Pairing: Riren [Rivaille x Eren]
Warning: Yaoi [BxB], AU, posiblemente un poco OoC.
Disclaimer: Shingeki No Kyojin le pertenece a Wit Studio
N.A: ¿He tardado mucho en actualizar? Sí es así, lo siento mucho. ; u ; Estoy cargada de tarea del colegio y realmente no tengo casi tiempo. ; v ; Hago lo que puedo. (?) Bueno,espero que le guste el capítulo, es un poco más largo de lo normal para compensar. (?)
Para cuando sus ojos se abrieron, apenas entraban unos rayos de luz en la habitación, lo que le dio a entender que era sobradamente temprano y que podía levantarse un poco más tarde, aún así, no vio interés en esta segunda opción y comenzó a desperezarse mientras cogía sus cosas.
A pesar de las comunes creencias que los humanos tenían de que los vampiros dormían el día entero, dudaba de que siquiera necesitasen una hora para ello, pues no se cansaban en absoluto, aquellos que dormían más lo hacían por simple gusto, no era para nada necesario, una pérdida de tiempo, para él.
Cuando estuvo listo, abrió la puerta de su cuarto para bajar a tomar algo en el salón, cuál fue su disgusto al ver que los vampiros que habían salido en la noche, tratando de cazar a los jóvenes que salían de fiesta a esas horas, habían llenado de basura la casa, que molesto. No solo sangre, ropa rasgada o copas rotas, hasta los propios cuerpos sin vida de las desafortunadas víctimas descansaban en un sueño eterno sobre las escaleras, que desagradable.
-Tú. –Escupió Levi a una de las jóvenes vampiras que subía aún a su habitación.
-¿S-Sí? –La chica se sintió la más desafortunada del mundo en ese momento, sabía de sobra que el hecho de que Levi te llamase ya era de por sí para tener miedo, pero que lo haga cuando hay algo sucio, era sinónimo de dolor.
-¿Quién es el responsable de este apocalipsis de la suciedad?
-I-Irvin estaba a cargo de todo esta noche…
El moreno arqueó una ceja. ¿Irvin? Ese maldito rubio no solo se había dedicado a molestarlo el día anterior, si no que dejaba que los vampiros más jóvenes dejaran todo esa mierda por el suelo. ¿Tantas ganas tenía de que alguien acabara con su vida? Porque él lo haría con mucho gusto. Alguien que deje todo tan lleno de mierda no merece vivir.
-Está bien, vete.
Aquello bastó para que la chica se fuera a toda prisa, sabía que nadie allí le tenía cariño y que todos temían por su vida cuando él estaba rondando por ahí. Normal. Desde que había llegado, los rumores sobre su persona no habían parado de ir de un sitio a otro. Algunos le hacían parecer un chico traumado por la trágica muerte de todos sus amigos a manos de unos mercenarios, otros lo dejaban como un asesino a suelo buscado en todo el mundo. Sinceramente, le daba igual.
-¿Levi? Una chica acaba de llamar en mi habitación llorando, dijo que íbamos a morir todos… ¿Tienes algo que ver? –La voz de cierto rubio hizo que Levi se girara de inmediato, se había ahorrado tener que ir hasta su habitación.
-No, tú si tienes algo que ver. ¿Acaso te parece normal dejar todo esta mierda aquí? Vine aquí porque tú insististe, lo mínimo sería que cumplieras mis requisitos.
-Ah, eso, ya sabes, la juventud… Seguro que cuando eras joven también… –No pudo acabar, pues el moreno sujetaba ahora una copa rota, cuyo cristal quebrado y afilado serviría perfectamente para cortar. – Está bien, todo estará limpio para cuando llegues.
-Eso espero.
Después de eso el más bajo tan solo había ido al salón, había tomado algo de sangre de una de esas asquerosas reservas que tenía que usar mientras no se alimentaba de un humano y se fue camino al instituto, para su suerte, debido a la hora que era no sufrió ningún atasco que le pusiera aún de peor humor del que estaba, para cuando llegó pudo comprobar lo que venía esperando; obviamente era demasiado temprano y no había ningún alumno allí, así que decidió pasar el tiempo en la sala de profesores, mirando los horarios, o los expedientes de los alumnos.
De uno en concreto.
Eren Jaeger.
Descubrió que no solo para él, sino para todo el mundo, la vida de ese chico era un misterio. Su madre figuraba como fallecida, y al lado del nombre y número telefónico de su padre había una pequeña cruz que indicaba que de las veces que se le había llamado, nunca había contestado. Es como si estuviese solo en el mundo. Fue solo un segundo, un segundo de debilidad, en el que pensó que quizás ese niño era igual a él, que quizás era el castaño quién cubriría ese vacío que había sufrido durante tanto tiempo. Un segundo de debilidad en el que vio al chico como algo más que una presa.
Rápidamente negó aquellos pensamientos, levantándose con brusquedad mientras tiraba el expediente contra su mesa, Eren no era más que una presa, un niño iluso que pensaba que el mundo de las criaturas de la noche era agradable, y aún así…
Se masajeó la sien, no, no había manera. Esos ojos esmeraldas… Eso iba más allá de la curiosidad. ¿Cómo quitarse ese estorbo de la cabeza?
Solo había una manera, tendría que adelantar sus planes. Después de todo… No era tan malo. Desde que le vio, se preguntó de qué color podría ser su sangre, probarla un día antes o un día después no afectaría en nada. Además, el chico de verdad que tenía ganas de ver un vampiro, ¿no? Le estaba haciendo un favor, el favor de su vida.
-¿Profesor Levi?
-¿Eh? Sí…
-Ah, bueno… Soy la profesora Nanaba, creo que no hemos coincidido nunca, pero… Usted sabe, la clase que dio su primer día… Ya sabe, la de la chica que siempre lleva una bufanda roja, el rubio que tiene a un castaño siempre detrás como si alguien les hubiese pegado con super glue…
El moreno asintió con un levísimo movimiento de cabeza, esa mujer parecía no poder ir al grano.
-Verá… Yo hoy tengo una citación personal a la que sería la tercera hora… Y usted es el único profesor que está de guardia a esa hora… Como ya ha dado clase a esos alumnos… ¿N-No le importaría ocupar mi lugar? Sé que es muy repentino, pero también lo ha sido para mí el hecho de no poder asistir, por favor…
-No hay problema, no quiero que esto se convierta en el algo frecuente, pero no tengo ningún inconveniente en ocupar su lugar hoy.
La chica se despidió, no sin antes agradecerle al moreno de mil formas diferentes. Levi sabía que normalmente se habría negado total y absolutamente ayudar a alguien de esa manera, pero, obviamente, en ese momento había un motivo más importante. Se trataba de la clase de Eren, y suponiendo que hoy lo convertiría en su presa, tendría que trazar algún plan para que ellos estuviesen solos en algún momento, y esa clase era perfecta para conseguir algo como eso.
Por eso se concentró durante sus dos primeras clases en pensar un plan, era un buen estratega, siempre lo había sido, incluso en los peores momentos… La sirena que anunciaba el fin de la segunda aula le salvó de sumergir sus pensamientos en los recuerdos del pasado, haciendo que se levantara y avanzase hasta la clase a la que Eren asistía.
No fueron pocos los rostros de sorpresa –y miedo– que Levi vio cuando entró en la clase, la gente no podía quedarse callada y su castigo a Jaeger había recorrido cada rincón del instituto, no había nadie que no supiese que a pesar de ser nuevo, no se contenía. Y el hecho de que se presentara allí cuando supuestamente tenían clase con la profesora Nanaba, no podía presagiar nada bueno.
-Por sus caras sé que no esperaban que yo estuviese aquí, pero la profesora Nanaba se ha visto obligada a irse y yo ocuparé su lugar durante esta hora.
-P-Pero yo vi a la profesora Nanaba en la hora anterior por el pasillo. –Tartamudeo un chico moreno, con numerosas pecas, que parecía que había sido presionado por su compañero de pupitre para realizar tal afirmación.
-¿Realmente cree que yo me molestaría en venir aquí si no me lo hubiese pedido vuestra profesora? Ustedes son como cualquier otra clase y no hay nada aquí que me haga tener ganas de aguantarlos una hora extra, ¿Entienden ahora?
Todos asintieron con la cabeza y el silencio inundó el aula. Levi aprovechó para sentarse y observar toda el aula desde allí, la mayoría de los chicos habían cogido libros de otras materias para adelantar tarea, pero había alguien que no hacía eso. Cierto castaño estaba sumido en un libro cuyo título no podía leer, mientras que una morena trataba de mantener una conversación pero era ignorada una y otra vez. Típico de él, pensó. Pero ese gesto tan típico de él bien podía ser la oportunidad que buscaba para acercarse al chico, así que no lo dudo ni un momento y avanzó hacía el pupitre del chico, ganándose una mirada entre miedo y un muérete de la morena.
-Jaeger…
-Dios mío, ¿no puedes callarte? Déjame acabar esta página, no quiero dejarla a medias. ¿Es que nadie me entiende? –La cara de la asiática en ese momento fue de puro terror, Eren estaba firmando su sentencia de muerte. ¿Acaso no distinguía su voz de la de ese amargado?
Levi soltó un largo suspiro, estaba claro que eso no iba para él, las ganas de levantarlo por el cuello y exigirle respeto a ese niñato de mierda hicieron acto de presencia, pero se controló.
-Espero, por tu bien, Jaeger, que eso no fuera para mí.
-Claro que sí, Mikasa… Lo que tú digas, déjame acabar. –Y es que el castaño seguía con su vista fijada en el libro, sin enterarse de nada, y de que, por supuesto, no era Mikasa quién le estaba hablando.
La paciencia de Levi tenía un límite, y entre lo pasado en la mañana y esto, se había consumido rápidamente. No solo le trataba de esa manera tan grosera –y lo llamaba por el nombre de esa chica-, sino que ni se molestaba en dejar el libro un momento. En resumen, el problema era el libro. Y la solución era quitárselo, y claro que lo hizo.
-¡¿Pero qué te pasa?! ¡Yo no te molesto cuando estás haciendo al-!… –La voz del castaño enmudeció y su respiración cesó, igual que la de Mikasa y Armin, que habían observado la situación impotentes mientras Eren cavaba su tumba. – ¿P-Profesor L-Levi…?
-¿"Profesor Levi"? ¿Eso es lo único que tienes que decir, niñato de mierda? ¿No te ha llegado con el castigo de ayer que ya te buscas otro?
El castaño tragó saliva, claro que no quería ser castigado de nuevo, tan solo pensó que estaba hablando con Mikasa, eso era todo. Nunca le habría hablado a ningún profesor –y menos a Levi– porque sabía lo que eso podía traer como consecuencia. ¡Pero no era su culpa! ¿Quién se esperaría que el profesor más amargado existente en este planeta te eligiese a ti entre tantísima gente para hablarte mientras estás leyendo? Era la persona más desafortunada del mundo.
-¿Te ha comido la lengua un gato? Bueno, realmente no importa, tendrás tiempo de explicarme después de clase. – Y eso fue la última palabra que se dirigieron en el resto de hora, Eren estaba demasiado avergonzado, de alguna manera le molestaba de sobremanera haberle hablado así a Levi, y el moreno simplemente no tenía nada que hablar con el castaño, no cuando había gente alrededor –Mikasa, por ejemplo– dispuestos a interrumpirlos.
Durante el descanso, en cambio, Eren si tuvo que hablar, aunque, obviamente no con Levi.
-¡Increíble! ¿Quién se cree que es para castigarte dos días seguidos? ¡Nadie hace eso! –La asiática se había pasado los primeros 15 minutos del descanso criticando al profesor Levi y sus métodos, Armin se dedicaba a escucharla suspirando y Eren solo miraba al infinito.
-Siento tener que decirlo, Mikasa. Pero sabes que el profesor está en su derecho. Todos sabemos que Eren pensaba que te estaba hablando a ti, pero el hecho es que era el profesor Levi quién estaba recibiendo esas contestaciones. Lo mejor será que vaya al castigo y a partir de ahora preste más atención a las cosas. –El rubio, probablemente el más sensato de los tres, sabía que protestar al profesor solo empeoraría las cosas, así que simplemente se limitó a darle el consejo de siempre; seguir las normas.
-Está bien… –El castaño contestó sin ganas, para él no había discusión en el asunto, por mucho que Mikasa insistiera en ello.
-¿Lo ves? Eren ya se ha deprimido, ahora se pasará el día así. No lo entiendes, Armin, no lo entiendes. No siempre hay que cumplir las normas. A veces… –La asiática se llevó el dedo índice a la barbilla, como pensando, mientras ambos chicos temían que les sorprendiera con un plan macabro. – Podríamos encerrar al profesor en clase, con su altura no podrá salir por la ventana y así aprenderá la lección.
-¿Pretendes que nos expulsen a los tres? Sí Pixis se entera –que lo hará– nos mandará al mismísimo infierno, seremos el alimento de los tigres, como en la antigüedad. Quisiera sobrevivir un poco más, si no te importa.
-Mikasa, ya basta. –El castaño habló de nuevo, la morena se encogió levemente, nunca antes Eren la había hecho callar de esa manera, siempre había aceptado su ayuda y habían trazado peligrosos planes juntos de los que normalmente ella misma tenía que salvar al joven de ojos esmeraldas. – No quiero que os metáis en problemas por mí. Solo es un castigo, eso es todo…
-Pero…
-Basta, por favor.
La campana sonó y eso evitó más conversación, aunque no es como si alguien ahí tuviese ganas de hablar. Armin no quería meterse en problemas, así que había decidido mantenerse alejado durante el resto del día, Mikasa estaba lo suficientemente confundida como para quedarse pensando en lo que había pasado durante las demás clases, y Eren… Bueno, él simplemente se dedicó a pensar en unas disculpas, unas para la asiática –ya que no había sido muy educado su comportamiento con ella cuando solo le quería ayudar– y otras para el profesor Levi. Como no tenía tiempo para hablar con Mikasa, simplemente escribió un enorme "Lo siento, me he comportado como un idiota." En una nota y se lo metió en la maleta. Al moreno podía decírselo en persona, por eso, cuando las clases acabaron y él esperó en clase mirando fijamente a la nada a través de la ventana, en su mente ya había una perfecta disculpa que parecía sacada de un libro.
-Uhmm… ¿Vampiros, no? –La voz grave le despertó de su ensueño, así como el sonido de algo cayendo fuertemente sobre su pupitre, fueron pocos los segundos que tardó en darse la vuelta y observar que era su libro –que trataba de vampiros, de ahí el comentario de Levi, supuso– lo que había caído sobre la mesa, y que el moreno le miraba.
-Eh… Sí. –Trató de decir en ese momento la disculpa que tan bien pensada estaba en su mente, pero sentía la garganta seca, todas esas bonitas palabras que había ideado se iban de la misma manera que habían aparecido, que horror. – Y-Yo lo siento.
El moreno arqueó una ceja, sin entender de todo a que venía el comentario del menor. No le dio importancia, los desvaríos del estudiante no tenían que influir en su magnífico plan.
-Cuando me acerqué a ti durante la clase, en realidad quería tratar algo contigo, no quería castigarte de nuevo. ¿Sabes de qué hablo? –El castaño negó con la cabeza, obviando que no sabía que quería hablar Levi con él, no entendía la pregunta del moreno. – Me dijiste que te gustaban los vampiros, ¿no? O al menos se ve que lees sobre ellos.
-Sí… Eso dije. –El castaño bajó la cabeza, ligeramente avergonzado, quizás le esperaba otra reprimenda como las de Mikasa de "esas-cosas-no-existen-madura-de-una-vez-y-presta-atención-en-clase-niñato-de-mierda" pero en versión Levi, y estaba seguro de que eso resultaría mil veces peor.
-¿Quisieras conocer un vampiro real?
Un relámpago cruzó cerca del aula en ese momento, y la luz entró por la ventana, dado un toque siniestro al lugar. Eren buscó burla en la cara de Levi, un deje de humor en sus palabras, pero nada de eso aparecía. El agua golpeaba la ventana, había comenzado una tormenta.
-¿A-A qué se refiere?
-Creo que me has oído perfectamente, y no me gusta repetir las cosas, mocoso.
Basto ese "mocoso", para saber que el moreno iba enserio. Y de repente todo parecía diferente. ¿Qué estaba pasando? Parecía que eso fuse el típico programa de cámara oculta en el que le estaban gastando una broma. Sus ojos buscaron una cámara que grabase su situación, pero acabó fijándose en algo que antes había pasado por alto, su libro, abierto sobre su pupitre, en una página en especial.
"Solía ser un amargado, pero en cuanto a gustos se refiere, Rivaille era muy selectivo y solo quería lo mejor, la créme de la créme. Y cuando conocía a alguien de su agrado –que había que tener suerte para que alguien se adecuara a su refinado gusto– primero se aseguraba de que ningún germen estuviese en contacto con la víctima, ciertamente no sería exagerado decir que engañaba a sus capturas para sumergirlas en un repugnante baño donde el gel y el agua eran sustituidos por diversos productos de limpieza de dudosa procedencia. Pero en este caso eso no había sido necesario, solo arregló algunas cosas para que ambos estuviesen solos y ¡voilá!
Se colocaba a una distancia prudencial, y sin que la víctima se enterara, la acorralaba poco a poco, contra una pared, una ventana… Cualquier cosa valía para que nadie escapase de ahí, y cuando se cumplían todas las condiciones, su voz grave y autoritaria, llena de odio, preguntaba –siempre lo mismo, la originalidad no venía en el pack junto lo de ser amargado y obsesivo de la limpieza–:
-¿Quieres conocer un vampiro real?
La gente solía tomarlo por loco –algunos pensaban que se había drogado más de la cuenta y…– cuando hacía la pregunta; normal. Pero después se fijaban en su cara y determinaban que era más probable la idea de que Rivaille fuese un vampiro que la de que se hubiese drogado demás en una fiesta. ¡Una fiesta! Drácula mío, hay que estar verdaderamente loco para imaginarse a Rivaille en una fiesta, en las fiestas hay gente. ¡Gente! ¿Alguien se imagina a Rivaille socializando? Como mucho un par de palabras para insultar. "
El castaño levantó la mirada asustado, sus ojos esmeraldas se cristalizaban, al contrario que los oscuros rasgados del mayor, que permanecían impasibles, clavados en su persona, esperando alguna respuesta que saliese de sus labios, mientras los dedos pálidos y largos chocaban contra la madera del pupitre en un gesto de pura impaciencia.
-¿U-Usted…? –Las palabras se le atragantaban más aún de lo que había creído, su garganta estaba seca y hasta respirar dolía, la sensación de saber que no hay salida es horrible.
-En realidad no voy a tener en cuenta tu respuesta. Y no me gusta esperar, así que ignoraré lo que tengas que decir.
Otro relámpago cruzó la estancia, y Eren vio lo que había leído tantas veces en los libros, y que ingenuamente había gritado querer ver en vivo y directo. Brillantes y alargados, los colmillos aparecieron y eran tal y como el castaño se los había imaginando leyendo, los ojos de Levi, oscuros, emitían ahora una luz que parecía enjaular a quién le mirase por más de medio segundo.
Los vampiros son seres majestuosos, evolucionando desde su debilidad para convertirse en la perfección. Quisiera ver uno de verdad, ¡Por lo menos uno!
¿Cuántas veces le había dicho eso a Mikasa? ¿Cuántas veces ella le había respondido que sí realmente existieran no le gustaría vérsela con uno de ellos?
Ella tenía razón, cuando ves a uno de ellos delante de ti, sabes porque se le temía. Lo sabes porque tú mismo eres incapaz de mirarles sin repetirte que vas a morir.
