Olaaaaaaaaaaaa xicas y xicos lamento decirles que solo FALTAN DOS capítulos y empiezo con ZAFIRO bueno…. A lo nuestro… K vivan las adictas al juego de roll! Y las amantes de la lectura! No me pertenecen ni los personajes ni la historia…..
"Para la persona más importante en la vida de cualquier escritor …Tú, el lector."
el lado oscuro de la luna…dark hunter...
CapítuloXIV
La clase se arrastró hasta el final con una lentitud torturadora, la comida era repugnante como siempre (pudín de Yorkshire) y cuando por la tarde después de una clase doble de química, pudimos irnos por fin a casa, en realidad me sentía a punto para meterme de nueva en la cama. Meiling me había ignorado durante todo el día. Durante el receso traté de hablar con ella pero reaccionó diciendo:
—Si lo que quieres es disculparte, ¡ya puedes ir olvidándote!
—¿Por qué iba a tener que disculparme?—le pregunte indignada.
—Si ni siquiera tú lo sabes….
—¡Meiling! Yo no tengo la culpa de que haya sido yo, y no tú, la que ha heredado ese estúpido gen.
Los ojos de Meiling echaban chispas.
—No es ningún «estúpido gen»—me espetó furiosa—. Es un don muy especial. Y ese don, en alguien como tú, es sencillamente un desperdicio. Pero eres demasiado infantil para comprenderlo aunque sea vagamente.
Dicho lo cual, dio medía vuelta dejándome con la palabra en la boca.
—Ya se tranquilizará —me animó Tomoyo mientras recogíamos nuestras cosas de la taquilla—. Tiene que acostumbrarse al hecho de que ella ha dejado de ser especial.
—Pero es tan injusto... —repuse—. Al fin y al cabo, yo no lo he quitado nada.
—¡En el fondo sí! —Tomoyo me alargó con determinación el cepillo del pelo—. ¡Toma!
—¿Qué quieres que haga con él?
—¡Pues cepillarte el pelo! ¿Qué si no? —Obedientemente, me pasé el cepillo por los cabellos—. ¿Por qué estoy cepillándome el pelo? —pregunté unos segundos después.
—Solo quiero que estés guapa cuando vuelvas a ver a Shaoran. Por suerte, no necesitas rímel, tus pestañas son increíblemente largas y negras...
Me había puesto roja como un tomate al oír el nombre de Shaoran,
—Tal vez no le vea hoy. Al fin y al cabo van a enviarme a un sótano de 1956 para hacer los deberes
—Sí, pero tal vez te cruces con él en algún momento antes o después.
—¡Tomoyo, no soy su tipo!
—Él no ha dicho eso.
—¡Sí que lo dijo!
—¿Y qué? Puede cambiar de opinión. En cualquier caso, él sí es tu tipo.
Abrí la boca para volver a cerrarla enseguida. No tenía sentido negar que era mi tipo, aunque me hubiera encantado creer lo contrario.
—Cualquier chica lo encontraría genial —reconocí—. Al menos, físicamente. Pero todo el rato me está sacando de quicio y no para de hacerse el mandón y sencillamente es… increíblemente... increíblemente...
—…. ¿genial? — Tomoyo me sonrió cariñosamente—. ¡Tú también lo eres, de verdad! Eres la chica más genial que conozco, exceptuándome a mí. Y, además, tú también puedes hacerte la mandona. Ahora ven, quiero ver la limusina con la que vendrán a recogerte.
Solomon inclinó la cabeza rígidamente cuando pasamos junto a su nicho.
—Espera un momento —le dije a Tomoyo —. Tengo que preguntarle una cosa a Solomon.
Cuando me detuve, la expresión ofendida del rostro de Solomon desapareció para dar paso a una sonrisa de satisfacción.
—He vuelto a reflexionar sobre nuestra última conversación —dijo.
—¿Sobre los besos?
—¡No! Sobre la viruela. Es posible que realmente la contrajera. Cambiando de tema, sus cabellos tienen hoy un brillo muy bonito.
—Gracias. Solomon, ¿puedes hacerme un favor?
—Espero que no tenga nada que ver con los besos.
Se me escapó la risa.
—No sería mala idea —dije—. Pero lo que me interesa ahora son los modales.
—¿Los modales?
—Siempre te estás quejando de que no tengo modales, y tienes razón. Por eso quería pedirte que me enseñaras la forma correcta de comportarse en tu época.
Cómo hay que hablar, cómo hay que doblar la rodilla, cómo hay que... en fin, qué sé yo, todas esas cosas.
—¿Cómo se aguanta un abanico? ¿Cómo hay que bailar? ¿Qué normas de comportamiento hay que seguir cuando el príncipe regente se encuentra en la sala?
—¡Exacto!
—Pues sí, puedo enseñárselo—aseguró Solomon.
—Eres un encanto —repuse yo, y antes de volverme de nuevo para marcharme—:
Esto... ¿Solomon? ¿También sabes manejar la espada?
—Naturalmente —dijo Solomon—. No está bien que lo diga yo, pero entre mis amigos del club se me considera uno de los mejores espadachines. El propio Galliano dice que tengo un talento extraordinario.
—¡Fantástico! —exclamé—. Eres un amigo de verdad.
—¿Quieres que el fantasma te enseñe a manejar la espada? —Tomoyo había seguido nuestra conversación muy interesada, aunque naturalmente solo había podido oír mi parte—. ¿Un fantasma puede sostener una espada?
—Ya lo veremos — repuse—. En cualquier caso, conoce a la perfección el siglo XVIII, porque, al fin y al cabo, es de donde viene.
Hiro Taketo nos alcanzó en las escaleras.
—Has vuelto a hablar con el nicho, Sakura. Lo he visto perfectamente.
—Sí, es mi nicho preferido, Hiro. Se ofende si no hablo con él.
—¿Ya sabes que eres muy rara?
—Sí, querido Hiro, lo sé, pero al menos no estoy cambiando la voz como tú.
—Eso pasará —repuso Hiro.
—Lo mejor sería que fueras tú quien pasaras —dijo Tomoyo.
—Ay, perdón, seguro que quieren volver a charlar de sus cosas —se mofó Hiro, que siempre se pegaba como una lapa—. Hoy solo han estado cuchicheando cinco horas. ¿Nos veremos después en el cine?
—No —respondió Tomoyo.
—De todos modos, tampoco puedo —señaló Hiro, mientras nos seguía como una sombra por el vestíbulo—. Tengo que escribir esa estúpida redacción sobre los anillos de sello. ¿He dicho ya que odio al señor Terada?
—Solo un centenar de veces.
Antes de salir afuera, vi la limusina parada ante la puerta de la escuela. Mi corazón se puso a palpitar un poco más rápido. Aún me sentía terriblemente avergonzada cuando pensaba en la noche anterior.
—¡Uau! ¡Menuda carroza! — Hiro dejó escapar un silbido—. Tal vez los rumores que dicen que la hija de Madonna viene a nuestra escuela de incógnita y bajo un nombre falso son ciertos.
—Claro —dijo Tomoyo parpadeando al sol—. Y por eso vienen a recogerla con una limusina, para que pase de incógnito.
Unos cuantos alumnos contemplaban el coche, boquiabiertos. También Rika y su amiga Chiharu se habían quedado paradas en las escaleras mirando con los ojos abiertos como platos, si bien sus miradas no apuntaban a la limusina, sino un poco más a la derecha.
—Y yo que creía que la empollona no tenía nada que ver con chicos —comentó Chiharu—. Y menos con ejemplares de lujo como este.
—Tal vez sea su primo —repuso Rika—. O su hermano.
Mi mano se cerró con fuerza sobre el brazo de Tomoyo. Shaoran en carne y hueso se encontraba en el patio de nuestra escuela, muy relajado, en vaqueros y camiseta, hablando con Meiling. Tomoyo enseguida comprendió lo que pasaba.
—Y yo que pensaba que llevaba el pelo largo —dijo en roño de reproche.
—Y lo lleva —repuse yo.
—Medio largo —aclaró Tomoyo—. Hay una diferencia. Esa medida sí que es genial.
—Es marica, me apuesto cincuenta libras a que es marica —soltó Hiro, y apoyó el brazo en mi hombro para poder ver mejor entre Rika y yo.
— ¡Oh, Dios mío, la está tocando! —exclamó Rika—. ¡Le está cogiendo la mano!
La sonrisa de Meiling podía verse perfectamente desde donde estábamos.
Meiling no sonreía a menudo (si no se cuenta su forzada sonrisa de Mona Lisa), pero, cuando lo hacía, estaba encantadora, incluso le salía un hoyuelo. Shaoran también debía de verlo, y seguro que en ese momento la encontraba cualquier cosa menos vulgar.
—¡Le está acariciando las mejillas!
Oh, Dios mío, ¡Era cierto! La punzada que sentí al verlo era imposible de ignorar.
—¡Y ahora la está besando!
Todos contuvimos la respiración. Realmente parecía que Shaoran fuera a besar a
Meiling.
—... en la mejilla —dijo Rika aliviada—. Debe de ser su primo. Saku. Por favor, dinos que es su primo.
—No —repuse—. No son parientes.
—Y tampoco es marica —señaló Tomoyo.
—¿Qué te apuestas a que sí? ¿Es que no has visto el anillo que lleva?
Con el rostro radiante, Meiling dirigió una última mirada a Shaoran y se alejó con pasos saltarines. Estaba claro que su mal humor había desaparecido.
Shaoran se volvió hacia nosotros, y en ese momento fui muy consciente de la imagen que debíamos de ofrecer: cuatro chicas y Hiro mirando con la boca abierta y riendo entre dientes en la escalera.
«Conozco a muchas chicas corno tú.»
Aquí estaba la confirmación. Fabuloso.
—¡Sakura! —gritó Shaoran—. ¡Por fin estás aquí!
Rika, Chiharu y Hiro contuvieron la respiración al mismo tiempo. Y para ser sinceros, yo también. Solo Tomoyo mantuvo la calma.
—Espabila. Tu limusina espera —dijo dándome un empujoncito.
Mientras bajaba por la escalera, podía sentir las miradas de los otros en mi espalda.
Seguramente, todos tenían la boca bien abierta, o por lo menos Hiro.
—Hey —saludé cuando llegué junto a Shaoran.
En ese momento no me salió nada más. A la luz del sol, el marron de sus ojos brillaba más de lo habitual
—Hey, —Me miró detenidamente—. ¿Has crecido durante la noche?
—No. —Me ajusté la chaqueta sobre el pecho—. El uniforme ha encogido.
Shaoran sonrió. Luego miró por encima de mi hombro. —¿Esas de ahí arriba son tus amigas? Creo que una está a punto de desmayarse.
Oh, Dios mío.
—Es Rika Sasaki —dije sin girarme girarme—. Padece de un exceso de estrógenos en sangre. Si te interesa, estaré encantada de presentártela.
La sonrisa de Shaoran se acentuó.
—Tal vez me lo plantee más adelante. ¡Ahora vamos! Hoy tenemos mucho que hacer.
Me cogió del brazo (en la escalera resonaron unas risitas) y me llevó hacia la limusina.
—Solo tengo que hacer los deberes. En el año 1956.
—Ha habido un cambio de planes. —Shaoran me abrió la puerta del coche. (Chillidos al unísono en la escalera.)—. Iremos a visitar a tu tatarabuela. Ha pedido expresamente verte.
Me puso la mano en la espalda para empujarme dentro, (Nuevos chillidos en la escalera.)
Me dejé caer en el asiento trasero, cuando vi frente a mí una familiar figura rolliza,
—Hola, señor Witlock.
—Sakura, mi valiente muchacha, ¿qué tal te encuentras hoy?
El rostro del señor Witlocke staba resplandeciente, igual que su calva.
Shaoran se sentó a su lado.
—Hummm... bien, gracias.
Me puse colorada solo de imaginarme el penoso papel que hice la noche anterior.
Menos mal que Shaoran no hizo ningún comentario sarcástico y se comportó como si no hubiera sucedido nada.
—¿Qué pasa con mi tatarabuela? —pregunté rápidamente—. No lo he entendido muy bien.
—Sí, nosotros tampoco hemos acabado de entenderlo —suspiró Shaoran.
La limusina se puso en movimiento, y resistí la tentación de mirar a mis amigos por la ventanilla trasera.
—Misuki Kaho, nacida Grand, era la abuela de tu abuela Ieran y la última viajera del tiempo antes de Nadeshiko y tú. Después de su segundo salto en 1894, los Vigilantes pudieron registrarla sin problemas en el primer cronógrafo, el original. Durante el resto de su vida (murió en 1944), elapsó regularmente con ayuda del cronógrafo, y Los Anales la describen como una persona afable y cooperativa, — El señor Witlock se frotó nerviosamente la calva con la mano—. Durante los bombardeos de Londres en la Segunda Guerra Mundial, un grupo de Vigilantes se retiró al campo con ella y el cronógrafo. Allí murió, a los sesenta y siete años de edad, a consecuencia de una pulmonía.
—Qué... hummm... triste.
La verdad era que no veía para qué podían servirme aquellas informaciones.
—Como ya sabes, Shaoran ya ha visitado a siete miembros del Círculo de los Doce en el pasado y les ha extraído sangre para el segundo cronógrafo, el nuevo. En realidad, a seis, si los gemelos se cuentan como uno solo. De modo que con tu sangre y la suya solamente nos faltan cuatro del Círculo: Ópalo, Jack, Zafiro y Turmalina negra.
—Elaine Burghley, Kaho Misuki. Nadeshiko Amamia y Hien de Villiers —completó Shaoran—. Estos cuatro aún deben ser visitados en el pasado y se les debe extraer sangre.
Ya lo había entendido, tampoco era tan estúpida.
—Exacto. No creíamos que en el caso de Misuki pudiera producirse ninguna complicación. —El señor Witlock se inclinó hacia atrás en el asiento y prosiguió —: Con los otros sí, pero no había nada que nos hiciera pensar que pudieran surgir dificultades con Kaho Misuki. Su vida ha sido protocolizada hasta el más mínimo detalle por los Vigilantes. Sabemos dónde estuvo cada uno de los días de su vida. Y por eso también fue muy sencillo arreglar una cita entre ella y Shaoran. Así, la noche pasada, Shaoran viajó al año 1937 para encontrarse con Kaho Misuki en nuestra casa de Temple.
—¿De verdad? ¿Esta noche? ¿Y cuándo demonios has dormido?
—Tenía que hacerse muy rápido —repuso Shaoran cruzándose de brazos —. Habíamos calculado que la acción duraría solo una hora.
—Pero, en contra de lo esperado —observó el señor Witlock—, Misuki se ha negado a ceder su sangre después de que Shaoran hubiera expuesto la situación. El señor Witlock me miró expectante. ¿Se suponía que ahora debía decir algo sobre el tema?
—Tal vez... hummm... tal vez no entendió lo que le explicaba— repuse
Al fin y al cabo era una historia francamente embrollada
—Me entendió perfectamente —replico Shaoran sacudiendo la cabeza—. Porque ella ya sabía que el primer cronógrafo había sido robado y que yo iba a tratar de conseguir su sangre para el segundo.
—Pero ¿Cómo podía prever algo que no iba a pasar hasta muchos años más tarde? ¿Es que tiene el don de la adivinación?
Apenas había acabado de pronunciar la pregunta, comprendí lo que había ocurrido. Por lo visto, poco a poco iba interiorizando ese follón de los viajes del tiempo.
—Alguien estuvo allí antes que tú y se lo explicó, ¿no?
Shaoran inclinó la cabeza aprobatoriamente.
—Y la convenció de que no debía dejarse sacar sangre en ningún caso. Aún fue más extraño que se negara a hablar conmigo. Llamó a los Vigilantes para que la ayudaran y exigió que me mantuvieran alejado de ella.
—Pero ¿quién puede haber sido? —reflexioné—. En realidad, los únicos candidatos son Nadeshiko y Hien. Los dos pueden viajar en el tiempo y quieren impedir que se cierre el Círculo.
El señor Witlock y Shaoran intercambiaron una mirada.
—A la vuelta de Shaoran, nos encontramos frente a un auténtico enigma —explicó el señor Witlock—. Aunque teníamos una vaga idea de lo que podía haber pasado, nos faltaban las pruebas. Por esto Shaoran volvió a viajar al pasado esta mañana y visitó de nuevo a Kaho Misuki.
—Has tenido un día muy agitado, ¿no? —Busqué signos de cansancio en el rostro de Shaoran, pero no encontré ninguno; de hecho, parecía encontrarse en plena forma—. ¿Qué tal está tu brazo? —le pregunté.
—Bien. Escucha lo que dice el señor Witlock. Es importante.
—Esta vez Shaoran buscó a Misuki inmediatamente después de su primer salto en el tiempo, en 1894 —prosiguió el señor Witlock—. Debes saber que el factor X o el gen del viaje en el tiempo, como lo llamamos nosotros, parece manifestarse en la sangre solo después del salto de iniciación. Se ha podido constatar que la sangre que se extrae de los viajeros del tiempo antes del primer salto no puede ser reconocida por el cronógrafo. El conde de Saint Germain realizó algunos experimentos en esta dirección que, en su época, casi condujeron a la destrucción del cronógrafo. Así pues, no tiene sentido ir a buscar a un viajero del tiempo en su niñez para sacarle sangre. Aunque eso facilitaría bastante las cosas.
¿Comprendes lo que quiero decir?
—Sí —me limité a responder.
—Shaoran se encontró esta mañana con Misuki al final de su primera elapsación oficial. Después de su primer salto en el tiempo, la joven había ido enseguida a Temple. Durante los preparativos para la lectura en el cronógrafo, saltó de nuevo por segunda vez. El que es, de hecho, el salto incontrolado más largo medido hasta la fecha. Estuvo fuera más de dos horas.
—señor Witlock, ¿por qué no deja sencillamente de lado los detalles sin importancia? —propuso Shaoran con un punto de impaciencia.
—Sí, sí. ¿Por dónde iba? Decía que Shaoran visitó a Misuki en su primera cita de elapsación. Y de nuevo le explicó la historia del cronógrafo robado y le habló de la oportunidad que se ofrecía de remediarlo todo con el segundo cronógrafo.
—¡Ah, claro! —le interrumpí—. Por eso la anciana Misuki conocía toda la historia. ¡Se la había explicado el propio Shaoran!
—Sí, sería una posibilidad — repuso el señor Witlock—. Pero tampoco en esa ocasión la joven Misuki escuchaba la historia por primera vez.
—De modo que alguien había estado allí antes que Shaoran. Nadeshiko y Hien. Viajaron al pasado con el cronógrafo robado para explicarle a Kaho Misuki que con toda probabilidad tarde o temprano aparecería alguien que querría sacarle sangre.
El señor Witlock no dijo nada.
—¿Y esta vez se la dejó sacar?
—No —respondió el señor Witlock—. También esta vez, se negó a que le extrajeran sangre.
—De todos modos, con dieciséis años no se mostró tan testaruda como de mayor —explicó Shaoran—. Esta vez pudimos conversar un poco. Y al final me dijo que en todo caso solo trataría el tema de su sangre contigo.
—¿Conmigo?
—Pronunció tu nombre, Sakura Kinomoto.
—Pero... —Me mordí el labio mientras el señor Witlock y Shaoran me observaban atentamente—. Pensaba que Hien y Nadeshiko habían desaparecido antes de mi nacimiento. ¿Cómo se explica entonces que conocieran mi nombre y se lo mencionaran a Misuki?
—Sí, esa es la cuestión — dijo el señor Witlock—. Mira: Nadeshiko y Hien robaron el cronógrafo en el mes de mayo del año de tu nacimiento. Al principio se ocultaron con él en el presente. Durante unos meses lograron eludir repetidamente con gran habilidad a los detectives de los Vigilantes, dejando pistas falsas, entre otros trucos.
Cambiaban con frecuencia de ciudad y viajaron con el cronógrafo por media
Europa. Más adelante, sin embargo, fuimos estrechando el cerco, y comprendieron que a la larga solo podrían escapar de nosotros si huían con el cronógrafo al pasado. Por desgracia, no se planteaban la opción de rendirse. Estaban absolutamente comprometidos con la defensa de sus falsos ideales. —Suspiró—. Eran tan jóvenes y tan apasionados. .. —Su mirada se volvió un poco soñadora.
Shaoran carraspeó y el señor Witlock dejó de mirar al vacio para proseguir:
—Hasta ahora creíamos que habían dado ese paso en septiembre aquí en Londres, unas semanas antes de tu nacimiento.
—¡Pero entonces es imposible que conocieran mi nombre!
—Exacto —repuso el señor Witlock—. Por eso, después de lo ocurrido esta mañana, consideramos la posibilidad de que no saltaran al pasado con el cronógrafo hasta después de tu nacimiento.
—Fuera por el motivo que fuese —añadió Shaoran.
—Y aún nos quedaría por explicar cómo conocían Nadeshiko y Hien tu nombre y tu destino. Sea como sea, Kaho Misuki se niega en redondo a cooperar.
Reflexioné.
—¿Y como podremos conseguir su sangre ahora? —¡Dios, realmente era yo la que acababa de decir eso!—. ¿Supongo que no pensarán utilizar ningún tipo de violencia?
En mi mente ya veía a Shaoran manipulando una botella de éter, correas y una enorme jeringa, lo cual enturbió notablemente la imagen que tenía de él.
El señor Witlock sacudió la cabeza.
—Una de las doce reglas de oro de los Vigilantes dice que solo se debe emplear la violencia cuando negociación y acuerdo no funcionan. De modo que primero intentaremos lo que Misuki ha propuesto: te enviaremos para que la visites.
—¿Para que trate de convencerla?
—Para saber más sobre sus motivos y sobre los que la han informado. Contigo hablará, ella misma lo ha dicho. Queremos saber qué es lo que tiene que decirte.
Shaoran suspiró.
—No creo que saquemos nada en claro de esto, pero ya llevo toda la mañana hablando con las paredes.
—Sí. Y por eso ahora mismo madame Nakuru te está cosiendo un bonito traje de verano para el año 1912 — informó el señor Witlock—. Tienes que conocer a tu tatarabuela.
—¿Por qué precisamente 1912?
—Hemos elegido el año totalmente al azar. Aunque Shaoran cree que de todos modos podrías caer en una trampa
—¿En una trampa?
Shaoran no dijo nada, se limitó a mirar preocupado.
—Según las leyes de la lógica, esto queda prácticamente descartado —observó el señor Witlock.
—¿Por qué iba nadie a tendernos un trampa?
Shaoran se inclinó hacia mí.
—Piensa un momento: Nadeshiko y Hien tienen en su poder el cronógrafo, en el que ya se encuentra registrada la sangre de diez de los doce viajeros del tiempo. Para cerrar el Círculo y poder utilizar el secreto en su beneficio, ahora solo necesitan tu sangre y la mía.
—Pero... Nadeshiko y Hien querían impedir precisamente que se cerrara el Círculo y se revelara el Secreto —repuse.
De nuevo el señor Witlock y Shaoran intercambiaron una mirada.
—Eso es lo que tu madre cree —dijo el señor Witlock.
Y eso era también lo que yo había creído hasta ese momento.
—¿Y ustedes no lo creen?
—Míralo de otro modo. ¿Y si en realidad Nadeshiko y Hien quieren tener el Secreto para ellos solos? —preguntó Shaoran—. ¿Y si robaron el cronógrafo por eso? Entonces lo único que les faltaría para ganar la partida al conde de Saint Germain sería nuestra sangre.
Tardé un momento en asimilar lo que representaba aquello antes de decir:
—Y como solo pueden encontrarse con nosotros en el pasado, ¿tienen que atraernos a algún sitio para hacerse con nuestra sangre?
—Es posible que piensen que solo la conseguirán utilizando la violencia —explicó Shaoran—. Igual que nosotros sabemos, por nuestra parte, que no nos darán la suya voluntariamente.
Pensé en los hombres que nos habían atacado el día anterior Hyde Park.
—Exacto —dijo Shaoran, como sí me hubiera leído el pensamiento—. Si nos hubieran matado, habrían podido coger tanta sangre como hubieran querido, si bien aún está por aclarar cómo pudieron saber que estaríamos allí.
—Conozco a Nadeshiko y a Hien, y sencillamente esa no es su forma de actuar —señaló el señor Witlock—. Crecieron con las doce reglas de oro de los Vigilantes, y estoy totalmente seguro de que no hubieran hecho asesinar a sus propios parientes. También ellos están a favor de la negociación y el acuerdo.
—Como muy bien ha dicho, usted conocía a Nadeshiko y a Hien, señor Witlock—puntualizó Shaoran—. Pero ¿realmente puede saber en qué se han convertido desde entonces?
Miré a Shaoran y al señor Witlock, y finalmente dije:
—En cualquier caso, creo que sería interesante saber qué quiere de mí mi tatarabuela. Y, además, ¿cómo puede ser una trampa si somos nosotros mismos los que elegimos el momento de nuestra visita?
—Así lo veo yo también —repuso el señor Witlock
Shaoran suspiro resignado.
—De todos modos hace tiempo que está decidido.
Madame Nakuru me pasó por encima de la cabeza un vestido blanco largo hasta los tobillos, con un delicado motivo a cuadros y una especie de cuello de marinero, y me lo ciñó a la cintura con una faja de satén azul cielo de la misma tela que el lazo que adornaba la transición del cuello a la orla de la botonadura.
Cuando me miré en el espejo, me sentí un poco decepcionada. Tenía un aspecto de lo más formal. Aquella vestimenta me recordaba un poco a la de los monaguillos de Saint Luke, adonde íbamos veces los domingos para asistir al oficio religioso.
—Naturalmente, la moda de 1912 no puede compararse con la extravagancia del rococó —comentó madame Nakuru mientras me alcanzaba unas bolitas de cuero con botones—. Casi diría que en esa época se tendía a ocultar los encantos femeninos más que a resaltarlos.
—Sí, yo también lo diría.
—Y ahora falta el peinado.
Madame Nakuru me empujó con suavidad a una silla, trazó una raya muy profunda en mi cabello, y luego lo fue recogiendo todo en mechones sueltos sobre el cogote.
—¿No queda un poco... humnimm... abultado sobre las orejas?
—Es lo que corresponde —dijo madame Nakuru.
—Pero es que no me parece que me siente bien ¿y usted?
—A ti todo te sienta bien, mi pequeño cuello de cisne. Además esto no es un concurso de belleza. Lo que importa es…
—….. la autenticidad, lo sé.
Madame Nakuru rió.
—Entonces no hay más que hablar.
Esta vez fue el doctor Touya quien vino a buscarme para acompañarme al escondite subterráneo del cronógrafo. El hombre tenía la misma expresión malhumorada de siempre, pero, para compensar, Val, el chiquillo fantasma, me dirigió una sonrisa radiante.
Le devolví la sonrisa. Estaba realmente encantador con sus rizos rubios y el hoyuelo.
—¡Hola!
—Hola, Sakura —saludó Val.
—No veo ningún motivo para un saludo tan efusivo —repuso el doctor Touya, blandiendo la venda negra.
—Oh, no, ¿por qué tengo que ponérmela otra vez?
—No hay razón para que confiemos en ti —replicó el doctor Touya.
—¡Alto ahí! Traiga eso, patán. —Madame Nakuru le arrancó el paño negro de la mano—. Esta vez nadie me arruinará el peinado.
Hubiera sido terrible, sí. Madame Nakuru me vendó personalmente los ojos con tanto cuidado que ni un cabello se salió de su sitio.
—Mucha suerte, niña —dijo cuando el doctor Touya me sacó de la habitación.
Agité la mano a ciegas para despedirme.
Otra vez esa desagradable sensación de ir avanzando a trompicones en el vacío; aunque esa vez el recorrido me resultaba más familiar, y Val me prevenía por adelantado.
—Dos escalones más y luego se gira a la izquierda por la puerta secreta. Cuidado con el dintel. Diez pasos más y empieza la gran escalera.
—Muchas gracias por la ayuda. Me viene muy bien.
—Ahórrate las ironías —repuso el doctor Touya.
—¿Por qué tú puedes oírme y él no? —pregunto Val apenado.
—Por desgracia, yo tampoco lo sé —respondí con un nudo en la garganta—. ¿Te gustaría decirle algo?
Val calló.
El doctor Touya dijo:
—Sheina Amamia tenía razón. Realmente hablas sola.
Avancé palpando la pared con la mano.
—Ajá, conozco este entrante. Ahora viene otra vez un escalón, ahí está, después de veinticuatro pasos, y giro a la derecha.
—¡Has contado los pasos!
—Solo por aburrimiento. ¿Por qué es tan desconfiado, doctor Touya?
—Oh, no lo soy en absoluto. Confío totalmente en ti de momento, porque por ahora aún no estás influenciada; como mucho, algo revolucionada por las equivocadas ideas de tu madre. Pero nadie sabe qué será de ti en el futuro, y por eso no me parece apropiado que conozcas el lugar donde se guarda el cronógrafo.
—Este sótano tampoco puede ser tan grande —advertí.
—No tienes idea de lo grande que es —repuso el doctor Touya—. Ya hemos perdido a gente aquí.
—¿De veras?
—Sí. —Pude notar que se esforzaba en mantenerse serio, y comprendí que solo estaba bromeando—. Y hubo otros que caminaron por estos pasadizos durante días antes de encontrar por fin una salida.
—Me gustaría decirle que lo siento —dijo Val.
Era evidente que el pobre chiquillo había estado pensando mucho en aquello. Me vinieron ganas de pararme y abrazarle.
—¡Oh...! Pero eso no es culpa de nadie.
—¿Estás segura de que no?
Probablemente, el doctor Touya se seguía refiriendo a las personas que se habían perdido en el sótano.
Val contuvo un sollozo.
—Por la mañana nos habíamos peleado. Le dije que le odiaba y que me hubiera gustado tener otro padre.
—Pero estoy segura de que no se lo tomó en serio. Segurísimo
—Sí, lo hizo. Y ahora piensa que yo no lo quería y no puedo decirle lo contrario.
Aquella vocecita aguda, que ahora me rompía el corazón.
—¿Por eso sigues aquí?
—No quiero dejarle solo. Aunque no pueda verme ni oírme tal vez sienta que estoy aquí.
—Oh, cariño... —Ya no pude soportarlo mas y me detuve—. Seguro que sabe que le quieres. Todos los padres saben que a veces los niños dicen cosas que no piensan de verdad.
—De todos modos —dijo el doctor Touya, y su voz sonó de pronto extrañamente velada—, cuando un padre prohíbe a su hijo ver la televisión durante dos días solo porque ha dejado su bicicleta fuera bajo la lluvia, no puede extrañarse de que le levante la voz y le diga cosas que no piensa de verdad.
Me empujó hacia delante.
—Me alegra que diga eso, doctor Touya.
—¡Y a mí también! —repuso Val.
Aquello nos puso de buen humor para el resto del camino
Por fin llegamos a una puerta pesada que se abrió y volvió a cerrarse detrás de nosotros. Cuando me quité la venda, lo primero que vi fue a Shaoran con un sombrero de copa en la cabeza, y no pude contener una carcajada. ¡Perfecto! ¡Esta vez le tocaría a él hacer el ridículo!
—Hoy está de un humor excelente —informó el doctor Touya—, gracias a sus prolijas conversaciones consigo misma.
Pero su voz no sonaba tan sarcástica como de costumbre.
El señor De Villiers se unió a mis risas.
—Yo también lo encuentro cómico. Parece un director de circo.
—Me alegra que se diviertan tanto —dijo Shaoran.
En realidad, prescindiendo del sombrero de copa, estaba perfecto: pantalones largos oscuros, levita oscura, camisa blanca, parecía como si se hubiera vestido para una boda.
Shaoran me miró de arriba abajo, mientras yo esperaba en tensión la revancha. En su lugar, se me hubieran ocurrido a la primera al menos diez comentarios ofensivos sobre mi vestimenta.
Pero no dijo nada y se limitó a sonreír.
El señor Witlock estaba ocupado con el cronógrafo.
—¿Ha recibido Sakura todas las indicaciones necesarias?
—Creo que sí —respondió el señor De Villiers, que me había estado hablando durante medía hora sobre la Operación Jade mientras madame Nakuru preparaba el vestuario.
¡Operación Jade! Me sentía como si fuera la agente secreta Emma Peel. A Tomoyo y a mí nos encantaban Los vengadores, con Urna Thurman.
La teoría de la trampa en la que tanto insistía Shaoran seguía pareciéndome inverosímil. Aunque Kaho Misuki había manifestado abiertamente su deseo de mantener una conversación conmigo, no había fijado el momento de la cita; de modo que suponiendo que su intención fuera atraernos a una trampa, no podía saber en que día y a qué hora apareceríamos en su vida.
Y era muy improbable que Nadeshiko y Hien pudieran esperarnos justo en el período de tiempo elegido. Arbitrariamente se había optado por el mes de junio del año 1912.
En esa época, Kaho Misuki tenía treinta y cinco años y vivía con su marido y sus tres hijos en una casa de Belgravía. Y precisamente allí la visitaríamos nosotros.
Levanté la cabeza y vi que Shaoran me miraba fijamente, o, para ser más precisos, miraba mi escote. ¡Aquello ya era el colmo!
—¿Oye, es que tengo algo en el pecho? —murmuré indignada.
Sonrió.
—No estoy del todo seguro —replicó susurrando. De pronto supe lo que quería decir. En el rococó era mucho más sencillo ocultar objetos tras las puntas de encaje, pensé.
Por desgracia, habíamos atraído la atención del señor Witlock que se inclinó hacia mí
—¿Esto es un móvil? — preguntó—. ¡No puedes llevarte ningún objeto de nuestra época al pasado!
—¿Por qué no? ¡Podría resultar útil! —¡Y la foto de Yue y lord Takashi había quedado fantástica!—. Si la última vez Shaoran hubiera llevado una pistola como Dios manda, todo hubiera sido mucho más fácil.
Shaoran puso los ojos en blanco.
—Imagina que pierdes tu móvil en el pasado—dijo el señor de Villiers—.Probablemente el que lo encuentre no sabrá que hacer con él, pero también es posible que sí. Y entonces tu móvil cambiaría el pasado. ¡O una pistola! Prefiero no pensar en lo que podría pasar si a la humanidad se le ocurriera utilizar armas sofisticadas antes aún de lo que lo ha hecho.
—Además, estos objetos serían una prueba de su existencia y también de la nuestra —aseguró el doctor Touya—. Al menor descuido todo podría cambiar, y el continuum estaría en peligro.
Me mordí el labio mientras reflexionaba sobre hasta qué punto un espray de pimienta que se perdiera, pongamos por caso, en el siglo XVIII podría cambiar el futuro de la humanidad. Tal vez lo hiciera solo para bien, si iba a dar con la persona adecuada...
El señor Witlock alargó la mano.
—Yo me encargo de guardarlo mientras tanto.
Suspirando me llevé la mano al escote y le entregué el móvil.
—¡Pero luego quiero que me lo devuelva enseguida!
—¿Estamos listos de una vez? —preguntó el doctor Touya—. El cronógrafo está preparado.
Sí, estaba lista. Sentí un ligero cosquilleo en el estómago y tuve que admitir que eso me gustaba mucho más que tener que meterme en un sótano en un año aburrido para hacer los deberes.
Shaoran me dirigió una mirada escrutadora. Tal vez estaba pensando en qué más podía haber escondido. Le miré con cara de inocencia. Hasta la vez siguiente no podría llevarme el espray. Realmente, era una lástima.
—¿Preparada, Sakura? —preguntó finalmente.
Le sonreí.
—Estoy lista si tú lo estás.
Vivimos tiempos desquiciados ¡Oh nefasta suerte,
que me hiciste nacer para enmendarlos!
Hamlet
William Shakespeare
(1564 – 1616)
Olaaaaaa como están… espero que les halla gustado el cap a mi me encanto gracias a todas las que me leen y me ponen en favoritos! muxas gracias! /*Midori Hanasaki… siii ya falta poco además en Zafiro al fin saldrá Eriol! Siiii al fin! Jjajaja y leiste que puse a Kaho como la tia abuela jajajajjajaja espero que sea sin rencores no? Jajajajajjajajajaja nos leemos pronto sígueme!/*anyi-tan… me alegro que te haya fascinado el cap jajaja lo de shao ya esta… bueno casi explicado pero Meiling es su """amiga""" y además ya adverti no maten a Meiling ódienla todo lo k kieran pero no la maten la necesito! Jajajaja y eso de lo del escote como una amiga lectora dijo creo que fue mas una escusa jajajajjajaa con eso de k shao dijo si había crecido durante la noche se paso que pillo… jajajjaja nos leemos pronto jane…./*Alice Reeds09… sinceramente no te había reconosido ¡SI TU ERAS UNA DE LAS PRIMERAS PERSONAS QUE ME SIGUIERON DESDE EL COMIENZO CON ESTA HISTORIA! Dije… ya te había perdido jajajaja donde estaras…. Me alegro que hayas comentado gracias! Pero si aun no lo tiene por que mejor no te lo descargas y sinceramente me da risa tu sufriendo por el 2do cuando en toooooooooooda la red los fanáticos nos morimos por el 3er y ultimo libro T.T rogamos que ya lo traduzcan buaaaaaa pero seguimos esperando…. Y en cuanto a los adelantos no se si poner adelantos de shao y sak que vendrían a ser gwen y giddeon o simplemente mas misterio del conde y esas otras cosas asi que se que la mayoría espera una escena sxs no? Poer eso buesco los mas picantes jajajajaa como los adelantos que están mas abajo siiii soy mala muajajajajjajaja teniendo razon shao solo buscaba una excusa jajajjajajajajaja que pillo LO AMO…. Y eso de adaptarlo bueno mi truco es releerlo todo de nuevo y cuidarme que no falle nada además con el Word apretó control b y busco reemplazar y lo único que sigo haciendo es pegar el nombre original y luego abajo poner el nombre que kiero y pongo reemplazar todos aunk parece fácil no lo es ya que el libro lo tengo en pdf y no puedo seleccionar todo ya que si lo hago me sale desordenado y tengo que releerlo de nuevo, es muy tedieso pero me encanta hacerlo y mas me encanta saber que lo estoy haciendo bien gracias! Por darme tu comentario gracias! Te espero en el ultimo cap sin contar con el epilogo no faltes!
Y bueno snif snif ya casi se termina… asi que les dejos por ser el ultimo cap tres adelantos! Hay va el primero….
"¡No! —Sacudió la cabeza y lanzó un gemido—. ¡Sakura! ¿Por qué las cosas son tan complicadas contigo en comparación con Meiling?
Se inclinó hacia delante, y vi en su mirada algo que nunca había visto antes.
—¡Ah! ¿De eso hablaban hoy en el patio de la escuela? —pregunté ofendida.
—¿Celosa? —preguntó rápidamente con una amplia sonrisa."
Estas frito pescadito jajaja o como siempre dicen el pez muere por su propia boca jajajajajjajaa
"¡Estaba sentada con el señor Shaoran-antes-conocido-como-el-creído-insufrible en un confesionario en el penúltimo cambio de siglo flirteando descaradamente! ¡Dios mío! ¿Por qué Tomoyo no me había preparado un expediente lleno de indicaciones para el caso?
—Solo si tú también me confiesas tus pecados.
—Ya te gustaría…"
Ummm mucho suspenso? Jajaja ahí les va el ultimo….
"Tú no eres una chica vulgar, Sakura —susurró mientras empezaba a acariciarme el cabello—. Eres una chica totalmente fuera de lo corriente. No necesitas la magia del cuervo para ser especial para mí.
Su cara se acercó aún más. Cuando sus labios rozaron mi boca, tuve que cerrar los ojos…."
Ups no se pierdan el siguiente cap nos leemos pronto que ese cap si que va a estar muuuuy interesante "ya se acaba y ya empezamos con ZAFIRO" nos leemos pronto matta ne!
tsukisxs
