ola ola si se que me demore mucho en subir este cap luego les dejo las razones pero antes...trust malfoy dejame decirte algo... en todos los capitulos que he subido hasta ahora he aclarado que la historia no es mia sinceramente yo cuando subo uno de estos capitulos aclaro totalmente a quien pertenece esta historia ademas de que nunca he querido ni lo he hecho con algun lucro y sinceremante si hubiera querido adaptar como tu dices francamente para mi eso no es adaptar eso es hacer un fic de un libro mi fin no es copiar es llamar a mas gente por que se interese por este libro que digan valla me gusto mucho kiero saber mas para mi eso es adaptar si a ti no te gusta pues disculpame que te diga esto pues jo de te... ademas como tu dijiste no creo sikiera que estes leyendo esto ademas no me voy a sikiera preocupar ya k yo no estoy haciendo algo ilegal, mi fin es hacer esto sin fines lucrativos y como te dije si no te gusta pues adios my firiend
No me pertenecen ni la historia ni los personajes yop solo los adaptos para el deleite de ustedes de fans para fans….
"Para la persona más importante en la vida de cualquier escritor …Tú, el lector."
el lado oscuro de la luna… dark hunter...
Capítulo XV
Una calesa de los Vigilantes nos llevó de Temple a Belgravia siguiendo la orilla del Támesis, y esta vez pude reconocer en el exterior muchas cosas del Londres que conocía. El sol iluminaba el Big Ben y la catedral de Westminster, y, para mi gran alegría, por las anchas avenidas paseaban personas con sombreros, sombrillas y vestidos claros como el mío, los parques brillaban con el verdor de la primavera y las calles estaban bien pavimentadas y sin pizca de lodo.
—¡Es como el escenario de un musical!—exclamé—. Yo también quiero tener una sombrilla como esas.
—Hemos ido a parar a un buen día—repuso Shaoran—. Y a un buen año.
Mi compañero de viaje había dejado su sombrero de copa en el sótano, y, como yo hubiera hecho lo mismo en su lugar, no malgasté ni una palabra en comentarlo.
—¿Por qué no esperamos sencillamente a Kaho en Temple, cuando venga a elapsar? —le pregunté.
Ya lo he intentado dos veces, pero no ha sido fácil convencer a los Vigilantes de mis buenas intenciones, a pesar de la contraseña y el anillo y todo el resto Siempre es difícil prever las reacciones de los Vigilantes del pasado. En la duda, tienden a ponerse del lado de los viajeros del tiempo que conocen y deben proteger, en lugar del de un visitante del futuro al que apenas conocen o no conocen en absoluto, tal como hicieron la noche pasada y esta mañana. Tal vez tengamos más éxito si la visitamos en su casa. En todo caso, tendremos más posibilidades de sorprenderle.
—Pero ¿no podría ser que estuviera vigilada día y noche por alguien que esté esperando a que aparezcamos? De hecho, ella cuenta con eso desde hace muchos años, ¿no?
—En los Anales de los Vigilantes no se habla para nada de una protección personal adicional. Solo del novicio de rigor que mantiene vigilada la casa de cada viajero del tiempo.
—El hombre de negro —exclamé—. En nuestra casa también hay uno.
—Y por lo que se ve, no demasiado discreto —dijo Shaoran, sonriendo.
—No, en absoluto. Mi hermana pequeña dice que es un mago. —Aquello me hizo pensar en que no le había preguntado a Shaoran por su familia—. ¿Tú también tienes hermanos?
—Un hermano pequeño —contestó—. Bueno, ya no es tan pequeño. Tiene diecisiete años.
—¿Y tú?
—Diecinueve —repuso Shaoran—. En fin, casi.
—Si ya no vas a la escuela, ¿qué haces aparte de viajar por el pasado? Y tocar el violín, Y toda esa clase de cosas.
—Oficialmente estoy matriculado en la Universidad de Londres —dijo—, pero creo que este trimestre voy a tener que dejarlo.
—¿En qué facultad?
—Eres bastante curiosa, ¿no?
—Me limito a dar un poco de—repuse (había sacado la frase de James)—. Vamos, dime. ¿Qué estudias?
—Medicina.
Había sonado un poco cortado.
Reprimí un «¡oh!» de sorpresa y volví a mirar por la ventana.
Medicina...Interesante, sí, muy interesante.
—¿Ese que estaba hoy en el instituto es tu novio?
—¿Qué? ¿De quién hablas?
Le miré perpleja.
—El tipo que tenías detrás, el que te apoyaba la mano en el hombro.
Lo había dicho como de pasada, casi con desinterés.
—¿Te refieres a Hiro Taketo? Pero ¿qué dices?
—Si no es tu novio, ¿cómo es que te puede tocar?
—Es que no puede, para ser sincera, no me fijé en que lo hiciera.
Y no me había fijado porque estaba demasiado ocupada mirando cómo Shaoran intercambiaba arrumacos con Meiling. Al recordarlo, se me encendieron las mejillas. El la había besado. O casi.
—¿Cómo es que te has sonrojado? ¿Es por ese Hiro takata?
—Taketo —le corregí.
—Lo que sea. Tenía aspecto de idiota.
Me eché a reír.
—No es solo el aspecto —dije— Y, además, besa horriblemente.
—Tampoco quería saber tanto.—Shaoran se agachó, se ató los cordones de loszapatos, y después de incorporarse, cruzó los brazos sobre el pecho y miró por la ventana—. ¡Mira, esto ya es Belgrave Road! ¿Estás emocionada por ver a tu tatarabuela?
—Sí, muchísimo.
Enseguida me olvide de lo que habíamos hablado. Qué extraño era todo aquello.
Mi tatarabuela, a la que estaba a punto de visitar, era un poco más joven que mi madre.
Por lo visto, se había casado bien, porque la casa de Eaton Place ante la que se detuvo la calesa era una imponente mansión señorial. Y el mayordomo que nos abrió la puerta también lo era. Era aún más señorial que Señor Bernhard. ¡Incluso llevaba guantes blancos!
El hombre nos miró con desconfianza cuando Shaoran le tendió una tarjeta y le anunció que éramos una visita sorpresa para el té y que estaba seguro de que su vieja amiga, Señora Misuki, se alegraría mucho de saber que Sakura Kinomoto había venido a visitarla.
—Me parece que no te encuentra bastante refinado sin sombrero ni patillas observé cuando el mayordomo se marchó con la tarjeta.
—Y sin bigote —señaló Shaoran—. Señor Misuki tiene uno que le va de oreja a oreja. ¿Ves? Ahí delante hay un retrato suyo.
—Madre mía.
Mi tatarabuela tenía un gusto francamente extravagante en materia de hombres.
Su marido tenía el tipo de bigote que hay que fijar con rulos por la noche
—¿Y si sencillamente manda al mayordomo a decirnos que no está en casa? —pregunté—. Tal vez no tenga ganas de volver a verte tan pronto.
—Está bien eso de tan ella, hace dieciocho años de mi última visita ¿Tanto ya?
En la escalera había aparecido una mujer alta y delgada, con el cabello pelirrojo recogido en un peinado bastante parecido al mío. Me recordaba a lady Ieran, pero treinta años más joven. Vi, sorprendida, que su forma de caminar también era calcada a la de mi abuela.
Cuando la mujer se detuvo frente a mí, las dos permanecimos calladas, totalmente concentradas en nuestra contemplación mutua. También pude reconocer algo de mi madre en mi tatarabuela. Y no sé qué o a quién vio Señora Misuki en mí, pero el hecho es que asintió y sonrió como sí le complaciera mi aspecto.
Shaoran esperó un momento antes de decir:
—Señora Misuki, tengo la misma petición que hacerle que hace dieciocho años.
Necesitamos un poco de su sangre.
—Y yo sigo diciendo lo mismo que hace dieciocho años. No tendrás mi sangre. —Se volvió hacía mí—. Pero puedo ofrecerles un té. Aunque aún es un poco pronto para eso. Ante una taza de té se conversa mejor.
—En ese caso estaremos encantados de tomar una tacita —repuso Shaoran galantemente.
Seguimos a mi tatarabuela escaleras arriba hasta una habitación que daba a la a la ventana había una mesita redonda servida para tres personas, con platos, tazas, cubiertos, pan, mantequilla, mermelada, y en el centro una bandeja con unos finísimos sándwiches de pepino y scones.
—Casi se diría que nos estaba esperando—dije mientras Shaoran examinaba con detenimiento la habitación.
Señora Misuki sonrió de nuevo.
—Sí, ¿verdad? Realmente lo parece, pero, de hecho, espero a otros invitados, tomen asiento, por favor.
—No, gracias, dadas las circunstancias preferimos seguir de pie —repuso Shaoran, que de pronto se había puesto muy tenso—. Tampoco queremos molestarla mucho rato. Solo queríamos obtener un par de respuestas.
—¿Y cuáles son las preguntas?
—¿De qué conoce mi nombre? —pregunté—, ¿Quién le ha hablado de mí?
—Tuve una visita del futuro.—Su sonrisa se hizo más amplia—.Me pasa a menudo.
—Señora Misuki, la última vez ya traté de explicarle que esa visita le proporcionó datos totalmente falsos —aclaró Shaoran—. Comete un grave error al confiar en las personas equivocadas.
—Yo también se lo digo siempre —dijo una voz de hombre. En la puerta había aparecido un joven que se acercó con paso indolente—. Kaho, digo siempre, cometes un grave error al confiar en las personas equivocadas. Oh, esto tiene un aspecto delicioso. ¿Son para nosotros?
Shaoran, que al verle había cogido aire bruscamente, tendió el brazo hacia mí y me
sujetó por la muñeca. —¡No des ni un paso más!—resopló.
El otro hombre levanto una ceja.
—Solo voy a coger un sándwich, si no tienes inconveniente.
—Sírvete tranquilamente.
Mientras mi tatarabuela abandonaba la habitación, el mayordomo se plantó en el umbral de la puerta, A pesar de los guantes blancos, en ese momento parecía el portero de un club de mala fama
Shaoran maldijo en voz baja.
—No deben preocuparse por Millhouse—afirmo el joven—. Aunque dicen que una vez le partió la nuca a un hombre por descuido, ¿No es cierto, Millhouse?
Le miré fijamente. No podía hacer otra cosa. Tenía los mismos ojos que Fujitaka de Villiers, amarillos como el ámbar. Como un lobo.
—¡Sakura Kinomoto!
Al sonreír, aún se parecía más a Fujitaka de Villiers, solo que era al menos veinte años más joven y sus cortos cabellos eran del color del azabache. Su mirada me daba miedo: era afable, pero en ella había algo que no podía acabar de definir.¿Tal vez rabia o dolor?
—Es un placer para mí conocerte
Su voz había enronquecido por un instante. Me tendió la mano, pero Shaoran me sujeto con los brazos atrayéndome hacia él.
—¡No la toques!
De nuevo arqueó las cejas.
—¿De qué tienes miedo, muchacho?
—¡Sé muy bien que quieres de ella!
Podía sentir los latidos del corazón de Shaoran en mi espalda.
—¿Sangre? —El hombre cogió uno de los minúsculos y finísimos sándwiches y se
lo echó a la boca. Luego nos enseñó las palmas de las manos y dijo—: Ninguna jeringa, ningún escalpelo, ¿Lo ves? Y ahora deja a la muchacha, la estás aplastando.
—De nuevo esa curiosa mirada que me apuntaba—. Mi nombre es Hien, Hien de Villiers.
—Ya lo imaginaba —repuse—. Usted es el hombre que indujo a mi prima Nadeshiko a robar el cronógrafo ¿Por qué lo hizo?
Hien de Villiers hizo una mueca.
—Encuentro raro que me trates de usted.
—Y yo encuentro raro que me conozca.
—Deja de hablar con él —me advirtió Shaoran.
Mientras tanto su abrazo se había aflojado un poco, y ahora solo me mantenía apretada contra él con un brazo mientras con el otro abría una puerca lateral que tenía detrás para echar un vistazo a la habitación contigua. Otro hombre enguantado se había plantado ante ella.
—Este es Frank —dijo Hien— Y como no es tan grande y fuerte como Millhouse, lleva una pistola, ¿ves?
—Sí —gruñó Shaoran, y volvió a cerrar la puerta.
Shaoran no se había equivocado. Efectivamente habíamos caído en una trampa.
Pero ¿cómo era posible? Kaho Misuki no podía haber servido la mesa para nosotros y colocado a un hombre con una pistola en la habitación contigua cada uno de los días de su vida.—¿Cómo sabía que estaríamos aquí hoy?—pregunté a Hien.
—Bueno... Si te dijera que no lo sabía en absoluto, que solo pasaba casualmente por aquí, seguro que no me creerías, ¿o si?—Pescó un sconede la mesa y se dejó caer en una silla—. ¿Cómo están tus queridos, padres?
—¡Cierra la boca! —susurró Shaoran,
—¡Vamos, supongo que podré preguntarle cómo están sus padres, no!
—Bien —repuse—. Al menos mamá. Mi padre murió.
Hien parecía horrorizado.
—¿Muerto? ¡Pero si Shinji tenía una salud de hierro, estaba fuerte como un roble!
—Tenía leucemia —dije—. Murió cuando yo tenía siete años.
—Oh Dios mío. Lo siento muchísimo.—Hien me dirigió una mirada triste y seria—. Seguro que fue espantoso para ti tener que crecer sin un padre.
—Deja de hablar con él —volvió a decir Shaoran—. Solo trata de retenernos hasta que llame refuerzos.
—¿Sigues creyendo que voy tras su sangre?
Los ojos amarillos tenían un brillo peligroso.
—En efecto —repuso Shaoran.
—¿Y crees que Milihouse, Frank, yo y la pistola no nos bastaríamos para controlarle? —preguntó Hien sarcásticamente
—En efecto —volvió a decir Shaoran.
—Oh, claro, estoy seguro de que mi querido hermano y los otros Vigilantes se habrán encargado de convertirte en una maquina de combate —se burló Hien—. Al fin y al cabo eras tú quien tenía que sacarlos del atolladero. O, mejor dicho, al cronógrafo. Nosotros teníamos que aprender un poco de esgrima y el obligatorio violín por simple tradición, pero apuesto a que tu también has aprendido taekwondo y todo ese género de cosas. Supongo que es imprescindible cuando uno tiene que viajar al pasado para sacarle sangre a la gente
—Hasta ahora esas personas han entregado su sangre voluntariamente.
—¡Solo porque no sabían adonde conduciría eso!
—¡No! ¡Porque no querían destruir aquello por lo que los Vigilantes han investigado, han trabajado y han velado durante siglos!
—¡Blablabla! También nosotros hemos tenido que soportar a lo largo de nuestras vidas esta patética cháchara, pero nosotros conocemos la verdad sobre las intenciones del conde de Saint Germain.
—¿Y cuál es la verdad? —solté instintivamente. En la escalera se oyeron pasos.—
Ya llegan los refuerzos — anunció Hien sin volverse.
—La verdad es que miente más que habla—repuso Shaoran. El mayordomo se hizo a un lado para dejar entrar en la habitación a una esbelta muchacha pelirroja, un poco mayor para ser la hija de Señora Misuki.
—No me lo puedo creer — exclamó la joven mirándome como si nunca hubiera visto antes nada tan raro.
—¡Puedes creerlo, princesa! —repuso Hien en un tono tierno y un poco preocupado.
La joven permanecía clavada en la puerta, como petrificada.
—Tú eres Nadeshiko —dije. El parecido familiar era más que evidente.
—Sakura —suspiró Nadeshiko.
—Sí, esta es Sakura — dijo Hien—. Y el tipo que la mantiene agarrada como si fuera su osito de peluche preferido es mi sobrino primo o como se llame eso. Por desgracia, lo único que quiere es marcharse
—¡No, por favor! —suplicó Nadeshiko—. Tenemos que hablar con ustedes.
—En otra ocasión —cortó Shaoran secamente—. Tal vez en algún momento en que no estemos rodeados de extraños.
—¡Es importante! —exclamó Nadeshiko.
Shaoran rió.
—¡Sí, estoy seguro!
—Puedes irte sí quieres, chico—afirmó Hien—. Millhouse te acompañará hasta la puerta. Pero Sakura se quedará un poco más. Tengo la sensación de que es más fácil hablar con ella. Aún no ha pasado por todo ese lavado de cerebro... ¡Oh, mierda!
La maldición iba dirigida a la pequeña pistola negra que había aparecido como por ensalmo en la mano de Shaoran, que la giró muy despacio para apuntar a Nadeshiko.
—Ahora Sakura y yo abandonaremos la casa tranquilamente — anunció—, Nadeshiko nos acompañará hasta la puerta.
—Eres un cerdo —susurró Hien, que se había levantado bruscamente. Su mirada se paseaba indecisa entre Millhouse, Nadeshiko y nosotros dos.
—Vuelve a sentarte —ordenó Shaoran—. Su voz era helada, pero yo podía sentir cómo se le había acelerado el pulso. Mientras con la mano libre seguía manteniéndome firmemente apretada contra él, añadió dirigiéndose a Millhouse—
: Y usted, siéntese, por favor. Aún quedan un montón de sándwiches.
Hien volvió a sentarse y miró hacia la puerta lateral.—Una palabra a Fujitaka y disparo —advirtió Shaoran. Aunque Nadeshiko le miraba con los ojos abiertos de par en par, no parecía tener ningún miedo. Al contrario que Hien, que realmente parecía creer que Shaoran hablaba en serio.
—Haz lo que dice —le dijo a Millhouse, y el mayordomo abandonó su puesto en el umbral y se sentó a la mesa lanzándonos miradas furiosas.
—Ya le has visto, ¿verdad?—Nadeshiko miró a Shaoran directamente a los ojos—. Ya te has encontrado con el conde de Saint Germain.
—Tres veces —repuso Shaoran—. Y él sabe muy bien lo que se proponen. Media vuelta, —Colocó el cañón de la pistola directamente contra la nuca de Nadeshiko—. ¡Adelante!
—Princesa…
—No pasa nada, Hien.
—Le han dado una maldita automática Smith and Wesson. Pensaba que eso iba contra las doce reglas de oro.
—En la calle la dejaremos ir —afirmó Shaoran—. Pero si antes se mueve alguien aquí arriba, dispararé. Ven, Sakura. Tendrán que intentarlo otra vez sí quieren conseguir tu sangre.
Dudé un momento.
—Tal vez es verdad que solo quieren hablar —murmuré. Me interesaba terriblemente saber lo que Nadeshiko y Hien tenían que decir. Pero, por otro lado, si realmente eran tan inofensivos, ¿por qué habían apostado a estos guardias de corps en la habitación? Y con armas. De nuevo me vinieron a la memoria los hombres del parque.
—Puedes estar segura de que no solo quieren hablar —repuso Shaoran.
—Es inútil —señaló Hien—. Le han lavado el cerebro.
—Es el conde —dijo Nadeshiko—.Puede ser muy convincente, como sabes.
—¡Volveremos a vernos! —saludó Shaoran. Entretanto ya habíamos llegado al rellano.
—¿Debo tomarlo como una amenaza?—exclamó Hien—. ¡Nos veremos, sí, puedes contar con ello!
Shaoran mantuvo la pistola apuntada contra la nuca de Nadeshiko hasta que llegamos a la puerta de la casa.
Yo esperaba que en cualquier momento el hombre al que llamaban Fujitaka saliera disparado de la otra habitación, pero no apareció nadie. Y tampoco mi tatarabuela se veía por ningún sitio.
—No deben permitir que el Círculo se cierre —balbució Nadeshiko nerviosamente—. Y no deben volver a visitar nunca al conde en el pasado, ¡sobre todo, Sakura no debe encontrarse con él!
—¡No les escuches!
Shaoran se vio obligado a soltarme mientras apuntaba a Nadeshiko con la pistola con una mano y con la otra abría la puerta para mirar a la calle. Desde arriba llegaba un murmullo de voces. Miré angustiada hacia la escalera. Allí arriba había tres hombres y una pistola, y allí arriba debían quedarse.
—Ya lo he visto —respondí a Nadeshiko—. Ayer.
—¡Oh, no! —La cara de Nadeshiko se puso un poco más pálida aún —. ¿Él conoce tu magia?
—¿Qué magia?
—La magia del cuervo —respondió Nadeshiko.
—La magia del cuervo es solo un mito.
Shaoran me cogió del brazo y me arrastró escalones abajo hacia la calle. No había ni rastro de nuestro coche.
—¡Eso no es cierto! Y el conde también lo sabe.
Aunque Shaoran seguía apuntando a la cabeza de Nadeshiko, ahora su mirada se dirigía a las ventanas del primer piso. Seguramente allí estaba el tal Fujitaka con su pistola. Pero de momento aún nos encontrábamos bajo la protección del saledizo. Espera—le dije a Shaoran.
Miré a Nadeshiko, En sus grandes ojos azules había lágrimas, y por alguna razón me resultó difícil no creerla.
—¿Por qué estás tan seguro de que no dicen la verdad, Shaoran? —pregunté en voz baja.
Me miró un momento irritado antes de pestañear de incredulidad.
—Estoy totalmente seguro de que mienten—dijo en un susurro.
—Pues no suena como si lo estuvieras —replicó Nadeshiko con un tono de dulzura en su voz—. Puedes confiar en nosotros.
¿Realmente podíamos hacerlo? ¿Cómo habían podido entonces realizar lo imposible y esperar allí nuestra llegada? Vi la sombra por el rabillo del ojo. —¡Cuidado! —grité al distinguir a Millhouse, que ya estaba muy cerca
Shaoran giró sobre sí mismo en el último momento, cuando el mayordomo ya se disponía a dar el golpe de gracia.
—¡Millhouse, no!
Era la voz de Hien desde la escalera.
—¡Corre! —gritó Shaoran, y en una tracción de segundo tomé mi propia decisión.
Salí corriendo tan rápido como me lo permitieron los botines. A cada paso que daba temía oír el sonido de un disparo.
—Habla con tu abuelo —gritó Nadeshiko a mi espalda—. ¡Pregúntale por el Caballero Verde!
Shaoran no me alcanzó hasta la siguiente esquina.
—Gracias —susurró jadeando, y volvió a guardarse la pistola—. Si la hubiera perdido, nos hubiéramos visto en un apuro. Sigamos por aquí.
Miré a mi alrededor.
—¿Nos persiguen?
—No lo creo—repuso Shaoran—. Pero, por si acaso, será mejor que corramos.
—¿De dónde ha salido el tal Millhouse tan de repente? Todo, el rato he estado vigilando la escalera.
—Seguramente hay otra escalera en la casa. No había pensado en esa posibilidad.
—¿Y dónde se ha metido el Vigilante con la calesa? Se suponía que tenía que esperarnos.
—¡Qué sé yo!
Shaoran estaba sin aliento. La gente que caminaba por la acera y nos miraba extrañada al vernos pasar corriendo, pero ya me había acostumbrado.
—¿Quién es el Caballero Verde?
—No tengo ni idea —contestó Shaoran.
Empezaba a tener flato. No podría aguantar este ritmo mucho tiempo más. Shaoran dobló por una estrecha calle lateral y finalmente se detuvo ante el portal de una iglesia.
«Holy Trinity», leí en un cartel.
—¿A qué hemos venido aquí? —dije jadeando.
—A confesarnos —respondió Shaoran.
Miró a su alrededor antes de abrir la pesada puerta, y luego me empujó al interior en penumbra y volvió a cerrar detrás de nosotros.
A nuestro alrededor todo era paz, olor a incienso y la solemne sensación de recogimiento que te envuelve en cuanto cruzas el umbral de una iglesia.
Era una bonita iglesia, con ventanas con vidrieras de colores, paredes de arenisca claras y soportes en los que titilaban las llamas de las velitas que representaban una oración o un buen deseo.
Shaoran me guió por la nave lateral hasta un viejo confesionario, corrió la cortina a un lado y señaló el interior de la pequeña cabina.
—¿No lo dirás en serio? —susurré.
—Pues sí. Yo me sentaré en el otro lado y esperaremos hasta que volvamos a saltar.
Perpleja, me dejé caer en el asiento, y Shaoran cerró la cortina ante mis narices. Un instante después se abrió la ventanilla enrejada que daba al asiento vecino.
—¿Estas cómoda?
Poco a poco había ido recuperando la respiración y mis ojos se habían habituado a la penumbra. Shaoran me miraba desde el otro lado con seriedad afectada.
—Y ahora, hermana, agradezcamos al Señor la protección que nos ofrece en su casa.
Le miré fijamente. ¿Cómo podía estar tan relajado, casi eufórico, cuando hacía solo un instante había estado sometido a una gran tensión? ¡Por Dios, había apuntado a la cabeza de mi prima con una pistola! Era imposible que aquello le hubiera dejado impasible.
—¿Cómo puedes bromear después de lo que ha pasado?
De pronto adoptó un aire cohibido, y se encogió de hombros. —¿Se te ocurre algo mejor?
—¡Sí! ¡Por ejemplo podríamos tratar de analizar lo que acaba de pasar! ¿Por qué dicen Nadeshiko y Hien que alguien te ha lavado el cerebro?
—¿Y cómo quieres que lo sepa? —Se pasó la mano por los cabellos, y vi que le temblaba un poco. No estaba tan tranquilo como aparentaba—. Quieren hacerte dudar. Y a mí también.
—Nadeshiko ha dicho que debo preguntarle a mi abuelo. Seguramente no sabe que ha muerto. —Pensé en los ojos llenos de lágrimas de Nadeshiko—. Pobre. Para ella debe de ser terrible no poder volver a ver nunca a su familia en el futuro.
Shaoran no dijo nada. Durante un rato permanecimos en silencio. A través de una rendija de la cortina mire hacia el presbiterio. Una gárgola pequeña tal vez me llegara a la rodilla—, con orejas puntiagudas y una cómica cola de lagartija, salió dando un brinco de la sombra de una columna y miró hacia nosotros.
Rápidamente apañé la mirada. Si se daba cuenta de que podía verla, seguro que vendría a darme la lata. Sabía por propia experiencia que los fantasmas gárgola pueden ponerse muy pesados.
—¿ Estás seguro de que te puedes fiar del conde de Saint Germaín? —pregunté mientras la gárgola se acercaba dando saltitos.
Shaoran cogió aire.
—Es un genio. Ha descubierto cosas que ningún hombre antes que él... Sí, confío en el conde. Piensen lo que piensen Nadeshiko y Hien , están equivocados. —Suspiró—.En todo caso, hasta hace poco estaba totalmente seguro, cuando todo parecía tan lógico...
Por lo visto, la pequeña gárgola nos encontraba aburridos, porque trepó por una columna y desapareció en la tribuna del órgano.
—¿Y ahora ya no te lo parece?
—¡Solo sé que antes de que aparecieras tú lo tenía todo controlado! Repuso Shaoran.
—¿No estarás haciéndome responsable de que por primera vez en tu vida no todos bailen al son que tú tocas?
Levanté las cejas exactamente como habíavisto que él lo hacía. ¡Era una sensaciónfantástica! Estuve a punto de sonreír, tan orgullosa mesentía de mí misma.
—¡No! —Sacudió la cabeza y lanzó un gemido—. ¡Sakura! ¿Por qué las cosasson tan complicadas contigo en comparación con Meiling?
Se inclinó hacia delante, y vi en su mirada algo que nunca había visto antes.
—¡Ah! ¿De eso hablaban hoy en el patio de la escuela?—pregunté ofendida.
Acababa de ofrecerle laoportunidad perfecta para contraatacar. ¡Un error de principiante!
—¿Celosa? —preguntó rápidamente con una amplia sonrisa.
—¡En absoluto!
—Meiling siempre hacía lo que yo le decía. Tú no lo que resultabastante estresante. Pero, de algún modo, también muy divertido y tierno.
Esta vez no fue solo su mirada lo que medesconcertó. Con vergüenza, me apartéun mechón de cabellos de la cara. Con la carrera, mi estúpido peinado se había deshecho del todo; seguramente las horquillas habían dejado una pista desde Eaton Place hasta la puerta de la iglesia.
—¿Por qué no volvemos a Temple?
—A mí me parece que aquí se está muy bien. Si volvemos, se iniciará otra vez una de esas interminables discusiones. Y la verdad, de vez en cuando no me viene mal dejar de recibir órdenes del tío Fujitaka durante un rato,
¡Bien, había vuelto a recuperarla iniciativa!
—No es una sensación muy agradable, ¿verdad?—le pregunté.
Sacudió la cabeza.
—No. Realmente, no.
Fuera, en la nave de la iglesia, se oyó un ruido que me hizo pegar un brinco. Volví a echar un vistazo a través de la cortina: era una ancianaque encendía una vela ante un cepillo.
—¿Y qué pasará si saltamos ahora mismo? No quiero aterrizar en el regazo de... un niño que va a hacer la primera comunión, por ejemplo... Además, no creo que el cura se mostrara muyentusiasmado al verme.
—No te preocupes. —Shaoran rió bajito—. En nuestra época este confesionarionunca está ocupado. Podría decirse queestá reservado para nosotros. El padre Jakobs lo llama «el ascensor al submundo». Naturalmente, es miembro de losVigilantes.
—¿Cuánto falta aún para nuestro salto?
Shaoran miró el reloj.
—Todavía nos queda tiempo.
—Entonces deberíamos emplearlo en algo útil —Solté una risita—. ¿No querrías confesar tus pecados, hijo mío?
Sencillamente me había salido así, sin pensarlo, y en ese instante comprendí finalmente qué estaba pasando allí.
¡Estaba sentada con Señor Shaoran-antes-conocido-como-el-creído-insufrible en un confesionario en el penúltimo cambio de siglo flirteando descaradamente! ¡Dios mío! ¿Por qué Leslie no me había preparado un expedientelleno de indicacionespara el caso?
—Solo si tú también me confiesas tus pecados.
—Ya te gustaría, —Me apresuré a cambiar de tema. Definitivamente me encontraba en terreno resbaladizo—. La verdad es que tenías razón con lo de latrampa. Pero ¿cómo podíansaber Nadeshiko y Hien que estañamos allí precisamente hoy?
—No tengo ni la más remota idea—repuso Shaoran, y de pronto se inclinó tantohacia mí que nuestras nances quedaron a unos centímetros. En la penumbra sus ojos se veían muy oscuros—. Pero tal vez tú sí lo sepas.
Parpadeé irritada (doblemente irritada: primero por la pregunta, pero más aún por nuestra repentina proximidad)
—¿Yo?
— Podrías ser la persona que reveló a Nadeshiko y a Hien nuestra cita.
—¿Qué? —Prefiero no imaginar la cara de boba que debía de poner en ese momento—. ¡Que tontería! ¿Y cuándo se supone que lo habría hecho? Ni siquiera sé dónde se encuentra el cronógrafo. Y, de todos modos, nunca permitiría que…—Me detuve antes de que se me volviera a ir la lengua.
—Sakura, no tienes ni idea de todolo que harás en el futuro.
Tardé un poco en asimilar sus palabras antes de decir:
—Igualmente podrías haber sido tú por la misma razón.
—También es cierto. —Shaoran se retiró otra vez a su lado del confesionario y en la penumbra vi brillar sus dientes alsonreír—. Creo que las cosas se pondránemocionantes para nosotros dos próximamente.
La frase provocó un cálido cosquilleo en mi estómago. Supongo que la perspectiva de vivir nuevas aventuras tendría que haberme angustiado, pero en realidad en ese instante me embargó unaincontenible sensación de felicidad.
Sí, aquello prometía ponerse emocionante.
Callamos durante un momento, y luego Shaoran dijo:
—Hace poco, en el coche, hablábamos sobre la magia del cuervo, ¿lo recuerdas?
Recordaba cada palabra.
—Has dicho que no podía tener esa magia porque no era más que una chica vulgar y corriente, una chica como tantas otras que has conocido, de esas que siempre tienen que ir juntas al lavabo y se burlan de Lisa, y que...
Una mano se posó sobre mis labios.
—Sé lo que he dicho. —Shaoran se había inclinado hacía mi desde su lado de la cabina—. Y lo siento.
¿Qué? Me sentí como fulminada por un rayo, incapaz de moverme y ni siquiera de respirar. Sus dedos palparon delicadamente mis labios me acariciaron la barbilla y subieron por mis mejillas hasta las sienes.
—Tú no eres una chica vulgar, Sakura—susurró mientras empezaba a acariciarme el cabello—. Eres una chica totalmente fuera de lo corriente. No necesitas la magia del cuervo para ser especial para mí.
Su cara se acercó aún más. Cuando sus labios rozaron mi boca, tuve que cerrar los ojos.
«Muy bien. Ahora voy a desmayarme», pensé.
De los Anales de los Vigilantes
24 de junio de 1912
Día soleado, veintitrés grados a la sombra.
Señora Misuki aparece puntualmente a las nueve
Para elapsar.
La circulación en la City se ha complicado debido a una marcha
de protesta de un grupo de féminas enloquecidas que exigen el
derecho de voto para las mujeres. Antes fundaremos colonias
en la Luna que ver algo así.
Por lo demás, ningún otro suceso digno de reseñar.
Informe: Frank Mine, Círculo Interior.
Olaaa chicocas que tal como estuvieron despues de mucho una de las razones la cual no subi esta historia no es por el temor de aquel chico escribio naaa para nada quise subirla lo mas pronto posible pero a mi compu como siempre le entro virus T.T -.- y bueno no podia abrir ningun archivo en pdf -.- luego le pusieron antivirus pero me tuve k comprar nuevo sistemas operativo mas nuevo ekipo y muchas cosas mas T.T y bueno tuve que ir instalando las cosas poco por poco T.T y bueno me doy un tiempito ahora ya k luego no podre muy seguido puesto k estoy con mi curso de tesis ...para la persona que me mando el mensaje privado no es que le ponga mucha atencion como ya mencione las causas por la cual no pude actualizar y como aclare ya antes arriba no he plageado ni he hecho nada ilegal asi que yo estoy trankila conmigo misma y bueno despues de decirle lo que pensaba si aparece de nuevo eliminare su comentario y lo ignorare ademas no creo que quiera aparecerse por aqui total el mismo lo dijo no? que le parecia horrible y todo eso asi que *me encojo d ehombros* continuare adaptandolo por que sinceramente he visto a personas que adaptan mucho peor que yo ;) jejejejeje y bueno tengo que agradecer a darkami95 gracias por tu review me gusto mucho y bienvenida espero leerte pronto y me encanta que te haya gustado a mi tambien me gusto mucho el libro y espero que te haya gustado y bueno espero que les haya gustado a todos ustedes este capitulo este miercoles subo el epilogo y para el otro sabado estoy empezando con zafiro agarrance fans de eriol por que el ya aparece jojooojojoj no leemos pronto matta ne ;)
tsukisxs
