—Ninguna —respondió mamá.
—Oye, mamá, ¿no tendré una hermana gemela de la que hayas olvidado hablarme?
Mamá se volvió hacia mí y sonrió.
—No, no tienes ninguna hermana gemela, cariño.
—¿Estás segura?
—Sí, estoy completamente segura. Yo estaba presente en tu nacimiento, ¿sabes?
Oímos un ruido de pasos que se acercaban rápidamente. Mamá se puso rígida y respiró hondo. Acompañada por la recepcionista de las gafas, la tía Sheina entró por la puerta seguida de un anciano pequeño y calvo.
Mi tía parecía furiosa.
—¡Sonomi! La Señorita Naoko afirma que has dicho…
—Es cierto —repuso mamá—. Y no tengo ningunas ganas de malgastar el tiempo de Sakura convenciéndote precisamente a ti de la verdad. Quiero ver enseguida a el Señor De Villiers. Sakura debe ser registrada en el cronógrafo.
—¡Pero esto es totalmente… ridículo! —casi gritó la tía Sheina—. Meiling va a…
—Aún no ha saltado, ¿no es verdad? —Mamá se volvió hacia el gordito de la calva—. Lo lamento, sé que le conozco, pero en este momento no recuerdo nombre…
—Jasper —señaló el hombrecillo—.witlock Jasper. Y usted es la hija menor de lady Ieran, Sonomi. La recuerdo bien.
—Señor Jasper —convino mamá—. Claro. Nos visitó en Dirham después del nacimiento de Sakura, yo también le recuerdo. Esta es Sakura. Es el rubí que les falta.
—¡Eso es imposible! —chilló la tía Sheina—. ¡Es totalmente imposible! La fecha de nacimiento de Sakura no encaja. Y, de todos modos, vino al mundo dos meses antes de lo previsto. Una sietemesina poco desarrollada. No tiene más que mirarla.
Eso hizo el Señor Jasper, que me observó con sus afables ojos de color azul claro. Yo le devolví la mirada, tratando de mostrarme lo más relajada posible y procurando ocultar mi malestar. ¡Una sietemesina poco desarrollada! ¡La tía Sheina estaba mal de la cabeza! Yo medía casi un metro setenta y tenía una talla de sujetador B con tendencia a pasar a la C.
—Ayer saltó por primera vez —informó mamá—. Lo único que quiero es que no le pase nada. Con cada salto incontrolado aumenta el riesgo.
La tía Sheina rió burlonamente.
—Eso no hay quien se lo crea. Es uno más de sus patéticos intentos por convertirse en el centro de atención.
—¡Cierra la boca, Sheina! ¡Nada me haría más feliz que mantenerme alejada de todo esto y dejar que tu Meiling desempeñara el desagradecido papel de objeto de investigación de pseudocientíficos obsesionados con el esoterismo y fanáticos manipuladores de secretos! ¡Pero no es Meiling la que ha heredado el maldito gen, sino Sakura!
La mirada de mamá estaba cargada de ira y desprecio, una faceta suya totalmente nueva para mí.
El Señor Jasper rió en voz baja.
—No puede decirse que tenga muy buena opinión de nosotros, La Señorita Kinomoto.
Mamá se encogió de hombros.
—¡No, no y no! —La tía Sheina se dejó caer en una silla de oficina—. No estoy dispuesta a seguir oyendo tonterías. Ni siquiera nació el día señalado. ¡Y, además, fue un nacimiento prematuro!
Lo del nacimiento prematuro parecía ser muy importante para ella.
La Señorita Naoko susurró:
—¿Quiere que le traiga una taza de té, Señorita Amamia?
—Déjeme en paz con sus tazas de té, por Dios —resopló la tía Sheina.
—¿No hay nadie que quiera un té?
—No, gracias —respondí.
Mientras tanto, el Señor Jasper había vuelto a fijar la mirada en mí y me observaba con atención.
—De modo, Sakura, que ya has experimentado el salto en el tiempo, ¿no es así?
Asentí.
—¿Y adónde, si puedo preguntarlo?
—Al sitio donde estaba en ese momento —repuse.
El Señor Jasper sonrió.
—Quiero decir que a qué época saltaste.
—No tengo ni la más remota idea —solté con descaro—. No había ningún calendario colgado en la pared. Y tampoco quiso decírmelo nadie. ¡Oiga, yo no quiero que pase! Quiero que pare de una vez. ¿No puede usted hacer que pare?
El Señor Jasper no me contestó.
—Sakura vino al mundo dos meses antes de la fecha prevista — anunció sin dirigirse a nadie en particular—. El 8 de octubre. Verifiqué personalmente la partida de nacimiento y la entrada en el registro. Y también revisé al bebé.
Pensé qué podría revisarse en un bebé. ¿Si era auténtico?
—En realidad, nació la noche del 7 de octubre —rectificó mamá, y ahora su voz temblaba un poco—. Sobornamos a la comadrona para que pospusiera unas horas el momento del parto en el certificado de nacimiento.
—Pero ¿por qué?
El Señor Jasper parecía comprenderlo tan poco como yo.
—Porque… después de lo que pasó con Nadeshiko, quería ahorrarle todo esto a mi hija.
Quería protegerla —repuso mamá—. Y confiaba en que tal vez no hubiera heredado el gen y solo hubiera nacido por casualidad el mismo día que la auténtica portadora. Al fin y al cabo, Sheina había tenido a Meiling, y desde el primer momento todas las esperanzas se habían centrado en ella…
—¡Vamos, no mientas! —gritó la tía Sheina—. ¡Todo fue intencionado! Tu bebé no tendría que haber nacido hasta diciembre, pero manipulaste el embarazo y te arriesgaste a un parto prematuro solo para poder dar a luz el mismo día que yo.
¡Pero no funcionó! Tu hija nació un día más tarde. No sabes cómo me reí al saberlo.
—Supongo que debe de ser relativamente fácil comprobarlo —repuso el Señor Jasper.
—He olvidado el apellido de la comadrona —dijo mamá rápidamente—. Solo sé que se llamaba Dawn, pero eso no tiene la menor importancia ahora.
—Claro —espetó tía Sheina—. En tu lugar, yo hubiera dicho lo mismo.
—Seguro que tenemos el nombre y la dirección de la comadrona en nuestros archivos. —El Señor Jasper se volvió hacia La Señorita Naoko—. Es importante que los localicemos.
—No es necesario —replicó mamá—. Puede dejar en paz a esa pobre mujer. Se limitó a aceptar un poco de dinero de nuestra parte.
—Solo queremos hacerle un par de preguntas —aclaró el Señor Jasper—. Por favor, Señorita Naoko, trate de averiguar dónde vive en la actualidad.
—Enseguida me ocupo — dijo La Señorita Naoko, y volvió a desaparecer por la puerta lateral.
—¿Quién más está informado de esto? —preguntó el Señor Jasper.
—Solo mi marido lo sabía —replicó mamá en un tono desafiante y triunfal al mismo tiempo—. Y a él ya no pueden someterle a ningún interrogatorio, porque, por desgracia, hace tiempo que falleció.
—Lo sé. Fue leucemia, ¿verdad? Una tragedia —observó el Señor Jasper, y empezó a pasear de un lado a otro de la habitación—. ¿Cuándo empezó, me ha dicho?
—Ayer —respondí yo.
—Tres veces en las últimas veinte horas —repuso mamá—. Temo por ella.
—¡Tres veces ya! —el Señor Jasper se detuvo en seco—. ¿Y cuándo fue la última vez?
—Creo que hace más o menos una hora —dije.
Desde que los acontecimientos habían empezado a precipitarse, había perdido la noción del tiempo.
—Entonces supongo que tenemos un poco de margen
—¡No comprendo cómo puede creer algo así! —espetó la tía Sheina—. ¡Señor Jasper! Usted conoce a mi hija. Y ahora mire a esta niña y compárela con mi Meiling. ¿En serio cree que ante usted se encuentra el número doce? "Rojo Rubí con la magia del cuervo dotado, sol mayor cierra el círculo que los doce han formado." ¿Lo cree de verdad?
—Es una posibilidad que no hay por qué descartar de entrada —repuso el Señor Jasper—. Por más que sus motivos me parezcan más que cuestionables, La Señorita Kinomoto.
—Ese es su problema —contestó mamá fríamente.
—Si hubiera querido proteger realmente a su hija, no la habría dejado en la ignorancia durante todos estos años. Saltar en el tiempo sin ninguna preparación es muy peligroso.
Mamá se mordió los labios.
—Confiaba en que fuera Meiling la que…
—¡Pero si es ella! —gritó la tía Sheina—. Desde hace dos días tiene síntomas clarísimos. Puede pasar en cualquier momento, tal vez esté pasando ahora, mientras perdemos el tiempo aquí escuchando las historias sin pies ni cabeza de mi celosa hermana menor.
—Para variar, podrías usar el cerebro, Sheina, aunque solo sea por una vez —replicó mamá, que de pronto parecía cansada—. ¿Para qué íbamos a inventarnos todo esto? ¿Quién iba a hacer algo así a su hija voluntariamente, aparte de ti?
—Insisto en que… —La tía Sheina dejó la frase en el aire, dejándonos sin saber sobre qué insistía—. Todo esto acabará por revelarse como un vil engaño — continuó sin inmutarse—. Ya se produjo un sabotaje en el pasado, y usted, Señor Jasper, sabe muy bien adónde nos condujo. Y ahora que falta tan poco para alcanzar el objetivo, no podemos permitirnos ningún fiasco.
—Creo que no somos nosotros quienes debemos decidir sobre eso —repuso el Señor Jasper—. Sígame, por favor, La Señorita Kinomoto. Y tú también, Sakura. —Y añadió con una sonrisita socarrona—: No tengan miedo, los pseudocientíficos obsesionados con el esoterismo y los fanáticos manipuladores de secretos no muerden.
Tiempo voraz, embótale al león la garra
Y haz que la propia tierra sus crías embeba,
al fiero tigre descolmilla y desquijarra
y sepulta en su sangre a la fénix longeva.
William Shakespeare, Soneto XIX
Yo dije un poco mas y corre sangre jejejejejejjejeje Dios como se pelean entre hermana jajajjaja me hace recordar a mi hermana mayor joojoojjooj al fiiiiiiiiiiiiiiiin ya lo saben solo fakta a ver como lo toman los demás jajjajajajajaj /*midori-hanasaki
Siii al fin ya le dijo jojojojoojj y sobre el xico…. Naaaaa ya lo sabras de aki aal próximo cap ojojjojojo si kieres saber mas lee el adelanto al final joojojojojoj he hay la respuesta jajajajjaja pero ten en cuenta k kien vio la fotografía fue Tomoyo cuando hablo por celular con Sakura además de k era muy pekeña la foto para verla… en cuanto a eriol yo me inclino para un personaje especial para el kisas sea la pareja de tomoyo? K dices KIEREN K ERIOL SEA LA PAREJA DE TOMOYO? Ya k en realidad me gusta mas esa pareja pero ustedes deciden jojoojojojoj pero ya lo veremos en la siguiente adaptación jejejejjeje saludos*/*Vale Yagami Cullen Bienvenida! Y me alegro k hayas leído los libros son geniales! Y eso del tercero pos ejem….. yo no me aguante y lo descargue en alemán y lo utilice con el traductor google ojojojjoojoj asi k creeeme k te digo k ya se lo k va a pasar y en cuanto kien es el xico k aparece en el viaje tu lo sabes mejor k todas las de aki no? Y eso de la relación amoo! esas relaciones si no, todo seria miel sobre hojuelas y aveces empalagan hasta hacernos vomitar jejejjeje aunk algunas de mis historias sean asi jejejjeje, si no, no seria Shaoran no creees? Y eso de matarlo pasate x el facebook y mira cuanta gente kiere matarlo y a la vez amarrarlo y hacer um…cosas con el. Bueno si es un pendejo y muy capullo pero lo amamos! Maldita gwen! Aunk eso de subir dos cap lo veremos en otro cap ya k me gustaría dejarles con las ganas en este x lo k se viene en el siguiente cap jajajajajjaja ;) pero no prometo nada dije veremos…. */* Masato.14 Bienvenida! Me alegro k te halla encantado pero en cuanto al libro si tienes compu descárgatelo es muxo mejor y eso de Tomoyo y Sakura si se parecen por eso de las mejores amigas jejejejejjeje siii Tomoyo es lo máximo como best friends. Aunk Tomoyo en realidad es Leslie en el libro y Leslie tenga pecas por eso Solomon le llama la pecosa y yo lo adapto a la paliducha xk Tomoyo no tiene pecas me entiendes? Jejejeje ene l próximo cap saldrá kien era el xico del cap anterior jojojojojo y continuare aunk siga haciendo un frio de mier….. nos leemos pronto */*anyi-tan ola de nuevo aki esta la actualización espero k te guste nos leeremos pronto…*/ bueno eso es todo xicas y xicos k aunk no me manda reviews me leen nos vemos el próximo miércoles les dejo como siempre su adelanto pero x favor no me vallan a matar xk si no kien rayos va a subir esta historia….. por cierto kieren k Eriol sea la pareja de Tomoyo? Xfaaaaa ya k a mi me gusta esa pareja ya k la pareja de tomoyo y touya no se….. como no cuadran mas me gusta touya y meiling claro en mis otros fic asi k les aviso soy puro eriolxtomoyo pero ustedes k me dicen?
Ya, ya hay va el adelanto ¬¬ pero opinen si kieren k sea Eriol ya k no me gusto k eriol se kede con kaho en el manga…
"Shaoran estará de vuelta en cualquier momento y, para cuando llegue, deberíamos haber toma decisión sobre lo que vamos a hacer."
Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii en el próximo cap ya llega siiiiiiiii ya llega ujujujuju ya llega uno mas para desesperarlas…
"Shaoran, esta es Sakura Kinomoto…
….Sakura, este es Shaoran de Villiers."
AHHHHHHHHHHHHHH el encuentro Jajajja no doy mas me voy mata ne
tsukisxs
